Taxa de desemprego recua em Portugal face a 2025



A Christine Lagarde (París, 70 años, de soltera Christine Madeleine Odette Lallouette) le gusta enviar mensajes con su atuendo. Elige cuidadosamente sus pañuelos (hay quien cree adivinar en ellos sus intenciones) y, en momentos especialmente delicados, comparece en la rueda de prensa del BCE con un broche característico: un búho. En un mundo, el de la política monetaria, habitualmente dividido entre halcones, banqueros con poca tolerancia por la inflación y gatillo fácil a la hora de subir tipos, y palomas, más sensibles al efecto del dinero caro sobre la economía, Lagarde se desmarcaba con esta otra ave.
La sorpresa del Consejo de Gobierno que ha celebrado este jueves el BCE no ha venido por su decisión sobre política monetaria, sino por el anuncio de Christine Lagarde de dejar la presidencia de la institución el próximo 7 de febrero. El BCE ha decidido mantener sin cambios los tipos de interés en el 2,5%, hacer una pausa después de la subida adoptada en septiembre, un impasse sin anuncios de calado que la presidenta ha aprovechado para comunicar su salida anticipada. Pero la calma es solo aparente en la autoridad monetaria de la zona euro. No solo por el intenso proceso que comienza para la renovación de su cúpula, sino por las tareas urgentes que siguen ahí: la amenaza inflacionista, que no cesa e incluso va a más con las guerras en Irán y Ucrania encareciendo la energía, y la tensión sobre la deuda soberana francesa, que ha llevado a su prima de riesgo a niveles no vistos desde 2011 y que es un nuevo elemento de preocupación para el BCE. Sobre su salida anticipada de la presidencia, Lagarde ha explicado que siente necesidad de expresar opiniones más allá de la política monetaria y que no puede permanecer neutral en un momento en que “la verdad se ve dañada”.
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