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APEC en Shenzhen, China 2026. ¿Pre-Yalta 2.0? Algunas especulaciones

By: A A
28 October 2026 at 13:17

Una guerra total en ciernes será parida por el curso inexorable de la Historia.

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“No permitiría que las decisiones de las grandes potencias fueran juzgadas por países pequeños”

Iosif Stalin. Actas de Yalta 1945

“El pasado no puede cambiarse; el futuro está en nuestras manos, pero las leyes que rigen el destino de las civilizaciones son tan implacables como el movimiento de los astros”

  Arnold J. Toynbee. Estudio de la Historia.  1933

Adivinar antes de demostrar. ¿Necesito recordaros que así se han hecho todos los descubrimientos importantes?

— Henri Poincaré El valor de la ciencia 1902

La mayoría de los escritores de otras y esta prestigiosa publicación, Strategic Culture Fundation, entregan sus apreciaciones y cavilaciones con base en una mayor o menor capacidad de acceso a fuentes primarias, complementadas con lo que se denomina ‘fuentes abiertas’.

En mi caso particular mis análisis se fundamentan en el registro histórico, las fuentes abiertas y la información de portales fiables o instituciones oficiales de los gobiernos y estamentos, según el tema abordado en cada tema. A ello sumo una profunda desconfianza acerca de que aquello que puedo observar sea tal cual como se presenta, incluso el decir de los personajes centrales de la vida pública internacional.

Este preámbulo para reivindicar la tarea de todos los analistas, sobre todo aquellos sin fuentes primarias y cercanas al poder, porque ofrecemos eso: un uso objetivo de la imaginación, una intuición afinada a pulso de seguir el día a día del acontecer y afirmarlo, compararlo, ponderarlo con el registro histórico. Van así, algunas especulaciones, sobre lo que será y no será la reunión a tres bandas de las grandes potencias actuales.

Reunión Xi – Putin – Trump ¿Pre-Yalta 2.0?

Los días 18 y 19 de noviembre, tendrá lugar el foro número 33 de Asia-Pacific Economic Cooperacion, APEC, en China. El lema elegido es “Construyendo una comunidad Asia-Pacífico para prosperar juntos”. Al margen de la misma, se especula sobre una reunión a tres bandas de los líderes de las grandes potencias globales y se presume un diálogo donde China, indiferente a la violencia en el mundo, es tenida en cuenta como un alto jerarca que dará la venia a los acuerdos entre las partes del conflicto o al menos, no interferirá, mientras logra algunos intereses.

En Yalta, Península de Crimea, actual Federación de Rusia, los mandatarios, Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos, Winston Churchill, primer ministro del Reino Unido y Iósif Stalin, líder de la Unión Soviética, en febrero de 1945, tuvieron la histórica reunión concretada cuando la derrota de la Alemania Nazi era inminente. Se define como la reunión donde se repartieron las áreas de injerencia de los vencedores de la guerra.

Al parecer, aunque no conozco pronunciamiento definitivo de ningún gobierno, la reunión es tan inminente como la derrota de la OTAN y su proxy ucraniano, y es también inminente la crisis de fertilizantes, ergo de alimentos y de combustibles por el problema en los estrechos de Ormuz y Bab El Mandeb, por la guerra Israel – EE.UU. contra Irán.

Si esto parece un Yalta es porque Ucrania, exhibida como ‘defensora de su soberanía’ bajo el lema europeo de ‘ataque ruso no provocado’, así como la OTAN, de una forma irónica, no son convidadas. Son por el contrario tratadas como al nazismo derrotado.

A esto se suma la ambivalencia hipócrita de Estados Unidos, líder de la OTAN y agresor asesino de civiles rusos y que siendo co-beligerante en el conflicto se exhibe como mediador.

Europa, al margen del nuevo ciclo histórico de grandes potencias, se encuentra inmerso en protestas por la crisis de su Estado de bienestar en varios de sus países y no ignora cómo lo deja su ausencia en la reunión en Shenzhen, según el viejo dicho: ‘si no estás en la mesa de comensal, estás en el menú’. Por cierto. El 27 de octubre, ya comenzaron a llamar los pusilánimes líderes europeos de Finlandia y Noruega, al presidente Putin.

Estados Unidos negocia cierto aislamiento de Irán, por parte de Rusia y China. Esto con el fin de obrar de la mano del sionismo de manera más agresiva e impune. También, hablará de un acuerdo nuclear que comprometa a China, pese a no tener ésta ni una tercera parte del armamento que poseen Rusia o EE.UU.

La compra del diésel a Rusia, no es sólo una cantidad simbólica. Determinará en parte cómo se acumulará tal exportación rusa a través de la ruta del ártico, de la cual acaba de activar su mayor puerto exportador de combustible, Vostok Oil, en la región de Krasnoyarsk, con una capacidad inicial de 30 millones de toneladas al año de petróleo proyectadas en aumento gradual.

En promedio, entre 2023-2024, por el golfo Pérsico circularon alrededor de 860.000–870.000 barriles por día (bpd) de exportaciones marítimas de diésel de la región. Y llegaron a 1,8 millones bpd en junio de 2024, esto impulsado por nuevas refinerías en Kuwait y Omán.

Mientras, Rusia en 2025 exportó alrededor de 780.000–820.000 bpd (aprox. 3,3 millones de toneladas al mes). Siendo el segundo mayor exportador mundial de diésel después de EE.UU. Puede alcanzar 3–3,5 millones de toneladas al mes (equivalente a unos 700.000–850.000 bpd).

Lo anterior tenderá a estabilizar en parte la demanda de diésel y además vincular la ruta ártica como una forma vanguardista de circulación de todas las demás mercancías. De hecho, China, país no ártico, se ha sumado en lo que llama “Ruta de la Seda del Hielo” Donde además hay cooperación científica.

Aun siendo socios de Irán con similares intereses geopolíticos esto de alguna manera debilita la carta iraní para afectar a Trump en las elecciones y tensionar la economía global para presionar a USA y claro, proyecta una ruta poderosa que puede debilitar otros pasos marítimos de su socio BRICS+ -Egipto en el canal de Suez- y en el contexto del cambio de temperatura que afecta también al canal de Panamá con prolongadas sequías mientras se despeja el tránsito glacial del ártico a causa de la misma variación de temperatura.

A lo anterior se conecta, por un lado, el control que finalmente ha ejercido EE.UU. sobre Dinamarca para ceder Groenlandia, punto de salida ártica al Atlántico. Por otro, una dulce venganza china que fue apartada de su participación creciente en Panamá por la ‘doctrina Donroe’.

También EE.UU. negocia inversiones en los óblast nuevos que ha incorporado Rusia, donde hay grandes riquezas naturales, incluido litio e industrias metalúrgicas, además de querer administrar el gaseoducto Nord Stream, luego de haberlo hecho volar por los aires en 2022.

A cambio, Rusia espera que esta vez sí se cumplan los acuerdos a diferencia del encuentro en Anchorage, Alaska, en 2025. Estos acuerdos deben presionar a Ucrania a reconocer las regiones rusas, hacer elecciones, renunciar a su deseo de incorporación en la OTAN y a la vez, crear una arquitectura de seguridad mutuamente beneficiosa para Rusia y Europa; además el reintegro de los activos rusos incautados ilegalmente por Euroclear. A esto se suma la reanudación de las conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi en noviembre.

Por su parte China desea respeto a las mismas leyes del mercado inventado ‘libre’ por occidente y articulado por la OMC; lo que implica no ser bloqueado en su rama expansiva automotriz ni de alta tecnología, -IAG- ni interrumpida en su corredor de la Ruta de la Seda que cruza por Irán. Se suma, y creo a esto se debe en parte el resultado electoral en Brasil, respetar las inversiones en el país suramericano, que es el brazo fuerte de Latinoamérica en BRICS+. Esto también implica respetar las inversiones chinas y rusas en la nueva y americanizada Venezuela.

Abro un paréntesis, respecto a las recientes elecciones en Brasil, en mi concepto el Big-Tech estadounidense es lo suficientemente fuerte para acomodar elecciones donde quiera y, por cierto, en la misma fecha del 25 de octubre, Vucic en Serbia, perdió las elecciones y denunció la previsibilidad del resultado ante el acorralamiento planteado por Europa – OTAN.

¿Hubo acaso una guerra electrónica China – EE.UU. determinando el resultado electoral? ¿Cómo entender la derrota sionista en Brasil? ¿En verdad creen que hubo tal derrota? La Bancada Evangélica que hace lobby en el parlamento, Frente Parlamentario Evangélico, o la Igreja Universal do Reino de Deus en São Paulo, réplica del Templo de Salomón, son parte de lo activo que es el sionismo desde hace años. Por si hace falta decirlo, Lula es un administrador del capitalismo brasileño, a ningún millonario le va mal con él y el sionismo sigue en expansión.

Los ‘progres’ del planeta estaban contentos por el triunfo de Lula, pues desconocen los matices duros y subrepticios de la política, sobre todo, de la política de grandes potencias. Yo también la ignoro, pero sé que siempre negocian sus intereses y no los de terceros. Recuerde el lector la cita de Stalin con la que inicio el artículo.

Esto se aprecia en la mirada a otro lado de China, India y Rusia, ante el genocidio israelí en Gaza, Líbano y Cisjordania. Esto se vio en las negociaciones ruso-estadounidenses de la crisis de los misiles en 1962 donde omitieron a Cuba. Esto no los hace países malos, son simplemente las expresiones inerciales del poder; cosa que tenía clara el cubano Enrique José Barona al describir a inicios del siglo XX a la naciente potencia norteamericana.

En mi concepto Brasil ganó con Lula, sí. Pero también puede explicarse como un principio de flexibilidad del neo imperialismo estadounidense que ha aprendido de El arte de la guerra, de Sun Wu (孫武), en aquel segmento donde señala que, al enemigo acorralado siempre se le deja una salida, para evitar volverlo violento, indómito y peligroso, al sólo poder huir hacia delante.

Si la región pierde la esperanza por estar copada de sionistas y neoliberales, puede volverse más proactiva. La tesis funciona también como complemento a las negociaciones entre potencias. No vi muy acongojado a Trump.

Cálculo de la guerra y cumplimiento de los objetivos rusos

Los objetivos de la Operación Militar Especial, si bien no han cambiado en su fondo sí lo han hecho en su forma, y ésta, es la forma de las regiones necesarias a incorporar en Rusia para acabar con la esperanza de nuevas guerras en 20, 50 o 100 años con la Ucrania occidental; que siendo la más anti rusa, es la que menos muertos ha puesto, menos destrucción ha sufrido y la que más respalda la continuación de la guerra. ¿Por qué bailan tranquilas las élites no busificadas -reclutadas por la fuerza- en bares nocturnos en Kiev y Leópolis?

Es la zona más oriental rusa étnica, idiomática y con doctrina ortodoxa la que más destrucción y muerte ha sufrido. Entonces ¿Qué negociará o negoció Rusia?

Dijo el propio presidente Putin que el acuerdo de Anchorage lo había aceptado bajo la condición de que Ucrania cedería gran parte del Donbás (Donetsk) a Rusia y a cambio, Rusia devolvería territorios que ocupa en Sumy y Járkov, que servían como “zonas de amortiguación”. Moscú mantendría su ofensiva hasta que esa fórmula fuera aceptada.

Pero esto fue hace un año. La situación siempre ha cambiado según como marche todo en el terreno. Rusia no quería incorporar regiones en la Operación Militar básica, pero ante el fracaso de las negociaciones en Estambul, saboteadas por Inglaterra, se efectuó un referéndum y se asumieron como rusas las cuatro regiones, más Crimea. Sólo resta un 9% del Donbás, ¿Por qué no tomarlo militarmente?

En mi concepto esto no es suficiente. Rusia debe tomar toda la región de la costa del Mar Negro, que implica adhesión total a Rusia de la región histórica de Novorossiya integrada por Odesa, Mykolaiv, Kherson, Dnipropetrovsk, Zaporizhzhia, Donetsk, Luhansk y Crimea. Si esto no se cumple, quedará el mar negro abierto para una futura escalada con Europa, siendo necesario tocar frontera con Moldavia y la franja de Transnistria para evitar también desestabilización, así como apoyar a los ciudadanos rusos, que son el 30% de la población allí, particularmente hostilizada o segregada. Además, toda Novorossiya es étnicamente rusa.

Entonces, luego de casi cinco años de guerra, Rusia simplemente mientras gana abrumadoramente en el campo de batalla, hará un trato que le pondrá en unos años en una amenaza quizá peor, cuando Europa y la OTAN o el cuerpo militar que sea, tal vez la propia Alemania, se hayan recuperado. ¿Perdonará Rusia una vez más a sus enemigos históricos que la odian hasta el tuétano de sus imperialistas huesos?

Los europeos y los nazis ucranianos no firmarán una derrota por convicción, guardarán más resentimiento, sus bases más radicales están casi intactas en Europa y Ucrania occidental, Rusia al menos debería acrecentar los bombardeos en esa zona y entender que es la Ucrania católica prooccidental la que debe ser desmantelada, piedra por piedra, para evitar su resurrección. Un imperio es arrogante por inercia, sólo la derrota humillante en su piel e ideas fundacionales le harán ver la verdad.

El presidente Putin tiene como reto ser tan o más grande que Pedro y Catalina. Debe corregir el error de Lenin, Stalin y Khruschev, así como el error de la firma de acuerdo entre Bielorrusia, Ucrania y Rusia -Tratado de Belavezha de diciembre de 1991- que cimentó en Ucrania el camino hacia la apología al nazismo, a Stephan Bandera y a la reescritura de una historia deformada y excepcionalista.

Otro aspecto que el canciller Sergei Lavrov ha señalado desde el acercamiento con la administración estadounidense trata sobre el castigo a victimarios nazis que deben ser juzgados en un Nuremberg 2.0 y para lo cual debería habilitarse una orca. Este tema de los juicios y reparaciones no se vislumbra o es de lo que menos se habla; lo que implicaría una impunidad de los crímenes sobre la población rusa e incluso la ucraniana desde 2014, cuando con el golpe de Estado, se inició la des rusificación de los oblast que intentaron ser autónomos mediante los acuerdos de Minsk y que ahora son parte del cuerpo político administrativo de la Federación de Rusia y gozan de representantes en la Duma, según las últimas elecciones de septiembre.

Entonces, desmilitarización, desnazificación, castigo a crímenes de guerra, allanamiento de toda posibilidad de osadía occidental contra Rusia, ¿Quedarían totalmente resueltas en una mesa de diálogo? ¿Congelar los logros en el terreno sin copar todos los territorios que ya son parte de Rusia, no es una debilidad? Por otra parte, ¿Entiende el Kremlin que China es un enemigo latente y solapado que tampoco desea la paz de Rusia, sino su atemperamiento mediante una guerra eterna? ¿Dimensiona la pobreza intelectual y diplomática de los emisarios estadounidenses, Kushner y Witkoff, vulgares mercaderes inmobiliarios?

La Historia es superior a los hombres, incluso a los más poderosos

Cuando en el título señalo un pre – Yalta 2.0, quiero enfatizar que, si bien se reúnen tres potencias globales, la única que desea la paz es Rusia y puede ser, como señalé, una paz que sacrifique objetivos urgentes para el futuro.

Sin embargo, la pérfida y detestable Europa, llena de crisis por estos días, no soportará ser un convidado de piedra al concurso del nuevo orden mundial post unipolar. Podría obrar de mala fe. Las élites internas de Estados Unidos que odian a Rusia volverán a impedir un acuerdo; la CIA – Mossad son su arma. Israel no desea una Rusia fuerte, aunque la mayoría de sus sionistas tienen sangre eslava, desde hace ochenta años se alinearon con el mundo anglosajón.

Como señalé, China tampoco es un socio fiable y no olvida la osadía del viejo zarismo ruso que le quitó los actuales oblast de Primorie y Amur. Tampoco los varios conflictos sostenidos, incluso durante la era soviética.

Sólo si alguno de los tres hombres y sus élites se rinde en el pre-Yalta 2.0, habría paz relativa o una nueva forma de guerra solapada. Si entiendo el carácter existencial de esta guerra para al menos dos de las partes, no será una mesa de diálogo la que lleve el fin de la guerra en Ucrania y la que se ha producido en Irán; profundamente interconectada con la primera.

Una guerra total en ciernes será parida por el curso inexorable de la Historia. Nunca un humano ha podido detener aquello que con tanto ahínco se fue formando durante siglos. Pueden los hombres aplazar los fenómenos, pero no detenerlos. Rusia deberá despejar por la fuerza las dudas que tienen sus enemigos sobre su determinación a existir.

Vladímir Putin, presidente de Rusia, siempre ha sido un buen lector de la Historia. La ve como un río que fluye inexorablemente y le pone piedras con cuidado para moldear cadencias en su cause o atemperarlo, retardarlo, pero nunca para detenerlo o desviarlo. Eso implica que la guerra total será, pero en los términos que va moldeando Rusia, Putin, su Staff.

I binari della nuova Asia: la rivoluzione ferroviaria della Nuova Via della Seta nel Sud-Est asiatico

By: A A
26 October 2026 at 22:15

Dalla linea ad alta velocità Whoosh in Indonesia all’asse Cina-Laos e ai cantieri in Thailandia e Malaysia, la Nuova Via della Seta sta ridisegnando mobilità, commercio e geografia economica del Sud-Est asiatico, trasformando collegamenti nazionali in una rete regionale.

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Nel Sud-Est asiatico, la Nuova Via della Seta sta assumendo una forma sempre più concreta: viadotti, gallerie, stazioni, terminali logistici e linee elettrificate capaci di ridurre drasticamente distanze che per decenni hanno frenato l’integrazione regionale. Oltre alla possibilità di spostare più rapidamente passeggeri e merci, la posta in gioco è la riorganizzazione della geografia economica di una delle aree più dinamiche del mondo, dove oltre 680 milioni di persone convivono con reti ferroviarie ancora frammentate e spesso desuete, scartamenti differenti e collegamenti transfrontalieri insufficienti.

La Belt and Road Initiative (BRI), nota in italiano come Nuova Via della Seta, sta permettendo oggi di realizzare alcuni ambiziosi progetti in questo senso, come l’obiettivo di collegare Kunming a Singapore, che appartiene da tempo alla pianificazione dell’ASEAN. L’iniziativa cinese ha fornito capacità ingegneristiche, finanziamenti, materiale rotabile, formazione e volontà politica per trasformare una parte di quel disegno in infrastrutture operative. È questa convergenza tra priorità nazionali, integrazione dell’ASEAN e cooperazione con la Cina a spiegare la nuova stagione ferroviaria della regione.

Whoosh, la prova che l’alta velocità può funzionare ai tropici

Il caso più avanzato è quello indonesiano. Entrata in servizio commerciale il 17 ottobre 2023, la Whoosh collega l’area metropolitana di Giacarta con Bandung lungo 142,3 chilometri. I convogli raggiungono i 350 chilometri orari e hanno ridotto il viaggio tra i due principali centri urbani dell’isola di Giava a circa 45 minuti. È stata la prima linea ad alta velocità dell’Indonesia e dell’intero Sud-Est asiatico, ma soprattutto ha dimostrato che tecnologie sviluppate in un contesto continentale possono essere adattate a un territorio tropicale caratterizzato da elevata attività sismica, forti precipitazioni e una complessa densità urbana.

I dati di esercizio mostrano che la ferrovia non è rimasta una vetrina tecnologica. Nel luglio 2026, aveva superato 16,58 milioni di viaggiatori complessivi; i servizi giornalieri erano saliti dai 14 iniziali a 62 e la puntualità si manteneva oltre il 95 per cento. Parallelamente, tecnici e macchinisti indonesiani sono stati formati per assumere funzioni operative, di manutenzione e di sicurezza. Il trasferimento di competenze è essenziale: un’infrastruttura strategica, infatti, produce sviluppo duraturo soltanto quando il Paese che la ospita acquisisce la capacità di gestirla, adattarla ed estenderla. Oggi, infatti, si parla anche di un eventuale prolungamento verso Surabaya, che permetterebbe alla linea di attraversare tutta l’isola di Giava.

La ferrovia Cina-Laos e la trasformazione di un Paese senza sbocco al mare

Se la Whoosh rappresenta la punta tecnologica, la ferrovia Cina-Laos costituisce il caso più significativo dal punto di vista geopolitico e logistico. Il collegamento di 1.035 chilometri fra Kunming e Vientiane è operativo dal dicembre 2021. Sul territorio laotiano attraversa montagne e valli mediante una successione di ponti e gallerie, con treni passeggeri che raggiungono i 160 chilometri orari e servizi merci integrati.

Per il Laos, unico Paese del Sud-Est asiatico privo di accesso al mare, la linea ha cambiato la relazione fra geografia e sviluppo. L’obiettivo dichiarato di passare da Paese landlocked a Paese land-linked non è più soltanto uno slogan: entro marzo 2026 la ferrovia aveva registrato più di 70 milioni di viaggi passeggeri sull’intero asse; nell’agosto successivo aveva movimentato oltre 90 milioni di tonnellate di merci, delle quali più di 21 milioni in traffico transfrontaliero. Nei primi sei mesi del 2026 il valore delle importazioni e delle esportazioni trasportate aveva raggiunto 17,17 miliardi di yuan, con un aumento del 33,8 per cento rispetto all’anno precedente.

Il dato più rilevante non è però il volume assoluto, bensì la diversificazione: dalle poche categorie merceologiche dei primi mesi si è passati a migliaia di prodotti, fra elettronica, pannelli fotovoltaici, fertilizzanti, gomma, macchinari e frutta trasportata nella catena del freddo. La rete merci raggiunge ormai numerosi mercati asiatici, collegando il Laos non soltanto alla Cina ma anche a Thailandia, Vietnam, Malaysia, Singapore e ad altri Paesi. In questa prospettiva, la ferrovia non è un semplice corridoio bilaterale: è la spina dorsale potenziale di un sistema logistico continentale che si innesta sulle reti dell’ASEAN.

La Thailandia costruisce l’anello centrale

Il segmento thailandese sarà determinante per capire se i nuovi collegamenti diventeranno una vera rete nord-sud. La prima fase della ferrovia ad alta velocità sino-thailandese, fra Bangkok e Nakhon Ratchasima, si estende per 250,77 chilometri, prevede sei stazioni e una velocità massima di 250 chilometri orari. Il tempo di percorrenza previsto è di circa un’ora e mezza.

Nel luglio 2026, l’avanzamento complessivo delle opere civili aveva raggiunto il 55,27 per cento: due contratti risultavano completati, dieci erano in costruzione e gli ultimi due in fase di affidamento. Il progetto ha accumulato ritardi e il nuovo obiettivo indicato dalle autorità thailandesi è completare la prima fase entro il 2030. Proprio questa lentezza dimostra che la Nuova Via della Seta non è un meccanismo nel quale Pechino decide e gli altri eseguono. Espropri, appalti, bilanci, autorizzazioni e priorità politiche restano in larga misura nazionali; la cooperazione cinese fornisce tecnologia ferroviaria, progettazione dei sistemi, materiale rotabile e formazione, mentre Bangkok conserva un ruolo centrale nella realizzazione e nel finanziamento delle opere civili.

La seconda fase, approvata dal governo thailandese e ancora in preparazione, dovrebbe proseguire per circa 356 chilometri da Nakhon Ratchasima a Nong Khai, sul fiume Mekong. È questo il tratto che attribuirà al progetto il suo pieno valore regionale. Una volta completati la connessione transfrontaliera e i relativi impianti logistici, Bangkok potrà essere collegata a Vientiane e, attraverso la ferrovia Cina-Laos, a Kunming. La Thailandia diventerebbe così il principale nodo intermedio di un asse destinato, nel lungo periodo, a estendersi verso la Malaysia e Singapore.

La Malaysia e il ponte terrestre fra due mari

In Malaysia, la East Coast Rail Link offre un modello differente. Il progetto complessivo copre 665 chilometri fra Kota Bharu, sulla costa orientale, e Port Klang, sullo Stretto di Malacca. I treni passeggeri sono progettati per raggiungere i 160 chilometri orari, quelli merci per gli 80. Non è quindi alta velocità in senso stretto, ma una grande ferrovia elettrificata a traffico misto e uno dei principali progetti della cooperazione tra Cina e Malaysia nell’ambito della BRI.

Alla fine del 2025, i lavori avevano superato il 90 per cento; il completamento della tratta fino al terminale integrato di Gombak era previsto entro dicembre 2026, con l’avvio commerciale indicato a partire dal gennaio 2027. La Malaysia Rail Link rimane proprietaria del progetto e dell’infrastruttura, mentre la China Communications Construction Company è il principale appaltatore. Per la futura gestione è stata costituita una società con partecipazione paritaria malese e cinese: una struttura che distribuisce responsabilità e incentivi ben oltre la sola fase di costruzione.

Il valore strategico dell’ECRL deriva dalla sua funzione di ponte terrestre. Collegando il porto di Kuantan, rivolto verso il Mar Cinese Meridionale, con il sistema portuale di Port Klang sullo Stretto di Malacca, la ferrovia può offrire ad alcune categorie di merci un’alternativa intermodale al periplo della penisola. Non sostituirà il traffico marittimo, né renderà marginale Singapore, ma può accrescere la resilienza logistica della Malaysia, favorire lo sviluppo delle regioni orientali e distribuire investimenti oggi concentrati nell’area di Kuala Lumpur e sulla costa occidentale.

Il Vietnam prepara il collegamento fra frontiera, capitale e porto

Anche il Vietnam sta entrando in questa geografia ferroviaria, pur con tempi e modalità differenti. Il progetto Lào Cai-Hà Nội-Hải Phòng è stato riorganizzato nel 2026 e prevede circa 363 chilometri di linea principale e 63 chilometri di diramazioni, con scartamento standard di 1.435 millimetri. Il traffico sarà misto: la velocità di progetto raggiungerà 160 chilometri orari sul tratto principale, scendendo nelle aree urbane e sui collegamenti secondari. Parallelamente, esiste anche un programma nazionale distinto per la futura alta velocità nord-sud vietnamita da 350 chilometri orari, in grado di collegare la capitale politica Hà Nội a quella economica Hồ Chí Minh City.

Tornando al primo progetto, esso costituisce un corridoio industriale e logistico destinato a collegare il confine cinese di Lào Cai con Hà Nội e il porto di Hải Phòng. Nel 2025 sono partite attività preliminari e progetti di reinsediamento; nell’autunno 2026 il governo stava completando lo studio di fattibilità e indicava l’inizio dei lavori sulla linea principale per i primi mesi del 2027. La Cina ha fornito assistenza tecnica alla progettazione e i due Paesi hanno inserito la cooperazione ferroviaria nel raccordo fra la strategia vietnamita dei «Due corridoi, una cintura» e la Nuova Via della Seta.

Per Hà Nội il punto essenziale è evitare che il nuovo asse diventi soltanto una via d’ingresso per prodotti cinesi. Collegare le aree manifatturiere del Vietnam settentrionale sia al mercato cinese sia al porto di Hải Phòng può invece rafforzare le esportazioni vietnamite, ridurre i tempi della logistica e integrare le catene del valore elettroniche, meccaniche e agroalimentari. Il progetto mostra inoltre che la cooperazione con Pechino non impedisce al Vietnam di mantenere una politica estera autonoma e rapporti economici diversificati con Giappone, Corea del Sud, Unione Europea e Stati Uniti.

Una nuova geografia per un mondo multipolare

La rappresentazione occidentale della BRI oscilla spesso fra due caricature: da un lato un piano onnipotente con cui la Cina imporrebbe la propria volontà; dall’altro una serie di «cattedrali nel deserto» destinate inevitabilmente al fallimento. La realtà del Sud-Est asiatico è più complessa. I progetti sono stati negoziati, modificati, sospesi, ridimensionati e rilanciati dai governi locali. La Malaysia ha rinegoziato costi e tracciato dell’ECRL; la Thailandia ha scandito gli appalti secondo procedure nazionali; l’Indonesia ha costruito la Whoosh attraverso una società congiunta; il Vietnam definisce autonomamente priorità e calendario; il Laos ha scelto la ferrovia come strumento per superare un vincolo geografico strutturale.

Per secoli l’economia del Sud-Est asiatico è stata organizzata soprattutto attorno alle rotte marittime e ai porti, secondo una struttura rafforzata dall’esperienza coloniale. Le nuove ferrovie non cancellano quella vocazione, ma aggiungono una dimensione continentale. Per secoli l’economia del Sud-Est asiatico è stata organizzata soprattutto attorno alle rotte marittime e ai porti, secondo una struttura rafforzata dall’esperienza coloniale. Le nuove ferrovie non cancellano quella vocazione, ma aggiungono una dimensione continentale.

La Nuova Via della Seta ferroviaria nel Sud-Est asiatico è dunque ancora incompleta, ma ha già superato la fase delle promesse. Il prossimo passaggio sarà trasformare una costellazione di opere in un sistema realmente connesso e vantaggioso per tutti i Paesi coinvolti.

Il Sud Globale è pronto a riformare l’ONU?

By: A A
26 October 2026 at 15:05

A Nuova Delhi i BRICS hanno scritto che la riforma è dovuta. A New York il Sud Globale ha detto di essere pronto a pretenderla. Resta da vedere se saprà anche organizzarsi per ottenerla, cioè trasformare una maggioranza aritmetica in un soggetto politico

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In prima fila davanti alle crisi, in ultima fila quando si decide

Il 22 settembre 2026, a margine dell’ottantunesima sessione dell’Assemblea generale, Subrahmanyam Jaishankar ha riunito a New York i ministri di quello che la diplomazia indiana chiama il gruppo dei Paesi del Sud Globale «di orientamento affine e amici». Il tema scelto aveva il tono di un programma: Navigating Together Towards a Brighter Future – the Compelling Case for an Empowered Global South. Nel discorso d’apertura il ministro ha consegnato l’immagine che resterà di questa sessione. Il Sud Globale siede in prima fila davanti alle crisi del mondo e nelle ultime file quando si tratta di decidere come affrontarle, perché le istituzioni costruite per un’altra epoca continuano a riflettere i rapporti di forza di quell’epoca.

Dieci giorni prima, a Nuova Delhi, Narendra Modi aveva aperto il diciottesimo vertice BRICS con una formula più dura. La governance globale, nella sua descrizione, ha la forma di una «piramide del privilegio», e la riforma del Consiglio di Sicurezza non può più essere rinviata, servono scadenze fisse e risultati verificabili. Interpellato sul punto, il portavoce del Segretario generale Stéphane Dujarric ha ammesso che la rappresentanza dei Paesi in via di sviluppo nelle sedi in cui si scrivono le regole globali è insufficiente, e che quelle sedi, dal Consiglio alle istituzioni finanziarie, dovrebbero riflettere il 2026 e non più il 1945.

Tre momenti in meno di due settimane non spostano di un millimetro l’architettura della Carta. Bastano però a formulare la tesi di queste pagine. La riforma delle Nazioni Unite è diventata una questione di legittimità prima che di efficienza, e la legittimità di un’organizzazione fondata sull’«eguaglianza sovrana di tutti i suoi Membri» (art. 2, par. 1 della Carta) dipende ormai dalla maggioranza che quell’organizzazione la abita. Il protagonismo del Sud Globale è necessario in senso stretto: senza di esso la riforma non ha un soggetto che la porti né un criterio che la giustifichi. Con esso, come si vedrà, non ha ancora uno strumento che la imponga.

L’aritmetica del 1945

Nel 1945 i membri fondatori erano 51; oggi sono 193. Il Consiglio di Sicurezza è stato allargato una sola volta, con la risoluzione 1991 A (XVIII) del 1963, entrata in vigore nel 1965, che portò i seggi da undici a quindici aggiungendo soltanto membri eletti. I cinque seggi permanenti, e con essi il potere di veto previsto dall’art. 27, par. 3, sono rimasti quelli delle potenze vincitrici della Seconda guerra mondiale. Il risultato non richiede interpretazione. L’Africa, con 54 Stati membri e una parte cospicua delle operazioni di pace sul proprio territorio, non dispone di alcun seggio permanente. L’America Latina e i Caraibi nemmeno. L’Asia, che ospita più della metà dell’umanità, vi è rappresentata dalla sola Cina.

Il meccanismo di revisione è costruito per proteggere questa fotografia. L’art. 108 richiede il voto favorevole dei due terzi dell’Assemblea e la ratifica dei due terzi dei membri, «compresi tutti i Membri permanenti del Consiglio di Sicurezza»: a ciascuno dei cinque spetta dunque, oltre al veto politico, un veto costituzionale. Dal 2009 la discussione è incanalata nei Negoziati intergovernativi (IGN) avviati con la decisione 62/557 dell’Assemblea, che da allora si chiudono ogni anno con una decisione di rinnovo. Il presidente keniano William Ruto lo ha ricordato dal podio dell’Assemblea pochi giorni fa, con una constatazione che vale più di molte analisi: diciassette anni dopo, si sta ancora negoziando.

Quando l’ONU si è riformata davvero, lo ha fatto lasciando intatta la distribuzione del potere. Il pacchetto lanciato da António Guterres nel 2017, esaminato dal servizio di ricerca del Parlamento europeo, si articolava su sviluppo, gestione, pace e sicurezza, e rispondeva alle critiche di scarsa responsabilità, trasparenza ed efficacia; il briefing annotava anche che il termine stesso di «riforma» si era rivelato problematico per gli Stati membri, proprio per l’assenza di un’intesa sul suo significato. Nulla, in quel disegno, toccava la composizione degli organi decisionali. L’iniziativa UN80, avviata nel marzo 2025, ha seguito la stessa grammatica in condizioni peggiori: tagli al bilancio della Segreteria, revisione dei mandati, fusioni di uffici, dentro una crisi di liquidità generata dai contributi non versati. La riforma amministrativa si fa perché non redistribuisce nulla. Quella politica resta bloccata per la ragione opposta.

Genealogia di una rivendicazione

Il Sud Globale non scopre oggi le Nazioni Unite come terreno di lotta. Dena Freeman ha mostrato che i Paesi del Sud si sono pensati come soggetto collocato globalmente fin dagli anni Sessanta, molto prima che la categoria entrasse nel lessico accademico, e che il Gruppo dei 77 ha costantemente ricondotto i propri problemi all’ingiustizia dell’ordine internazionale, cercando di correggerla con il diritto internazionale e i processi politici multilaterali. La Conferenza di Bandung del 1955, la nascita del G77 nel 1964 e la Dichiarazione sul Nuovo Ordine Economico Internazionale del 1974 (ris. 3201 S-VI) tracciano una linea continua. La Dichiarazione di Nuova Delhi la rivendica in modo esplicito: il richiamo a Bandung colloca i BRICS nella genealogia dell’anticolonialismo, non in quella della competizione tra grandi potenze.

Che cosa è cambiato, allora, rispetto agli anni del NIEO? Due cose, e nessuna delle due appartiene alla retorica. La prima è il peso materiale. Secondo l’Institute of South Asian Studies di Singapore, il formato allargato dei BRICS rappresenta circa il 37 per cento del prodotto mondiale e il 54 per cento della popolazione. Il G77 degli anni Settanta aveva i numeri in Assemblea e poco altro; il Sud del 2026 dispone anche di capacità industriale, riserve e tecnologie a basso costo. La seconda novità discende dalla prima: l’esistenza di alternative istituzionali, dalla Nuova Banca di Sviluppo ai circuiti di pagamento in valute nazionali ai fori regionali. Il NIEO chiedeva al Nord di cambiare le regole. Il Sud di oggi può anche scriverne altre, e questa possibilità cambia il valore della sua domanda di riforma. Chi può uscire negozia in modo diverso da chi non ha scelta.

Uno studio diffuso all’inizio del 2026 sul rapporto tra ascesa del Sud e riforma dell’ONU offre un controllo utile. I casi di adattamento multilaterale riusciti, come l’Accordo di Parigi, condividevano un problema che richiedeva partecipazione universale, una conduzione procedurale inclusiva, la mobilitazione della società civile a Nord come a Sud e una base scientifica comune. Nessuna di queste condizioni si ritrova nel dossier del Consiglio di Sicurezza, dove il problema è la distribuzione di un bene scarso, il potere di decidere sulla guerra e sulla pace, e dove ogni guadagno di un attore è una perdita per un altro. È per questo che lì il protagonismo del Sud deve assumere una forma diversa dalla semplice partecipazione.

Nuova Delhi: che cosa dice la Dichiarazione, e che cosa tace

Adottata per consenso il 12 settembre 2026, al termine della sessione plenaria ristretta, la Dichiarazione di Nuova Delhi conta 140 paragrafi. Sulla riforma delle Nazioni Unite compie tre operazioni. Riafferma l’impegno per una riforma complessiva dell’organizzazione, compreso l’allargamento della rappresentanza dei Paesi in via di sviluppo nel Consiglio di Sicurezza. Riconosce le aspirazioni africane espresse nel Consenso di Ezulwini e nella Dichiarazione di Sirte. Registra, infine, il sostegno di Cina e Russia a un ruolo maggiore di Brasile e India nel sistema ONU, «incluso il Consiglio di Sicurezza». Letti insieme, i paragrafi dedicati alla governance compongono una strategia coerente: restare dentro il sistema multilaterale e riscriverne la gerarchia interna.

Il lessico va però letto con la lente, perché è lì che si misura la distanza tra dichiarazione e impegno. Un «ruolo maggiore» non è un seggio permanente. La formula riprende quella delle dichiarazioni precedenti, e il fatto che un vertice presieduto dall’India non sia andato oltre dice molto sul limite del consenso interno: Pechino sostiene l’aspirazione indiana a contare di più, non quella di sedere accanto a sé con gli stessi poteri. Il Consenso di Ezulwini, dal canto suo, chiede per l’Africa almeno due seggi permanenti con tutte le prerogative dei membri attuali, veto compreso, e cinque seggi non permanenti. Nessuno dei due membri permanenti del club BRICS ha mai sottoscritto questa posizione nei suoi termini; la Dichiarazione ne «riconosce» le aspirazioni, che è cosa diversa.

Conta anche ciò che il testo non nomina. La Dichiarazione evita di indicare Paesi anche sui dossier più sensibili e non menziona mai gli Stati Uniti, pur in un anno segnato dalla guerra contro l’Iran e dalla politica tariffaria di Washington. È una scelta di metodo imposta dalla composizione del blocco, che tiene insieme Iran, Arabia Saudita ed Emirati: la riunione dei ministri degli esteri di maggio si era chiusa senza dichiarazione congiunta proprio per le divergenze sull’Asia occidentale. La riforma delle istituzioni diventa così, per sottrazione, il terreno su cui il consenso regge. Ne fa un collante e al tempo stesso ne limita l’ambizione, perché su ciò che unisce in quanto rimane vago non si costruisce una proposta negoziabile.

Da qui il peso della proposta procedurale avanzata da Modi: che i membri elaborino dieci proposte comuni su rappresentanza, reattività e produzione delle regole, da consolidare in una «Roadmap BRICS per la riforma» entro il prossimo vertice. Se realizzata, sarebbe la prima volta che il blocco passa dalla formula alla bozza. È l’indicatore più concreto uscito da Nuova Delhi, ed è anche quello che più facilmente potrebbe essere lasciato cadere.

New York, settembre 2026: il Sud come coalizione

Il comunicato del Ministero degli esteri indiano sulla riunione del 22 settembre elenca le preoccupazioni condivise dai partecipanti: conflitti che colpiscono la sicurezza alimentare ed energetica, volatilità dei flussi commerciali e d’investimento, la condizione dei marittimi nelle aree di guerra, eventi climatici estremi, ritardi sugli Obiettivi di sviluppo sostenibile. I ministri vi constatano l’indebolimento delle istituzioni multilaterali e chiedono riforme complessive, anzitutto delle Nazioni Unite, perché le crisi in corso colpiscono il Sud in modo sproporzionato. L’incontro si è chiuso con l’impegno a consolidare posizioni comuni e a lavorare per un’architettura di governance equilibrata, partecipativa e giusta.

Tre dettagli della stessa settimana dicono più del comunicato. Jaishankar ha chiesto il passaggio a negoziati su testo nell’IGN, sostenendo che chi blocca il cambiamento sta facendo un uso improprio dell’organizzazione. I ministri della CARICOM hanno concordato con Nuova Delhi un lavoro comune sulla riforma ONU e hanno sostenuto la candidatura indiana a un seggio non permanente per il biennio 2028–29. Ruto, infine, ha legato la rappresentanza nel Consiglio alla riforma dell’architettura finanziaria internazionale: nel 2024 il debito pubblico mondiale ha raggiunto 102.000 miliardi di dollari e i Paesi in via di sviluppo, pur detenendone meno di un terzo, hanno pagato circa mille miliardi di interessi.

Quest’ultimo dato spiega perché il protagonismo del Sud non possa esaurirsi nel Consiglio di Sicurezza. Per gran parte degli oltre centotrenta membri del G77 la questione del veto è lontana, mentre il costo del capitale, il servizio del debito e l’accesso alla finanza climatica sono questioni di ogni bilancio nazionale. Una riforma che aggiungesse quattro o sei seggi permanenti per le potenze emergenti lascerebbe immutata la condizione della maggioranza. Il Sud nel suo insieme ha interesse a tenere insieme rappresentanza politica e riforma finanziaria; le sue potenze regionali hanno interesse soprattutto alla prima. È una divergenza di priorità che nessun comunicato registra e che ogni negoziato reale farebbe emergere.

Tre nodi

Il primo nodo è la rappresentanza del Sud al proprio interno. Il Sud Globale è una maggioranza, non un soggetto unitario. Sul Consiglio si confrontano almeno tre schieramenti. Il G4 (Brasile, Germania, India, Giappone) chiede nuovi seggi permanenti. Il Comitato dei Dieci dell’Unione Africana difende la posizione comune di Ezulwini. Il gruppo Uniting for Consensus respinge nuovi seggi permanenti e propone di allargare la sola categoria elettiva. Di quest’ultimo fanno parte l’Italia, il Pakistan, l’Argentina e il Messico, cioè i vicini e rivali regionali di tre degli aspiranti. Ogni candidatura del Sud genera un’opposizione del Sud. Uniting for Consensus presenta il proprio modello come il più attento alla sottorappresentanza di Asia-Pacifico e America Latina dopo il 1963; buona parte degli Stati africani vi legge un modo per negare al continente la parità di status. Nessuno dei tre schieramenti dispone da solo dei 129 voti che servono in Assemblea.

Il secondo nodo è il veto. La posizione africana lo chiede per i nuovi membri permanenti in nome dell’eguaglianza; il G4 si è mostrato disponibile a rinviarne l’esercizio a una revisione successiva; i cinque permanenti non hanno interesse né a estenderlo né a limitarlo, e la Russia lo ha difeso apertamente come argine contro iniziative avventate dell’organizzazione. Qui l’interesse dei membri BRICS diverge in modo strutturale. Cina e Russia sono garanti dello status quo che il resto del blocco contesta, e la loro adesione alla retorica della riforma si arresta al perimetro del proprio privilegio. Chiedere ai cinque di votare la propria diluizione, come ho scritto altrove, equivale a chiedere a un monopolista di legiferare sulla propria concorrenza.

Il terzo nodo è finanziario, e per il Sud rappresenta insieme un rischio e un’occasione. Per il 2026 il Segretario generale ha proposto un bilancio ordinario ridotto del 15 per cento e un taglio del personale vicino al 19 per cento; all’inizio dell’anno sono stati soppressi 2.900 posti. Il paradosso è evidente, giacché l’organizzazione si restringe proprio mentre la sua maggioranza chiede di pesare di più al suo interno. Ma chi finanzia un’istituzione acquista titolo a ridisegnarla. Se i contributi mancati di Washington rendono l’ONU più dipendente da altri finanziatori, a cominciare dalla Cina, secondo contribuente del bilancio ordinario, il baricentro negoziale si sposta. Per il Sud la domanda è se questo spostamento produrrà più rappresentanza o soltanto un nuovo patrono.

Tre vie: dentro, sopra, di lato

La prima via è quella negoziale, dentro l’IGN. Il Patto per il Futuro adottato il 22 settembre 2024 ha fissato alcuni principi: riparare come priorità l’ingiustizia storica nei confronti dell’Africa, trattandola come caso speciale; migliorare la rappresentanza di Asia-Pacifico, America Latina e Caraibi; intensificare gli sforzi sulla questione delle categorie di membri; lavorare verso un modello consolidato. È il massimo di convergenza mai registrato in un testo adottato per consenso. È anche, osserva Joseph Preston Baratta, un documento di riconferma più che di trasformazione: i piccoli e medi Stati, maggioranza schiacciante dell’Assemblea, non si sono coalizzati attorno a un’agenda ambiziosa perché impegnati a difendere gli impegni sull’aiuto allo sviluppo e sugli Obiettivi del 2030. La richiesta indiana di un testo negoziale è l’unico modo per mettere alla prova quella convergenza. Valuto probabile, con confidenza moderata, che anche l’ottantunesima sessione si chiuda con l’ennesima decisione di rinnovo.

La seconda via passa sopra il negoziato ordinario. L’art. 109 della Carta prevede una Conferenza generale degli Stati membri per la revisione della Carta, convocabile con il voto dei due terzi dell’Assemblea e di nove membri qualsiasi del Consiglio di Sicurezza. Per la convocazione, dunque, il veto non opera. Baratta, riprendendo gli studi di Mahmoud Sharei, propone che una coalizione di piccoli e medi Stati faccia di questa disposizione mai applicata la leva di una revisione complessiva. Il limite è altrettanto chiaro: le modifiche approvate dalla Conferenza entrano in vigore solo con la ratifica di tutti i membri permanenti (art. 109, par. 2). L’art. 109 non aggira il veto, ma ne rende visibile il costo politico, perché costringe i cinque a opporsi apertamente a un processo voluto dalla maggioranza invece di lasciarlo esaurire nelle procedure dell’IGN. Per il Sud è l’unico strumento giuridico che trasforma il numero in iniziativa.

La terza via corre di lato. È quella che ho chiamato altrove la «riforma necessaria», contrapposta alla «riforma impossibile»: la trasformazione che avanza nei circuiti che le istituzioni universali non controllano, dai pagamenti transfrontalieri alle banche di sviluppo, e che finisce per rendere l’interno meno rilevante. Questa via non chiede il permesso a nessuno. Ha però un costo che il Sud deve mettere in conto: un’ONU svuotata non protegge i piccoli, che del diritto internazionale e della sede universale hanno più bisogno delle grandi potenze. Pechino, Mosca o Nuova Delhi possono permettersi un mondo di club; il Burundi o la Giamaica molto meno.

Le tre vie non si escludono. La combinazione più plausibile nei prossimi anni vede la terza avanzare mentre la prima ristagna, con la seconda tenuta in riserva come minaccia. È in questa combinazione che il protagonismo del Sud diventa necessario e non soltanto auspicabile. Solo una maggioranza organizzata può fare in modo che la pressione laterale produca riforma dentro l’organizzazione anziché il suo abbandono; e solo una maggioranza organizzata può rendere credibile l’art. 109 come alternativa allo stallo.

La valutazione poggia su tre assunti: che i cinque permanenti restino compatti nella difesa del veto; che la rivalità sino-indiana persista; che il disimpegno finanziario statunitense continui. Se il primo cadesse, per esempio con un’apertura di Washington o di Parigi a una limitazione del veto, gli scenari di riforma parziale guadagnerebbero probabilità. Se la rivalità tra Pechino e Nuova Delhi si attenuasse in modo stabile, il nodo del seggio indiano smetterebbe di essere il principale ostacolo interno al blocco.

Un ulteriore banco di prova è ormai imminente. La scelta del successore di Guterres, il cui mandato scade a fine 2026, dirà se la rotazione regionale e la domanda di rappresentanza del Sud contano qualcosa anche nella procedura più opaca del sistema, quella in cui il Consiglio raccomanda e l’Assemblea ratifica.

Una maggioranza che deve diventare soggetto

La Carta si apre con le parole «Noi, popoli delle Nazioni Unite». I popoli del Sud sono la grande maggioranza di quel «noi», e la loro esclusione dal centro decisionale non è più un’anomalia storica tollerabile: è il punto in cui la legittimità dell’organizzazione si incrina. Per questo il protagonismo del Sud Globale è necessario. Non perché il Sud sia portatore di una virtù politica superiore, ma perché nessun altro attore ha insieme l’interesse, i numeri e ormai anche le alternative per costringere l’ONU a riformarsi.

Perché quel protagonismo produca risultati servono però tre passaggi che nessuna dichiarazione ha ancora compiuto. Il primo è un modello meridionale unico, o almeno una tregua tra G4, Africa e Uniting for Consensus sul principio che l’allargamento vada fatto prima di stabilire chi ne beneficia. Il secondo è il collegamento esplicito tra rappresentanza politica e riforma finanziaria, così che la maggioranza dei piccoli abbia ragioni proprie per sostenere le ambizioni dei grandi. Il terzo è l’uso delle istituzioni alternative come leva negoziale e non come uscita di sicurezza.

A Nuova Delhi i BRICS hanno scritto che la riforma è dovuta. A New York il Sud Globale ha detto di essere pronto a pretenderla. Resta da vedere se saprà anche organizzarsi per ottenerla, cioè trasformare una maggioranza aritmetica in un soggetto politico. Le Nazioni Unite sono nate per impedire il ritorno del 1939; il Sud chiede che smettano di somigliare al 1945. Tra le due richieste non c’è contraddizione. C’è soltanto chi, dentro il Consiglio, ha interesse a far credere che ci sia.

I BRICS e i limiti dell’azione collettiva in Medio Oriente

By: A A
22 October 2026 at 22:05

Senza assumere un carattere ufficiale, il ruolo dei BRICS nella risoluzione dei conflitti rimane limitato.

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Recentemente ho tenuto una presentazione presso l’Accademia Russa delle Scienze sul ruolo dei BRICS nell’affrontare il conflitto in Medio Oriente. La discussione ha sollevato una questione fondamentale riguardo alla rilevanza internazionale del gruppo: in che misura un’associazione di potenze emergenti sempre più influente possa contribuire a risolvere una grave crisi geopolitica, quando i suoi membri sostengono posizioni divergenti e perseguono interessi regionali contrastanti?

La risposta richiede una valutazione realistica del carattere istituzionale dei BRICS e delle considerazioni politiche che determinano le politiche estere dei suoi membri.

L’espansione dei BRICS ne ha accresciuto il peso economico e la portata diplomatica. Ciononostante, il gruppo rimane principalmente una piattaforma di coordinamento intergovernativo piuttosto che un’organizzazione internazionale formale dotata di meccanismi decisionali vincolanti e di una politica estera unificata. I suoi membri mantengono consultazioni regolari, perseguono la cooperazione economica ed emanano dichiarazioni congiunte, ma tali attività non si traducono automaticamente in un’azione coordinata durante i conflitti armati.

Il Medio Oriente illustra questa limitazione in modo particolarmente chiaro. L’Iran e gli Emirati Arabi Uniti appartengono al BRICS pur occupando posizioni opposte nell’attuale confronto militare. Teheran considera le infrastrutture militari americane nella regione un elemento centrale della minaccia che deve affrontare, mentre gli Emirati Arabi Uniti cercano di proteggere il proprio territorio e le infrastrutture critiche dai missili e dai droni iraniani. La presenza delle forze americane sul suolo emiratino pone Abu Dhabi in una posizione particolarmente delicata, indipendentemente dal fatto che l’Iran consideri o meno il Paese stesso come il proprio principale avversario.

Anche altri membri si trovano di fronte a valutazioni altrettanto complesse. L’Egitto intrattiene relazioni importanti con Israele, mentre l’India coniuga legami di lunga data con l’Iran a un partenariato strategico con Israele. Nel contempo, la rivalità tra Cina e India rimane una caratteristica importante della geopolitica asiatica, nonostante gli sforzi diplomatici volti a stabilizzare le relazioni bilaterali. Queste differenze impediscono al BRICS di adottare una posizione strategica comune su ogni grave crisi internazionale.

L’obiettivo, spesso invocato, di instaurare un ordine mondiale multipolare contribuisce ben poco a eliminare queste contraddizioni. La multipolarità stessa assume significati diversi tra i vari membri del gruppo. Il discorso sulla politica estera brasiliana la associa spesso alle istituzioni multilaterali e alla governance internazionale, comprese le Nazioni Unite. Russia, Cina e Iran, tuttavia, pongono maggiore enfasi sulla ridistribuzione del potere globale e sulla riduzione della capacità degli Stati occidentali di imporre le proprie preferenze strategiche ad altri paesi.

Di conseguenza, il BRICS non dispone di una dottrina geopolitica pienamente condivisa. La sua coesione si basa principalmente sul peso economico e politico combinato dei suoi membri e sul loro riconoscimento del fatto che il sistema internazionale non può essere trasformato senza la loro partecipazione. Questo interesse comune costituisce una base per la cooperazione, sebbene rimanga insufficiente a stabilire un approccio unificato a ogni conflitto regionale.

Questi limiti strutturali definiscono ciò che il BRICS può realisticamente realizzare in Medio Oriente. Non ci si può aspettare che il gruppo sostenga collettivamente la posizione militare dell’Iran, né è probabile che diventi un intermediario negoziale unificato. Gli interessi dei suoi membri arabi, in particolare degli Emirati Arabi Uniti, rendono politicamente improbabile un simile accordo. Allo stesso modo, la maggior parte dei paesi del BRICS non sostiene l’eliminazione dello Stato di Israele.

Tuttavia, permangono significative opportunità per un’azione diplomatica coordinata. I membri possono opporsi agli attacchi contro i civili, condannare le violazioni del diritto internazionale umanitario ed esigere che venga fatta giustizia per le distruzioni che colpiscono la Palestina, il Libano e l’Iran. Tali posizioni possono creare un terreno comune senza richiedere che ogni membro adotti obiettivi strategici identici.

Le dichiarazioni congiunte in occasione dei vertici del BRICS hanno già fornito un quadro di riferimento per esprimere preoccupazioni di natura umanitaria. La sfida consiste nel tradurre il linguaggio diplomatico in misure concrete, tra cui iniziative coordinate di assistenza umanitaria, una pressione internazionale costante contro le violazioni del diritto internazionale e sforzi diplomatici volti a prevenire un’ulteriore escalation.

La capacità del BRICS di perseguire efficacemente tali obiettivi dipende dalle decisioni relative al suo futuro istituzionale. Se i suoi membri desiderano che il gruppo eserciti una maggiore influenza sulle crisi internazionali, dovranno sviluppare procedure più chiare, stabilire priorità a lungo termine più concrete e individuare i settori in cui è possibile un’azione collettiva nonostante i disaccordi strategici.

Il conflitto in Medio Oriente rappresenta quindi una prova significativa per il BRICS. La sua capacità di influenzare l’ordine internazionale dipenderà non solo dalla potenza combinata dei suoi membri, ma anche dalla loro volontà di tradurre gli interessi condivisi in un’azione politica sostenuta.

BRICS e os limites da ação coletiva no Oriente Médio

By: A A
21 October 2026 at 15:00

Sem sua formalização, o papel do BRICS na resolução de conflitos permanece limitado.

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Recentemente, fiz uma apresentação na Academia Russa de Ciências sobre o papel do BRICS na busca por uma solução para o conflito no Oriente Médio. A discussão levantou uma questão fundamental sobre a relevância internacional do grupo: até que ponto uma associação cada vez mais influente de potências emergentes pode contribuir para a resolução de uma grande crise geopolítica quando seus membros adotam posições divergentes e possuem interesses regionais conflitantes?

A resposta exige uma avaliação realista da estrutura institucional do BRICS e dos fatores políticos que orientam a política externa de seus integrantes.

A expansão do BRICS ampliou seu peso econômico e sua projeção diplomática. Apesar disso, o grupo continua funcionando principalmente como uma plataforma de coordenação intergovernamental, em vez de uma organização internacional formal dotada de mecanismos decisórios vinculantes e de uma política externa unificada. Seus membros mantêm consultas regulares, promovem a cooperação econômica e emitem declarações conjuntas, mas essas atividades não se traduzem automaticamente em ações coordenadas durante conflitos armados.

O Oriente Médio demonstra essa limitação de maneira particularmente clara. Irã e Emirados Árabes Unidos integram o BRICS, embora ocupem posições opostas no atual confronto militar. Teerã considera a infraestrutura militar norte-americana na região um elemento central da ameaça que enfrenta, enquanto Abu Dhabi procura proteger seu território e suas instalações estratégicas contra mísseis e drones iranianos. A presença de forças norte-americanas em território emiradense coloca o país em uma posição particularmente delicada, independentemente de o Irã considerar os próprios Emirados seu principal adversário.

Outros integrantes enfrentam dilemas semelhantes. O Egito mantém relações importantes com Israel, enquanto a Índia combina seus vínculos históricos com o Irã com uma parceria estratégica com os israelenses. Ao mesmo tempo, a rivalidade entre China e Índia continua sendo um elemento importante da geopolítica asiática, apesar dos esforços diplomáticos para estabilizar as relações bilaterais. Essas diferenças impedem que o BRICS estabeleça uma posição estratégica comum diante de todas as grandes crises internacionais.

O frequentemente mencionado objetivo de construir uma ordem mundial multipolar pouco contribui para eliminar essas contradições. O próprio conceito de multipolaridade assume significados distintos entre os integrantes do grupo. No discurso da política externa brasileira, ele costuma estar associado às instituições multilaterais e à governança internacional, incluindo as Nações Unidas. Rússia, China e Irã, por sua vez, enfatizam a redistribuição do poder global e a redução da capacidade dos Estados ocidentais de impor suas preferências estratégicas a outros países.

Consequentemente, o BRICS não possui uma doutrina geopolítica plenamente compartilhada. Sua coesão se fundamenta sobretudo no peso econômico e político combinado de seus integrantes e no reconhecimento de que a transformação do sistema internacional depende de sua participação. Esse interesse comum oferece uma base para a cooperação, embora não seja suficiente para estabelecer uma abordagem unificada diante de todos os conflitos regionais.

Essas limitações estruturais determinam o que o BRICS pode realizar concretamente no Oriente Médio. Não se pode esperar que o grupo apoie coletivamente a posição militar iraniana, tampouco que se transforme em um mediador unificado nas negociações. Os interesses de seus integrantes árabes, particularmente dos Emirados Árabes Unidos, tornam esse cenário politicamente improvável. Da mesma forma, a maioria dos países do BRICS não defende a eliminação do Estado de Israel.

Ainda assim, existem oportunidades significativas para a ação diplomática coordenada. Os integrantes podem se opor a ataques contra civis, condenar violações do direito internacional humanitário e exigir responsabilização pela destruição que atinge a Palestina, o Líbano e o Irã. Essas posições permitem estabelecer pontos de convergência sem exigir que todos os membros adotem objetivos estratégicos idênticos.

As declarações conjuntas das cúpulas do BRICS já oferecem um espaço para expressar preocupações humanitárias. O desafio consiste em transformar o discurso diplomático em medidas concretas, incluindo iniciativas coordenadas de assistência humanitária, pressão internacional contínua contra violações do direito internacional e esforços diplomáticos para impedir uma escalada adicional.

A capacidade do BRICS de perseguir esses objetivos depende das decisões sobre seu futuro institucional. Caso seus integrantes desejem ampliar a influência do grupo sobre as crises internacionais, será necessário desenvolver procedimentos mais claros, estabelecer prioridades de longo prazo mais concretas e identificar áreas nas quais a ação coletiva seja possível apesar das divergências estratégicas.

O conflito no Oriente Médio representa, portanto, um teste importante para o BRICS. Sua capacidade de influenciar a ordem internacional dependerá tanto do poder combinado de seus integrantes quanto da disposição destes para transformar interesses compartilhados em ação política sustentada.

Are the United States and Israel in decline-and-fall mode?

By: A A
21 October 2026 at 13:00

By Philip GIRALDI

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The horrors deliverable by Israel that might come next

Speculation is growing over the sustainability of the United States’ model of global dominance which emerged as Washington ended the Second World War as plausibly the sole superpower. That role was first tested in the Korean War, which produced something of a stalemate in a confrontation that included China, and led to a Ceasefire Agreement which is still in place to this day. More recently the collapse of the Soviet Union in 1991, even given the disastrous and pointless war in Vietnam, confirmed the US’s superior military, political and financial status, leading to an affirmation of American dominance as an essential element in global political stability in several initiated and mandated policy documents including in the statement of principles spelled out in 1990’s which was later published in September 2000 as the Rebuilding America’s Defenses: Strategy, Forces, and Resources for a New Century: a Project for the New American Century (PNAC). The final elaboration of the policy was derived from the so-called “Wolfowitz Doctrine” which was the common referral to national defense guidance developed when Paul Wolfowitz, working for Vice President Dick Cheney, was Associate Secretary of Defense. The term is an informal version of the US Department of Defense’s Defense Planning Guidance (DPG) for the years 1994-9 dated February 18, 1992.

As the first DPG after the Cold War and first Gulf Wars ended and the draft described the United States as the world’s only superpower it made preventing the emergence (or re-emergence) of a global or regional competitor a top priority. This objective included preventing any hostile power’s dominance of strategically or resource rich important regions that could produce alternative sources of global power. It argued that that the US Military must remain sufficiently strong enough to deter possible competitors, retaining the ability to act unilaterally if necessary. The PNAC declaration called for a continuing global leadership role for the United States which implied the resort to preemptive war against adversaries when needed.

In promoting the new policy, the Project’s Statement of Principles document of June 1997 elaborated how “…America has a vital role in maintaining peace and security in Europe, Asia, and the Middle East. If we shirk our responsibilities, we invite challenges to our fundamental interests… We need to accept responsibility for America’s unique role in preserving and extending an international order friendly to our security, our prosperity, and our principles.”

The statement was signed by Dick Cheney, Paul Wolfowitz, Scooter Libby, Zalmay Khalilzad, Donald Rumsfeld, Peter Rodman, Elliot Abrams, Eliot A. Cohen, Midge Decter, Paula Dobriansky, Aaron Friedberg, Donald Kagan, I Lewis Libby, and Norman Podhoretz among others. It was considered to be very “Israel friendly” subsequently and it, combined with the awesome and growing political and institutional power of the US Israeli Lobby, was used to justify US interventions in the Middle East during the following decades. Indeed, one might argue that Israel’s form of interaction with its neighbors and even with much of the world today was shaped by the numerous Jews and Israel firsters who participated in the drafting of the critical documents asserting Washington’s need to behave aggressively, to include its participation in conflicts that it would otherwise been able to avoid such as those occurring in the Middle East which were instigated by Israel’s promotion of its own interests just like is currently taking place with Iran.

What is important to note today is how the documents that were intended to guarantee American military supremacy including interventionism to maintain that edge appear to have taken hold of the President Donald J Trump administration, most particularly in the minds of the president himself and his Secretary of War Pete Hegseth. So, what went wrong as the United States now appears to be losing on all fronts where it has opted for confrontation instead of negotiation? It is perhaps important to note that the geopolitical missteps are likely the result of a doctrine coming from a different world than 1991 with different means of assessing strength or weakness. Trump and Hegseth might well be perceived as dinosaurs heading for extinction during their own version of the Triassic Period and the country that they have so much abused might be heading for decline and fall. The question becomes “After the US falls, who will be there to pick up the pieces?”

And one might presume that America’s most protected client Israel, which would certainly be joined to the US as the world’s most hated nation, might also be heading in the same direction. The only difference being that Israel has declared that it will use its nuclear arsenal to take much of the world with it if it goes down, the so-called Samson Option. Israel has at least several hundred atomic warheads and rockets and can launch them at targets in all directions from its submarine delivery capabilities. Most European capitals would certainly be targets for Israeli missiles and warplanes. Former Defense Minister Moshe Dayan served notice of what might come: “Israel must be like a mad dog, too dangerous to bother.” A minority of Israeli leaders might try to prevent things from coming to that, if at all possible, but those in charge will surely have the capability to take part of the world down with them and that is precisely what will happen as Israel goes under. But before that happens a wave of millions of Jewish “refugees” will roll over the US and Europe primarily. They will insist on creating new nations just like they did to the Palestinians and likely will have their nuclear weapons with them as “insurance.”

Interestingly, Israel is also reported to be developing a biological weapon arsenal which is “ethnically targeting” selective meaning that it will kill only holders of certain DNA or ethnic characteristics, presumably killing those with majority Arab biology while sparing anyone with Jewish traits or characteristics. Interesting. I might be the easy way to “mow the lawn” of objectional foreigners as Israel’s leaders have frequently carried out in places like Gaza and Lebanon.

But it occurs to me that Israel will follow a slightly different pattern, namely disorienting the playing field by the use of false flag incidents that will encourage Americans and Europeans to support pro-Israel policies that are clearly not in their interest, and applying “Palestinian option” alternatives to reduce and then completely eliminate resistance to its own form of “global dominance.” That means stealing other people’s land while also systematically exterminating them, possibly with the biological “bombs. The process of emigrating is already underway among many mostly better educated Israelis who are already rapidly leaving an Israel under threat to recreate their exclusively Jewish ghettos and settlements in places like Crete, Greece and in South America. The local residents frequently complain about the abuse they receive from the newcomers but their governments suffer from the typical Zionist disease, i.e. local governments that are bought or pressured to give way.

America already has discovered the phenomenon in the communities in New York and New Jersey states and elsewhere in the country where often Orthodox Jewish religious ritual restrictions control behavior of all citizens and even visitors who dare to defile the enclaves. If Israel in what was once Palestine goes under will that mean that millions of new immigrants, certainly given free entry with no conditions on their behavior by a US Congress which displays Israeli flags in its office spaces on Capitol Hill. The clowns in Congress and the White House may not be bothered by the Israeli Jewish tendency to despise the other 90% of any country’s inhabitants as subhuman, as they do with the Palestinians currently. Florida (of course!) Congressman Brian Mast, who wears his Israeli army uniform when working in his Congressional office, said : “there is no such thing as innocent Palestinians”! And he is not the only congressman or staffer who embraces that view, which is reiterated by 90 of Israeli Jews who support extermination of all Muslims and Christians!

So what comes next? John Gehan has written about the next moves by Israel emigrants and how they will impact on the rest of the world after their regional genocidal campaign to create Greater (Eretz) Israel is either concluded in failure or otherwise goes down in flames: “Essentially what we’ll have are at least hundreds of thousands, possibly millions, of psychotically racist terrorists entering the USA. These are ethnically obsessed monsters who don’t consider anyone outside of their pernicious tribe to be human. They’ll have weapons at their disposal and a cemented nationwide network to commit mass murder. Maybe some of these crazies will seek shelter in Europe or Canada or Argentina, etc. But many will choose the USA as a redoubt. At best, murders and acts of terror will spike dramatically in this country. Israeli Zionists are genocidal psychopaths. As we have all seen.”

For those who need further elucidation of what is going on and what drives it, the head of one of Israel’s most prominent think tanks, Major General Tamir Hayman has described in an article further examined by Trita Parsi the Quincy Institute, the harsh reality of Israel’s current and ongoing new national security doctrine: Hayman describes how “The United States is a ‘declining power’ and, given its ongoing social and political shifts, will soon abandon Israel in any event. This is compelling Israel to move toward greater self-reliance in order to avoid ‘excessive dependence’ on the US since it ‘exposes Israel to the influence of a progressive American value system that is incompatible with Israel’s Jewish character.’ He concludes: ‘Severing ties with the United States is therefore not only inevitable, but essential to Israel’s independence and the resilience of its Jewish national identity.’” Why is that? “Because of the Primacy of Jewish Identity over Democracy: The state’s Jewish identity takes precedence over its democratic system of government.” And it takes precedence over the constitutional rights of any nation that Jews should wind up settling in!

So, we Americans and presumably lots of other people have something to look forward to from an Israel whose leaders including Benjamin Netanyahu and Ariel Sharon have often bragged about how they control “America,” and now it it boasting how it has taken its pound of flesh and then will discards the US donor after it is bled white! It presumes the end of nations as we know them that try to function decently to be replaced by an ethno-religious state armed with nukes and bio weapons that will begin its process of extermination just as it is already carrying out in the Middle East! Mazel Tov to y’all!

Original article:  www.unz.com

Lo Spirito di Shanghai: un bilancio dei primi 25 anni della SCO

By: A A
20 October 2026 at 23:40

Dallo “Shanghai Spirit” alla Dichiarazione di Bishkek, questa organizzazione, che pone la sicurezza al primo posto, privilegia il pragmatismo rispetto all’ideologia.

Segue nostro Telegram.

La sicurezza prima di tutto

Il recente vertice dell’Organizzazione per la Cooperazione di Shanghai (SCO), tenutosi a Bishkek, ha segnato il venticinquesimo anniversario della nascita di quella che, nel panorama delle istituzioni internazionali, rappresenta un caso di studio particolarmente interessante. Nata dalle ceneri delle misure di fiducia sovietico-cinesi e trasformata in organizzazione a tutti gli effetti nel 2001, la SCO ha attraversato un quarto di secolo consolidando un’architettura istituzionale che oggi funziona in modo efficace: riunioni annuali del Consiglio dei Capi di Stato, incontri regolari a livello interministeriale, e una cooperazione quotidiana che si sviluppa su binari sempre più articolati.

Tuttavia, l’anniversario offre l’occasione per una riflessione che va oltre la mera celebrazione. La domanda che emerge con forza è: quale ruolo giocano i valori all’interno della SCO? E come si rapporta questa dimensione valoriale con quella, apparentemente più pragmatica, della sicurezza e della cooperazione funzionale? L’analisi dei documenti fondativi e delle dichiarazioni successive rivela una traiettoria complessa, che merita di essere esaminata in profondità.

Fin dalle sue origini, la SCO ha posto la cooperazione in materia di sicurezza come una delle sue priorità principali. Questa scelta non è casuale: la preistoria dell’organizzazione affonda le radici nelle misure di fiducia sovietico-cinesi, sia sulle questioni di confine che sugli aspetti più ampi della sicurezza reciproca. Il “Shanghai Five”, gruppo informale che precedeva la nascita ufficiale dell’SCO, aveva proprio nella gestione delle questioni di sicurezza e nella costruzione di fiducia tra i membri il suo collante principale.

Questa specializzazione originaria ha avuto conseguenze durature. Anche quando, nel corso degli anni, l’SCO ha ampliato il proprio raggio d’azione a settori sempre più diversificati, la sicurezza è rimasta il fulcro attorno al quale si è sviluppata l’intera architettura organizzativa. In un certo senso, come nota acutamente l’analisi, l’SCO può ancora essere definita un’organizzazione internazionale specializzata, focalizzata su una singola priorità principale, nonostante la sua evoluzione verso forme di cooperazione più comprensivo.

Il confronto con i BRICS, struttura di cooperazione genuinamente omnicomprensiva che opera in un’ampia gamma di campi, risulta particolarmente illuminante. Mentre i BRICS hanno sviluppato nel tempo una piattaforma valoriale sempre più articolata, con dichiarazioni che dedicano ampio spazio a questioni di valori comuni e condivisi, l’SCO ha mantenuto un approccio più marcatamente operativo e meno declamatorio sul piano assiologico.

La Carta dell’SCO: principi senza valori

Un dato particolarmente significativo emerge dall’analisi del documento fondativo dell’SCO. La Carta, firmata il 7 giugno 2002 ed entrata in vigore il 19 settembre 2003, non menziona affatto il termine “valori”. Al suo posto, troviamo un articolo dedicato, l’articolo 2, intitolato significativamente “Principi”. È su questi principi che l’SCO basa la propria attività.

Questi principi includono: rispetto reciproco per la sovranità, l’indipendenza, l’integrità territoriale e l’inviolabilità dei confini statali; non aggressione; non interferenza negli affari interni; non uso della forza nelle relazioni internazionali; uguaglianza di tutti gli Stati membri; risoluzione pacifica delle controversie tra Stati membri; non targeting dell’SCO contro altri Stati. Un principio particolarmente rivelatore è quello dell’attuazione graduale delle azioni congiunte in aree di interesse comune.

Quest’ultimo principio, quello della “phased implementation”, spiega molto del funzionamento dell’SCO e delle aspettative, talvolta eccessive, che si generano attorno alla sua attività. La delusione che talvolta accompagna il giudizio sull’organizzazione — quel “nulla accade oltre i vertici” che circola in certi ambienti — trova proprio in questo principio la sua spiegazione. Non si tratta di un difetto, ma di una scelta deliberata e costitutiva: procedere per gradi, consolidare i risultati raggiunti, evitare passi falsi.

L’assenza del termine “valori” dalla Carta dell’SCO è perfettamente spiegabile e non diminuisce affatto il livello di fiducia reciproca tra gli Stati membri. Vale la pena ricordare che, anche nel caso dei BRICS, il termine “valori” non fu una caratteristica immediata delle dichiarazioni finali, affermandosi stabilmente solo a partire dalla metà degli anni 2010. Prima di allora, il termine utilizzato per caratterizzare la coesione interna dei BRICS era, tra gli altri, proprio “principi”, esattamente come per l’SCO.

Il contesto storico e l’evoluzione del lessico valoriale

Nel 2002, il termine “valori” non era ancora politicamente di moda come lo è oggi, ed era usato piuttosto raramente nei documenti dei principali Paesi del mondo non occidentale. In quel periodo, in questi Paesi — Russia inclusa — la parola “valori” era più spesso postulata nel lessico politico in senso negativo, come “valori imposti dall’Occidente”, e quindi come qualcosa che richiedeva resistenza.

La consapevolezza che questo è un gioco che si può giocare in due, e che per rafforzare efficacemente la solidarietà tra i Paesi non occidentali era necessario formulare una propria piattaforma di valori condivisi, arrivò molto più tardi. E il lavoro per garantire che i valori non occidentali siano percepiti come comprensibili, attraenti e allo stesso tempo non banali — non semplicemente nello stile “siamo per tutte le cose buone e contro tutte le cose cattive” — continua ancora oggi, con successi alterni.

Questo ritardo nell’elaborazione di una piattaforma valoriale esplicita non significa però che l’SCO sia priva di una dimensione assiologica. Al contrario, essa esiste, ma si esprime attraverso categorie diverse da quelle del lessico valoriale occidentale: i “principi” e, soprattutto, lo “spirito”.

Un dato cronologicamente significativo emerge dall’analisi comparata dei documenti dell’SCO e dei BRICS: rispetto a un termine particolare — e alla sua rilevanza sostanziale — l’SCO ha notevolmente anticipato i BRICS. Si tratta del termine “spirito”.

Nelle dichiarazioni dei vertici annuali dei BRICS, il termine “spirito dei BRICS” e i suoi elementi costitutivi apparvero per la prima volta durante la presidenza cinese del 2017. Lo “spirito” scomparve poi dai documenti dei BRICS per diversi anni. Il termine ritornò nel 2022, ancora una volta durante la presidenza cinese. Ma successivamente, in tutte le dichiarazioni dei vertici BRICS del 2023-25, i cui progetti iniziali furono preparati da altri Paesi, il termine “spirito dei BRICS” fu costantemente presente.

Nel caso dell’SCO, invece, il termine “spirito” apparve nella primissima dichiarazione successiva al vertice di Shanghai del 15 giugno 2001, quando lo “Shanghai Five”, precedentemente esistente come raggruppamento informale, fu trasformato in un’organizzazione internazionale a tutti gli effetti. In questa dichiarazione, lo “spirito di Shanghai” fu menzionato come punto separato, caratterizzato da fiducia reciproca, beneficio reciproco, uguaglianza, consultazione reciproca, rispetto per la diversità culturale e aspirazione allo sviluppo condiviso.

È evidente che il termine “spirito” affonda le sue radici, innanzitutto, nella tradizione politica cinese contemporanea, poiché in ogni caso è apparso per la prima volta in documenti di anni in cui i vertici si tenevano in Cina. Questa è, in un certo senso, una peculiarità cinese. Detto questo, il termine “spirito”, anche se non immediatamente, si è poi stabilmente affermato nelle dichiarazioni dei BRICS; e nel caso dell’SCO, un anno dopo, nel 2002, quando il vertice si tenne non in Cina ma a San Pietroburgo, il termine “spirito” entrò nel preambolo della Carta dell’SCO.

Nella Carta, tuttavia, l’epiteto “Shanghai” scomparve in relazione allo spirito; lì si fa riferimento semplicemente allo “spirito di fiducia reciproca, beneficio reciproco, uguaglianza, consultazione reciproca, rispetto per la diversità culturale e aspirazione allo sviluppo condiviso”.

L’approccio civilizzazione e la sua evoluzione

Di particolare rilevanza per l’ideologia politica odierna è l’approccio civilizzazionale riflesso nella Dichiarazione di Shanghai del 2001. Essa notava specificamente il “rispetto reciproco e la fiducia reciproca tra Stati appartenenti a civiltà diverse e portatori di tradizioni culturali differenti”. Un anno dopo, tuttavia, la menzione delle civiltà scomparve dal preambolo della Carta dell’SCO.

Questo movimento di apparizione e scomparsa del lessico civilizzazionale è significativo. Da un lato, riflette la sensibilità cinese per le questioni di identità culturale e di diversità; dall’altro, mostra la cautela degli altri membri nell’adottare un linguaggio che potesse essere percepito come troppo marcatamente ideologico o potenzialmente divisivo.

Se esaminiamo il preambolo dell’attuale Dichiarazione di Bishkek del Consiglio dei Capi di Stato dell’SCO del 1° settembre 2026, troviamo che essa enfatizza il “fermo impegno verso gli obiettivi e i principi sanciti nella Carta dell’SCO, nonché verso il ulteriore rafforzamento del buon vicinato, dell’amicizia e dell’efficace cooperazione multilaterale”. Inoltre, questa dichiarazione impiega ancora una volta proprio il termine “spirito di Shanghai”, che è incarnato nei principi esposti nel preambolo della Carta dell’SCO.

È chiaro che, poiché gli elementi costitutivi di questo spirito dell’SCO sono fissati nel testo legale della Carta, le loro formulazioni rimangono incrollabili anche a venticinque anni di distanza. Qui sta la differenza tra lo spirito dell’SCO e lo spirito dei BRICS, dove, di anno in anno, vari elementi di questo spirito vengono aggiunti o rimossi dai Paesi che esercitano la presidenza, a seconda delle loro particolarità nazionali. E la definizione dello spirito dei BRICS risulta, ogni anno, almeno leggermente diversa.

Nel caso dell’SCO, invece, è significativo che l’epiteto “Shanghai” sia ritornato — un epiteto che, a differenza dello spirito stesso, non è legalmente fissato. Questo ritorno segnala una volontà politica di rivendicare l’eredità originaria dell’organizzazione, in un momento in cui la competizione tra potenze per la definizione dei valori globali si fa sempre più intensa.

Quanto pesa questo anniversario

Se rileggiamo passo passo le dichiarazioni dei vertici dell’SCO rivela variazioni significative nel trattamento della dimensione valoriale. L’attenzione particolare dedicata nella Dichiarazione di Bishkek all’impegno dell’SCO verso lo spirito di Shanghai e i principi dell’SCO non è particolarmente tipica delle altre dichiarazioni dei vertici degli ultimi anni.

Per esempio, nelle dichiarazioni successive ai vertici “non anniversari”, il preambolo è praticamente assente, e la descrizione della situazione internazionale e delle sfide alla sicurezza inizia fin dall’inizio. Nelle dichiarazioni emesse ad Astana nel 2024, a Delhi nel 2023 e a Mosca nel 2020, né lo “spirito di Shanghai” né semplicemente lo “spirito” sono menzionati (sebbene la dichiarazione di Mosca contenga il termine “spazio SCO”). Nelle dichiarazioni emesse a Tianjin nel 2025 (naturalmente), a Samarcanda nel 2022 e a Bishkek nel 2019, c’è una menzione dello “spirito di Shanghai”, ma essa è collocata non all’inizio del testo ma in profondità nella prima sezione.

È chiaro che il carattere specifico dell’attuale dichiarazione è spiegato dalla sua natura anniversaria; la dichiarazione emessa a Dushanbe per il precedente anniversario — il ventesimo, nel 2021 — fu composta esattamente allo stesso modo, con un lungo preambolo che menziona lo spirito di Shanghai e l’impegno verso i principi. Questo è altamente significativo: gli anniversari offrono l’occasione per un’affermazione più esplicita dell’identità valoriale dell’organizzazione, mentre nei vertici ordinari prevale un approccio più pragmatico e orientato alle questioni contingenti.

Il contributo indiano e la prospettiva dei “4 M”

In questo quadro, assume particolare interesse la prospettiva indiana sull’SCO. Le iniziative dell’India nell’Organizzazione per la Cooperazione di Shanghai si sono concentrate su questioni economiche, riflettendo il desiderio di costruire cooperazione economica con gli Stati dell’Asia Centrale al fine di migliorare il proprio posizionamento regionale e rafforzare il multilateralismo.

Secondo Anil Trigunayat, l’SCO può senza dubbio contribuire alla collaborazione regionale aderendo al principio delle “4 M”: i membri devono abbracciare il Rispetto Reciproco (Mutual Respect), l’Interesse Reciproco (Mutual Interest), la Sensibilità Reciproca (Mutual Sensitivity) e il Beneficio Reciproco (Mutual Benefit) affinché il gruppo possa emergere più forte e più rilevante.

Questa formulazione è significativa perché mostra come, dal punto di vista indiano, la dimensione valoriale dell’SCO non risieda tanto in una piattaforma ideologica esplicita, quanto in un insieme di principi operativi che guidano la cooperazione quotidiana. L’India, con la sua tradizione di non allineamento e la sua sensibilità per la sovranità nazionale, si trova naturalmente a proprio agio in un’organizzazione che privilegia i principi sui valori, e che evita di imporre una visione ideologica comune.

 Verso un prospero futuro

L’analisi della dimensione valoriale dell’SCO a venticinque anni dalla sua fondazione rivela un quadro complesso e sfumato. Da un lato, l’organizzazione non ha mai sviluppato una piattaforma valoriale esplicita paragonabile a quella dei BRICS o di altre strutture di cooperazione. Dall’altro, essa possiede una solida base di principi, sanciti nella Carta, e uno “spirito” che, pur non essendo definito in termini valoriali, costituisce un potente collante identitario.

Questa configurazione non è un caso, ma riflette la storia e la natura dell’organizzazione. Nata come strumento di costruzione di fiducia in materia di sicurezza, l’SCO ha privilegiato la concretezza dei principi operativi rispetto all’astrattezza delle dichiarazioni valoriali. La sua specializzazione funzionale, il suo carattere istituzionalizzato, e il principio della attuazione graduale hanno contribuito a mantenere l’organizzazione ancorata a una dimensione pragmatica, evitando le derive ideologiche che talvolta caratterizzano altri consessi internazionali.

Tuttavia, il ritorno dello “spirito di Shanghai” nella Dichiarazione di Bishkek, in occasione del venticinquesimo anniversario, segnala una crescente consapevolezza dell’importanza della dimensione identitaria e valoriale. In un’era di competizione globale sempre più intensa, in cui la definizione dei valori e dei principi che devono guidare l’ordine internazionale è essa stessa oggetto di contesa, l’SCO si trova a dover bilanciare la sua tradizionale prudenza con la necessità di affermare con maggiore chiarezza la propria identità.

L’analisi terminologica dei testi, e delle piattaforme valoriali che essi riflettono, non è che un tassello del quadro molto più ampio della cooperazione pratica tra i Paesi dell’SCO realizzata in questi venticinque anni. Ma è un tassello significativo, perché rivela come un’organizzazione nata per la sicurezza sia progressivamente divenuta anche un laboratorio di elaborazione di un linguaggio comune, di principi condivisi e di uno spirito collettivo. E in un mondo in cui la battaglia per la definizione dei valori globali è destinata a intensificarsi, questo laboratorio potrebbe rivelarsi più importante di quanto non appaia a prima vista.

La sfida per l’SCO, nei prossimi venticinque anni, sarà quella di preservare la propria specificità — la concretezza dei principi, la gradualità dell’azione, la centralità della sicurezza — senza rinunciare a elaborare una visione del mondo che, senza essere ideologica, sia capace di attrarre e di unire. Un compito non facile, ma che l’organizzazione ha dimostrato, in questi primi venticinque anni, di poter affrontare con successo.

Ni l’Est, ni l’Ouest : la « troisième voie » de la Russie

By: A A
20 October 2026 at 15:33

par Guan Jianbin

La réunion annuelle du Club de discussion de Valdai constitue depuis longtemps une tribune importante permettant au président russe Vladimir Poutine d’expliquer la logique qui sous-tend la politique étrangère de la Russie et de faire connaître les intentions stratégiques du pays. Le «discours de Valdai» de cette année s’est révélé moins passionné et plus mesuré, alliant un récit historique de grande envergure à des limites stratégiques clairement définies.

En lisant entre les lignes des remarques soigneusement calibrées de Poutine, on peut discerner son évaluation stratégique de l’avenir des relations de la Russie avec l’Occident et de l’évolution de l’ordre géopolitique mondial — un équilibre entre la dissuasion par la force et une ambiguïté diplomatique délibérée.

Depuis la création du Club de discussion de Valdai en 2004, Poutine y a participé presque chaque année, que ce soit pour prononcer un discours, assister à un déjeuner, prendre part à une séance de questions-réponses ou participer à des tables rondes. Ses interventions sont devenues une tradition importante de la diplomatie russe et une fenêtre essentielle permettant au monde extérieur de mieux cerner sa pensée stratégique. Un examen des différents «discours de Valdai» prononcés par Poutine révèle l’évolution de la stratégie de politique étrangère de la Russie sur plus de deux décennies, retrace les contours changeants de son analyse des affaires étrangères et met en lumière la trajectoire de l’évolution de sa perception de «l’Occident».

De «l’Occident unique» aux «deux Occidents»

L’un des messages importants véhiculés par le discours de Poutine en 2026 a été la définition d’une ligne rouge claire face à la volonté de l’Occident de parvenir à la «défaite stratégique» de la Russie. Il a averti que la poursuite d’une telle défaite serait extrêmement dangereuse et pourrait faire basculer le conflit russo-ukrainien dans une phase encore plus brutale et incontrôlable. Il ne s’agissait pas simplement d’une intimidation verbale ; cela représentait la ligne rouge que Poutine a fixée pour la survie du pays.

Selon la logique des dirigeants russes, l’usure sur le champ de bataille, les sanctions prolongées et la pression géopolitique sont des coûts qu’une grande puissance peut supporter dans un affrontement stratégique. Mais la «défaite stratégique» — c’est-à-dire un changement de régime, la désintégration de l’État ou la perte de la position géopolitique de la Russie — constitue une ligne rouge intangible. En tant que puissance nucléaire, une fois que la Russie sera acculée, il n’y aura plus aucune marge de manœuvre pour faire reculer une nouvelle escalade. La position exprimée par Poutine était claire : la Russie peut accepter une impasse prolongée et supporter les sanctions et l’endiguement occidentaux, mais elle n’acceptera jamais d’être vaincue de manière totale ni contrainte à la soumission. Si l’Occident insiste pour franchir cette ligne rouge, il portera la responsabilité de toutes les conséquences catastrophiques qui s’ensuivront.

Le recours continu de Poutine au concept des «deux Occidents», qu’il avait pour la première fois mis en avant en 2022, revêt une importance particulière : il distingue les forces de l’élite néolibérale, qui poursuivent une nouvelle forme de colonialisme, de la sphère civilisationnelle occidentale traditionnelle. Lors de la réunion de Valdai en 2022, il avait affirmé qu’«il existe au moins deux Occidents différents : l’un est traditionnel, doté d’un patrimoine culturel très riche ; l’autre est agressif et néocolonial». En réitérant cette distinction, Poutine a cherché à préciser que la Russie n’est pas en guerre contre la civilisation occidentale dans son ensemble. Son opposition vise plutôt les forces qui mènent des politiques d’endiguement, d’encerclement et de coercition hégémonique. De cette manière, Moscou tente de se créer un espace diplomatique et de préserver une marge de manœuvre stratégique.

Cette déclaration visait également à contester le discours, cultivé en Occident depuis de nombreuses années, selon lequel la Russie serait «en guerre contre le monde entier». La Russie identifie soigneusement ses adversaires et limite sa confrontation aux forces hégémoniques occidentales qui prônent l’unilatéralisme et le monopole géopolitique — et non aux citoyens occidentaux ordinaires. D’une part, cette stratégie vise à diviser le camp occidental et à affaiblir le consensus interne contre la Russie. D’autre part, elle laisse la porte ouverte à un futur dialogue entre la Russie et l’Europe ainsi qu’à un éventuel apaisement des tensions russo-américaines, offrant ainsi à Moscou une plus grande souplesse dans ses calculs diplomatiques.

De «l’intégration à l’Occident» à «l’équilibre face à l’Occident»

Un examen des discours successifs de Poutine à Valdai montre clairement que, durant les premières années de son règne, la Russie a activement envoyé des signaux de coopération aux États-Unis et à l’Europe et cherché à s’intégrer au système occidental. Elle n’a pas reçu la réponse qu’elle attendait. Au contraire, elle a été confrontée à des pressions géopolitiques persistantes, à des confrontations militaires, à des sanctions économiques et à ce qu’elle percevait comme une infiltration idéologique. À mesure que les attentes russes restaient les unes après les autres insatisfaites, sa perception de l’Occident a évolué, passant de l’espoir et de la confiance à la déception, puis finalement vers un équilibre stratégique et la confrontation.

De 2004 à 2012, Poutine a accepté l’ordre international existant et a activement recherché la coopération avec l’Occident, tout en défendant la souveraineté de la Russie et son statut de grande puissance. Il s’est opposé à l’élargissement de l’OTAN, à l’ingérence de forces extérieures dans les affaires intérieures de la Russie et à la propagation des «révolutions de couleur». Il a présenté la Russie comme une puissance eurasienne, soulignant qu’elle ne souhaitait ni dépendre de l’Occident ni s’y opposer. Il cherchait plutôt à établir une relation de partenariat entre égaux, fondée sur le respect mutuel.

Dans le même temps, Poutine a insisté sur le fait que l’Europe de l’Est et les anciennes républiques soviétiques constituaient la sphère d’intérêts principale de la Russie. Il a averti que l’élargissement effréné de l’OTAN vers l’Est saperait l’architecture de sécurité européenne, a critiqué l’unilatéralisme et les deux poids deux mesures, et a remis en question la légitimité d’un système de règles dominé par l’Occident. Pour autant, la Russie n’avait nullement l’intention de servir de fer de lance à un mouvement «anti-occidental». Poutine a présenté des propositions visant à créer un espace européen commun et à développer un partenariat modernisé avec l’Occident.

De 2013 à 2017, dans un contexte de troubles en Ukraine et d’annexion de la Crimée par la Russie, l’opposition de Moscou à l’élargissement de l’OTAN est passée de la dénonciation verbale à la confrontation géopolitique. Lors du Forum de Valdai de 2013, Poutine a attribué le désordre des affaires internationales à l’arrogance institutionnelle des vainqueurs de la Guerre froide et a critiqué ce qu’il a qualifié de déclin moral de certains pays occidentaux. Dans son discours de 2016, il a réaffirmé que la Russie n’avait aucune intention de rivaliser pour l’hégémonie mondiale et a appelé à une sécurité égale et indivisible pour tous les pays. En 2017, Poutine a tiré les leçons des relations entre la Russie et l’Occident, affirmant que la plus grande erreur de la Russie avait été sa «confiance excessive» envers l’Occident, qui avait interprété cette confiance comme une faiblesse et en avait tiré parti.

De 2018 à 2021, l’ordre du jour du Forum de Valdai s’est élargi, passant du «désordre de l’Occident» à la «montée de l’Orient» et à la «transformation mondiale». Il ne s’agissait pas simplement d’un déplacement du centre de gravité géographique du monde. Cela reflétait également la tendance croissante de la Russie à considérer l’Orient comme un centre de pouvoir et un point de référence civilisationnel, tout en affirmant son identité en tant que civilisation indépendante.

À mesure que les contradictions entre la Russie et l’Occident s’intensifiaient, le ton des discours de Poutine est passé de la «recherche de la coopération» à la «reconnaissance de la confrontation et à l’établissement de lignes rouges». En 2021, il a fait valoir qu’après la fin de la Guerre froide, certains pays avaient tenté d’exclure complètement la Russie, alors même que sa puissance nationale globale n’avait pas décliné. La Russie ne se contentait plus d’accepter passivement les arrangements imposés par l’ordre international ; elle souhaitait participer à l’élaboration des règles. Poutine a déclaré sans détour que le monde unipolaire dominé par l’Occident avait pris fin, et que des notions telles que les «valeurs universelles» et un «ordre fondé sur des règles» étaient des instruments d’hégémonie. Il a proposé un «système eurasien de sécurité égalitaire et indivisible» et a souligné que la Russie ne se faisait plus d’illusions quant à son intégration à l’Occident.

Le thème de la réunion annuelle de Valdai de 2022 était «Un monde post-hégémonique : justice et sécurité pour tous». Poutine a déclaré que l’humanité traversait la décennie la plus dangereuse, la plus imprévisible et la plus lourde de conséquences depuis la fin de la Seconde Guerre mondiale, et que le monde se trouvait à un tournant historique, dans la transition d’un ordre à un autre. Il a dénoncé l’«ordre fondé sur des règles» comme un prolongement de la pensée coloniale, arguant que l’Occident lui-même était une entité complexe et diversifiée en son sein et que le système néolibéral était entré dans une crise théorique et systémique profonde. Dans le même temps, il a réaffirmé que la Russie ne remettait pas en cause la civilisation occidentale légitime et ne cherchait pas la confrontation avec l’Occident pour elle-même. Toutes les actions de la Russie, a-t-il soutenu, étaient motivées par la nécessité de défendre son droit à la survie et au développement.

De 2023 à 2024, Poutine a déclaré que la Russie avait définitivement rompu avec sa dépendance vis-à-vis de l’Europe, accéléré son recentrage vers l’Est, reconstruit des chaînes d’approvisionnement industrielles autonomes et élargi son réseau géopolitique de partenaires. Selon l’évaluation de Moscou, la puissance globale de l’Europe était en déclin et son autonomie stratégique restait insuffisante. La Russie devait donc se tourner de plus en plus vers des plateformes de coopération émergentes telles que les BRICS et l’Organisation de coopération de Shanghai.

En 2023, puis à nouveau en 2024, Poutine a systématiquement exposé six principes régissant le nouveau type de relations internationales prôné par la Russie : la coopération ouverte ; la diversité des civilisations ; une large représentation dans la gouvernance mondiale ; une sécurité égale pour tous ; l’équité et la justice internationales ; et le respect du droit de chaque pays à choisir sa propre voie de développement. Il a également fait valoir que les sanctions, l’isolement et l’endiguement ne pourraient pas freiner le développement de la Russie et que les instruments traditionnels de l’hégémonie occidentale perdaient progressivement de leur efficacité.

Lors de la réunion de 2025, le ton de Poutine est devenu plus rationnel et plus modéré, mettant davantage l’accent sur la gestion des risques et la désescalade. Il a déclaré que la normalisation des relations entre les États-Unis et la Russie servirait les intérêts nationaux de cette dernière et que Moscou n’avait pas complètement fermé la porte au dialogue. Dans le même temps, il a averti que les livraisons européennes de missiles à longue portée à l’Ukraine ne feraient qu’accroître les risques d’escalade et ne changeraient en rien la situation sur le champ de bataille. Il a appelé l’Europe à renoncer à la confrontation entre blocs et à rétablir un équilibre sécuritaire sur l’ensemble du continent eurasien.

De «se tourner vers l’Ouest» à «se tourner vers l’Est»

Dans l’ordre international, l’Orient s’oppose à l’Occident. Depuis des siècles, la Russie est engagée dans un débat de longue haleine sur son identité civilisationnelle : est-elle occidentale ou orientale ? La Russie occupe une position géopolitique et civilisationnelle particulière. Du point de vue occidental, elle appartient à l’Orient ; du point de vue oriental, elle appartient à l’Occident. Pendant la majeure partie de son histoire, elle a oscillé entre ces deux sphères civilisationnelles.

Comme l’a écrit Surkov, ancien conseiller principal de Poutine et penseur conservateur, dans Les cent ans de solitude de la Russie :

«La Russie a passé quatre siècles à se diriger vers l’Est et quatre siècles à se diriger vers l’Ouest. Elle n’a jamais pris racine ni à l’Est ni à l’Ouest. Ces deux voies ont désormais été parcourues. La Russie doit explorer une troisième voie, une troisième civilisation, un troisième monde, une troisième Rome…»

L’attirance de la Russie pour l’Occident a constitué un projet identitaire poursuivi à travers les générations successives. L’intégration à l’Occident fut autrefois une aspiration historique chère aux Russes. Des efforts de Pierre le Grand pour «apprendre de l’Europe occidentale» aux premières tentatives de Poutine pour «se rapprocher de l’Occident», l’occidentalisation est restée un fil conducteur central du développement de la Russie. Pourtant, l’histoire a montré à maintes reprises qu’un ralliement total à l’Occident a peu de chances d’aboutir à une véritable égalité ou acceptation. À l’époque d’Eltsine, la Russie a adopté les modèles occidentaux presque dans leur intégralité, pour finalement voir son espace géopolitique progressivement restreint par l’expansion continue de l’OTAN vers l’Est.

Au cours de son premier mandat présidentiel, Poutine considérait la Russie comme faisant partie de la civilisation européenne et avait fait de «l’intégration à l’Occident» une priorité de sa politique étrangère. Il a toutefois systématiquement rejeté l’idée de remodeler le système politique russe selon les normes occidentales. Les attentes diplomatiques ayant été déçues à maintes reprises, la perception que la Russie avait de l’Occident est devenue de plus en plus négative.

Lors du Forum de Valdai de cette année, on a demandé à Poutine si l’Union européenne devait être démantelée. Sur un ton taquin, il a répondu : «Ce n’est pas nécessaire. Elle s’effondrera d’elle-même». Cette remarque reflétait l’analyse russe selon laquelle les difficultés actuelles de l’Occident n’étaient pas simplement des crises locales ou temporaires, mais la preuve d’un déclin systémique au niveau institutionnel. L’angle d’analyse de Moscou s’est élargi, passant du «déclin de la puissance américaine» au «déclin du camp occidental dans son ensemble».

Depuis le déclenchement de la crise ukrainienne, les relations entre la Russie et l’Occident sont plongées dans une atmosphère de «nouvelle guerre froide». Les deux parties se considèrent de plus en plus comme des menaces pour leur sécurité, tandis que leurs liens économiques traditionnels continuent de s’affaiblir. La Russie en est venue à reconnaître que la possibilité réaliste de s’intégrer à l’Occident a pratiquement disparu. Des termes tels que «non-occidental» et «post-occidental» ont par conséquent pris une place de plus en plus importante dans le vocabulaire politique russe.

Aujourd’hui, une réorientation stratégique globale est devenue une caractéristique déterminante de la politique étrangère russe. Dans un contexte de tensions persistantes dans les relations de la Russie avec les États-Unis et l’Europe, Moscou développe vigoureusement sa coopération avec la région Asie-Pacifique et les pays émergents. Concrètement, elle a choisi de se tourner vers l’Est après s’être heurtée à des obstacles en Occident, dans l’espoir de parvenir à un résultat diplomatique où «lorsque l’Occident n’offre pas de lumière, l’Orient le fait».

Cependant, même si le centre de gravité stratégique de la Russie se déplace vers l’Est, l’Occident reste une question que Moscou ne peut éviter. Se tourner vers l’Est ne signifie pas abandonner complètement l’Occident. Les liens géopolitiques, énergétiques et historiques entre la Russie et l’Europe continuent d’exister en tant que réalités objectives.

Les discours successifs de Poutine à Valdai donnent un aperçu de l’incertitude et des questionnements de longue date du pays quant à son identité nationale. De la «recherche d’une intégration avec l’Occident» à «l’équilibre stratégique face à l’Occident», et du «non-occidental» au «post-occidental», la quête d’identité du pays entre l’Orient et l’Occident continuera d’influencer l’évolution de l’ordre mondial.

Dans les années à venir, la stratégie hybride de la Russie en matière de politique étrangère — alliant dissuasion vis-à-vis de l’Occident et expansion vers l’Est — ainsi que sa diplomatie flexible orientée simultanément dans ces deux directions, continueront de façonner les arrangements de sécurité eurasiens et l’avènement d’un monde davantage multipolaire.

Publié à l’origine par China Beyond the Wall.
Traduction:
Reseau International

BRICS and the limits of collective action in the Middle East

By: A A
20 October 2026 at 14:10

Without becoming official, BRICS’ role in resolving conflicts remains reduced.

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Recently, I delivered a presentation at the Russian Academy of Sciences on the role of BRICS in addressing the conflict in the Middle East. The discussion raised a fundamental question about the group’s international relevance: to what extent can an increasingly influential association of emerging powers contribute to resolving a major geopolitical crisis when its members hold divergent positions and maintain competing regional interests?

The answer requires a realistic assessment of BRICS’ institutional character and the political considerations shaping its members’ foreign policies.

The expansion of BRICS has increased its economic weight and diplomatic reach. Nevertheless, the group remains primarily a platform for intergovernmental coordination rather than a formal international organization equipped with binding decision-making mechanisms and a unified foreign policy. Its members maintain regular consultations, pursue economic cooperation, and issue joint declarations, but these activities do not automatically translate into coordinated action during armed conflicts.

The Middle East illustrates this limitation particularly clearly. Iran and the United Arab Emirates belong to BRICS while occupying opposing positions in the current military confrontation. Tehran considers American military infrastructure in the region a central element of the threat it faces, while the UAE seeks to protect its territory and critical infrastructure from Iranian missiles and drones. The presence of American forces on Emirati soil places Abu Dhabi in a particularly sensitive position, regardless of whether Iran considers the country itself its principal adversary.

Other members face similarly complex calculations. Egypt maintains important relations with Israel, while India combines longstanding ties with Iran with a strategic partnership with Israel. Meanwhile, China’s rivalry with India remains an important feature of Asian geopolitics, despite diplomatic efforts to stabilize bilateral relations. These differences prevent BRICS from adopting a common strategic position on every major international crisis.

The frequently invoked objective of establishing a multipolar world order does little to eliminate these contradictions. Multipolarity itself carries different meanings across the group’s membership. Brazilian foreign policy discourse often associates it with multilateral institutions and international governance, including the United Nations. Russia, China, and Iran, however, place greater emphasis on redistributing global power and reducing the capacity of Western states to impose their strategic preferences on other countries.

Consequently, BRICS lacks a fully shared geopolitical doctrine. Its cohesion rests primarily on the combined economic and political weight of its members and their recognition that the international system cannot be transformed without their participation. This common interest provides a foundation for cooperation, although it remains insufficient to establish a unified approach to every regional conflict.

These structural limitations define what BRICS can realistically accomplish in the Middle East. The group cannot be expected to endorse Iran’s military position collectively, nor is it likely to become a unified negotiating intermediary. The interests of its Arab members, particularly the UAE, make such an arrangement politically implausible. Likewise, most BRICS countries do not support eliminating the State of Israel.

However, significant opportunities for coordinated diplomatic action remain. Members can oppose attacks against civilians, condemn violations of international humanitarian law, and demand accountability for the destruction affecting Palestine, Lebanon, and Iran. Such positions can establish common ground without requiring every member to adopt identical strategic objectives.

Joint declarations at BRICS summits have already provided a framework for expressing humanitarian concerns. The challenge is to translate diplomatic language into practical measures, including coordinated initiatives for humanitarian assistance, sustained international pressure against violations of international law, and diplomatic efforts to prevent further escalation.

Whether BRICS can pursue these objectives effectively depends on decisions about its institutional future. If its members want the group to exercise greater influence over international crises, they will need to develop clearer procedures, establish more concrete long-term priorities, and identify areas where collective action is possible despite strategic disagreements.

The Middle East conflict therefore presents BRICS with a significant test. Its capacity to influence the international order will depend not only on the combined power of its members, but also on their willingness to convert shared interests into sustained political action.

L’Iran, un cobra arrotolato pronto a moderdere

By: A A
17 October 2026 at 22:05

L’Iran e il Pakistan sono fortemente impegnati nella costruzione di un ordine finanziario post-americano nel punto di incontro tra l’Asia occidentale e l’Asia meridionale.

Segue nostro Telegram.

Andiamo subito al nocciolo della questione: dopo aver esaminato attentamente la scacchiera, la leadership politica e militare di Teheran è già giunta alla conclusione che un attacco congiunto statunitense-israeliano, la cui pianificazione procede a ritmo frenetico, sia inevitabile.

Pertanto, si sono ora posizionati come un cobra arrotolato, pronto a colpire e a iniettare veleno letale al primo sentore di una minaccia imminente da parte del Sindacato di Epstein – senza nemmeno attendere un attacco effettivo.

L’offensiva preventiva, già delineata, sarà devastante, estendendosi oltre le basi statunitensi nell’Asia occidentale ad altri obiettivi regionali e includendo potenzialmente le infrastrutture energetiche del Golfo e i cavi sottomarini (in questo caso con ripercussioni che interesseranno soprattutto il Golfo e l’India, molto più che gli Stati Uniti e l’Europa).

Ci troviamo in una situazione di pericolo chiaro e imminente: una mossa militare statunitense-israeliana intesa come pressione sarà certamente interpretata a Teheran come l’inizio di un attacco.

Pertanto, la pressione bellica esercitata dal «culto della morte» e da Trump si scontra ora con una soglia di tolleranza iraniana pericolosamente bassa. Le opzioni di attacco del Pentagono spaziano dagli impianti nucleari iraniani alle infrastrutture energetiche.

Va da sé che il «sociopatico in capo» – già in preda al panico per l’imminente debacle delle elezioni di medio termine – sia una facile preda della potente lobby sionista e dei suoi finanziatori favorevoli alla guerra. Il pericolo strategico supremo è quindi che questa pressione incessante possa produrre un segnale che Teheran interpreti come un attacco imminente, anche se Washington sostiene pubblicamente che non vi sarà alcun attacco prima delle elezioni di medio termine.

Lo Yemen sta portando la situazione a un livello superiore

Parallelamente, fonti privilegiate a Islamabad confermano il successo di un test missilistico pakistano a Mach 7, con una gittata di diverse migliaia di chilometri. Questa nuova capacità ha tutte le carte in regola per alterare concretamente l’equilibrio di potere in Asia occidentale, rafforzando la portata deterrente del Pakistan e la sua capacità di influenzare ogni calcolo di sicurezza regionale, oltre ad accrescere la sempre più profonda interconnessione del Pakistan con la Cina, l’Iran e le petro-monarchie del Golfo.

Ed ora un’altra esclusiva: membri dei servizi di intelligence militare israeliani, tra cui un generale di divisione, hanno lasciato Riyadh dopo che MbS, in un presunto momento di lucidità, ha detto «No» all’offerta di «assistenza» da parte del culto della morte. Eppure, più di 100 membri del personale del CENTCOM rimangono sul posto.

La decisione di MbS potrebbe essergli stata imposta dalla Turchia e dal Pakistan – gli altri due firmatari dell’Alleanza di Difesa della Mecca, che si sono improvvisamente ritrovati nella stessa sala operativa a Riyadh fianco a fianco con agenti del culto della morte.

Ora, la loro partenza potrebbe aver eliminato un rischio di escalation, ma gli agenti statunitensi rimangono esposti: qualsiasi attacco, da qualunque parte provenga, che causi vittime tra le forze statunitensi trascinerà immediatamente Washington nella guerra tra Arabia Saudita e Ansarallah.

La guerra tra Arabia Saudita e Ansarallah, infatti, sta raggiungendo il livello successivo: quello della volatilità. Il mix esplosivo costituito dall’intercettazione di un missile da crociera sopra la provincia di Medina, dalle intercettazioni di droni in altre zone dell’Arabia Saudita e dagli attacchi missilistici delle Forze Armate yemenite contro il complesso presidenziale del governo fantoccio di Aden è solo l’inizio.

Ciò che è accaduto dopo che Ansarallah ha preso di mira Najran – una delle province meridionali dell’Arabia Saudita sottratte allo Yemen nel 1934 dagli inglesi – è un fatto che suscita grande stupore.

Un portavoce saudita ha accusato Ansarallah di aver lanciato un missile da crociera contro Medina. La risposta dell’iconico portavoce delle Forze Armate yemenite, il generale Yahya Saree, è stata devastante: «Oggi non abbiamo condotto alcuna operazione militare contro il territorio saudita. Pertanto, l’affermazione del nemico saudita secondo cui Medina sarebbe stata presa di mira è una vera e propria invenzione e una grave menzogna».

Traduzione: lo Yemen colpisce una delle sue ex province; i sauditi ricorrono a una notizia totalmente falsa, inventando un attacco a una delle due moschee sacre – senza dubbio come preparazione per un’operazione sotto falsa bandiera; poi lo Yemen nega prontamente di aver colpito qualsiasi (corsivo mio) territorio saudita.

Ciò significa che Sana’a sta dichiarando in modo sottile, affinché tutti possano comprenderlo, di non condurre più operazioni all’estero (il corsivo è mio) nelle tre province: Jizan, Najran e Asir. Sta già – psicologicamente e operativamente – preparando il terreno per recuperare il proprio territorio sottratto.

Tutto ciò si sintetizza in questa concisa analisi proveniente dallo Yemen sulla decostruzione della sfarzosa Casa dei Saud:

«Lo Yemen sta minando i pilastri estremamente fragili dell’economia non petrolifera su cui i “pirati del deserto” hanno riposto tutte le loro speranze: immagine, investimenti (FDI), evasione dalla realtà, nonché impunità e invulnerabilità nei confronti del terrorismo proveniente dall’estero».

Come Pakistan e Iran aggirano il FMI

Prestino ora attenzione a un fatto piuttosto sorprendente avvenuto a metà settimana a Bangkok, durante la riunione annuale del FMI e della Banca Mondiale – debitamente accolta da proteste di piazza in Thailandia.

Il governatore della Banca Centrale iraniana, Abdolnaser Hemmati, ha incontrato il governatore della Banca Centrale pakistana, Jameel Ahmad, a margine del principale rituale annuale in lode del dollaro statunitense.

Il Pakistan è sottoposto alla ferrea morsa degli adeguamenti strutturali imposti dal FMI e dalla Banca Mondiale – e, come se non bastasse, è minacciato dalle sanzioni statunitensi perché intrattiene rapporti commerciali con l’Iran.

Pertanto, il fatto che Pakistan e Iran stiano di fatto discutendo della de-dollarizzazione proprio all’interno della tana del leone – il tempio del dollaro statunitense – è di un valore inestimabile.

L’infrastruttura è operativa dal 2023, grazie a un accordo di swap valutario che utilizza il rial e la rupia al posto del dollaro statunitense. Il baratto è gestito da entrambe le Banche Centrali, mentre i canali bancari passano attraverso la Bank Melli in Iran e la Bank Mellat in Pakistan. I loro mercati di confine – almeno sei – sono in forte espansione: rotte commerciali fisiche che aggirano completamente il dollaro statunitense.

Ciò di cui si è discusso a Bangkok all’inizio di questa settimana è come espandere l’intero sistema: non gliene importa nulla delle sanzioni secondarie statunitensi. Soprattutto perché Teheran sta offrendo a Islamabad ciò che il sistema americano semplicemente non può offrire: sovranità, nessun cambio di regime, nessuna austerità, nessuna lezione e, soprattutto, nessun aggiustamento strutturale.

Senza contare che il Pakistan ha un disperato bisogno del gas iraniano – e delle rotte commerciali della Nuova Via della Seta promosse dalla Cina.

L’Iran ha costruito un’intera economia aggirando completamente il FMI – e in grado di sopravvivere a uno tsunami di sanzioni, a un blocco e alla guerra.

Ora l’Iran e il Pakistan sono impegnati a fondo nella costruzione di un ordine finanziario post-americano all’incrocio tra l’Asia occidentale e l’Asia meridionale – completo di swap valutari, commercio di baratto, mercati di confine in forte espansione e canali bancari adeguati, che rendono le sanzioni secondarie una farsa.

A proposito, ciò sta avvenendo proprio mentre un immenso treno iraniano, carico di petrolio greggio – e il primo di molti – è pronto a partire alla volta della… Cina attraverso l’Asia centrale, sulla ferrovia della Nuova Via della Seta costruita dalla Cina.

Il cobra arrotolato potrebbe essere pronto a colpire. Ma il cobra, da tempo immemorabile, ama anche fare affari.

Exclusif : L’Iran, un cobra lové prêt à frapper

By: A A
17 October 2026 at 19:31

L’Iran et le Pakistan sont pleinement engagés dans la construction d’un ordre financier post-américain à la croisée du Moyen-Orient et de l’Asie du Sud.

Allons droit au cœur du sujet : après avoir soigneusement examiné l’échiquier, les dirigeants politiques et militaires de Téhéran sont déjà parvenus à la conclusion qu’une attaque conjointe américano-israélienne, dont la planification avance à un rythme effréné, est inévitable.

Ils se positionnent donc désormais comme un cobra lové, prêt à frapper et à injecter son venin mortel au premier signe d’une menace imminente du syndicat Epstein — sans même attendre une attaque effective.

Cette offensive préventive, dont les contours sont déjà tracés, sera dévastatrice ; elle s’étendra au-delà des bases américaines au Moyen-Orient vers d’autres cibles régionales, et pourrait notamment inclure les infrastructures énergétiques du Golfe ainsi que les câbles sous-marins (ce qui, dans ce cas, affecterait principalement le Golfe et l’Inde, bien plus que les États-Unis et l’Europe).

Nous sommes en présence d’un danger clair et immédiat : une opération militaire américano-israélienne destinée à exercer une pression sera certainement interprétée à Téhéran comme le début d’une attaque.

Ainsi, la pression en faveur de la guerre exercée par le «culte de la mort» et par Trump se heurte désormais à un seuil de tolérance iranien dangereusement bas. Les options de frappe du Pentagone vont des installations nucléaires iraniennes aux infrastructures énergétiques.

Il va sans dire que le «sociopathe en chef» — déjà en pleine panique face à la débâcle imminente des élections de mi-mandat — est une proie facile pour le puissant lobby sioniste pro-guerre et ses donateurs. Le danger stratégique suprême réside donc dans le fait que cette pression incessante puisse envoyer un signal que Téhéran interpréterait comme une attaque imminente, même si Washington affirme publiquement qu’aucune frappe n’aura lieu avant les élections de mi-mandat.

Le Yémen fait passer la situation à un niveau supérieur

Parallèlement, des sources privilégiées à Islamabad confirment le succès d’un essai de missile pakistanais à Mach 7, d’une portée de plusieurs milliers de kilomètres. Cette nouvelle capacité a tout ce qu’il faut pour modifier concrètement l’équilibre des pouvoirs au Moyen-Orient, en renforçant la portée dissuasive du Pakistan et sa capacité à influencer tous les calculs de sécurité régionaux, tout en approfondissant les liens du Pakistan avec la Chine, l’Iran et les pétro-monarchies du Golfe.

Et voici une autre exclusivité : des membres des services de renseignement militaire israéliens, notamment un général de division, ont quitté Riyad après que MbS, dans un prétendu moment de lucidité, eut dit «non» à l’offre d’»assistance» de la secte de la mort. Et pourtant, plus de 100 membres du CENTCOM sont toujours sur place.

La décision de MbS lui a peut-être été imposée par la Turquie et le Pakistan — les deux autres signataires de l’Alliance de défense de La Mecque, qui se sont soudainement retrouvés dans la même salle de crise à Riyad, côte à côte avec des agents de la secte de la mort.

Si leur départ a peut-être écarté un risque d’escalade, les agents américains restent révélés : toute frappe, d’où qu’elle vienne, faisant des victimes américaines entraînera immédiatement Washington dans la guerre entre l’Arabie saoudite et Ansarallah.

La guerre entre l’Arabie saoudite et Ansarallah atteint en effet un nouveau niveau de volatilité. Le mélange explosif constitué par l’interception d’un missile de croisière au-dessus de la province de Médine, les interceptions de drones ailleurs en Arabie saoudite et les frappes de missiles des forces armées yéménites contre le complexe présidentiel du gouvernement fantoche d’Aden n’est qu’un début.

Ce qui s’est passé après qu’Ansarallah a pris pour cible Najran — l’une des provinces du sud de l’Arabie saoudite volées au Yémen en 1934 par les Britanniques — est tout à fait stupéfiant.

Un porte-parole saoudien a accusé Ansarallah d’avoir lancé un missile de croisière sur Médine. La réponse du porte-parole emblématique des forces armées yéménites, le général Yahya Saree, a été cinglante : «Nous n’avons mené aucune opération militaire visant le territoire saoudien aujourd’hui. Par conséquent, l’affirmation de l’ennemi saoudien selon laquelle Médine aurait été prise pour cible est une pure invention et un mensonge grave».

Traduction : le Yémen frappe l’une de ses anciennes provinces ; les Saoudiens se lancent dans des fausses informations à outrance, inventant de toutes pièces une attaque contre l’une des deux mosquées sacrées — sans doute en préparation d’une opération sous faux pavillon ; puis le Yémen nie aussitôt avoir frappé quelque (italiques de ma part) territoire saoudien.

Cela signifie que Sanaa déclare subtilement, pour que tout le monde comprenne, qu’elle ne mène plus d’opérations à l’étranger (italiques de ma part) sur les trois provinces : Jizan, Najran et Asir. Elle prépare déjà — psychologiquement et opérationnellement — le terrain pour récupérer son territoire volé.

Tout cela se résume dans cette analyse yéménite succincte de la déconstruction de la fastueuse Maison des Saoud :

«Le Yémen sape les piliers ultra-fragiles de l’économie non pétrolière sur lesquels les pirates du désert ont fondé tous leurs espoirs : l’image, les investissements (IDE), l’évasion de la réalité, ainsi que l’impunité et l’invulnérabilité face au terrorisme à l’étranger».

Comment le Pakistan et l’Iran contournent le FMI

Prêtez maintenant attention à un événement assez surprenant qui s’est produit en milieu de semaine à Bangkok, lors de la réunion annuelle du FMI et de la Banque mondiale — dûment accueillie par des manifestations de rue en Thaïlande.

Le gouverneur de la Banque centrale d’Iran, Abdolnaser Hemmati, a rencontré le gouverneur de la Banque centrale du Pakistan, Jameel Ahmad, en marge de ce rituel annuel de premier plan à la gloire du dollar américain.

Le Pakistan est soumis à la poigne de fer des ajustements structurels imposés par le FMI et la Banque mondiale — et, pour couronner le tout, menacé de sanctions américaines parce qu’il entretient des relations commerciales avec l’Iran.

Le fait que le Pakistan et l’Iran discutent de facto de la dédollarisation au cœur même de la tanière du lion — le temple du dollar américain — n’a donc pas de prix.

L’infrastructure est en place depuis 2023, grâce à un accord de swap de devises utilisant le rial et la roupie à la place du dollar américain. Le troc est géré par les deux banques centrales, et les flux bancaires transitent par la Banque Melli en Iran et la Banque Mellat au Pakistan. Leurs marchés frontaliers — au moins six d’entre eux — sont en plein essor : des routes commerciales physiques qui contournent complètement le dollar américain.

Ce dont ils discutaient à Bangkok en début de semaine, c’est la manière d’étendre ce système : ils se moquent éperdument des sanctions secondaires américaines. D’autant plus que Téhéran offre à Islamabad ce que le système américain ne peut tout simplement pas offrir : la souveraineté, pas de changement de régime, pas d’austérité, pas de leçons de morale et, surtout, pas d’ajustement structurel.

Sans compter que le Pakistan a cruellement besoin du gaz iranien — et des routes commerciales de la nouvelle Route de la soie rendues possibles par la Chine.

L’Iran a bâti toute une économie en contournant complètement le FMI — et capable de survivre à un tsunami de sanctions, à un blocus et à la guerre.

Aujourd’hui, l’Iran et le Pakistan sont en pleine construction d’un ordre financier post-américain à la croisée du Moyen-Orient et de l’Asie du Sud — avec des swaps de devises, du troc, des marchés frontaliers en plein essor et des canaux bancaires adaptés, tournant ainsi en dérision les sanctions secondaires.

Soit dit en passant, cela se produit au moment même où un immense train iranien, chargé de pétrole brut — et le premier d’une longue série —, s’apprête à partir pour… la Chine via l’Asie centrale, sur la ligne ferroviaire de la «nouvelle Route de la soie» construite par la Chine.

Le cobra lové est peut-être prêt à frapper. Mais le cobra, depuis des temps immémoriaux, adore aussi faire des affaires.

Traduction:  Reseau International

Exclusive: Iran, a coiled cobra ready to strike

By: A A
16 October 2026 at 22:20

Iran and Pakistan are deep into building a post-American financial order in the intersection between West Asia and South Asia.

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Let’s get right into the heart of the matter: carefully examining the chessboard, the political and military leadership in Tehran has already reached the conclusion that a joint U.S.-Israeli attack, with planning advancing at a feverish pace, is inevitable.

So they are now positioned themselves as a coiled cobra, ready to strike and inject deadly venom at the first whiff of an imminent Epstein Syndicate threat – even without waiting for an actual attack.

The preemption drive, already delineated, will be devastating, extending beyond U.S. bases in West Asia to other regional targets, and potentially including Gulf energy infrastructure and undersea cables (in this case mostly affecting the Gulf and India, much more than the U.S. and Europe).

We are into clear and present danger territory: a U.S.-Israeli military movement intended as pressure certainly will be interpreted in Tehran as the opening of an attack.

So the death cult/Trumpian pressure for war now meets a dangerously low Iranian threshold. Pentagon strike options range from Iranian nuclear installations to energy infrastructure.

It goes without saying that the Sociopath-in-Chief – already freaking out with the imminent mid-terms debacle – is an easy prey to the powerful pro-war Zionist lobby/donors. The supreme strategic danger then is that this non-stop pressure may produce a signal that Tehran interprets as an imminent attack, even while Washington publicly maintains that no strike will happen before the mid-terms.

Yemen is taking it all to the next level

In parallel, privileged sources in Islamabad confirm a successful Pakistani missile test at Mach 7, with a range of several thousand kilometers. This new capability has all that it takes to materially alter West Asia’s balance of power, strengthening Pakistan’s deterrent reach and how it will be able to influence every regional security calculation, and adding to Pakistan’s deepening interconnection with China, Iran and the Gulf petro-monarchies.

And now for another esclusive: Israeli military intelligence personnel, including a Major-General, have left Riyadh after MbS, in an alleged moment of lucidity, said “No” to the death cult’s offer of “assistance”. And yet more than 100 CENTCOM personnel remain.

MbS’s decision may have been forced on him by Turkiye and Pakistan – the other two signatories of the Mecca Defense Alliance, who suddenly found themselves in the same war room in Riyadh side by side with death cult operatives.

Now their departure may have removed one escalation risk, but U.S. operatives remain exposed: any strike, wherever it comes from, generating U.S. casualties will immediately draw Washington into the Saudi-Ansarallah war.

The Saudi-Ansarallah war, in fact, is hitting the next – volatility – level. The toxic mix of a cruise-missile interception over Medina province; drone interceptions elsewhere in Saudi Arabia; and Yemeni Armed Forces missile strikes on Aden’s puppet government presidential complex is just the start.

What happened after Ansarallah targeted Najran – one of the southern Saudi provinces stolen from Yemen in 1934 by the British – is total eyebrow-raising territory.

A Saudi spokesman accused Ansarallah of launching a cruise missile at Medina. The response by iconic spokesman for Yemeni Armed Forces, Gen Yahya Saree, was a killer: “We did not carry out any military operation targeting Saudi territory today. Therefore, the Saudi enemy’s claim that Medina was targeted is an outright fabrication and a grave falsehood.”

Translation: Yemen hits one of their former provinces; the Saudis go for total fake news, fabricating an attack on one of the two sacred mosques – no doubt as preparation for a false flag; then Yemen promptly denies striking any (italics mine) Saudi land.

That means that Sana’a is subtly declaring, for everyone to understand, that they no longer conduct foreign (italics mine) operations on the three provinces: Jizan, Najran and Asir. They are already – psychologically and operationally – setting the stage to recover their stolen territory.

All that gells into this succint Yemen-based analysis of the deconstruction of the bling-bling House of Saud:

“Yemen is nuking the uber-fragile pillars of the non-oil economy on which the desert Pirates placed all their hopes: Image, (FDI) Investments, Escapism, and Impunity & Invulnerability from terrorism abroad.”

How Pakistan and Iran bypass the IMF

Now pay attention to something quite startling that happened mid-week in Bangkok, during the annual IMF/World Bank meeting – duly greeted by Thai street protests.

The head of Iran’s Central Bank, Abdolnaser Hemmati, met the head of Pakistan’s Central Bank, Jameel Ahmad, on the sidelines of the foremost annual ritual in praise of the U.S. dollar.

Pakistan is under the fierce structural adjustment clutches of the IMF/World Bank – and on top of it threatened with U.S. sanctions because it trades with Iran.

So Pakistan-Iran de facto discussing de-dollarization right inside the lion’s den – the U.S. dollar temple – is beyond priceless.

The infrastructure is in place since 2023 – via a currency swap agreement using the rial and the rupee instead of the U.S. dollar. Barter is managed by both Central Banks, and banking channels run through Bank Melli in Iran and Bank Mellat in Pakistan. Their border markets – at least 6 of them – are booming: physical trade routes completely bypassing the U.S. dollar.

What they were discussing in Bangkok earlier this week is how to expand the whole thing: they couldn’t give a damn to U.S. secondary sanctions. Especially because Tehran is offering Islamabad what the American system simply cannot: sovereignty, no regime change, no austerity, no lecturing and most of all no structural adjustment.

Not to mention that Pakistan badly needs Iranian gas – and China-enabled New Silk Road trade routes.

Iran built a whole economy completely bypassing the IMF – and capable of surviving a tsunami of sanctions, a blockade, and war.

Now Iran and Pakistan are deep into building a post-American financial order in the intersection between West Asia and South Asia – complete with currency swaps, barter trade, booming border markets and appropriate banking channels, making a mockery of secondary sanctions.

By the way, this is happening just as an immense Iranian train, loaded with crude oil – and the first of many – is ready to depart to… China via Central Asia, on the New Silk Road railway built by China.

The coiled cobra may be ready to strike. But the cobra, since times immemorial, also loves to do business.

L’accordo sul gasolio tra Trump e Putin: la speranza muore per ultima

By: A A
15 October 2026 at 10:05

La dichiarazione di Trump offre una prospettiva mediatica molto interessante e potrebbe segnare la fine del “Progetto Ucraina”, un argomento che merita di essere approfondito.

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Nessuno si sarebbe aspettato che Donald Trump, dopo una telefonata di auguri di compleanno al suo omologo russo, dichiarasse che il gasolio russo si sarebbe rivelato la soluzione all’attuale carenza di carburante negli Stati Uniti. Se la presidenza Trump ha prodotto qualcosa, sono stati molti titoli interessanti che sembrano spuntare dal nulla e che, purtroppo, molto spesso, svaniscono nuovamente nella nebbia da cui sono emersi. A volte le parole di Trump possono riempirci di speranza, come in questo «accordo sul gasolio», mentre altre, come il suo recente discorso alle Nazioni Unite, in cui ha minacciato di uccidere potenzialmente tutti gli iraniani, ci riempiono di terrore. Questa dichiarazione del nostro enigmatico leader presenta una narrazione mediatica molto interessante e una potenziale conclusione del «Progetto Ucraina» che vale la pena approfondire.

Trump ha accusato Zelensky della carenza energetica globale, in particolare per quanto riguarda il gasolio. All’epoca, tutti pensavano che si trattasse solo di una banale manovra diversiva in stile Twitter per sviare l’attenzione dalla fallita guerra contro l’Iran, che certamente ha causato notevoli interruzioni nel trasporto di carburante. In altre parole, la Casa Bianca stava proiettando questa crisi – che aveva permesso che si verificasse, o che aveva attivamente provocato – addossandola al capro espiatorio Zelensky. Tuttavia, questa forma di diversione o proiezione non è più solo una questione di parole in una narrativa pre-elettorale, ma si è trasformata in azione concreta. Le sanzioni sul gasolio russo sono state revocate e la prima spedizione è già in viaggio mentre scrivo queste righe. È accaduto qualcosa di tangibile.

Zelensky è stato infatti avvertito circa sei volte di smettere di attaccare le infrastrutture petrolifere russe. Far saltare in aria dei bambini nel Donbass e oltre va «bene», ma attaccare ciò che l’Occidente vuole dalla Russia più di ogni altra cosa è «assolutamente inaccettabile». Zelensky, al quale – come indicato sopra – era stato intimato una mezza dozzina di volte di sospendere gli attacchi alle infrastrutture petrolifere e del gas, dopo aver appreso della decisione di Trump di acquistare gasolio russo, ha agito come segue:

1) Ha rapidamente attaccato nuovamente le infrastrutture petrolifere russe, apparentemente per fare un dispetto al Presidente degli Stati Uniti

2) Ha immediatamente interrotto i colloqui di pace a Miami con i collaboratori di Trump, il duo Kushner-Witkoff, il che rappresenta l’ennesimo schiaffo in faccia a Donald Trump.

La cosa più incredibile di tutte è che il «narcisista» Trump abbia già pubblicamente ringraziato il presidente Putin due volte per questo accordo. Durante un comizio, gli americani in piedi dietro a Trump hanno applaudito con grande entusiasmo all’annuncio della pace con la Russia e dell’approvvigionamento extra di carburante per l’America. La russofobia è un passatempo della borghesia globalista e di «Epstein Island», non dei camionisti e degli agricoltori americani.

È una narrazione eccellente, speriamo che duri

Trump ha ora attribuito il 100% della colpa dei problemi energetici e di approvvigionamento globali direttamente a Zelensky, accusandolo personalmente di aver alimentato la guerra negli ultimi due anni. Pertanto, la narrazione sta prendendo forma più o meno così: Se la guerra in Ucraina è la causa della carenza di carburante e Zelensky è la causa del protrarsi della guerra, ciò significa che gli Stati Uniti possono stringere un accordo con la Russia anche se «sono stati loro a iniziare», con la conseguenza logica che Zelensky debba logicamente andarsene, poiché è lui la fonte del problema. Ma approfondendo ulteriormente la narrazione, possiamo cogliere l’aspetto più interessante di tutti o, come si suol dire online, «la parte taciuta»: Trump ha sostanzialmente dichiarato che la produzione energetica russa riveste un interesse strategico vitale per gli Stati Uniti.

Sono proprio queste parole a togliermi la «pillola nera» dalla bocca e a iniettarmi direttamente «hopium» nel sangue. L’idea che il Presidente americano dichiari che NON essere in guerra con la Russia riveste un interesse strategico vitale per gli Stati Uniti è qualcosa che ho sognato per tutta la mia vita da adulto. Questa è esattamente la logica di cui abbiamo bisogno per porre fine, una volta per tutte, alla mentalità della Guerra Fredda e del «Progetto per un Nuovo Secolo Americano» in politica e consentire finalmente agli Stati Uniti di ricostruirsi e investire in se stessi. Questo potrebbe benissimo rappresentare il risveglio multipolare dell’America, utilizzando una trappola logica simile a quelle che sono state impiegate in passato per ottenere l’esatto contrario e mantenere gli Stati Uniti intrappolati in eterne guerre all’estero, condotte per il puro lusso della «sicurezza nazionale».

Questa nuova trappola logica potrebbe presentarsi più o meno così: «Quindi volete la guerra con la Russia? Ciò significa che volete danneggiare l’America, sporco traditore! Prenderete il carburante al contadino Joe e i nostri figli moriranno di fame, mostro che non siete altro! Lasciare che la Russia produca carburante in pace è un interesse di sicurezza nazionale per l’America; siete forse contrari alla sicurezza nazionale del nostro Paese? Volete indebolire la virile America per conto di quegli europei omosessuali?».

Ma mentre ci iniettiamo quella dose di «hopium» nelle vene, dobbiamo ricordare che Donald Trump ha detto molte cose, ha cambiato idea numerose volte, o è stato costretto a farlo, e forse non è proprio il decisore unilaterale che si dipinge in televisione.

Ci vogliono due per ballare il tango, ma basta un uomo arancione per mantenere la parola data.

Le trascrizioni di questa ormai famosa conversazione telefonica di compleanno appaiono molto diverse tra la versione americana e quella russa, il che è del tutto normale. Il team di Trump tende a riportare gli argomenti discussi come fatti accertati, mentre i russi utilizzano un linguaggio più evasivo. Ma le sanzioni sul gasolio sono state sospese per ora e le navi si stanno muovendo, quindi la cosa sembra essere reale… almeno fino a quando non si terranno le elezioni di medio termine.

Da allora la parte americana ha minacciato di escludere Zelensky dalla condivisione di informazioni di intelligence, il che potrebbe rappresentare un colpo mortale immediato per i loro sforzi militari, poiché molti esperti ritengono che solo le informazioni degli Stati Uniti abbiano permesso loro di sopravvivere così a lungo. Senza tali dati di puntamento, verrebbero immediatamente riportati alla guerra del XX secolo e non sarebbero più in grado di sferrare attacchi in profondità nel territorio russo. RT ha scritto quanto segue su questo tema:

Un funzionario ucraino ha riferito ad Axios che Witkoff e Kushner hanno minacciato di interrompere la condivisione delle informazioni di intelligence statunitensi con Kiev qualora questa continuasse a ignorare le richieste di Trump di sospendere gli attacchi alle raffinerie di petrolio russe, ma il funzionario statunitense ha negato che fosse stata formulata una simile minaccia.

Ma è qui che dobbiamo trattenere il respiro, poiché nonostante questa nuova narrativa possa sembrare allettante e rappresenti l’uscita perfetta per gli Stati Uniti dalla loro partecipazione al «Progetto Ucraina», non dovremmo dimenticare le parole del presidente Putin di qualche tempo fa, quando parlò del vero potere di qualsiasi presidente degli Stati Uniti:

«Quindi una persona viene eletta — arriva con delle idee… Poi vanno a trovarlo persone con le valigette, ben vestite, in abiti scuri — un po’ come i miei.»

Quindi la vera domanda potrebbe essere: la lobby sionista, l’élite di Epstein, le agenzie di intelligence a tre lettere, i miliardari influenti e tutti gli altri agenti segreti di Capitol Hill permetteranno davvero al presidente Trump di porre fine a questa guerra? Al Presidente degli Stati Uniti sarà consentito farlo?

Dovremmo ricordare che, dopo che Zelensky si è comportato in modo vergognoso alla Casa Bianca all’inizio del secondo mandato di Trump, tutti pensavano che questo conflitto sarebbe finito. Trump, il famoso narcisista, appariva visibilmente arrabbiato e offeso davanti alle telecamere durante il loro scontro verbale. Ma la guerra è proseguita. C’è stato il vertice di Anchorage, che ha suscitato un enorme clamore e tutti pensavano allora che gli Stati Uniti avrebbero ritirato il sostegno a Kiev. Ma così non è stato. I nemici di Trump, compreso il clan Biden, sono coinvolti in un enorme scandalo di corruzione in Ucraina, ormai tutto allo scoperto. Questa sarebbe stata un’ottima via d’uscita dal conflitto, ma Trump non l’ha colta o non ha potuto farlo. E, in generale, la retorica di Trump nei confronti di Zelensky e di altri politici europei è stata palesemente dura e irrispettosa. L’uomo accusato di essere un «spaccone» in qualche modo parla sempre in modo piuttosto cortese sia alle spalle che in faccia a Putin e Xi.

Pertanto, sebbene io desideri la pace e una cooperazione improntata al rispetto reciproco tra gli Stati Uniti e la Russia, forse questo accordo durerà solo fino alle elezioni di medio termine, quando all’improvviso Zelensky tornerà a essere «un bastardo, ma è il nostro bastardo», e il conflitto proseguirà senza sosta.

Forse questa è la nostra «sorpresa di ottobre» da parte della fazione repubblicana? E a dicembre potremo tutti essere «di nuovo sorpresi» quando la guerra riprenderà con tutta la sua forza e altre migliaia di slavi moriranno sul campo di battaglia?

Ora, Donald Trump, a denti stretti, sta lanciando l’idea secondo cui ritiene «sia giunto il momento che l’Ucraina abbia un nuovo presidente». Ma una volta conteggiati i voti in America, potrebbe semplicemente tornare a odiare passivamente e a tollerare Zelensky fino alla fine del suo mandato o fino a quando un giorno un certo Oreshnik non colpirà nel segno. Non possiamo inoltre dimenticare che l’Occidente sta da tempo esercitando pressioni affinché i russi concedano un cessate il fuoco di ampia portata. Presumibilmente ciò verrebbe utilizzato per riorganizzarsi, riposarsi, riarmarsi e poi tornare semplicemente a combattere fino all’ultimo ucraino. Ora Trump vuole che si tengano elezioni a Kiev, il che probabilmente richiederà un cessate il fuoco per poter essere attuato. Ma spingerà per un cessate il fuoco di tre giorni, o cercherà di indurre con l’inganno i russi ad accettare una tregua di un mese o più?

Un «buon» segnale su questa questione dal punto di vista russo è che ora ci sono già richieste di dimissioni di Zelensky su Twitter/X provenienti da tutte le parti, persino da quelle filo-ucraine:

«“Zelensky deve dimettersi” – media ucraini. Ci hanno messo poco. Zelensky ha ignorato per ben SEI volte gli avvertimenti di Trump di non attaccare le raffinerie di petrolio russe. Questa mattina, Zelensky ha bombardato un’altra raffineria di petrolio russa. Gli ucraini chiedono le dimissioni di Zelensky.

L’ex deputato ucraino e comproprietario di Metinvest, Vadym Novynskyi, ha esortato Zelensky a dimettersi e a cedere tutti i poteri alla Verkhovna Rada ucraina a seguito degli accordi tra Trump e Putin.»

Dobbiamo ricordare che l’Ucraina del 2026 è già uno Stato di polizia in cui qualsiasi dissenso comporta il rischio di essere caricati su un autobus e portati al fronte a morire, oppure di scomparire in una prigione con l’accusa di essere una «spia» russa. Pertanto, quando personalità di rilievo si coalizzano apertamente contro Zelensky, si tratta di una dichiarazione ben più incisiva rispetto agli attori di Hollywood che, al sicuro nelle loro lussuose camere da letto, realizzano video su TikTok contro Trump.

Il resto del mondo non resterà a guardare senza fare nulla.Presto dagli account bot di Kiev emergerà sicuramente qualche stupida contro-narrazione del tipo «Putin ha tradito i BRICS». Ovviamente qualcuno dirà che il Cremlino ha gettato i propri fratelli iraniani in pasto alla macchina della lobby sionista! Ma in realtà, sembra che gli iraniani si limiteranno semplicemente a spedire il proprio petrolio attraverso la Russia e a venderlo come «russo», e tutti ne saranno soddisfatti. Il Mar Caspio sarà ancora più trafficato nel prossimo futuro. Se le sanzioni hanno ottenuto qualcosa, è stato proprio quello di aumentare il commercio tra Russia e Iran.

A Mosca nessuno ha intenzione di tradire Teheran; si vuole che l’America entri a far parte del mondo multipolare, salvando al contempo la faccia e riducendo il livello globale di minaccia di guerra nucleare, che attualmente è decisamente troppo elevato. L’Iran e la Cina sono stati sicuramente consultati su questa questione prima che qualsiasi accordo sul diesel fosse finalizzato.

Il vero pericolo che Trump invochi la destituzione di Zelensky proviene dall’Europa, dove alcune fazioni, politici e i loro finanziatori potrebbero intraprendere azioni radicali in risposta. E la reazione di Trump a tale risposta potrebbe ora rivelarsi ancora più radicale. Sarebbe possibile che la NATO desse il via libera ai Paesi baltici per aprire semplicemente un altro fronte e «vedere cosa succede»? La Francia metterà finalmente in atto la propria minaccia e schiererà apertamente truppe in massa per salvare il «Napoleone in verde» dalla morte politica o, potenzialmente, fisica? Finora l’UE si è limitata a minacciare ulteriori sanzioni. Se gli oltre 20 pacchetti di sanzioni precedenti hanno fallito, mi chiedo cosa rimanga effettivamente da sanzionare. Ursula promette il pacchetto di sanzioni più ampio e di maggiore portata per lunedì 12 ottobre, ma dubito che cambierà qualcosa. L’unica cosa che potrebbe cambiare la situazione sarebbe un’azione militare da parte dell’UE davvero aggressiva, drastica e sconsiderata.

E il resto delle sanzioni?I media russi hanno reso un disservizio al pubblico scrivendo ripetutamente che «Trump revoca le sanzioni», quando le uniche sanzioni revocate riguardano le esportazioni di gasolio per sei mesi. Tutte le altre sanzioni sono ancora in vigore. Non è ancora possibile volare direttamente da Mosca a New York e i trasferimenti di denaro tramite SWIFT sono ancora in gran parte bloccati. Dobbiamo ricordare che, almeno in teoria, le sanzioni sono una forma di punizione per i crimini commessi contro, in questo caso, il diritto internazionale e gli Stati Uniti. Come possono quindi normalizzarsi veramente le relazioni tra gli Stati Uniti e la Federazione Russa quando l’una parte accusa ancora l’altra di crimini che ritiene non siano stati nemmeno commessi?

Una volta concluso il «Progetto Ucraina», le cose potrebbero cambiare rapidamente, ma non potrà esserci vera amicizia finché Washington non avrà fiducia in Aeroflot al punto da consentirle di atterrare sul territorio statunitense. Non possiamo trovarci contemporaneamente in una guerra di sanzioni e in una situazione di normalizzazione. Ma questa nuova narrativa di Trump, se riuscirà a portarla avanti fino alla sua logica conclusione, rappresenta la via d’uscita perfetta per l’America e il modo in cui potremo finalmente porre fine a questa guerra e tornare a un certo senso di normalità, con l’apocalisse relegata in un futuro lontano, ben oltre la durata delle nostre vite.

Canada, le crepe del federalismo: dal ritorno sovranista in Québec al referendum dell’Alberta

By: A A
14 October 2026 at 22:05

La vittoria del Parti Québécois e il referendum del 19 ottobre in Alberta riportano al centro il problema della coesione canadese. La separazione resta minoritaria, soprattutto nell’Ovest, ma il riemergere simultaneo delle spinte centrifughe rappresenta una sfida politica per Mark Carney.

Segue nostro Telegram.

A pochi mesi dal consolidamento parlamentare del governo liberale di Mark Carney, il Canada si trova ad affrontare una questione che sembrava essersi progressivamente allontanata dal centro della scena politica: quella della propria coesione interna. La vittoria del Parti Québécois (PQ) nelle elezioni provinciali del Québec del 5 ottobre e il referendum previsto per il 19 ottobre in Alberta, nel quale gli elettori saranno chiamati a pronunciarsi sull’eventuale avvio del procedimento verso un successivo referendum vincolante sulla separazione dal Canada, hanno riportato contemporaneamente alla ribalta due forme molto diverse di contestazione dell’assetto federale.

Sarebbe eccessivo sostenere che il Canada si trovi alla vigilia della disgregazione. In Alberta, soprattutto, tutti i dati disponibili indicano che l’opzione favorevole alla permanenza nella federazione dovrebbe prevalere con un margine molto ampio. Tuttavia, il fatto stesso che una delle province economicamente più importanti del Paese abbia ritenuto politicamente possibile sottoporre agli elettori una domanda di questo genere dimostra il malcontento di una parte della popolazione: una questione che fino a pochi anni fa apparteneva soprattutto alle frange più radicali del cosiddetto western alienation è entrata nella sfera della politica istituzionale.

Il caso del Québec, invece, ha radici molto più profonde. Le elezioni provinciali del 5 ottobre hanno riportato al governo, dopo oltre un decennio, il Parti Québécois guidato da Paul St-Pierre Plamondon. Il PQ ha conquistato 59 dei 127 seggi dell’Assemblée nationale, fermandosi cinque seggi sotto la maggioranza assoluta. Ottenendo circa il 28% dei voti, ha chiuso la consultazione elettorale davanti al Parti Libéral du Québec, attestatosi poco sopra il 24%, al Parti Conservateur du Québec, con circa il 21%, e a Québec Solidaire, che ha raccolto oltre il 12% conquistando nove seggi. La Coalition Avenir Québec (CAQ), al governo dal 2018, è invece crollata al 13,3% senza ottenere alcun seggio.

Un tale esito impone certamente una lettura prudente, in quanto il successo del PQ non equivale a un mandato maggioritario per l’indipendenza. Il partito, infatti, ha beneficiato della frammentazione del voto e ha ottenuto la percentuale più bassa mai registrata da una formazione vincitrice nella storia elettorale del Québec, mentre i sondaggi continuano inoltre a collocare il sostegno alla separazione dal Canada intorno al 30%, ben lontano da una maggioranza sociale. Lo stesso St-Pierre Plamondon ha indicato che non intende convocare un nuovo referendum finché Donald Trump resterà alla Casa Bianca, sostenendo che la pressione tariffaria e l’instabilità derivante dai rapporti con gli Stati Uniti rendono necessario evitare, per il momento, un’ulteriore crisi costituzionale.

Ciò non riduce tuttavia la portata della vittoria del PQ. Per la prima volta dopo molti anni, il governo della seconda provincia più popolosa del Canada sarà guidato da una formazione che considera esplicitamente l’indipendenza del Québec il proprio obiettivo storico. Inoltre, sommando i 59 deputati del PQ ai nove di Québec Solidaire, anch’esso favorevole alla sovranità del Québec sebbene attraverso un percorso politico e sociale profondamente diverso, nell’Assemblée nationale esiste una maggioranza numerica di deputati eletti sotto le insegne di partiti indipendentisti. Questo non significa che PQ e Québec Solidaire formeranno automaticamente un blocco comune, né che un referendum sia imminente, ma conferma che la questione nazionale québécoise è tutt’altro che scomparsa.

La sua natura, inoltre, resta profondamente diversa dal separatismo emergente in Alberta. Il nazionalismo del Québec dispone di una propria continuità storica, linguistica e culturale, di una tradizione intellettuale e politica consolidata e di istituzioni che hanno progressivamente acquisito un grado considerevole di autonomia rispetto a Ottawa. I referendum del 1980 e del 1995, quest’ultimo perduto dagli indipendentisti per uno scarto inferiore all’1%, hanno mostrato quanto la questione possa arrivare a mettere in discussione l’esistenza stessa della federazione canadese.

La situazione dell’Alberta nasce invece prevalentemente da fattori economici, fiscali ed energetici. La provincia, cuore dell’industria petrolifera canadese, ha sviluppato da tempo un forte risentimento nei confronti del governo federale, accusato da settori rilevanti dell’opinione pubblica occidentale di utilizzare la ricchezza prodotta dalle province delle praterie per finanziare politiche redistributive decise nell’Est, imponendo contemporaneamente vincoli ambientali e normativi penalizzanti per il settore degli idrocarburi.

Sebbene tutti i sondaggi siano concordi sul fatto che il referendum non dovrebbe avere esito positivo, la trasformazione di una rivendicazione precedentemente marginale in una questione sottoposta ufficialmente all’intero corpo elettorale provinciale rappresenta un passaggio qualitativo da non sottovalutare. Significa che una parte della classe politica dell’Alberta considera ormai il ricorso alla minaccia separatista uno strumento legittimo di pressione nei confronti del governo federale. La premier Danielle Smith ha annunciato che voterà per la permanenza nel Canada e non sostiene personalmente la separazione, ma è stato il suo governo ad aggiungere la domanda al referendum provinciale (che consiste di un totale di dieci quesiti). La stessa Smith ha presentato la consultazione come uno strumento attraverso il quale permettere agli albertani di esprimere il proprio malcontento nei confronti di Ottawa.

Una vittoria del 70% o persino superiore dell’opzione federalista non cancellerebbe il fatto che circa un quinto dell’elettorato di una provincia fondamentale per l’economia canadese sia disposto a considerare almeno l’avvio di un processo di separazione. Nel gennaio 2026 Ipsos aveva addirittura registrato un sostegno iniziale alla prospettiva separatista del 28% in Alberta, praticamente identico al 31% rilevato in Québec, salvo poi constatare che il consenso si dimezzava quando agli intervistati venivano prospettati i costi concreti dell’indipendenza. In altre parole, per una parte consistente degli elettori il separatismo albertano funziona soprattutto come voto di protesta e strumento negoziale nei confronti del centro federale.

Per Mark Carney, la contemporaneità dei due fenomeni costituisce una sfida particolarmente delicata. Il primo ministro ha costruito la propria strategia economica e internazionale attorno al concetto di “autonomia strategica” canadese. Di fronte all’uso crescente delle tariffe, delle catene di approvvigionamento e delle dipendenze economiche come strumenti di pressione, soprattutto da parte dell’amministrazione Trump, Carney ha sostenuto che il Canada debba ridurre la propria vulnerabilità nei confronti degli Stati Uniti, diversificando mercati, partner e infrastrutture.

Nel suo discorso al Lowy Institute di Sydney dello scorso marzo, il premier aveva affermato esplicitamente che l’integrazione economica non deve più trasformarsi in subordinazione e che le medie potenze devono costruire capacità sovrane nei settori strategici, dall’energia ai minerali critici, dall’intelligenza artificiale ai sistemi di pagamento. La stessa impostazione è stata successivamente ripresa nei rapporti con l’Unione Europea e nell’apertura di nuovi canali economici verso l’Asia.

Particolarmente significativa, in questo senso, è stata la normalizzazione dei rapporti con la Cina. Nello scorso mese di gennaio Carney è stato il primo capo di governo canadese a recarsi ufficialmente a Pechino dal 2017, incontrando Xi Jinping e Li Qiang e inaugurando un nuovo partenariato strategico sino-canadese incentrato su energia, commercio, agroalimentare, sicurezza e multilateralismo. Ottawa ha indicato apertamente la Cina come uno dei mercati necessari per ridurre l’eccessiva dipendenza economica dagli Stati Uniti.

Questa strategia incontra però un paradosso fondamentale. Per ridurre la dipendenza dagli Stati Uniti e rivolgersi maggiormente ai mercati asiatici, il Canada ha bisogno proprio delle risorse energetiche dell’Alberta. Il nuovo oleodotto Pacific Link, che dovrebbe trasportare un milione di barili al giorno verso la costa della Columbia Britannica, è uno dei pilastri materiali di questo progetto. Il 1° ottobre Carney ha annunciato l’accelerazione dell’iter autorizzativo, definendo il progetto di interesse nazionale e collegandolo esplicitamente all’obiettivo di raddoppiare le esportazioni canadesi verso mercati diversi dagli Stati Uniti. Oltre il 90% delle esportazioni petrolifere canadesi è stato storicamente diretto verso il mercato statunitense: aprire una nuova grande direttrice verso il Pacifico significa tentare di trasformare l’Alberta da provincia dipendente dall’accesso al mercato statunitense in piattaforma energetica della proiezione canadese verso l’Asia.

Non è dunque casuale che Carney abbia scelto di presentare il progetto proprio a Fort McMurray, nel cuore delle sabbie bituminose albertane, accanto a Danielle Smith e a poche settimane dal referendum. La politica energetica diventa così contemporaneamente politica estera e politica di coesione nazionale. Offrire all’Alberta infrastrutture, accesso diretto ai mercati mondiali e un ruolo centrale nella strategia di diversificazione canadese significa rispondere alle spinte centrifughe non attraverso una semplice riaffermazione dell’autorità federale, ma cercando di modificare le condizioni economiche che le alimentano.

Una logica analoga, sebbene applicata a un contesto completamente diverso, emerge nel rapporto con il Québec. Dopo la vittoria di St-Pierre Plamondon, Carney ha evitato un confronto frontale con il nuovo governo provinciale, insistendo invece sulla necessità di un “federalismo cooperativo” fondato su infrastrutture, abitazioni, crescita economica e difesa degli interessi canadesi di fronte alle pressioni statunitensi. Il premier sa che trasformare immediatamente la questione in uno scontro tra Ottawa e Québec City potrebbe offrire agli indipendentisti esattamente il terreno politico di cui hanno bisogno per allargare un consenso alla sovranità che oggi resta minoritario.

L’atteggiamento dell’amministrazione Trump produce quindi un duplice effetto sulla politica del vicino settentrionale. Da un lato, le pressioni economiche statunitensi hanno accelerato la ricerca canadese di una maggiore autonomia e hanno reso più urgente la costruzione di un mercato interno maggiormente integrato. Dall’altro, proprio la percezione di una minaccia esterna contribuisce per il momento a frenare i separatismi: St-Pierre Plamondon ritiene troppo rischioso organizzare un referendum sull’indipendenza mentre il Canada è impegnato in uno scontro commerciale con Washington; parallelamente, in Alberta la ricerca di nuovi mercati per il petrolio può ridurre alcune delle ragioni economiche del malcontento verso Ottawa.

Il Canada non appare dunque prossimo alla dissoluzione. Ma il ritorno simultaneo della questione nazionale del Québec e del separatismo albertano indica che il modello federale sta attraversando una fase di crescente tensione. In una fase nella quale Mark Carney cerca di costruire un Canada più autonomo dagli Stati Uniti, più presente sui mercati asiatici e dotato di maggiori capacità economiche e strategiche proprie, emerge con forza una contraddizione: per conquistare maggiore autonomia all’esterno, Ottawa deve prima garantire la propria coesione all’interno. Il petrolio dell’Alberta, il peso demografico ed economico del Québec, le infrastrutture interprovinciali e il consenso delle popolazioni che compongono la federazione non sono questioni separate dalla politica internazionale canadese, ma ne costituiscono la condizione materiale.

Per Carney, la costruzione dell’“autonomia strategica” canadese passa ormai anche dalla capacità di dimostrare che il Canada possiede ancora un progetto federale sufficientemente credibile da tenere insieme le sue componenti.

La Chine est-elle le nouveau centre du monde ?

By: A A
14 October 2026 at 17:05

par Alvaro GARCIA LINERA

En 1858, Karl Marx avait prédit l’ascension de l’Asie au rang de centre du capitalisme. Aujourd’hui, la Chine confirme sa prophétie en occupant une position dominante dans l’économie mondiale (19,9% du PIB mondial en PPA) et dans le secteur industriel : elle est en tête dans 7 des 10 industries les plus avancées, dans la transition énergétique et dans la fabrication de haute technologie. Sa croissance a multiplié son économie par 54 depuis 1990 grâce à la planification et aux investissements de l’État. Bien que les États-Unis conservent la primauté du dollar et de leurs bases militaires, la Chine est le plus grand créancier mondial et la puissance décisive. L’article conclut en critiquant l’aveuglement des élites latino-américaines qui se tournent vers des puissances en déclin.

En 1858, Karl Marx s’était penché sur la marginalisation imminente de l’Europe et des États-Unis face à l’expansion du capitalisme en Asie. Dans une lettre adressée à Engels, il exprimait sa crainte qu’une future révolution européenne ne soit géographiquement réduite à un «petit coin» du monde, compte tenu de la montée de la société bourgeoise dans de vastes régions de la planète telles que la Chine, le Japon, l’Australie et la Californie (Œuvres complètes, vol. 40).

Nous étions au milieu du XIXe siècle, marqué par la domination mondiale absolue de l’Empire britannique, l’élan de la première révolution industrielle — la puissance de la vapeur, l’industrie textile — et la présence des États-Unis en tant que puissance intermédiaire fournissant du coton aux grandes usines de Manchester. Mais au-delà de tout cela, Marx voyait en Asie, et en Chine en particulier, la formation embryonnaire du nouveau cœur du capitalisme mondial.

Cent soixante-huit ans se sont écoulés, et les prédictions de Marx ont été confirmées par l’histoire. Aujourd’hui, la Chine est la plus grande économie de la planète. En mesurant le PIB en parité de pouvoir d’achat (PPA) — ce qui élimine les distorsions liées aux taux de change du marché et aux différences de coût de la vie —, le FMI estime que l’économie chinoise représente aujourd’hui 19,9% de l’économie mondiale, tandis que celle des États-Unis atteint 14,5% et celle de l’Union européenne (UE), 14%. En 1990, le PIB de la Chine ne représentait que 3% du total mondial, celui des États-Unis 19% et celui de l’Europe 23% (IMF DataMapper, 2026). Si l’on prend en compte l’ensemble de l’Asie, le PIB du continent atteint 49% du total mondial.

Cela n’a rien de surprenant. En 1700, l’économie asiatique représentait 60% de l’économie mondiale, tandis que celle de l’Europe atteignait un peu moins de 30% et celle de l’ensemble des États-Unis, 3% (Piketty, Le Capital au XXIe siècle, p. 76). À cette époque, le revenu moyen d’un Chinois était similaire à celui d’un habitant des Pays-Bas, alors leader commercial et financier de l’Europe. La colonisation européenne de l’Asie a détourné cette trajectoire pendant 200 ans, et aujourd’hui, ce continent est à nouveau à la tête de l’économie mondiale.

Mais la Chine n’est pas seulement en tête aujourd’hui en termes de taille de son PIB, mais aussi en ce qui concerne les fondements matériels sous-jacents de la puissance du pays.

En ce qui concerne la valeur ajoutée manufacturière, la Chine génère 29% du total mondial, tandis que les États-Unis et l’Union européenne y contribuent chacun à hauteur de 17% (Statista Research, 2025). On estime que d’ici 2030, cette part atteindra 45% (ONUDI, 2024). Ce leadership ne se limite pas à la fabrication de masse de jouets ou d’appareils électroménagers, mais s’étend également aux domaines des technologies de pointe et à la maîtrise de l’ensemble de la chaîne de valeur des produits. L’Information Technology and Innovation Foundation (ITIF) — un groupe de réflexion américain — montre que la Chine est déjà leader dans 7 des 10 industries les plus avancées au monde : les systèmes informatiques et électroniques, les produits chimiques, les machines et équipements, les métaux de base, les véhicules à moteur, les produits métalliques transformés et les équipements électroniques. De leur côté, les États-Unis occupent la première place dans la production de technologies de l’information et de services — en particulier la conception de puces d’IA —, dans le secteur pharmaceutique et dans d’autres secteurs des transports (ITIF, 2026).

En 2024, la Chine a fabriqué 86% des panneaux solaires mondiaux, 80% des batteries électriques, 72% des voitures électriques, 64% des smartphones, 54% des robots industriels et 49% des drones (El País, 25 septembre 2026).

En matière de consommation d’électricité, l’essor de la Chine a été spectaculaire. En 1990, la Chine consommait moins de 1 000 térawattheures (TWh), tandis que les États-Unis en consommaient 3 000 TWh. En 2025, la Chine a atteint 10 300 TWh, tandis que la consommation des États-Unis stagne depuis 20 ans autour de 4200 TWh (EIA, 2026).

De plus, la Chine est le premier «État électrique» au monde, étant à la fois le plus grand investisseur et le plus grand producteur mondial d’énergies alternatives. Elle a réussi à réduire le coût de production de l’énergie solaire de 350 dollars par MWh en 2016 à 35–60 dollars par MWh d’ici 2025. Ce coût est inférieur à celui de l’électricité produite à partir du gaz en cycle combiné (60–120 dollars par MWh) ou du charbon (71–170 dollars par MWh) (Lazard, LCOE, 2026).

La Chine est un pays qui ne produit pas de pétrole et qui, au cours du siècle dernier, a été l’un des plus grands extracteurs de charbon pour la production d’énergie. Cependant, au cours de la dernière décennie, c’est le pays qui a le plus contribué à la transition énergétique mondiale. Sa capacité installée de production d’énergie solaire s’élève aujourd’hui à 1175 TWh, alors que le reste du monde ne produit à lui seul que 1600 TWh (Statista, avril 2026). Aujourd’hui, la Chine dispose d’un complexe de production dont la capacité annuelle de fabrication de panneaux solaires s’élève à 1200 TWh, de sorte qu’en moins de 10 ans, une fois les problèmes de stockage et de transport surmontés, elle pourrait fabriquer suffisamment de panneaux pour enrayer le changement climatique (Tooze, 19 septembre 2025). Aucun pays au monde ne possède aujourd’hui une telle capacité de restauration écologique à l’échelle mondiale.

Dans l’ensemble, la croissance de l’économie chinoise représente entre 25% et 30% de la croissance de l’économie mondiale. De 1990 à 2025, la croissance moyenne de son PIB a été de 8,5%, atteignant 14% certaines années, bien qu’elle se soit stabilisée ces dernières années autour de 5%. Ce développement sans précédent lui a permis de multiplier la taille de son économie par 54 depuis 1990, alors que les États-Unis l’ont multipliée par 5,1 et l’Union européenne par 2,9 au cours de la même période (Banque mondiale, données ouvertes, 2026).

Grâce à une combinaison mûrement réfléchie d’ouverture aux investissements étrangers, de transferts de technologie, de soutien à l’investissement privé national et de création d’entreprises publiques dans des secteurs stratégiques de l’économie, la Chine a atteint cette position de leader tout en maintenant un taux d’investissement annuel qui, depuis plus de deux décennies, oscille entre 35% et 45% du PIB. À titre de comparaison, ce taux s’est établi à environ 17% aux États-Unis et à 22% dans l’Union européenne.

Sur le plan commercial, de 1990 à 2025, la Chine a accumulé un excédent commercial de 9 700 milliards de dollars. Pour la seule année 2025, alors que les États-Unis avaient déclaré une guerre commerciale, cet excédent a atteint 1100 milliards de dollars (BBC, janvier 2026). De plus, comme dans toutes les économies développées, la dette publique est élevée. Pour 2025, elle est estimée à 120% du PIB, un chiffre très proche des 125% des États-Unis (FMI, 2026). À cette différence près que la totalité de la dette chinoise est contractée en yuan auprès de banques d’État chinoises, tandis que la majeure partie de la dette américaine est détenue par des investisseurs privés et des gouvernements étrangers.

Ces flux de revenus ont permis à la Chine de devenir le premier créancier bilatéral mondial, devant la Banque mondiale ou le FMI. De 1990 à 2025, la Chine a accordé des prêts commerciaux d’une valeur de 2200 milliards de dollars, notamment aux États-Unis (AidData, novembre 2025). Ce chiffre est déjà supérieur aux 1300 milliards de dollars que, sur la même période, les États-Unis ont versés à titre d’aide militaire et économique à leurs pays alliés (USAFacts, septembre 2026). Ainsi, alors que la Chine a mis en place une infrastructure mondiale pour l’approvisionnement en matières premières et la distribution de marchandises (la «Route de la soie»), les États-Unis ont maintenu des armées et des dirigeants soumis à leurs desseins politiques.

Malgré toute cette puissance économique, la Chine — contrairement à ce qu’ont fait les États-Unis au XXe siècle et, avant eux, le Royaume-Uni — n’a pas encore établi l’hégémonie mondiale de sa monnaie, n’a pas déployé de bases militaires pour garantir sa suprématie politique, et n’exporte pas non plus sa culture ou son système politique comme un modèle à imiter par le reste des pays.

Aujourd’hui, le dollar continue de remplir la fonction de monnaie de réserve mondiale pour 85% des opérations de change mondiales, représente 58% des réserves internationales des banques d’États et sert de monnaie de règlement au sein du système SWIFT pour la plupart des paiements internationaux (BRI, 25 février 2026). Mais sur le plan intérieur, la Chine a déjà créé le deuxième plus grand marché obligataire au monde, évalué à 28 000 milliards de dollars, derrière celui des États-Unis, qui représente 61 000 milliards de dollars (Deutsche Bank, juillet 2026). De même, elle compte trois des dix centres financiers les plus importants au monde (Shanghai, Hong Kong et Shenzhen) et a lancé le système CIPS comme alternative pour les paiements internationaux.

Quant aux bases militaires à l’étranger, la Chine en possède trois, contre 750 pour les États-Unis, et, pour l’instant, elle ne semble pas intéressée par l’exportation de son modèle d’organisation politique appelé «socialisme aux caractéristiques chinoises». Quant à l’expansion culturelle, elle n’en est qu’à ses débuts — jeux vidéo, esthétique asiatique, plateformes de vente en ligne rapides —, alors que le marché intérieur gagne en importance pour la croissance économique. Aux États-Unis, la consommation des ménages représente 69% du PIB ; en Chine, 40% (Banque mondiale, 2026). À titre de comparaison, il y a vingt ans, le rapport entre le revenu par habitant de la Chine et celui des États-Unis était de 1 pour 20. Aujourd’hui, ce rapport est de 1 pour 3,5. Dans moins de 50 ans, il sera de 1 pour 1 (Milanovic, 2026). Tout indique que le «Grand Renouveau du pays chinois», par lequel ses dirigeants envisagent le rétablissement de la grandeur mondiale de leur pays, ne se mesure pas à l’aune de la précipitation de quelques décennies, mais à celle de la patience obstinée de plusieurs siècles.

Il ne fait aucun doute que la Chine est déjà aujourd’hui le centre du monde. Et, face à cela, il est tout simplement pathétique de voir les élites réactionnaires d’Amérique latine chercher désespérément à obtenir un visa américain ou acheter un appartement à Madrid pour rehausser leur statut de «modernes». Elles courent dans tous les sens, hébétées, à la poursuite des mirages de pays qui ne sont désormais plus que de «petits coins» du monde.

Publié à l’origine par  China Beyond the Wall

Traduction:  Reseau International

¿Es posible una guerra entre Europa y Rusia?

By: A A
14 October 2026 at 15:00

Escrito por Mehmet Perinçek en United World International. Traducción por el Dr. Enrique Refoyo.

El enfrentamiento entre la OTAN y Rusia desde la perspectiva de Turquía

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El profesor asociado Mehmet Perinçek, autor de la UWI, historiador y politólogo, participó como invitado en directo en el canal turco Ulusal Kanal para analizar el aumento de las tensiones entre Europa y Rusia y las razones que las subyacen.

Compartimos el programa con nuestros lectores.

La «amenaza rusa» como pretexto para la agresión

La «amenaza rusa» se está convirtiendo cada vez más en un tema de debate político en Europa. ¿Qué está ocurriendo y qué hay detrás de ello?

El discurso en Europa sobre una «amenaza rusa» no se ajusta a la realidad. Europa está inventando una supuesta amenaza rusa con el fin de ocultar su propia agresión hacia Eurasia y Rusia. Si echamos la vista atrás a Hitler y a la Segunda Guerra Mundial, ¿qué dijo Hitler cuando actuó contra Checoslovaquia? Las vidas de los alemanes en Checoslovaquia estaban en peligro, y Alemania tuvo que enviar tropas y ocupar Checoslovaquia para protegerlos. Afirmó que el comunismo se estaba extendiendo y que Alemania tenía que eliminar esa amenaza de raíz. Así pues, incluso la Alemania de Hitler intentó disimular sus ambiciones imperialistas y agresivas y fabricar un pretexto para justificarlas.

Observamos cómo resurgen tendencias similares en la Europa actual, con Merz, Macron y otras figuras destacadas del panorama europeo. Cuando analizamos los hechos, lo que realmente vemos no es a Rusia avanzando hacia Europa, sino a Europa y al bloque atlántico avanzando hacia Rusia.

La expansión de la OTAN: hacia Rusia y los demás

A principios de la década de 1990, cuando la Unión Soviética se desmoronaba, los dirigentes soviéticos, bajo el liderazgo de Gorbachov, afirmaron en esencia: disolveremos el Pacto de Varsovia, pero la OTAN no debe expandirse hacia el este. Los dirigentes occidentales dieron garantías verbales en ese sentido. Sin embargo, no cumplieron esas promesas. Por el contrario, la OTAN se expandió hacia el este, en dirección a Rusia, en seis ocasiones y, finalmente, llegó a las fronteras rusas.

Este intento de rodear a Rusia tiene paralelismos en otros lugares: en el Mediterráneo oriental y la cuestión de Chipre, en la cuestión de Taiwán, en el estrecho de Ormuz y en Yemen. En todas estas regiones, observamos intentos por parte de las mismas fuerzas de rodear, contener y asfixiar a Irán, China y Turquía.

«No se puede descartar la posibilidad de una guerra a gran escala»

Así pues, lo que usted está diciendo es que no hay fundamento alguno en esa afirmación de que Rusia no está preparando realmente un ataque. Por el contrario, usted sostiene que el bloque atlántico está tratando de traspasar las líneas rojas de Rusia y expandirse hacia el este, en dirección a Rusia. Entonces, permítame plantear la pregunta de otra manera. ¿Dispone Rusia actualmente de la capacidad militar y los recursos necesarios para abrir un segundo frente contra la OTAN?

No se puede descartar la posibilidad de tal guerra o enfrentamiento. Es necesario subrayar esto.

Alemania, Gran Bretaña, Francia y Polonia también deberían incluirse aquí, ya que vemos que se están preparando para una posible guerra con Rusia. Se están rearmando rápidamente. Están aumentando sus presupuestos militares y de defensa. Al mismo tiempo, están llevando a cabo campañas de propaganda y otras actividades destinadas a preparar a la sociedad para la guerra. Están diciendo a los jóvenes europeos que deben estar preparados para la guerra. La industria europea también se está orientando cada vez más en esa dirección.

Los principales fabricantes de automóviles y otras grandes empresas occidentales están empezando a invertir en la industria de la defensa. Volkswagen, por ejemplo, se ha puesto en contacto con el ejército alemán con propuestas para fabricar equipamiento militar. La francesa Renault se ha lanzado a la producción de drones. Añadimos a esta lista a Rheinmetall y otras grandes empresas. Esto demuestra claramente que Europa y las potencias atlantistas se están preparando para la guerra. Por lo tanto, la posibilidad de una guerra de este tipo sí existe.

Simulaciones de guerra por parte de EE. UU.

Si se produjera un conflicto de este tipo, también habría que señalar que la fuerza militar de Europa y su capacidad militar general son bastante débiles. Europa no está preparada para una guerra de este tipo. Y esta no es meramente nuestra valoración. Los propios expertos militares occidentales, los funcionarios occidentales e incluso algunas de las fuerzas que abogan por la confrontación reconocen que Europa no está realmente en condiciones de hacer frente a Rusia en el ámbito militar.

Tampoco, desde el punto de vista social, está la población europea preparada para la guerra. Además, por supuesto, está el hecho de que Rusia es una potencia nuclear. Asimismo, se han llevado a cabo numerosas simulaciones de guerra en EE. UU., incluidas aquellas realizadas o encargadas por el propio Gobierno estadounidense. Estas simulaciones han concluido que, en una guerra convencional no nuclear, EE. UU. sería derrotado por Rusia y China.

Hay otro factor que debemos tener en cuenta. En cualquier enfrentamiento armado con Rusia, especialmente en caso de una intervención militar dirigida contra Rusia, también existe la posibilidad de que se vean implicados los aliados y países amigos de Rusia.

Una posible guerra que se extienda desde Rusia y la OTAN

¿Qué quiere decir exactamente con eso? ¿Podría explicarlo con más detalle?

Una guerra entre Rusia y la OTAN significaría, en efecto, el inicio de una guerra mundial. No se limitaría a Rusia y la OTAN, sino que daría lugar a un conflicto mucho más amplio que abarcaría el mundo entero. En un enfrentamiento de tal magnitud, los países del lado euroasiático también se verían involucrados. Al igual que existe solidaridad económica entre ellos, países como Irán y otros no permanecerían indiferentes ante una guerra de esta magnitud. Inevitablemente surgirían otros frentes.

Como he dicho antes, la guerra en Ucrania y la cuestión de Taiwán no pueden separarse realmente entre sí. Tampoco pueden separarse la cuestión de Taiwán y el estrecho de Ormuz o el Mediterráneo oriental.

Por eso podemos afirmar que Europa, con su actual potencia y capacidades militares, no está preparada para hacer frente a Rusia. Una vez más, son los propios responsables occidentales quienes lo afirman.

Guerra justa e injusta

Existe otro factor: la distinción entre una guerra justa y una guerra injusta. No creo que un joven europeo, o por ejemplo un trabajador turco que viva en Europa, esté especialmente dispuesto a ir a morir al frente ruso en defensa de los intereses imperiales de Alemania. Los jóvenes rusos, por su parte, lucharían con una motivación mucho mayor si creyeran que están defendiendo su propia patria.

Así pues, el principal problema al que se enfrenta Europa hoy en día no es la afirmación de que Rusia esté a punto de atacar. Más bien, Europa carece de un enfoque político común y de un mecanismo de seguridad común capaz de gestionar tal confrontación o de librar una guerra contra Rusia u otro país. ¿Es eso lo que está diciendo?

Sí. Y están intentando crear ese mecanismo y la legitimación necesaria para ello. Pero se enfrentan a una fuerte oposición dentro de sus propios países. Lo hemos visto reflejado en las recientes elecciones en Alemania. En Suiza se están celebrando referéndums sobre la cuestión de la neutralidad. Macron se acerca al final de su carrera política, mientras que Le Pen y Mélenchon están ganando terreno.

El enfrentamiento entre la OTAN y Rusia desde la perspectiva de Turquía

Usted argumentó que, si estallara una guerra entre la OTAN y Rusia, esta no se limitaría a esas dos partes, sino que se extendería. Y mencionó algunos países. Esto nos lleva a la perspectiva de Turquía.

Cuando las potencias atlánticas intentan rodear a Rusia a través de Ucrania y el Mar Negro, también están rodeando a Turquía. Sus planes en el Mar Negro no pueden separarse de sus planes en el Mediterráneo Oriental ni de aquellos destinados a socavar la soberanía de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC).

Del mismo modo, el sistema de dominación basado en el dólar que pretenden imponer a Turquía es similar al que pretenden imponer a Rusia. Por lo tanto, los intereses objetivos de Turquía la sitúan claramente en el bando opuesto al bloque atlántico. Si el bloque atlántico se fortaleciera y lograra llevar a cabo sus planes, ello también perjudicaría la soberanía de la TRNC. Debilitaría a Turquía en el equilibrio de fuerzas del Mediterráneo Oriental y fortalecería al bando contrario.

Un bloque atlántico más fuerte también implica un mayor apoyo a Israel. Significaría un aumento de la presión y las amenazas dirigidas por Israel contra Turquía, Siria, Palestina, el mundo árabe, el mundo islámico e Irán. Esto nos lleva de vuelta a lo que dije al principio: el Mar Negro y el Mediterráneo Oriental forman parte del mismo frente estratégico. La cuestión de Taiwán y el estrecho de Ormuz también forman parte de ese mismo frente más amplio. Desde ese punto de vista, los intereses objetivos de Turquía residen en oponerse al bloque atlántico.

La posición y la alineación adecuadas para Turquía

Pero hay algo que añadir aquí: existe una forma de evitar esta escalada. El mundo no tiene por qué encaminarse hacia una gran guerra. Si Turquía adopta la posición adecuada y se establece una alineación estratégica entre Turquía, Rusia, China e Irán, el poder económico creado por dicha agrupación, la disuasión militar que podría generar y la red más amplia de alianzas internacionales que podría atraer contribuirían a evitar tal guerra.

El bloque atlántico ya se encuentra en declive económico. Cada día que pasa pierde legitimidad a nivel internacional. Además, está cada vez más dividido internamente. Acontecimientos como el auge de la AfD en Alemania, el creciente apoyo a Le Pen y Melenchon en Francia, y las contradicciones entre Europa y EE. UU. lo demuestran. Todo el mundo es testigo de su fracaso en Irán y Palestina.

En ese sentido, la cuestión principal para Turquía, tanto para resolver sus propios problemas económicos y de seguridad como para ayudar a evitar que el mundo se vea arrastrado a otra gran guerra, es construir esta alianza. Dicha alianza también permitiría a Turquía establecer relaciones con Occidente sobre una base más equilibrada y sólida.

Ataques ucranianos contra buques y oleoductos turcos

Y me gustaría plantearle una última pregunta. ¿Cómo afectarán las tensiones entre Europa y Rusia al campo de batalla en Ucrania? Se acerca el invierno. ¿Seguirán los países occidentales y europeos prestando apoyo militar a Ucrania? A corto plazo, ¿hacia dónde cree que se dirige la guerra?

El apoyo occidental va a continuar. Sin embargo, el ejército ucraniano no ha podido avanzar y, de hecho, se ha visto obligado a retroceder. Por eso estamos asistiendo a un aumento de los ataques con drones y de los atentados terroristas en el interior de Rusia, dirigidos contra objetivos civiles. Estos ataques están ejerciendo presión sobre Rusia para que responda con mayor dureza, tal vez incluso hasta el punto de plantearse el uso de armas nucleares a escala limitada y táctica. La intensificación de los ataques tras las líneas del frente se debe a que fracasan en el campo de batalla.

Creo que cabe esperar que la intensidad de la guerra aumente en el próximo período, si tenemos en cuenta los preparativos que está llevando a cabo Occidente.

Debo señalar un aspecto relativo a Turquía. Los buques turcos y algunos de los proyectos energéticos más importantes de Turquía, entre ellos TurkStream y Blue Stream, también han sido objeto de ataques por parte de Ucrania. Debemos reconocerlo. Rusia no es el único objetivo en este contexto. Fíjese en el mar Negro hoy en día: el comercio se ha paralizado prácticamente por completo. Los barcos ya no navegan de un lado a otro de la costa opuesta como solían hacerlo. Los tomates cultivados por los agricultores turcos y la maquinaria fabricada por los fabricantes turcos ya no pueden llegar a Rusia como antes. Del mismo modo, las materias primas y otros bienes que Turquía necesita ya no llegan desde la otra orilla del mar Negro como antes.

Por lo tanto, no podemos considerar esta guerra como algo que no tenga una repercusión directa en Turquía. Y el coste del conflicto para Turquía aumenta con cada día que pasa.

Publicado originalmente por  Geopolítica rugiente

China’s response amid the changing international monetary system

By: A A
13 October 2026 at 14:10

By Yang Xuefeng

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At present, under the impact of factors such as deep adjustments in the global balance of economic power, frequent geopolitical crises, the “weaponization” of finance, and the accelerating pace of technological progress, the existing international monetary system is unable to cope with complex and rapidly changing external challenges and is undergoing continuous evolution.

I. Stylized Facts: The Basic Landscape of the Current International Monetary System

In the process of global de-dollarization, the international monetary system has shown a trend of evolving from the hegemonic system of unipolar dollar dominance formed after the collapse of the Bretton Woods system toward a parallel pattern of multipolarization, regionalization, and digitalization. The dollar’s core position remains, but its hegemonic status is gradually being eroded.

  1. Reserve Currency: De-dollarization Continues to Deepen, and a Multipolar Coexistence Pattern Is Gradually Taking Shape

Data from the International Monetary Fund (IMF) show that the dollar’s reserve share has declined from 69.74% in 2000 to 56.42% in 2025, with a clear long-term downward trend. Even though there were periodic rebounds during this period, the long-term downward trajectory remains unchanged. This long-term non-cyclical decline can be explained by central banks’ construction and rebalancing of reserve portfolios based on market efficiency and asset security under the existing institutional system.

The trend toward diversification of reserve currencies is becoming increasingly obvious. In the process of building diversified reserves, central banks have included non-traditional international currencies in their portfolios, broadening the options for international reserve currencies. The share of non-traditional international currencies in international reserve currencies has risen from 2.48% in 2017 to 6.13% in 2025. Although the absolute share is still not high, it has increased by nearly 1.5 times.

The substitution effect of gold reserves is significant. From 2022 to 2025, global central banks’ net gold purchases exceeded 4,000 tons, and official gold reserves surpassed U.S. Treasury bonds for the first time. The logic behind this is both the increased demand for central bank asset allocation under the trend of weakening dollar credit and a strategic reconstruction of sovereign states’ control over financial assets under financial sanctions.

  1. Settlement Currency: Dollar Settlement Is Retreating, and Local Currency Settlement Is Rising Trendily

In 2025, the dollar accounted for 56% of global trade settlement. Its dominant position remains, but its leading advantage is declining. The dollar’s advantage in trade settlement comes from the dollar-denominated and dollar-settled system for mainstream global commodities (such as crude oil, gold, copper, soybeans, etc.), especially the petrodollar system. This system has provided strong support for the dollar in maintaining its core position in the international monetary system.

Although the petrodollar system has been impacted in recent years, and some oil-producing countries, oil-consuming countries, and countries subject to U.S. sanctions have continuously advanced de-dollarization in oil settlement—for example, China and Russia use renminbi and rubles in oil settlement, and China and Saudi Arabia use dollars and renminbi in oil settlement—the scale of non-dollar oil settlement is still too small compared with global petrodollar settlement to shake the dollar’s oil settlement position. However, de-dollarization of oil settlement means the reconstruction of the oil settlement system, that is, the transition from a dollar monopoly settlement system to a multi-currency coexistence settlement system. In the long run, the shift in the balance of currency settlement, or in other words the substitution of other currencies for the dollar, will continue to continuously shake the dollar’s trade settlement position.

  1. Payment Currency: Position Remains Solid, but Payment Infrastructure Is Becoming Multi-threaded

Data from the Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication (SWIFT) for May 2026 show that the dollar accounted for 50.73% of global payments, a slight increase from 50.49% at the end of 2025. On the one hand, this comes from dollar trade settlement. Dollar trade settlement must be realized through dollar payments for funds to land; as much dollar trade settlement as there is corresponds to as much dollar payment. On the other hand, the dollar accounts for nearly 90% of global trade financing, slightly more than 80% of global trade financing, and together with the safe-haven demand for dollar assets, these financial transactions greatly support the dollar’s payment share.

Although the dollar’s share in international payments has not yet changed significantly, the global cross-border payment system, namely the two-tier architecture system mainly composed of SWIFT and the Clearing House Interbank Payments System (CHIPS), is being impacted by multi-threading. These shocks come from security demands arising from the abuse of the global cross-border payment system in geopolitical conflicts. With the outbreak of the Russia-Ukraine conflict in 2022, the United States used its control over the global cross-border payment system to cut off Russia’s dollar settlement channel in order to strike its economy. Sovereign states have reassessed the risks of relying on a single global cross-border payment system and urgently need to seek safe and alternative cross-border payment systems, such as discussions among BRICS countries on the feasibility of the “BRICS Bridge” payment platform, China’s acceleration of building the renminbi cross-border payment system, and the euro area’s acceleration of promoting the launch of the digital euro. As safe and alternative global cross-border payment systems are gradually implemented and used, a multi-threaded pattern of the international payment system has initially taken shape.

II. Theoretical Logic: The Internal Mechanism of the Evolution of the International Monetary System

Today, international currency is developing along a trend of diversification, but its institutional foundation still belongs to the Jamaica system. Compared with the Bretton Woods system, the Jamaica system made two important adjustments: first, it reset the monetary anchor and abolished the fixed parity between gold and the dollar, replacing the “gold anchor” with a “fiat credit anchor.” While completely freeing the dollar’s issuance, it also solved the problem of gold runs; second, exchange rate arrangements became diversified, and member countries could arrange exchange rates independently, thus resolving the problem of speculative currency attacks under fixed exchange rates. Through this institutional arrangement, the “Triffin Dilemma” under the Bretton Woods system—the dilemma between increasing dollar supply to meet global liquidity demand and maintaining the fixed dollar-gold parity—was broken. However, the Jamaica system produced a “new Triffin Dilemma,” namely the contradiction between meeting the dollar demand for international liquidity and maintaining dollar credit.

The U.S. current account deficit exports dollars, and capital flows back to the capital market, forming a perfect cycle. This cycle is basically the solution to the “new Triffin Dilemma.” However, its cornerstone is maintaining dollar credit. The maintenance of dollar credit is the result of multiple dimensions working together, such as monetary policy independence, financial market depth, fiscal deficit scale, foreign policy stability, financial sanctions, and the level of fintech development. Changes in various factors will affect dollar credit to different degrees. In recent years, U.S. foreign policy and financial sanctions have become the main drivers weakening dollar credit.

First, U.S. anti-globalization policies have damaged the nodes of the dollar credit network. President Trump implemented a series of anti-globalization policies, such as imposing tariffs, withdrawing from international organizations, and building exclusive small circles. To some extent, the implementation of these policies restricts the development of global trade liberalization and promotes the reshaping of the global trade landscape. The dollar is a beneficiary of global trade liberalization. The market fragmentation and rising protectionism brought about by changes in the trade landscape objectively loosen the path dependence effect dominated by the dollar’s network externalities and narrow the scope of the dollar’s use. As a result, its share in pricing, payment, and settlement is gradually compressed, whether in the use of the dollar in bilateral trade between the United States and other countries or in the use of the dollar in trade between countries other than the United States.

Second, financial sanctions have shaken the cornerstone of dollar credit. The manifestation of financial sanctions is the weaponization of the dollar, that is, the United States uses its dominance over international dollar clearing and control over U.S. Treasury bonds to long-term implement sanctions against Russia, Iran, North Korea, and other countries, such as freezing dollar assets and cutting off dollar clearing channels (removing them from the SWIFT system), to achieve its geopolitical policy goals. The weaponization of the dollar means that the dollar assets held by various countries have no security at all. Once the security attribute as a global public good is stripped from the dollar, dollar credit becomes worthless. Therefore, the United States’ abuse of dollar hegemony not only causes other countries around the world to lose confidence in dollar credit but also prompts them to think about rebuilding the future international monetary order. The rational choice in thinking about how to reduce dependence on the dollar is to choose an international currency that can replace the dollar and has sufficient security attributes. This is also the fundamental reason why “de-dollarization” has become a global consensus.

III. Response Strategies: Pragmatic Paths in the Evolution of the International Monetary System

Looking back at the continuously evolving international monetary landscape, we see that the decline of monetary hegemony is a long-term process. In this process, China’s strategic principles are: first, reduce excessive dependence on a single sovereign currency and enhance China’s cross-border payment and overseas asset security; second, China actively participates in the reform of the international monetary system and contributes Chinese wisdom to it.

  1. Build and Improve the Financial Infrastructure for Renminbi Internationalization

The goal of building the financial infrastructure for renminbi internationalization is to construct an autonomous, controllable, widely covered, and efficiently cleared renminbi cross-border payment system (CIPS). The main current problem is that, in response to financial sanctions, China’s CIPS is usable but still cannot achieve complete autonomy and control. It is necessary to improve CIPS’s capacity for autonomy and control. CIPS and SWIFT are cooperative in cross-border renminbi clearing business. Under certain conditions, SWIFT can affect the normal operation of CIPS. Therefore, while using SWIFT’s global network advantages to expand CIPS network users, China should gradually enhance the technical independence of CIPS operations. At the same time, it is also necessary to fill gaps in the global layout of clearing banks. Strengthen the establishment of renminbi clearing banks in countries and regions with layout blind spots (such as Africa, the Middle East, Central Asia, and other blank areas) to form a “point-line-surface” full-coverage overseas renminbi clearing service network.

  1. Build a Multilateral Network for the Use of the Renminbi

Currency network externalities affect the level of currency internationalization. The reason the dollar can stand out among international currencies depends more on inertial effects external to the network. At present, the renminbi’s “circle of friends” is increasingly expanding, but it more often serves bilateral renminbi settlement between China and other countries and regions. The use of the renminbi among third countries is still in its infancy, and a multilateral interconnected renminbi network has not yet formed. To promote the use of the renminbi among third countries, on the one hand, it is necessary to promote the renminbi’s functions of pricing, settlement, investment, and financing among China’s neighboring countries and countries along the Belt and Road Initiative; on the other hand, China’s neighboring countries should be taken as a breakthrough point, relying on close economic and trade ties and a convenient renminbi interconnection network, to promote the renminbi’s use as a “public good” in trade and investment among third countries.

  1. Build an Open and Developed Domestic Financial Market

Although the domestic financial market has made considerable progress in opening up and market construction, the global attractiveness of renminbi assets is still clearly insufficient, due to both opening mechanism problems and financial product problems. First, further accelerate the opening of the financial market and launch more distinctive financial products open to overseas institutions to meet overseas institutions’ renminbi asset allocation and hedging needs. Second, increase the supply of high-quality financial assets. Around the “five major articles” of finance, deepen supply-side reform of the financial market, increase the supply of technology and green financial products, promote the rapid development of the panda bond market, and use high-quality financial products to raise overseas institutions’ incentive to allocate renminbi assets, thereby increasing their allocation share of renminbi assets. Third, accelerate the construction of an offshore renminbi center in the Shanghai Pilot Free Trade Zone. Connect supply and demand between offshore and onshore markets, coordinate the development of offshore and onshore markets, and ultimately lay the market foundation for building a smooth domestic and international financial circulation mechanism for the renminbi.

  1. Actively Participate in the Reform of the International Monetary System

The development of the international monetary system toward multipolarity objectively converges toward the coexistence of several sovereign currencies in a competitive equilibrium. As the world’s second-largest economy supported by a strong economic size, China should provide the world with safe renminbi reserve assets and an efficient and convenient global renminbi settlement network. To this end, it is necessary to further advance international financial cooperation at two levels. At the level of building a regional financial safety net, relying on the continuously increasing scale of renminbi swap agreements and the increasingly complete renminbi clearing network, inject renminbi liquidity when regional economic crises occur, and enhance the region’s ability to respond to crisis shocks. At the level of promoting reform of international financial governance, continue to promote reform of governance imbalances caused by the “veto power,” use voting mechanism reform to constrain the hegemonic behavior of hegemonic currencies, participate in the formulation of global financial rules, oppose the weaponization of financial infrastructure, and safeguard its neutrality and public good attributes.

Author: Yang Xuefeng, Associate Researcher at the Institute of World Economy, Shanghai Academy of Social Sciences

Original article: sass.org.cn

BRICS Pay, non è ancora giunto il momento?

By: A A
13 October 2026 at 10:30

BRICS Pay non è una valuta né una rete di regolamento: è interoperabilità. E a Nuova Delhi i leader si sono limitati a “prenderne atto”.

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Cosa è e cosa non è

Alla vigilia del diciottesimo vertice BRICS, ospitato al Bharat Mandapam di Nuova Delhi il 12 e 13 settembre 2026, una parte della stampa specializzata dava per imminente il debutto di BRICS Pay. Le guide al vertice indicavano proprio la capitale indiana come sede del pieno dispiegamento del sistema, con la Reserve Bank of India incaricata del coordinamento tecnico. Il testo approvato dai leader racconta un’altra storia. La Dichiarazione di Nuova Delhi, 140 paragrafi adottati per consenso, si limita a «prendere atto» del lavoro svolto dalla BRICS Payment Task Force sull’interoperabilità dei canali di pagamento e di messaggistica e sulle discussioni relative al regolamento in valute locali, precisando che ciò avviene nel rispetto delle priorità nazionali e nella consapevolezza che non esiste una soluzione valida per tutti. La proposta indiana di collegare le valute digitali delle banche centrali, su cui Nuova Delhi aveva investito una parte consistente del capitale politico della propria presidenza, nel documento non compare.

La distanza tra attese e risultato non va letta come un incidente diplomatico. Riflette due condizioni strutturali che la pubblicistica sulla de-dollarizzazione tende a sottovalutare. La prima è che i Paesi BRICS, presi uno per uno, hanno ancora buone ragioni per regolare in dollari una parte rilevante dei propri scambi. La seconda è che un sistema di pagamento comune non è un problema di ingegneria finanziaria. È un atto di governo condiviso, che richiede regole vincolanti, un’istanza di arbitrato e la disponibilità a fidarsi delle banche centrali altrui. A Nuova Delhi nessuna di queste condizioni era sul tavolo.

Il nome induce in errore. BRICS Pay non è una moneta e non è, almeno nella configurazione discussa finora, un circuito di regolamento. È un livello di interoperabilità pensato per mettere in comunicazione sistemi nazionali già esistenti: il russo SPFS, nato dopo le sanzioni del 2014; il cinese CIPS, operativo dal 2015; l’indiano UPI e il brasiliano Pix, costruiti per i pagamenti domestici istantanei e solo in seguito proiettati all’estero. Il progetto ha preso forma durante la presidenza russa del 2024, nel quadro della BRICS Cross-Border Payments Initiative accolta a Kazan, un’iniziativa che la stessa dichiarazione di quel vertice qualificava come volontaria e non vincolante.

Per capire dove si colloca il progetto conviene distinguere tre piani che il dibattito pubblico confonde di continuo. Il primo è la messaggistica, cioè la trasmissione standardizzata degli ordini di pagamento tra istituzioni finanziarie: è il terreno di SWIFT, ed è qui che BRICS Pay si propone come alternativa. Il secondo è il regolamento, il trasferimento effettivo di valore tra conti presso banche centrali o banche corrispondenti, con tutto ciò che comporta in termini di liquidità, rischio di controparte e gestione dei saldi. Il terzo è l’unità di conto, la moneta in cui i contratti sono denominati. Un’alternativa a SWIFT agisce soltanto sul primo piano. Se un esportatore indiano fattura in dollari e la banca russa regola in dollari presso un corrispondente, aver trasmesso il messaggio su un canale non occidentale cambia ben poco.

L’interoperabilità ha però un vantaggio politico evidente, ed è la ragione per cui è diventata la formula di compromesso del gruppo: consente a ciascun Paese di conservare la propria moneta e il proprio sistema finanziario. Una moneta comune imporrebbe rinunce di tutt’altra portata, dalle regole di emissione e di cambio alla gestione dei Paesi strutturalmente in avanzo o in disavanzo. Non a caso Sudhakar Dalela, segretario per le relazioni economiche del ministero degli Esteri indiano, ha ribadito durante il vertice che una valuta BRICS non è in discussione, aggiungendo la prudente clausola «per ora».

La storia del dossier è la storia di un lessico che avanza di millimetri. Nel 2010, a Brasília, i quattro Paesi fondatori si impegnavano a studiare la fattibilità di una cooperazione monetaria e di accordi di regolamento in valuta locale. A Ufa, nel 2015, si riconosceva il potenziale delle valute nazionali; a Xiamen, due anni dopo, si parlava di swap valutari e di investimenti diretti in moneta locale. Dal 2019 l’attenzione si è spostata sulle infrastrutture di pagamento, con l’avvio dei lavori della Payment Task Force. Johannesburg, nel 2023, ha evocato per la prima volta l’interconnessione dei sistemi di pagamento transfrontalieri; Kazan ha lanciato l’iniziativa volontaria; Rio, nel 2025, ha accolto un rapporto tecnico sul sistema di pagamenti transfrontalieri BRICS che a oltre un anno di distanza non è stato reso pubblico. Sedici anni dopo Brasília, Nuova Delhi «prende atto». La successione dei verbi (studiare, riconoscere, accogliere, prendere atto) è già un indicatore: in un organismo che decide per consenso, il grado di impegno reale si legge nella grammatica dei comunicati.

L’ambizione indiana e il prezzo del consenso

L’India aveva fatto dei pagamenti transfrontalieri uno dei pilastri della propria presidenza. A gennaio la Reserve Bank of India aveva proposto di collegare le valute digitali di banca centrale dei Paesi membri per facilitare commercio e turismo; ad agosto il governatore Sanjay Malhotra confermava che erano in corso discussioni sul collegamento dei sistemi di pagamento veloce e delle CBDC; alla vigilia del vertice il ministro del Commercio Piyush Goyal rilanciava l’invito a regolare gli scambi in moneta locale. Già il 10 settembre, tuttavia, Reuters riferiva di ostacoli politici e tecnici in grado di limitare i progressi, e ne indicava due in particolare: l’interruzione dei rapporti finanziari tra Emirati Arabi Uniti e Iran e la riluttanza della stessa India ad approfondire la connettività finanziaria con la Cina senza una fiducia reciproca più solida.

Il secondo ostacolo merita attenzione, perché rovescia un’immagine corrente. Il freno più robusto a un’integrazione dei pagamenti BRICS non viene da Washington, ma dal Paese che presiedeva il vertice. Nuova Delhi vuole infrastrutture che rendano più semplice il commercio in rupie e più economiche le rimesse della sua diaspora. Non vuole che queste infrastrutture passino per nodi cinesi, né che il loro effetto netto sia un’espansione dello yuan in Asia meridionale. L’incontro tra Narendra Modi e Xi Jinping a margine del vertice ha segnato un disgelo prudente, ma il disavanzo commerciale indiano verso la Cina, raddoppiato nell’arco di un decennio, resta una frattura che nessun comunicato può ricomporre.

C’è poi l’effetto dell’allargamento. Con undici membri e dieci Paesi partner, il gruppo comprende oggi Stati che nella guerra del 2026 si sono trovati su fronti opposti. A maggio la riunione dei ministri degli Esteri, sempre a Nuova Delhi, si era chiusa senza un comunicato congiunto, costringendo la presidenza indiana a una dichiarazione a titolo proprio. L’unanimità di settembre è stata ottenuta abbassando la soglia degli impegni. La dichiarazione critica dazi e sanzioni unilaterali senza nominare gli Stati Uniti e, sul dossier finanziario, rinvia a un lavoro tecnico di cui non fissa né scadenze né obiettivi. Ajay Srivastava, fondatore del Global Trade Research Initiative, ha osservato che il testo non prevede alcuna azione concreta e che, in assenza di un piano coordinato, il commercio in valute locali potrà crescere solo gradualmente, senza raggiungere volumi significativi.

Va segnalato, per scrupolo di metodo, che alcune testate hanno presentato il vertice come il momento del «lancio» di BRICS Pay. Il testo della dichiarazione, così come riportato dalle fonti che lo hanno esaminato nel dettaglio, non autorizza questa lettura. La confusione tra annuncio e realizzazione è uno dei tratti ricorrenti della comunicazione sul tema, e contribuisce a gonfiare aspettative che poi ricadono sulla credibilità del gruppo.

Le buone ragioni del dollaro

Le statistiche disponibili spiegano meglio di qualsiasi dichiarazione perché la de-dollarizzazione resti, per ora, più un tema di dibattito che una tendenza misurabile. Secondo l’ultima indagine triennale della Banca dei regolamenti internazionali, nell’aprile 2025 il dollaro compariva in circa l’89% delle transazioni valutarie mondiali, una quota in lieve aumento rispetto al 2022, mentre lo yuan si fermava all’8,5%. Sul versante delle riserve, i dati del Fondo monetario internazionale indicano per il primo trimestre del 2026 una quota del dollaro pari al 57,13%, contro l’1,99% della valuta cinese. La tendenza di lungo periodo è di erosione: intorno al 1999 il dollaro superava il 70% delle riserve allocate. Ma la diversificazione si disperde su una costellazione di valute minori, la cui quota residua è più che raddoppiata dal 2021, e non si concentra sulle monete dei Paesi BRICS.

La ragione non è la sudditanza, è il calcolo. Il dollaro offre ciò che nessuna alternativa offre ancora: mercati profondi e liquidi, strumenti di copertura a basso costo, un enorme stock di debito denominato nella stessa valuta e la possibilità di convertire in qualsiasi momento il ricavato di una transazione in un attivo considerato sicuro. Barry Eichengreen ha descritto questi vantaggi in termini di effetti di rete: una moneta è utile in proporzione al numero di soggetti che già la usano, e ciò rende costosa qualunque transizione tentata da un solo attore o da un piccolo gruppo. Per un importatore brasiliano o un esportatore indonesiano pagare in dollari significa pagare nella moneta che la controparte accetta senza trattare.

Scendendo al livello dei singoli membri, il quadro si fa ancora più netto. L’India ha dichiarato a più riprese di non avere interesse a indebolire il dollaro: nel dicembre 2024 il ministro degli Esteri Subrahmanyam Jaishankar ricordava che gli Stati Uniti sono il primo partner commerciale del Paese, e nell’estate 2025 il portavoce del ministero ribadiva che la de-dollarizzazione non rientra nell’agenda finanziaria indiana. Emirati Arabi Uniti e Arabia Saudita mantengono le proprie valute ancorate al dollaro e fondano la propria sicurezza su un rapporto con Washington che nessun circuito di pagamento alternativo potrebbe compensare. Riyadh, del resto, continua a stare nel gruppo in una posizione ambigua: la presidenza indiana la elencava tra gli undici membri, ma a Nuova Delhi la delegazione saudita si è presentata con lo status di Paese invitato. Egitto ed Etiopia, che negli ultimi anni hanno negoziato programmi con il Fondo monetario e portano un debito estero in valuta forte, non possono permettersi di complicare il rapporto con i propri creditori. Il Brasile di Lula ha rilanciato più volte l’idea di una moneta commerciale comune, ma il suo sistema di punta, Pix, rimane un successo domestico.

Restano la Russia e l’Iran, per i quali l’uscita dal dollaro non è una scelta ma una necessità imposta dalle sanzioni, e la Cina, che ha un interesse reale all’internazionalizzazione dello yuan ma lo persegue attraverso infrastrutture proprie, a cominciare da CIPS, e senza rinunciare ai controlli sui capitali che limitano l’attrattiva della sua moneta come riserva. Anche per chi ha le motivazioni più forti, tuttavia, il regolamento in valute locali ha mostrato limiti precisi. L’esperienza russo-indiana è istruttiva. Il forte aumento delle importazioni indiane di petrolio russo dopo il 2022 ha lasciato Mosca con ingenti saldi in rupie difficili da impiegare, un problema che lo stesso Sergej Lavrov ammise pubblicamente nel maggio 2023. Quando gli scambi sono squilibrati, la moneta del Paese in disavanzo si accumula presso il Paese in avanzo, e il dollaro torna a essere la via d’uscita più semplice.

A questi incentivi si somma il costo esplicito di una rottura. Donald Trump ha minacciato dazi del 100% contro i Paesi BRICS che sostenessero una moneta alternativa al dollaro e, dopo il vertice di Rio del 2025, un dazio aggiuntivo del 10% per chi si allineasse alle politiche del gruppo da lui definite antiamericane. Alla vigilia di Nuova Delhi l’economista di Natixis Alicia García-Herrero prevedeva che i leader avrebbero discusso di pagamenti transfrontalieri senza tentare di sostituire il dollaro. È andata esattamente così.

Una scelta politica

Si arriva così al punto centrale. Un sistema di pagamento non è un’infrastruttura neutrale. Susan Strange collocava la struttura finanziaria, cioè il controllo sul credito e sui canali attraverso cui circola, tra le quattro fonti del potere strutturale nell’economia politica internazionale. Gli Stati che controllano i nodi centrali delle reti economiche globali, di cui SWIFT è l’esempio canonico, possano trasformarli in strumenti di coercizione, sfruttandone sia la funzione di osservatorio sia la capacità di esclusione. È proprio questa esperienza, culminata nell’esclusione delle principali banche russe da SWIFT nel 2022, ad aver dato slancio politico al progetto BRICS.

La stessa lezione, però, vale all’interno del gruppo. Chi costruisce una rete alternativa deve stabilire dove si trovano i nodi, chi ne gestisce i dati, quale diritto regola le controversie, chi fornisce liquidità nei momenti di tensione e come si compensano i saldi tra economie in avanzo e in disavanzo. Ognuna di queste decisioni redistribuisce potere. Per l’India un sistema imperniato su CIPS significherebbe sostituire una dipendenza da Washington con una dipendenza da Pechino, cioè da un rivale con cui condivide una frontiera contesa. Per gli Emirati collegarsi a un circuito in cui transita l’Iran vorrebbe dire esporsi al rischio di sanzioni secondarie, proprio mentre i due Paesi escono da una guerra vissuta su fronti opposti. Il problema non è la tecnologia: le componenti nazionali esistono e funzionano. Manca un accordo su chi governa l’insieme.

La storia monetaria del Novecento offre due riferimenti utili. Il primo è la proposta keynesiana di una International Clearing Union, presentata dal Tesoro britannico nel 1943, che affrontava esattamente il nodo degli squilibri persistenti imponendo oneri simmetrici ai Paesi in avanzo e a quelli in disavanzo. Un BRICS Pay che volesse andare oltre la messaggistica avrebbe bisogno di un meccanismo analogo di compensazione multilaterale, e dunque di regole capaci di vincolare anche la Cina, principale creditore commerciale del gruppo. Il secondo riferimento è la tesi di Charles Kindleberger sulla stabilità del sistema internazionale come bene pubblico, che richiede un attore disposto a sostenerne i costi. Nell’ordine del dollaro quel ruolo è svolto, con tutti gli abusi che ne derivano, dagli Stati Uniti. Nel partenariato BRICS l’unico candidato plausibile è la Cina, e gli altri membri non intendono riconoscerle quella funzione. Qui sta il dilemma costitutivo di un ordine monetario multipolare: moltiplica i poli, ma lascia vacante il posto di chi garantisce il sistema.

A ciò si aggiunge la fragilità istituzionale. Il gruppo opera senza un segretariato permanente, con presidenze annuali a rotazione che affidano la continuità dei dossier tecnici alla volontà del Paese di turno. L’allargamento ha accresciuto l’eterogeneità degli interessi senza dotare il partenariato di strumenti decisionali più robusti. Un sistema di pagamento unificato richiederebbe un trattato, o almeno un accordo vincolante di governance, mentre l’iniziativa sui pagamenti transfrontalieri è, per esplicita scelta dei firmatari, volontaria e non vincolante. Finché questa asimmetria tra ambizione e forma giuridica non sarà sciolta, BRICS Pay resterà ciò che è oggi: un marchio politico sovrapposto a un insieme di corridoi bilaterali. La stabilità del partenariato non è dunque una condizione accessoria del progetto. Ne è il presupposto.

Verso la presidenza cinese del 2027

Con il passaggio della presidenza alla Cina per il 2027, l’orizzonte di valutazione più utile è quello dei prossimi diciotto-ventiquattro mesi. Le valutazioni che seguono poggiano su evidenze di qualità moderata, costituite in larga parte dai testi ufficiali e dalla stampa economica internazionale.

Lo scenario che considero altamente probabile è quello di un mosaico bilaterale. Crescono i corridoi già avviati, come quelli tra India ed Emirati e tra India e Russia, mentre l’architettura comune resta allo stadio di studio. Il commercio in valute locali aumenta in termini assoluti, ma la quota del dollaro negli scambi intra-BRICS si riduce solo in misura marginale.

Uno scenario alternativo, cui attribuisco una probabilità moderata, prevede che la presidenza cinese usi il 2027 per promuovere un nucleo a geometria variabile, costruito attorno a CIPS e SPFS, con l’adesione di Russia, Iran e di alcuni Paesi partner. Il marchio BRICS Pay verrebbe formalmente attivato, ma per una parte soltanto del gruppo e con ogni probabilità senza l’India. Sarebbe un risultato politicamente spendibile per Pechino e Mosca, ma renderebbe esplicita la frattura che oggi il linguaggio delle dichiarazioni riesce ancora a coprire.

L’entrata in funzione, entro il 2028, di un sistema unificato e operativo per tutti i membri resta invece altamente improbabile.

Gli indicatori da seguire sono pochi e concreti: la pubblicazione del rapporto tecnico accolto a Rio; l’eventuale firma di un accordo vincolante sulla governance dei pagamenti; la creazione di un meccanismo multilaterale di compensazione o di linee di swap dedicate, magari affidate alla Nuova Banca di Sviluppo; la posizione indiana su un collegamento con CIPS; la formalizzazione, o il definitivo abbandono, della membership saudita. Un comunicato che parli di «lancio» senza alcuno di questi elementi andrà letto per ciò che è, un annuncio.

Il multipolarismo ha finora prodotto soprattutto una pluralità di opzioni nazionali, utili a ciascun Paese per ridurre l’esposizione alle sanzioni e per negoziare da posizioni migliori con Washington. Trasformare queste opzioni in un sistema richiede un partenariato che riconosca un interesse comune più forte delle rivalità interne. Quel partenariato è ancora in evoluzione, e BRICS Pay ne seguirà i tempi, non il contrario.

Putin’s diesel deal to Trump could be bigger than we originally thought

By: A A
11 October 2026 at 23:13

The war, after this diesel decision, might have just become much simpler and more binary.

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Is Trump planning on using Putin to get him out of the mess of both his low polling and the Iran war? Seems far-fetched perhaps at first, but he is completely snared in Iran, with whatever option he looks at appearing to be a doomsday scenario. Could Putin help him out both with diesel prices back home but also to broker a deal with Iran which makes it appear to Americans that he, and America, are somehow the winners?

For the Russian president to sell close to 2 million tonnes of diesel oil to Western countries, including the U.S. of course, seems like a sticking plaster to a huge wound in the American and Western economies. Unless, that is, there is a second deal behind it which journalists and pundits are not aware of, or are simply choosing not to report. For the diesel initiative from Putin, the amount which is being offered isn’t huge, but there are a couple of precedents which it sets which are more important.

Firstly, it opens the doors for further lifting of sanctions (which could be bundled into Iran’s, given Moscow’s relations with Tehran), but perhaps even more importantly, it makes President Zelensky of Ukraine an even bigger target for Trump. Much will rest on the coming days and the decision that Zelensky will take to continue bombing Russia’s oil facilities. Will he take that suicide pill? Wars are often messy, and there are always grey areas where the two countries at war with one another find situations which are illogical and impractical. Perhaps the bombing of oil facilities within Russia in the Ukraine war has reached its tipping point, and regardless of how close EU leaders are with Zelensky – who at best we can call a caretaker leader – this will test this relationship to breaking point.

Do great numbers of citizens in France and Germany need to die this winter simply because of an energy crisis and/or an economic malaise in their own countries which have poured billions into keeping the war in Ukraine alive? Is Putin so confident that this winter will be the last one for his troops, as the defensive line between Ukraine’s forces and those of Russia’s looks like it is about to break at any moment? Are Ukrainians themselves ready to face a freezing winter in Kiev, unable to power or heat their own apartments? So many wars started over energy reserves, but not Ukraine. Yet it might end over them.

Trump’s threatening comments on social media about Zelensky should be taken seriously. If Trump’s own cabal of unqualified advisers can seriously convince him that a ground invasion of Iran is feasible, if not winnable, one could argue simply that regime change in Ukraine should be a children’s picnic and gives him a huge payday – politically, economically and geopolitically. Removing Zelensky would stop the war immediately, and Trump could claim victory for that, while he asks his friend Putin to quietly intervene in Iran and fix the Straits of Hormuz.

For Trump to actually respond to Zelensky’s outburst to reporters that the move to buy Russian diesel was “weak” by threatening Zelensky with being removed shows that his patience has reached a point where he is starting to think of the Ukrainian president as the source of the problems. To remove Zelensky through backing a rival will be hard and will pitch him against EU leaders, but one could argue relations couldn’t really get any worse, and that once Macron and Merz understand that peace is the only option and Zelensky is actually the only real obstacle to that, they will do what all EU leaders do and follow America’s lead.

We often hear analysts on YouTube talk about the game of “chicken”, but there has never been a more fleeting moment than now, as both Trump and Zelensky will be watching each other to see who blinks first. Zelensky, until now, has been playing a dangerous game of pretending to be servile to U.S. hegemony, while really just taking the cash and weapons and laughing at Trump among a coterie of weak European leaders in their palatial residences. The war has been complex since it began, as the U.S. and EU rarely saw eye to eye, but if Trump goes ahead with his threat of denying the Ukrainians shared intel, then this will be a very bad omen for the future of Zelensky, as he will put even more pressure on the British, French and Germans to come up with more weapons and money in an unwinnable war which they’ve bet the farm on and their entire political careers depend on.

The war, after this diesel decision, might have just become much simpler and more binary, and a collective narrative might emerge from the insanity of EU gibberish from countries who can’t even protect their own people on their own soil against an invasion of bogus asylum seekers. It will not only be the ultimate test for U.S.-Ukraine relations, but also one for U.S.-EU ones, and perhaps represent the end of NATO as we know it.

The Age of Observers Is Over: How the Global South Is Rewriting the Rules of the Game

The global system is undergoing its deepest shift in the balance of power since the end of the Cold War: the unipolar world is fading, and the Global South is transforming from a passive rule-taker into an active agenda-setter. Moment of Truth: From the Periphery to the Center of Decision-Making. The key question of 2026 […]
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