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“I really don’t want this to be Yalta 2, 3, 4”: Zelenskyy fears Trump-Xi-Putin meeting could redivide world, with Ukraine on agenda

The Crimean Conference: Prime Minister Winston Churchill, President Franklin D. Roosevelt, and Marshal Joseph Stalin at the palace in Yalta, February 1945 (Image: U.S. Signal Corps, from collection of the Library of Congress)

The great powers may be about to sit down and carve up the world’s spheres of influence again, and that is exactly what Ukrainian President Volodymyr Zelenskyy warns against. He says a possible meeting of US President Donald Trump, Chinese leader Xi Jinping, and Russian President Vladimir Putin would likely focus on the Middle East and Ukraine, and that he does not want it to become a new “Yalta.”

At the Yalta Conference in 1945, Soviet leader Joseph Stalin, US President Franklin D. Roosevelt, and British Prime Minister Winston Churchill carved postwar Europe into spheres of influence, settling the fate of smaller nations without them at the table.

Zelenskyy warns that a meeting of today’s great powers could revive that practice.

Who stands to gain

Zelenskyy is blunt about who such a format would serve. He says he cannot see what China would gain from it, while Russia stands to gain a great deal.

“I just don’t see the benefit for China, and I definitely see the benefit of this format for Russia. We’ll see what kind of meeting this will be,” Zelenskyy says.

That advantage, he argues, would build on the 2025 Alaska summit, the Trump-Putin meeting that ended without a deal but which Moscow has since invoked as a baseline for its demands.

Zelenskyy warns against a new Yalta

What the three powers would actually discuss is not yet settled, Zelenskyy says, but Ukraine would be on the table whether or not it is in the room.

“They will certainly talk about the Middle East. They will certainly talk about Ukraine. I really don’t want this to be ‘Yalta 2, 3, 4,’ when there is a redistribution of influence,” he says.

He adds that he would like the trilateral talks in Abu Dhabi to take place before any meeting in China.

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APEC en Shenzhen, China 2026. ¿Pre-Yalta 2.0? Algunas especulaciones

Una guerra total en ciernes será parida por el curso inexorable de la Historia.

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“No permitiría que las decisiones de las grandes potencias fueran juzgadas por países pequeños”

Iosif Stalin. Actas de Yalta 1945

“El pasado no puede cambiarse; el futuro está en nuestras manos, pero las leyes que rigen el destino de las civilizaciones son tan implacables como el movimiento de los astros”

  Arnold J. Toynbee. Estudio de la Historia.  1933

Adivinar antes de demostrar. ¿Necesito recordaros que así se han hecho todos los descubrimientos importantes?

— Henri Poincaré El valor de la ciencia 1902

La mayoría de los escritores de otras y esta prestigiosa publicación, Strategic Culture Fundation, entregan sus apreciaciones y cavilaciones con base en una mayor o menor capacidad de acceso a fuentes primarias, complementadas con lo que se denomina ‘fuentes abiertas’.

En mi caso particular mis análisis se fundamentan en el registro histórico, las fuentes abiertas y la información de portales fiables o instituciones oficiales de los gobiernos y estamentos, según el tema abordado en cada tema. A ello sumo una profunda desconfianza acerca de que aquello que puedo observar sea tal cual como se presenta, incluso el decir de los personajes centrales de la vida pública internacional.

Este preámbulo para reivindicar la tarea de todos los analistas, sobre todo aquellos sin fuentes primarias y cercanas al poder, porque ofrecemos eso: un uso objetivo de la imaginación, una intuición afinada a pulso de seguir el día a día del acontecer y afirmarlo, compararlo, ponderarlo con el registro histórico. Van así, algunas especulaciones, sobre lo que será y no será la reunión a tres bandas de las grandes potencias actuales.

Reunión Xi – Putin – Trump ¿Pre-Yalta 2.0?

Los días 18 y 19 de noviembre, tendrá lugar el foro número 33 de Asia-Pacific Economic Cooperacion, APEC, en China. El lema elegido es “Construyendo una comunidad Asia-Pacífico para prosperar juntos”. Al margen de la misma, se especula sobre una reunión a tres bandas de los líderes de las grandes potencias globales y se presume un diálogo donde China, indiferente a la violencia en el mundo, es tenida en cuenta como un alto jerarca que dará la venia a los acuerdos entre las partes del conflicto o al menos, no interferirá, mientras logra algunos intereses.

En Yalta, Península de Crimea, actual Federación de Rusia, los mandatarios, Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos, Winston Churchill, primer ministro del Reino Unido y Iósif Stalin, líder de la Unión Soviética, en febrero de 1945, tuvieron la histórica reunión concretada cuando la derrota de la Alemania Nazi era inminente. Se define como la reunión donde se repartieron las áreas de injerencia de los vencedores de la guerra.

Al parecer, aunque no conozco pronunciamiento definitivo de ningún gobierno, la reunión es tan inminente como la derrota de la OTAN y su proxy ucraniano, y es también inminente la crisis de fertilizantes, ergo de alimentos y de combustibles por el problema en los estrechos de Ormuz y Bab El Mandeb, por la guerra Israel – EE.UU. contra Irán.

Si esto parece un Yalta es porque Ucrania, exhibida como ‘defensora de su soberanía’ bajo el lema europeo de ‘ataque ruso no provocado’, así como la OTAN, de una forma irónica, no son convidadas. Son por el contrario tratadas como al nazismo derrotado.

A esto se suma la ambivalencia hipócrita de Estados Unidos, líder de la OTAN y agresor asesino de civiles rusos y que siendo co-beligerante en el conflicto se exhibe como mediador.

Europa, al margen del nuevo ciclo histórico de grandes potencias, se encuentra inmerso en protestas por la crisis de su Estado de bienestar en varios de sus países y no ignora cómo lo deja su ausencia en la reunión en Shenzhen, según el viejo dicho: ‘si no estás en la mesa de comensal, estás en el menú’. Por cierto. El 27 de octubre, ya comenzaron a llamar los pusilánimes líderes europeos de Finlandia y Noruega, al presidente Putin.

Estados Unidos negocia cierto aislamiento de Irán, por parte de Rusia y China. Esto con el fin de obrar de la mano del sionismo de manera más agresiva e impune. También, hablará de un acuerdo nuclear que comprometa a China, pese a no tener ésta ni una tercera parte del armamento que poseen Rusia o EE.UU.

La compra del diésel a Rusia, no es sólo una cantidad simbólica. Determinará en parte cómo se acumulará tal exportación rusa a través de la ruta del ártico, de la cual acaba de activar su mayor puerto exportador de combustible, Vostok Oil, en la región de Krasnoyarsk, con una capacidad inicial de 30 millones de toneladas al año de petróleo proyectadas en aumento gradual.

En promedio, entre 2023-2024, por el golfo Pérsico circularon alrededor de 860.000–870.000 barriles por día (bpd) de exportaciones marítimas de diésel de la región. Y llegaron a 1,8 millones bpd en junio de 2024, esto impulsado por nuevas refinerías en Kuwait y Omán.

Mientras, Rusia en 2025 exportó alrededor de 780.000–820.000 bpd (aprox. 3,3 millones de toneladas al mes). Siendo el segundo mayor exportador mundial de diésel después de EE.UU. Puede alcanzar 3–3,5 millones de toneladas al mes (equivalente a unos 700.000–850.000 bpd).

Lo anterior tenderá a estabilizar en parte la demanda de diésel y además vincular la ruta ártica como una forma vanguardista de circulación de todas las demás mercancías. De hecho, China, país no ártico, se ha sumado en lo que llama “Ruta de la Seda del Hielo” Donde además hay cooperación científica.

Aun siendo socios de Irán con similares intereses geopolíticos esto de alguna manera debilita la carta iraní para afectar a Trump en las elecciones y tensionar la economía global para presionar a USA y claro, proyecta una ruta poderosa que puede debilitar otros pasos marítimos de su socio BRICS+ -Egipto en el canal de Suez- y en el contexto del cambio de temperatura que afecta también al canal de Panamá con prolongadas sequías mientras se despeja el tránsito glacial del ártico a causa de la misma variación de temperatura.

A lo anterior se conecta, por un lado, el control que finalmente ha ejercido EE.UU. sobre Dinamarca para ceder Groenlandia, punto de salida ártica al Atlántico. Por otro, una dulce venganza china que fue apartada de su participación creciente en Panamá por la ‘doctrina Donroe’.

También EE.UU. negocia inversiones en los óblast nuevos que ha incorporado Rusia, donde hay grandes riquezas naturales, incluido litio e industrias metalúrgicas, además de querer administrar el gaseoducto Nord Stream, luego de haberlo hecho volar por los aires en 2022.

A cambio, Rusia espera que esta vez sí se cumplan los acuerdos a diferencia del encuentro en Anchorage, Alaska, en 2025. Estos acuerdos deben presionar a Ucrania a reconocer las regiones rusas, hacer elecciones, renunciar a su deseo de incorporación en la OTAN y a la vez, crear una arquitectura de seguridad mutuamente beneficiosa para Rusia y Europa; además el reintegro de los activos rusos incautados ilegalmente por Euroclear. A esto se suma la reanudación de las conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi en noviembre.

Por su parte China desea respeto a las mismas leyes del mercado inventado ‘libre’ por occidente y articulado por la OMC; lo que implica no ser bloqueado en su rama expansiva automotriz ni de alta tecnología, -IAG- ni interrumpida en su corredor de la Ruta de la Seda que cruza por Irán. Se suma, y creo a esto se debe en parte el resultado electoral en Brasil, respetar las inversiones en el país suramericano, que es el brazo fuerte de Latinoamérica en BRICS+. Esto también implica respetar las inversiones chinas y rusas en la nueva y americanizada Venezuela.

Abro un paréntesis, respecto a las recientes elecciones en Brasil, en mi concepto el Big-Tech estadounidense es lo suficientemente fuerte para acomodar elecciones donde quiera y, por cierto, en la misma fecha del 25 de octubre, Vucic en Serbia, perdió las elecciones y denunció la previsibilidad del resultado ante el acorralamiento planteado por Europa – OTAN.

¿Hubo acaso una guerra electrónica China – EE.UU. determinando el resultado electoral? ¿Cómo entender la derrota sionista en Brasil? ¿En verdad creen que hubo tal derrota? La Bancada Evangélica que hace lobby en el parlamento, Frente Parlamentario Evangélico, o la Igreja Universal do Reino de Deus en São Paulo, réplica del Templo de Salomón, son parte de lo activo que es el sionismo desde hace años. Por si hace falta decirlo, Lula es un administrador del capitalismo brasileño, a ningún millonario le va mal con él y el sionismo sigue en expansión.

Los ‘progres’ del planeta estaban contentos por el triunfo de Lula, pues desconocen los matices duros y subrepticios de la política, sobre todo, de la política de grandes potencias. Yo también la ignoro, pero sé que siempre negocian sus intereses y no los de terceros. Recuerde el lector la cita de Stalin con la que inicio el artículo.

Esto se aprecia en la mirada a otro lado de China, India y Rusia, ante el genocidio israelí en Gaza, Líbano y Cisjordania. Esto se vio en las negociaciones ruso-estadounidenses de la crisis de los misiles en 1962 donde omitieron a Cuba. Esto no los hace países malos, son simplemente las expresiones inerciales del poder; cosa que tenía clara el cubano Enrique José Barona al describir a inicios del siglo XX a la naciente potencia norteamericana.

En mi concepto Brasil ganó con Lula, sí. Pero también puede explicarse como un principio de flexibilidad del neo imperialismo estadounidense que ha aprendido de El arte de la guerra, de Sun Wu (孫武), en aquel segmento donde señala que, al enemigo acorralado siempre se le deja una salida, para evitar volverlo violento, indómito y peligroso, al sólo poder huir hacia delante.

Si la región pierde la esperanza por estar copada de sionistas y neoliberales, puede volverse más proactiva. La tesis funciona también como complemento a las negociaciones entre potencias. No vi muy acongojado a Trump.

Cálculo de la guerra y cumplimiento de los objetivos rusos

Los objetivos de la Operación Militar Especial, si bien no han cambiado en su fondo sí lo han hecho en su forma, y ésta, es la forma de las regiones necesarias a incorporar en Rusia para acabar con la esperanza de nuevas guerras en 20, 50 o 100 años con la Ucrania occidental; que siendo la más anti rusa, es la que menos muertos ha puesto, menos destrucción ha sufrido y la que más respalda la continuación de la guerra. ¿Por qué bailan tranquilas las élites no busificadas -reclutadas por la fuerza- en bares nocturnos en Kiev y Leópolis?

Es la zona más oriental rusa étnica, idiomática y con doctrina ortodoxa la que más destrucción y muerte ha sufrido. Entonces ¿Qué negociará o negoció Rusia?

Dijo el propio presidente Putin que el acuerdo de Anchorage lo había aceptado bajo la condición de que Ucrania cedería gran parte del Donbás (Donetsk) a Rusia y a cambio, Rusia devolvería territorios que ocupa en Sumy y Járkov, que servían como “zonas de amortiguación”. Moscú mantendría su ofensiva hasta que esa fórmula fuera aceptada.

Pero esto fue hace un año. La situación siempre ha cambiado según como marche todo en el terreno. Rusia no quería incorporar regiones en la Operación Militar básica, pero ante el fracaso de las negociaciones en Estambul, saboteadas por Inglaterra, se efectuó un referéndum y se asumieron como rusas las cuatro regiones, más Crimea. Sólo resta un 9% del Donbás, ¿Por qué no tomarlo militarmente?

En mi concepto esto no es suficiente. Rusia debe tomar toda la región de la costa del Mar Negro, que implica adhesión total a Rusia de la región histórica de Novorossiya integrada por Odesa, Mykolaiv, Kherson, Dnipropetrovsk, Zaporizhzhia, Donetsk, Luhansk y Crimea. Si esto no se cumple, quedará el mar negro abierto para una futura escalada con Europa, siendo necesario tocar frontera con Moldavia y la franja de Transnistria para evitar también desestabilización, así como apoyar a los ciudadanos rusos, que son el 30% de la población allí, particularmente hostilizada o segregada. Además, toda Novorossiya es étnicamente rusa.

Entonces, luego de casi cinco años de guerra, Rusia simplemente mientras gana abrumadoramente en el campo de batalla, hará un trato que le pondrá en unos años en una amenaza quizá peor, cuando Europa y la OTAN o el cuerpo militar que sea, tal vez la propia Alemania, se hayan recuperado. ¿Perdonará Rusia una vez más a sus enemigos históricos que la odian hasta el tuétano de sus imperialistas huesos?

Los europeos y los nazis ucranianos no firmarán una derrota por convicción, guardarán más resentimiento, sus bases más radicales están casi intactas en Europa y Ucrania occidental, Rusia al menos debería acrecentar los bombardeos en esa zona y entender que es la Ucrania católica prooccidental la que debe ser desmantelada, piedra por piedra, para evitar su resurrección. Un imperio es arrogante por inercia, sólo la derrota humillante en su piel e ideas fundacionales le harán ver la verdad.

El presidente Putin tiene como reto ser tan o más grande que Pedro y Catalina. Debe corregir el error de Lenin, Stalin y Khruschev, así como el error de la firma de acuerdo entre Bielorrusia, Ucrania y Rusia -Tratado de Belavezha de diciembre de 1991- que cimentó en Ucrania el camino hacia la apología al nazismo, a Stephan Bandera y a la reescritura de una historia deformada y excepcionalista.

Otro aspecto que el canciller Sergei Lavrov ha señalado desde el acercamiento con la administración estadounidense trata sobre el castigo a victimarios nazis que deben ser juzgados en un Nuremberg 2.0 y para lo cual debería habilitarse una orca. Este tema de los juicios y reparaciones no se vislumbra o es de lo que menos se habla; lo que implicaría una impunidad de los crímenes sobre la población rusa e incluso la ucraniana desde 2014, cuando con el golpe de Estado, se inició la des rusificación de los oblast que intentaron ser autónomos mediante los acuerdos de Minsk y que ahora son parte del cuerpo político administrativo de la Federación de Rusia y gozan de representantes en la Duma, según las últimas elecciones de septiembre.

Entonces, desmilitarización, desnazificación, castigo a crímenes de guerra, allanamiento de toda posibilidad de osadía occidental contra Rusia, ¿Quedarían totalmente resueltas en una mesa de diálogo? ¿Congelar los logros en el terreno sin copar todos los territorios que ya son parte de Rusia, no es una debilidad? Por otra parte, ¿Entiende el Kremlin que China es un enemigo latente y solapado que tampoco desea la paz de Rusia, sino su atemperamiento mediante una guerra eterna? ¿Dimensiona la pobreza intelectual y diplomática de los emisarios estadounidenses, Kushner y Witkoff, vulgares mercaderes inmobiliarios?

La Historia es superior a los hombres, incluso a los más poderosos

Cuando en el título señalo un pre – Yalta 2.0, quiero enfatizar que, si bien se reúnen tres potencias globales, la única que desea la paz es Rusia y puede ser, como señalé, una paz que sacrifique objetivos urgentes para el futuro.

Sin embargo, la pérfida y detestable Europa, llena de crisis por estos días, no soportará ser un convidado de piedra al concurso del nuevo orden mundial post unipolar. Podría obrar de mala fe. Las élites internas de Estados Unidos que odian a Rusia volverán a impedir un acuerdo; la CIA – Mossad son su arma. Israel no desea una Rusia fuerte, aunque la mayoría de sus sionistas tienen sangre eslava, desde hace ochenta años se alinearon con el mundo anglosajón.

Como señalé, China tampoco es un socio fiable y no olvida la osadía del viejo zarismo ruso que le quitó los actuales oblast de Primorie y Amur. Tampoco los varios conflictos sostenidos, incluso durante la era soviética.

Sólo si alguno de los tres hombres y sus élites se rinde en el pre-Yalta 2.0, habría paz relativa o una nueva forma de guerra solapada. Si entiendo el carácter existencial de esta guerra para al menos dos de las partes, no será una mesa de diálogo la que lleve el fin de la guerra en Ucrania y la que se ha producido en Irán; profundamente interconectada con la primera.

Una guerra total en ciernes será parida por el curso inexorable de la Historia. Nunca un humano ha podido detener aquello que con tanto ahínco se fue formando durante siglos. Pueden los hombres aplazar los fenómenos, pero no detenerlos. Rusia deberá despejar por la fuerza las dudas que tienen sus enemigos sobre su determinación a existir.

Vladímir Putin, presidente de Rusia, siempre ha sido un buen lector de la Historia. La ve como un río que fluye inexorablemente y le pone piedras con cuidado para moldear cadencias en su cause o atemperarlo, retardarlo, pero nunca para detenerlo o desviarlo. Eso implica que la guerra total será, pero en los términos que va moldeando Rusia, Putin, su Staff.

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Trump, Putin and the Politics of the Absurd: Askold Lozynskyj on America’s Crisis of Democracy

In an extensive conversation with EU Today publisher Gary Cartwright, Ukrainian-American lawyer and political commentator Askold Lozynskyj delivers a sharply critical assessment of Donald Trump, examines the possibility of a geopolitical bargain with Vladimir Putin and Xi Jinping, and explains why November’s American midterm elections could determine far more than the composition of Congress.

There is something peculiarly unsettling about a world in which the leaders of three nuclear powers might gather to discuss the future of smaller nations without troubling to invite the nations concerned. It is a diplomatic arrangement with considerable historical precedent, although not necessarily the sort that ought to inspire confidence.

For Askold S. Lozynskyj, a New York lawyer, former president of the Ukrainian World Congress and regular contributor to EU Today, the prospect of Donald Trump sitting down with Vladimir Putin and Xi Jinping raises precisely this concern.

His latest opinion piece, The Thug Summit, published on 23 October, presents an uncompromising interpretation of the proposed trilateral meeting in China. In a wide-ranging conversation with EU Today publisher Gary Cartwright, Lozynskyj expands upon that argument, moving from the peculiarities of Trump’s political personality to the constitutional foundations of American democracy, the future of Europe and the increasingly precarious standing of international law.

The resulting discussion is occasionally caustic, frequently humorous and consistently concerned with a question that extends well beyond the current occupant of the White House: how resilient are democratic institutions when confronted by leaders who regard constitutional constraints as inconveniences?

Watch the full interview with Askold S. Lozynskyj and Gary Cartwright below.

From the Oval Office to the Beverly Hillbillies

The conversation begins with Trump’s political ascent, which Lozynskyj regards as one of the more extraordinary developments in modern American history.

Buddy Ebsen as Jed Clampett in the American television comedy The Beverly Hillbillies. Credit: CBS Television / Wikimedia Commons (1969 publicity photograph; US public domain).

He recalls the incredulity surrounding Trump’s original presidential ambitions and questions how a politician whose personal conduct had attracted considerable controversy managed to secure such enthusiastic support among conservative Christian voters.

Cartwright introduces a lighter comparison, recalling a photograph of Trump surrounded by his senior advisers in the Oval Office.

The only person missing, he suggests, was Jed Clampett, the fictional patriarch of the American television comedy The Beverly Hillbillies.

Lozynskyj is not inclined to defend the administration’s sophistication. Yet behind the humour lies a more serious argument about the disappearance of independent-minded advisers and the consequences of political loyalty becoming the principal qualification for high office.

“Donald Trump is not a conservative. Donald Trump is a thug,” he declares.

It is an unequivocal assessment, characteristic of Lozynskyj’s commentary, although his criticism extends beyond Trump himself to the Republican Party’s willingness to accommodate his leadership.

The elections that could change Washington

Much of the interview centres on the American midterm elections scheduled for 3 November.

Lozynskyj predicts that Democrats will regain control of the House of Representatives and potentially transform the remainder of Trump’s presidency through congressional investigations, subpoenas and impeachment proceedings.

His prediction is emphatic, although the eventual balance of power remains uncertain.

Control of the House would give Democrats substantial investigative authority, although the president would retain his executive powers. Removing him from office following impeachment would still require a two-thirds majority in the Senate.

Nevertheless, Lozynskyj believes the elections could fundamentally alter Washington’s political atmosphere.

“They will tie up Trump like never before,” he argues.

Cartwright raises a more disturbing possibility: could Trump manufacture an emergency to postpone an election or otherwise attempt to prolong his presidency?

“I think he could try, but I don’t believe that he will prevail,” Lozynskyj responds, expressing confidence that America’s constitutional institutions would ultimately resist such an attempt.

The exchange moves naturally towards the events of 6 January 2021, presidential immunity and the effectiveness of the checks and balances upon which the American constitutional system depends.

Ukraine, Europe and the price of great-power diplomacy

For Lozynskyj, whose public career has been closely associated with Ukrainian interests, the implications of Trump’s foreign policy are particularly troubling.

His central concern is that negotiations among Washington, Moscow and Beijing could revive the notion that major powers possess an informal entitlement to determine the political and territorial futures of their neighbours.

In his opinion piece, he raises the possibility that Ukraine and Taiwan could become bargaining instruments in a wider geopolitical settlement. These are his warnings about potential outcomes, not established agreements between the three governments.

Yet his criticism of Washington is accompanied by considerable appreciation for Europe’s role in sustaining Ukraine’s resistance to Russia’s invasion.

“Without Europe, Ukraine could never have survived as long as it has survived,” he tells Cartwright.

He also ventures into the British debate over European integration, arguing that the United Kingdom should return to the European Union.

It is an intervention likely to provoke disagreement, but it reflects his broader conviction that collective institutions provide an essential counterweight to unilateral political power.

Democracy, disorder and the limits of authority

The discussion also examines political unrest in Europe, changing national identities and the relationship between elected governments and the populations they represent.

Cartwright points to social tensions in European cities and the growing importance of regional identity, including the independence debate in Flanders.

Lozynskyj approaches these developments through the history of democratic protest, citing Ukraine’s Orange Revolution, the Revolution of Dignity and more recent demonstrations over the independence of anti-corruption institutions.

For him, public opposition to governments is not necessarily evidence of democracy’s failure. It can also demonstrate that political authority remains subject to popular consent.

The conversation concludes with international law, the International Criminal Court and the difficulty of enforcing common rules when powerful states refuse to accept external constraints.

Lozynskyj’s observations are deliberately provocative, and his forecasts will be tested by events. But the interview offers something more substantial than another exchange of opinions about Donald Trump.

It is a discussion about the relationship between power and restraint, the responsibilities of democratic institutions and the uncomfortable possibility that the international order may be entering another period in which military and economic strength increasingly determine political outcomes.

As the United States approaches its midterm elections and speculation continues over a possible meeting between Trump, Putin and Xi, those questions are unlikely to disappear.

The full conversation with Askold S. Lozynskyj is available in the video above.

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