Uma fotografia mostra pela primeira vez o avião espacial secreto da China com nitidez

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Los letones no se fían de sus “simpáticos vecinos”. Tal es así que usan con cierto hábito este atajo lingüístico, lleno de retintín, antes que hablar a las claras de rusos y bielorrusos. Con estos dos viejos aliados de la vasta llanura, Letonia ― con 1,8 millones de habitantes― comparte más de 450 kilómetros de su frontera este. Es por esto que su linde forma parte de lo que, entre la tropa, se denomina flanco oriental de la OTAN y la Unión Europea. Consecuencia: está en la diana del enemigo número uno, esto es, de Rusia. En mayo, la colisión de tres drones que volaban desde el frente de batalla ucranio hizo saltar por los aires la coalición del Gobierno letón. En solo cinco meses, el país báltico se ha blindado defensivamente gracias, en parte, al empuje de la producción local de vanguardia de armas autónomas. Pero el temor continúa.





© María Page

Cuando los estadounidenses voten en las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, los europeos esperarán con inquietud los resultados. Es comprensible que, después de casi dos años de abusos del Gobierno de Trump, estén ansiosos por un cambio de rumbo. Un buen resultado de los demócratas transmitirá una señal política importante, incluido el deseo de mejorar las relaciones con los aliados hoy menospreciados. Sin embargo, los europeos harían bien en moderar sus expectativas sobre los cambios que va a haber en la práctica, porque se tardará tiempo en reparar el daño causado.