Tragedia y desafección
Nada provoca tanta desafección en los ciudadanos como la percepción de que el Gobierno es incapaz de garantizar su seguridad. Hablamos de seguridad física, de la certeza de que, tanto en la prevención como ante una emergencia, sus vidas están protegidas. Confían en que los gestores de este Estado compuesto hayan adoptado todas las medidas necesarias, con los recursos que proporcionan la tecnología, la experiencia y la profesionalidad, para evitar, por ejemplo, accidentes ferroviarios, muertes por inundaciones o la propagación de un virus. Pero cuando ese mismo Estado no ofrece la protección exigible, se resquebraja el contrato social y aflora un malestar que casi siempre desemboca en ira contra quienes lo gestionan.








