Teenage Fanclub, las melodías hermosas no necesitan del algoritmo: “No podemos devolverle a la gente la juventud perdida”

Nunca han querido estar de moda. Dicen los escoceses Norman Blake y Raymond McGinley, a sus 60 y 62 años, que ni siquiera cuando crearon Teenage Fanclub en Glasgow en 1989 les interesaba figurar en una escena. “Parte de lo que hacemos, y de lo que hacíamos entonces, consiste en ignorar un poco todo lo demás y seguir nuestro propio camino, al margen de las tendencias”, reflexiona McGinley, “cuando empezamos estaban los Happy Mondays, los Stone Roses, aquella escena baggy [del Manchester de finales de los ochenta]. En el Reino Unido no había muchas bandas que sonaran como nosotros. Hacíamos lo nuestro”. La fórmula —basada en melodías de guitarra y armonías vocales, pero sin miedo a la distorsión— les ha funcionado: llevan juntos 37 años (40 si se tiene en cuenta su primera formación, The Boy Hairdressers), acaban de publicar su decimotercer álbum de estudio, Do Not Dare to Dream (no son supersticiosos, su cuarto disco se tituló Thirteen), y están inmersos en una gira europea que ha sumado 12 fechas en España.


