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¿Puede la testosterona combatir la "niebla mental" de la menopausia?

Los problemas de memoria, concentración y agilidad mental que algunas mujeres experimentan durante la transición a la menopausia, conocidos popularmente como "niebla mental", han alimentado el interés por posibles tratamientos hormonales. Entre ellos está la testosterona, que se prescribe en determinados casos para abordar el bajo deseo sexual. Sin embargo, su utilidad para mejorar las capacidades cognitivas no está demostrada, según una revisión sistemática y metaanálisis publicada en la revista Reproduction and Fertility.

El trabajo, elaborado por investigadores vinculados al University College London (UCL), examinó los estudios disponibles sobre los efectos de la terapia con testosterona en la cognición durante la menopausia y después de ella. Los autores identificaron cinco investigaciones que cumplían los criterios de inclusión. De ellas, tres, con un total de 244 mujeres posmenopáusicas, aportaron datos que pudieron combinarse en un metaanálisis.

Los resultados no mostraron efectos estadísticamente significativos de la testosterona en las funciones cognitivas analizadas. Las pruebas evaluaron aspectos como la función ejecutiva -relacionada con capacidades como planificar, organizar y tomar decisiones-, el aprendizaje, la memoria verbal y la visuoespacial. Los tamaños del efecto fueron, en general, próximos a cero.

Los investigadores subrayan que estos resultados no deben interpretarse como una prueba definitiva de que la testosterona carezca de efectos sobre el cerebro. El número de estudios disponibles es reducido y las muestras son pequeñas, por lo que no permiten extraer conclusiones firmes sobre sus posibles beneficios o sobre qué mujeres podrían obtenerlos.

Además, la revisión detectó una laguna especialmente relevante: ninguno de los estudios examinó si la testosterona mejora la percepción subjetiva de los problemas cognitivos. Es decir, no se ha establecido si el tratamiento ayuda a las mujeres que sienten que olvidan más cosas, pierden el hilo de una conversación o tienen dificultades para concentrarse en su vida cotidiana.

Tampoco se encontraron estudios que evaluaran específicamente sus efectos durante la perimenopausia, la etapa de transición en la que pueden aparecer cambios hormonales y síntomas antes de que cesen definitivamente las menstruaciones. Por tanto, la revisión no permite saber si la terapia podría tener algún efecto en este grupo, en el que muchas mujeres refieren dificultades cognitivas.

La conclusión de los autores es que la evidencia actual resulta insuficiente para determinar si la testosterona mejora la cognición durante la transición menopáusica o después de ella. Reclaman ensayos con más participantes y un diseño adecuado que permitan evaluar sus posibles efectos en diferentes etapas de la menopausia.

No es un tratamiento acreditado para la memoria

La testosterona es una hormona sexual presente también en las mujeres, aunque en concentraciones inferiores a las habituales en los hombres. En el ámbito de la salud femenina, su uso terapéutico se ha estudiado especialmente para tratar el bajo deseo sexual en determinadas circunstancias. La cuestión de si puede mejorar la memoria o la concentración es distinta y, por ahora, no cuenta con pruebas suficientes.

La investigadora Alexandra Faulkner, autora principal del trabajo, señaló que la revisión refleja la falta de evidencia sólida para determinar el efecto de la terapia sobre la cognición. Aimee Spector, autora sénior y directora del Menopause Mind Lab de UCL, advirtió de que, aunque existen testimonios sobre posibles beneficios, no se puede afirmar que la testosterona mejore la función cognitiva durante la menopausia sin más investigación.

La "niebla mental"es una preocupación frecuente, pero todavía se conocen de forma incompleta sus causas y las opciones para aliviarla. Los cambios cognitivos percibidos durante esta etapa pueden afectar a la vida diaria, aunque no equivalen por sí mismos a un diagnóstico de deterioro cognitivo.

Los autores insisten en que hacen falta estudios capaces de medir tanto el rendimiento en pruebas cognitivas como la experiencia subjetiva de las mujeres. Hasta disponer de resultados más sólidos, la terapia con testosterona no puede considerarse un tratamiento respaldado por la evidencia para mejorar la memoria, la atención o la concentración durante la menopausia.

© istock

Hombro congelado: qué es, cómo afecta a mujeres en la menopausia y qué tratamientos existen
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Confirman nuevas vías para tratar la alergia alimentaria con menos reacciones

La inmunoterapia oral está cambiando el abordaje de la [[LINK:TAG|||tag|||63361a7f59a61a391e0a1876|||alergia alimentaria]]. Los últimos avances apuntan a que, en determinados pacientes, dosis de mantenimiento más bajas pueden proporcionar una protección clínicamente relevante con menos reacciones adversas.

En concreto, la inmunoterapia oral consiste en administrar cantidades controladas y progresivas del alimento al que el paciente es alérgico para aumentar su tolerancia. Aunque tradicionalmente se han utilizado pautas orientadas a alcanzar dosis elevadas, la evidencia científica está abriendo nuevas posibilidades. En el caso del cacahuete, por ejemplo, se ha observado que dosis de mantenimiento de unos 300 miligramos de proteína pueden resultar tan eficaces como otras más altas, con menos reacciones.

“Hoy contamos con estudios que muestran que dosis de mantenimiento pequeñas pueden aumentar de forma importante la cantidad de alimento que se tolera sin reaccionar”, explica el doctor Carmelo Escudero, jefe de Sección del Servicio de Alergología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. El especialista subraya que el objetivo no tiene por qué ser el mismo para todos los pacientes. Mientras algunos buscan protegerse frente a pequeñas ingestas accidentales, otros aspiran a incorporar el alimento a su dieta habitual. “Son metas distintas y no necesariamente requieren la misma pauta”, señala Escudero.

Este cambio de enfoque, que permite adaptar el tratamiento a las necesidades de cada persona, es uno de los asuntos que se abordan en el Simposio Internacional de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que se celebra del 28 al 31 de octubre en Maspalomas, Gran Canaria, bajo el lema "Nuevos retos y oportunidades en alergia alimentaria".

La edad y la gravedad de la alergia marcan el tratamiento

La personalización depende de factores como la edad, el alimento implicado, las reacciones previas o la presencia de otras enfermedades alérgicas. Iniciar el tratamiento durante los primeros años de vida puede aumentar las posibilidades de alcanzar una tolerancia que se mantenga incluso después de suspenderlo. En adultos, en cambio, el objetivo suele centrarse en reducir el riesgo asociado a exposiciones accidentales. El impacto va más allá de la respuesta clínica. Aumentar el umbral de reacción puede reducir el miedo a comer fuera de casa, viajar o participar en celebraciones, situaciones que condicionan especialmente la vida de los niños con alergia alimentaria y sus familias.

Sin embargo, la inmunoterapia oral no está exenta de riesgos. Puede provocar reacciones durante el tratamiento y, en la mayoría de los pacientes, sus beneficios dependen de mantener una ingesta regular del alimento. Por ello, debe realizarse bajo supervisión especializada. Uno de los principales retos de la investigación es identificar la dosis mínima eficaz para cada paciente. Los especialistas también estudian nuevos biomarcadores que permitan anticipar la respuesta al tratamiento, así como la combinación con fármacos biológicos para mejorar la seguridad en los casos más complejos.

"Una línea clave es la intervención temprana: tratar en los primeros años de vida, con dosis bajas y subidas más lentas, para intentar cambiar la historia natural de la alergia y no solo protegerse de ella”, explica Sonia Vázquez, especialista en Alergia en el Hospital Clínico San Carlos. “El objetivo es poder explicar a cada paciente qué beneficio cabe esperar, qué esfuerzo requerirá y qué estrategia ofrece el mejor equilibrio en su caso”, concluye el doctor Escudero.

La evolución de la inmunoterapia oral apunta así hacia un modelo en el que el éxito no dependa únicamente de cuánto alimento consiga tolerar el paciente. “La combinación con fármacos biológicos es probablemente el cambio más inmediato”, dice Vázquez. “También se estudian otras vías, como la inmunoterapia epicutánea o sublingual, alérgenos modificados y adyuvantes. El objetivo final es una inmunoterapia a la medida de cada paciente”, finaliza la doctora.

© QuironSalud (página oficial)

Prueba médica para la detección de alergias
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Unas gotas para ver mejor de cerca reciben luz verde en EE. UU.: para quién están aprobadas y por qué no sustituyen a todas las lentillas

Hay un gesto muy conocido a partir de cierta edad: alejar el móvil para poder leer un mensaje. La presbicia, o vista cansada, dificulta el enfoque de cerca y acaba llevando a muchas personas a buscar unas gafas. En Estados Unidos se ha autorizado un nuevo uso de unas gotas oftálmicas para adultos con ese problema.

El tratamiento contiene fentolamina al 0,75 % y se administra en ambos ojos una vez al día, por la noche. La aprobación estadounidense llega después de dos ensayos con personas de entre 40 y 64 años. Su objetivo es mejorar la visión de cerca durante las actividades habituales, no cambiar la graduación del ojo.

Eso importa cuando aparece la promesa de despedirse de las lentillas. Algunas corrigen la miopía o el astigmatismo, problemas distintos de la presbicia. Las gotas se han aprobado para esta última condición en adultos y no sustituyen todas las correcciones visuales que pueda necesitar una misma persona.

Cómo actúa la fentolamina

La fentolamina reduce el tamaño de la pupila al actuar sobre un músculo del iris. Así aumenta la profundidad de enfoque y resulta más fácil distinguir letras cercanas. La ficha aprobada por la autoridad sanitaria estadounidense describe un efecto que empieza alrededor de los 30 minutos después de la aplicación y alcanza su máximo entre una hora y una hora y media.

No se trata del primer colirio autorizado en Estados Unidos para la vista cansada: otras gotas para la presbicia ya habían llegado antes. La novedad está en la ampliación de la autorización de este preparado de fentolamina, que tenía otro uso oftalmológico. Cada producto posee su propia pauta de administración y seguridad, por lo que los resultados de uno no deben trasladarse al otro.

La FDA recoge dos ensayos de fase 3, con 902 participantes asignados a recibir el tratamiento o unas gotas sin principio activo. Tras una semana, una proporción mayor de quienes recibieron fentolamina logró leer al menos tres líneas adicionales de cerca sin una pérdida relevante de visión lejana. En uno de los ensayos, el resultado se observó en el 27,2 % del grupo tratado frente al 11,5 % del grupo de comparación, doce horas después de la última dosis.

Resultados y precauciones

La mejora medida en los estudios no significa que todos los pacientes vayan a prescindir de sus gafas. La presbicia puede coexistir con miopía, astigmatismo u otros problemas oculares. Por eso, antes de elegir entre gafas, lentillas y otras opciones para la vista cansada, conviene saber qué necesita corregir cada ojo mediante una revisión profesional.

Quien use lentillas tendrá que quitárselas antes de aplicar las gotas y esperar diez minutos para volver a ponérselas. Esta indicación de la ficha oficial deja claro que ambos recursos pueden seguir formando parte de la rutina de una misma persona. Tampoco se recomienda usar el tratamiento si existe inflamación ocular activa.

Los efectos adversos más frecuentes en los estudios sobre presbicia fueron el enrojecimiento ocular, comunicado por el 21 % de los participantes tratados, y la irritación al aplicar el producto, por el 16 %. La autorización es estadounidense; por ahora no hay una fecha de venta confirmada en España. La aprobación allí tampoco equivale a que el colirio esté disponible en las farmacias españolas.

© Pexels

Su objetivo es mejorar la visión de cerca durante las actividades habituales, no cambiar la graduación del ojo.

© Pexels

Revisión de la vista.
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¿Qué ocurre en el cerebro cuando sentimos miedo?

Mañana, 31 de octubre, muchas personas aprovecharán la fecha para celebrar Halloween, la fiesta anglosajona que ensalza los sustos y las películas de miedo. Pero, ¿qué ocurre en el cerebro cuando sentimos miedo?, ¿cómo reacciona nuestra mente ante una amenaza real o imaginaria y por qué esta emoción ha sido fundamental para la supervivencia humana a lo largo de la evolución?

Tal y como explica Jesús Porta-Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), “desde el punto de vista neurológico, el miedo es una respuesta adaptativa esencial. Permite identificar posibles peligros, concentrar la atención en ellos, preparar al organismo para reaccionar y conservar información que puede ayudarnos a reconocer situaciones similares en el futuro. La memoria del miedo es un proceso fundamental para la supervivencia y la adaptación”. Pero aunque solemos interpretar el miedo como algo negativo, "se trata de un mecanismo de protección imprescindible. Gracias a esta respuesta, el cerebro puede detectar una posible amenaza, priorizar la información relevante y preparar al organismo para actuar”, añade.

La respuesta al miedo no depende de una única estructura cerebral, sino de la actividad coordinada de distintas regiones del cerebro, cada una con funciones específicas. Una de las regiones cerebrales más relevantes en el procesamiento del miedo es la amígdala, una pequeña estructura situada en el interior de los lóbulos temporales, que desempeña un papel fundamental en la detección y el procesamiento de señales de amenaza, así como en la activación de las respuestas de alerta del organismo. Por otra parte, el hipocampo contribuye a contextualizar la situación y relacionarla con experiencias previas, mientras que la corteza prefrontal participa en la evaluación y regulación de la respuesta emocional.

“Es decir, es la interacción entre estas regiones lo que permite al cerebro interpretar las señales de peligro, ajustar la reacción a cada situación y aprender de la experiencia para afrontar posibles amenazas futuras”, señala Javier Camiña, vocal de la SEN. “Pero aunque el miedo se procesa en el cerebro, sus efectos se extienden al resto del organismo, ya que ante una posible amenaza, el cerebro pone en marcha mecanismos que incrementan la vigilancia y preparan al cuerpo para responder”, prosigue.

Aquí también desempeña un papel fundamental la amígdala, que, a través de sus conexiones con el hipotálamo y el tronco encefálico, contribuye a activar las distintas respuestas del organismo ante el miedo. Así se explican reacciones tan reconocibles como las palpitaciones, la aceleración de la respiración, la sudoración, la tensión muscular o el aumento de la atención hacia aquello que percibimos como una amenaza. “Y todas estas respuestas no son arbitrarias: forman parte de los mecanismos que preparan al organismo para afrontar una situación que el cerebro interpreta como potencialmente peligrosa”, comenta el Dr. Camiña.

¿Por qué nos sobresaltamos si sabemos que no existe peligro?

El cerebro procesa la información por distintas vías y a diferentes velocidades. Por eso, ante una posible amenaza, el cerebro puede reaccionar antes de que seamos plenamente conscientes de lo que está ocurriendo. Esto se debe a que algunos estímulos, como un ruido repentino, un movimiento inesperado o una imagen que asociamos con un peligro, activan rápidamente los mecanismos cerebrales de alerta, antes de que hayamos podido analizar la situación con detenimiento.

Esta rapidez tiene una función protectora: permite al organismo prepararse para responder ante un posible peligro sin esperar a haberlo evaluado por completo. Y se trata de un mecanismo que ha contribuido a la supervivencia humana a lo largo de la evolución.

“Además, la función del miedo no termina cuando desaparece la amenaza, sino que también permite al cerebro asociar determinados estímulos, lugares o situaciones con experiencias negativas. Este aprendizaje nos ayuda a anticipar posibles riesgos y a evitar que se repitan situaciones que nos han hecho daño. Así, la memoria del miedo nos permite reconocer señales que anteriormente se asociaron a una amenaza y adaptar nuestra conducta en consecuencia”, explica Porta-Etessam.

¿Existen personas que no sienten miedo?

El estudio de algunas enfermedades y lesiones neurológicas ha permitido comprender mejor el papel que desempeña el cerebro en el procesamiento del miedo. Por ejemplo, el síndrome de Klüver-Bucy, que puede aparecer tras lesiones en ambos lóbulos temporales, como consecuencia de una encefalitis o un traumatismo, puede provocar una disminución o ausencia de miedo ante estímulos que normalmente generarían esta respuesta. También en la demencia frontotemporal, la afectación de regiones frontales y temporales puede asociarse a una menor percepción del riesgo y a cambios en la conducta.

Otro ejemplo es la enfermedad de Urbach-Wiethe, un trastorno genético poco frecuente que puede provocar calcificaciones en ambas amígdalas cerebrales. En algunos pacientes con esta enfermedad se ha observado una respuesta de miedo reducida ante estímulos que habitualmente lo desencadenan, como serpientes, arañas o escenas de terror. En el extremo contrario, algunas crisis epilépticas que afectan a regiones cerebrales implicadas en el procesamiento del miedo pueden provocar una intensa sensación de temor sin que exista una amenaza externa.

“Determinadas lesiones o enfermedades neurológicas pueden alterar algunos de los mecanismos implicados en la detección de amenazas y en la respuesta ante ellas. Y su estudio nos ha permitido comprender que el miedo no depende únicamente de la personalidad, la voluntad o las experiencias individuales, sino también del correcto funcionamiento de las redes neuronales que permiten identificar un posible peligro, interpretar el contexto, generar una respuesta y aprender de la experiencia”, concluye el Dr. Porta-Etessam.

Una película de miedo es un buen plan para Halloween
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Médicos y enfermeros encadenan jornadas en la atención a los paciente del accidente: "Nadie te prepara para esto. Funcionas con la adrenalina a tope"

Álvaro Thomas Balaguer Cordero y Sergio Esteban Esteban son dos eslabones de la cadena que ayer hizo posible el rescate y atención médica. Los profesionales de Emergencias están "hechos de otra pasta", sostienen Leer

Álvaro Thomas Balaguer Cordero y Sergio Esteban Esteban son dos eslabones de la cadena que ayer hizo posible el rescate y atención médica. Los profesionales de Emergencias están "hechos de otra pasta", sostienen
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Ana Gutiérrez, doctora, sobre la colitis ulcerosa: "En la mayoría de casos conseguimos que la vida del paciente no gire en torno a su enfermedad"

Barcelona acoge el Congreso Europeo de Gastroenterología (UEG Week 2026), donde se presentan nuevos datos sobre la enfermedad inflamatoria intestinal, que incluye la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.

Además, se darán a conocer los resultados del estudio MIRICURE, que aporta nuevos datos sobre la colitis ulcerosa a partir de la práctica clínica habitual en España. Un estudio liderado por la doctora Ana Gutiérrez que resuelve en 20Bien varias dudas sobre esta patología.

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Protonterapia: una alternativa contra el cáncer con menos radiación sobre los tejidos sanos

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La radioterapia es, desde hace décadas, uno de los tratamientos más habituales contra el cáncer. Funciona, básicamente, mediante radiaciones de alta energía que destruyen las células tumorales o frenan su crecimiento. En los últimos años, sin embargo, los avances tecnológicos han permitido desarrollar nuevas técnicas que aumentan la precisión del tratamiento y reducen sus efectos sobre los tejidos sanos, como es el caso de la protonterapia.

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Filipinas y Australia exploran colaboración en el sector de salud

Manila, 30 oct (Prensa Latina) Filipinas y Australia examinaron hoy la posibilidad de adquirir de forma conjunta medicamentos y suministros médicos destinados a la atención del VIH, informó el Departamento de Salud de esta nación asiática.

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Hipofosfatasia: el impacto invisible de vivir años sin un diagnóstico

Vivimos en una época de avances extraordinarios en genética, diagnóstico y medicina personalizada. Sin embargo, miles de personas que conviven con enfermedades raras siguen recorriendo un largo camino de incertidumbre antes de obtener una respuesta. La hipofosfatasia (HPP), una enfermedad metabólica genética rara que afecta a la mineralización de huesos y dientes entre otras cosas, además es un ejemplo paradigmático de cómo una patología puede permanecer invisible incluso para quienes la padecen.

La imagen tradicional de las enfermedades raras suele asociarse a cuadros extremadamente graves y fácilmente reconocibles. La realidad de la hipofosfatasia es mucho más compleja. Algunas personas presentan formas severas desde el nacimiento, mientras que otras conviven décadas con síntomas dispersos que difícilmente parecen formar parte de una misma enfermedad: dolor musculoesquelético, fracturas recurrentes, fatiga persistente, pérdida prematura de dientes o limitaciones funcionales progresivas. Esta heterogeneidad explica, en parte, por qué tantos pacientes tardan años en ser diagnosticados.

Pero el retraso diagnóstico es mucho más que una cuestión de tiempo. Es una experiencia humana profundamente desgastante. Detrás de cada año sin diagnóstico hay personas que consultan a múltiples especialistas, se someten a pruebas repetidas y reciben explicaciones parciales o contradictorias. Hay pacientes que llegan a cuestionar la legitimidad de sus propios síntomas y familias que viven atrapadas entre la preocupación y la incertidumbre.

En muchos casos, son los propios afectados quienes terminan investigando, buscando información y sugiriendo posibles diagnósticos. Esta inversión de roles refleja una realidad preocupante: el acceso al diagnóstico continúa dependiendo, con demasiada frecuencia, de que un profesional conozca la enfermedad, detecte una fosfatasa alcalina persistentemente baja o haya asistido recientemente a una formación específica sobre hipofosfatasia. Ningún sistema sanitario puede considerarse plenamente equitativo cuando la suerte desempeña un papel tan importante en el proceso diagnóstico.

Sin embargo, obtener un diagnóstico no significa que los problemas terminen. Para muchas personas comienza entonces una nueva etapa marcada por la gestión cotidiana de una enfermedad crónica y multisistémica. El dolor y la fatiga emergen como dos de las cargas más incapacitantes. Son síntomas difíciles de medir objetivamente y, precisamente por ello, a menudo incomprendidos. Quien observa desde fuera puede no percibir ninguna limitación evidente, mientras que la persona afectada organiza su vida en función del dolor, del descanso necesario para completar la jornada o de la incertidumbre sobre cuándo aparecerá la próxima complicación.

Esa invisibilidad tiene consecuencias. Las enfermedades raras suelen evaluarse desde indicadores clínicos tradicionales, pero su impacto trasciende el ámbito médico. La hipofosfatasia condiciona trayectorias educativas y profesionales, altera proyectos familiares, limita la participación social y genera costes económicos asociados a tratamientos, atención odontológica, fisioterapia, desplazamientos, dispositivos ortopédicos o adaptaciones del hogar.

Especialmente compleja es la situación de quienes desempeñan simultáneamente el papel de paciente y cuidador. Padres y madres que intentan gestionar sus propios síntomas mientras atienden a hijos afectados acumulan una carga física, emocional y económica extraordinaria. Son realidades que rara vez aparecen en las estadísticas sanitarias, pero que determinan profundamente la calidad de vida de las familias.

También resulta llamativa la diferencia existente entre la atención pediátrica y la de los adultos. Mientras que muchos niños cuentan con seguimientos relativamente estructurados, numerosos pacientes adultos refieren escaso control clínico y ausencia de planes de monitorización definidos. Esta discontinuidad genera incertidumbre y obliga a algunas personas a asumir la responsabilidad de coordinar por sí mismas pruebas, consultas y revisiones.

Por todo ello, la respuesta no puede limitarse al tratamiento de las complicaciones cuando aparecen. La hipofosfatasia exige una visión más amplia, centrada en la persona y respaldada por una atención multidisciplinar coordinada. Resulta necesario mejorar la formación de los profesionales sanitarios, impulsar protocolos diagnósticos que faciliten la identificación precoz de los casos y garantizar circuitos asistenciales que integren especialidades como genética, endocrinología, reumatología, traumatología, odontología, fisioterapia y apoyo psicológico.

Pero para avanzar hacia una atención que responda verdaderamente a las necesidades de los pacientes, primero debemos conocerlas y comprenderlas. En este sentido, el informe Hipofosfatasia: la carga invisible de una enfermedad con alto impacto en la calidad de vida, elaborado por Alexion, AstraZeneca Rare Disease, con la revisión y aval de MPS Lisosomales y AERyOH, recoge la experiencia directa de pacientes y cuidadores para identificar los principales retos que todavía persisten en el abordaje de esta enfermedad. Su valor reside precisamente en poner la voz de quienes conviven con la HPP en el centro y transformar sus experiencias en conocimiento que contribuya a mejorar tanto su atención como su acompañamiento.

Las asociaciones de pacientes desempeñamos un papel fundamental en este camino. MPS-Lisosomales y AERyOH trabajamos para ofrecer información, orientación y acompañamiento a las personas afectadas y sus familias, pero también para trasladar sus necesidades a los profesionales sanitarios y a quienes toman decisiones. Nuestra experiencia constituye una fuente de conocimiento imprescindible para comprender realidades que no siempre se hacen visibles en la consulta médica.

La hipofosfatasia nos recuerda que la gravedad de una enfermedad no depende solo de su frecuencia ni de su mortalidad. También se mide por la incertidumbre que genera, por las oportunidades que limita y por el esfuerzo diario que exige para mantener una vida aparentemente normal.

Visibilizar esta realidad no es solo una cuestión de sensibilización. Resulta una condición necesaria para poder avanzar hacia una atención más justa, más coordinada y también más humana. Porque cuando una enfermedad permanece invisible durante demasiado tiempo, el sufrimiento de quienes la padecen también corre el riesgo de pasar desapercibido.

Jordi Cruz es director de MPS Lisosomales España

© LA RAZÓN

Numerosos pacientes adultos refieren escaso control clínico y ausencia de planes de monitorización definidos
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Colaboración con China derivará en salud gratis para paquistaníes

Islamabad, 30 oct (Prensa Latina) El Hospital de la Amistad Pakistán-China, reinaugurado aquí, ofrecerá atención médica gratuita a pacientes provenientes de todos los rincones del país surasiático, destaca hoy la prensa.

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La suspensión de las fiestas de Halloween en los colegios abre un debate entre familias y profesores: “El luto no se impone”

Niños disfrazados en Barcelona en una imagen de archivo.

“Estimadas familias y alumnado: Ante los tres días de luto oficial decretados por la Comunidad de Madrid, del 29 al 31 de octubre, tras el accidente ferroviario ocurrido ayer en Urda, os informamos de que queda suspendida la celebración de Halloween prevista para mañana, viernes”. El mensaje del Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid pasó de emails a grupos de padres y desembocó en conversaciones familiares sobre el luto, la muerte y la gestión de las frustraciones. Sucedió lo mismo en decenas de centros de primaria y secundaria de toda España. Algunas fiestas locales han sido igualmente suspendidas.

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¿Estrés o emoción? Por qué tu reloj inteligente no distingue la diferencia

Los relojes inteligentes o smartwatches y las pulseras de actividad se han consolidado como herramientas del sector del bienestar para registrar pasos, ejercicio, sueño y otros indicadores de salud. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) publicó en noviembre de 2024 que el 34,8 % de las personas con teléfono inteligente en España había utilizado un reloj inteligente o una pulsera de actividad, es decir, aproximadamente una de cada tres. Pero, más allá de su uso para monitorizar la actividad física, las investigaciones estudian ahora hasta qué punto estos dispositivos pueden aportar información sobre el estado de ánimo. ¿Cómo funcionan y qué pueden decirnos realmente sobre nuestras emociones?

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© Nastasic (Getty Images)

Un hombre consulta su ritmo cardíaco en un reloj inteligente.
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¿Por qué nos da miedo volver a subir a un tren después de una tragedia? Varios psicólogos lo explican

El 28 de octubre de 2026, la tragedia ferroviaria volvió a golpear a España. "Lo primero que he pensado ha sido en Adamuz. A ver quién se sube a un tren ahora", declaraba una ciudadana a los micrófonos de 20minutos desde la estación de Atocha. En cuestión de 9 meses, el país ha atravesado dos acontecimientos catastróficos que ya han dejado más de un centenar de fallecidos, 46 en Adamuz, más de 60 en Toledo.

Los trenes son el día a día de muchos españoles, en distancias largas o en distancias cortas, y el impacto psicológico ante estos sucesos afecta tanto a los que lo viven directamente como a los que lo hacen de forma indirecta. Inseguridad, miedo, fobia... son palabras que pueden entonces aparecer. Tres psicólogos explican a 20bien el porqué.

¿Por qué nos da miedo volver a subir a un tren después de una tragedia?

"No necesitamos vivir una experiencia traumática en primera persona para sentir miedo", nos explica María Huertas, psicóloga sanitaria, profesora de Psicología en el Centro Universitario ESCUNI y codirectora de Espacio Psinergia. Y aquí es donde entra en juego el aprendizaje vicario. La especialista explica que este se produce cuando las personas aprenden "observando las experiencias ajenas".

"Cuando conocemos un accidente de estas características, especialmente si las imágenes y los testimonios se repiten durante horas, resulta más fácil imaginar que algo parecido podría sucedernos a nosotros o a nuestros familiares", nos relata entonces Andrés Montero Conde, psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos.

En este sentido, los psicólogos coinciden en que hay que protegerse. "Una cosa es informarse de lo ocurrido y otra exponerse repetidamente a imágenes impactantes del accidente. Esa repetición puede aumentar el malestar emocional y mantenernos en un estado de alerta, especialmente en personas más vulnerables a la ansiedad. No se trata de mirar hacia otro lado, sino de informarnos sin someternos continuamente a contenidos que nos generan sufrimiento", explica a nuestro medio la psicóloga y co-directora de Espacio Psinergia, Gema Cortés Almansa.

Montero, de hecho, recuerda que las investigaciones realizadas tras otros acontecimientos traumáticos, como los atentados del maratón de Boston, han encontrado una asociación entre la exposición intensiva a la cobertura informativa y un mayor malestar psicológico. "En ocasiones, reducir esa exposición puede ayudar a recuperar cierta tranquilidad y evitar que el miedo ocupe todo nuestro pensamiento", complementa el psicólogo.

¿Miedo o fobia? Las señales que deberían alertarnos

Ante una tragedia como la de Toledo sentir miedo "es una reacción comprensible", explica Huertas a 20bien. Pero eso no tiene porqué significar que se va a desarrollar una fobia. "Para distinguir un miedo pasajero de un problema que necesita atención psicológica, debemos fijarnos en tres aspectos: la intensidad del miedo, cuánto tiempo se mantiene y hasta qué punto condiciona nuestra vida cotidiana", añade la especialista.

La experta en este sentido sostiene que es normal sentir cierta inquietud al subir a un tren o que aparezca más a menudo el estado de alerta durante un trayecto. Andrés Montero, por su parte, "insiste en que no debemos juzgarnos por experimentar temor después de una tragedia". El psicólogo explica que en esta situación el cerebro intenta protegernos de "una amenaza que percibe como cercana".

Ahora bien, tanto Huertas como Montero coinciden en que si el miedo se vuelve muy intenso, así como la ansiedad, y se empieza a evitar o renunciar a subir a un tren, puede ser conveniente buscar ayuda profesional.

Cómo trabajar el miedo y recuperar la confianza

El primer paso según los psicólogos es validar las emociones. Es normal sentir miedo, hay que entender qué es lo que lo desencadena y hay que respetar los tiempos. "Lo primero es no exigirse recuperar la confianza de un día para otro", explica la psicóloga Gema Cortés. La especialista recomienda, por tanto, volver a viajar en tren de forma gradual, "avanzando a nuestro ritmo, sin esforzarnos, empezando por situaciones que nos generen una ansiedad manejable".

Tanto Cortés como también María Huertas sostienen que existen estrategias terapéuticas con respaldo científico que pueden ayudar ante estos problemas. Ejemplo de ello son las intervenciones cognitivo-conductuales, que según explica Huertas "permiten trabajar los pensamientos asociados al miedo a sufrir otro accidente, las respuestas fisiológicas de ansiedad y las conductas de evitación". La especialista también habla de la terapia EMDR como una posible solución.

Lo ideal, no obstante, es aplicar las terapias de forma adaptada a la persona, pero siempre generar un espacio en el que hablar del miedo sin juicios. "No se trata de convencer a alguien de que no existe ningún riesgo, sino de ayudarle a elaborar el impacto emocional de lo ocurrido y evitar que el miedo a que suceda otra tragedia termine condicionando su vida cotidiana", concluye Huertas.

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De un hígado graso a un trasplante por cáncer, la historia de Josep: "Es el órgano olvidado"

Josep María Martínez relata a 20bien: "Me di cuenta de lo grave que era la situación cuando los médicos me dijeron que podía morir". Josep no sabía nada del hígado graso hasta que un profesional sanitario se lo detectó tras una ecografía, sin embargo, no recibió una advertencia del posible riesgo. En ese momento salió de la consulta sin darle importancia, al igual que su médico. "Como me dijeron que no era nada grave, seguí con mi vida, pero aquello acabó convirtiéndose en un problema", continúa relatándonos.

Este 30 de octubre, Día Mundial del Cáncer de Hígado, su historia sirve de base para conocer el problema que la Federación Española del Hígado (FEH) quiere visibilizar. Un 55% de los españoles no sabe qué es el hígado graso, según el barómetro publicado por la entidad que preside Martínez. Una enfermedad que afecta a una de cada cuatro personas en España y que, en su caso, acabó evolucionando a cáncer de hígado, uno de los mayores riesgos, que a su vez le llevó a necesitar un trasplante hepático.

Un diagnóstico de hígado graso que terminó en trasplante.

Josep trabajaba en un hospital cuando, durante una ecografía, una enfermera le dijo: "No te preocupes, esto es un poco de hígado graso. Esto lo tienen muchísimas personas". Pero su caso evolucionó rápidamente por una condición genética llamada hemocromatosis, un trastorno en el que el cuerpo acumula una cantidad excesiva de hierro. De un diagnóstico de hígado graso pasó a una cirrosis, de la cirrosis a una encefalopatía y finalmente a un cáncer de hígado. Los médicos, por tanto, le dieron un diagnóstico final, necesitaba un trasplante. Pero había un problema, su peso.

"Me dijeron que no podía entrar en la lista de trasplantes porque tenía sobrepeso. Puedes morirte, pero no puedes entrar en la lista porque tienes sobrepeso. No puedes. Imagínate mi situación. Pasé ocho meses intentando adelgazar y no podía, básicamente porque no me encontraba bien", explica Martínez. Pero finalmente consiguió hacerlo. Esa bajada de peso le permitió entrar en lista de espera, en la que tuvo que esperar 17 meses más.

"La lista de espera fue la peor etapa de mi vida, te lo digo sinceramente, porque supone un desequilibrio emocional impresionante. Vives con la idea de que puedes morir, pero no te llaman para el trasplante. Sabes que tienes que vivir cada día, pero el día de la llamada no llega. Llegué a un punto en el que ni siquiera podía moverme; no tenía fuerzas. Durante todo ese periodo fue muy duro emocionalmente", nos cuenta.

"Tan duro que, después de llevar un año o un año y medio, abandoné el tratamiento, lo dejé todo porque quería morir. Estaba haciendo sufrir a todo mi entorno: a mis amigos, a mi hijo y a mi pareja. Cada vez estaba peor. La llamada no llegaba. Cuando estás enfermo y necesitas algo así, lo deseas continuamente", añade. Josep no podía más, pero justo cuando estaba en este punto tan vulnerable recibió la esperada llamada, había llegado su órgano.

Alcohol, obesidad... lo estigmas del hígado graso

El barómetro publicado por la Federación Española del Hígado (FEH) también ha dejado otros datos destacables, como que el 49% de los encuestados no considera al hígado un órgano vital. "Pero sin hígado no puedes vivir. Es precisamente el único órgano sin el que no puedes vivir", destaca entonces Martínez. El estudio también recoge otras cifras como que un 92% de españoles responsabiliza al propio enfermo de su patología y solo un 24% comprende y entiende los factores genéticos y metabólicos de la enfermedad.

Lo que ahora Martínez divulga desde la FEH es que el hígado graso no es solo una cuestión de peso, tampoco de beber alcohol. En general, estas dos circunstancias han estado ligada a los problemas hepáticos, algo que vivió en primera persona. "Salía con mis amigos y, cuando les decía que tenía hígado graso, me respondían: Pero, joder, si no bebes alcohol, ¿por qué tienes eso?", relata. Martínez además nos explica que hay muchos casos en los que hay personas con sobrepeso que no tienen necesariamente hígado graso y una persona muy delgada sin embargo puede llegar a tenerlo. Sin olvidar también los casos genéticos como el suyo. Por ello desde la Federación también trabajan para acabar con el estigma.

El hígado, un órgano olvidado

Este desconocimiento sobre el hígado podría tener un culpable, como es la falta de divulgación y la ausencia de un apoyo similar al que sí reciben otras patologías. "El hígado siempre ha sido el órgano olvidado, el patito feo. Nunca hay campañas. Se habla del cáncer y del riñón, pero nunca del hígado. Una de las cosas eficaces que hacemos desde la Federación es explicar la conexión que existe entre el hígado, el corazón y el riñón. Creo que también tenemos mucho que divulgar en ese ámbito. Estamos empezando a avanzar", explica Josep Martínez.

El vicepresidente de la FEF quiere, además, pensar en positivo, el hígado graso es una enfermedad que se puede revertir. "Centrémonos en la detección precoz: busquemos a las personas que tienen hígado graso y actuemos. Es muy sencillo, pero en realidad resulta muy complicado que la Administración lo entienda. Tenemos que trabajar en ello, y ahí estamos", señala.

Josep María Martínez nos cuenta que lo básico empieza por la Atención Primaria y el índice FIB-4, un marcador de fibrosis hepática. "Si tienes un valor que no está dentro de la normalidad, algo pasa. A partir de ahí podemos actuar, hacer una ecografía o más pruebas. Es una fórmula matemática que utiliza la edad, las plaquetas y otros marcadores hepáticos. ¿Por qué no podemos hacerlo? Además, es automático y no cuesta nada. Incluyámoslo en las analíticas de Atención Primaria", sostiene y asegura a 20bien que es eso lo que están reclamando al Ministerio de Sanidad.

"Tenemos que implicarnos todos, remangarnos, poner el hígado en el centro y dar información. El hígado siempre arrastra un estigma: se asocia al alcohol, a una mala vida y a todo lo negativo. Desde la Federación intentamos hablar de salud hepática en positivo. Queremos que la gente se cuide y coma lo mejor posible dentro de sus posibilidades económicas", concluye.

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El patriarcado también mata a los hombres, según la ciencia: “La masculinidad tóxica puede promover que se ignoren problemas de salud”

En la salud de los hombres se da una profunda paradoja: a pesar de acaparar una situación de privilegio en las relaciones de poder de género y de ocupar históricamente los espacios de toma de decisiones (también en medicina), ellos viven menos años. Los hombres tienen una esperanza de vida menor y los años de vida saludable perdidos por enfermedad o muerte prematura son un 16% más que en las mujeres. ¿Por qué? Una serie de artículos publicada este jueves en The Lancet explora este asunto y conviene que no se trata solo de biología o comportamientos individuales más tóxicos. Hay raíces más profundas de esto, con determinantes estructurales, sociales y comerciales de la salud que se entrelazan. Y donde el patriarcado y los roles de género adquiridos juegan también un rol fundamental al perpetuar conductas de mala salud.

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© Jay L Clendenin (Getty Images)

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