Buscando sirenas en Nápoles
De entre los muchos lugares relacionados con las sirenas en que he estado —Copenhague, Varsovia, San Agustín (Florida) o Formentera—, Nápoles ocupa un lugar especial. Me encanta pasear por la ciudad y, en un itinerario sirénico, mientras disfruto una porción de pastiera, ir encontrándolas por todas partes, ya sea en su forma más antigua de mujeres pájaro o en la más conocida con cola de pez. De las primeras, mi favorita es la tan famosa de la Fuente de Spinacorona (popularmente “Fontana delle Zizze”, de los pechos, en dialecto napolitano) en la que la joven sirena ornitomorfa está apretándose los pequeños senos desnudos de los que brotan dos chorros de agua destinados a apagar los fuegos de una erupción del Vesubio, para proteger la ciudad. Entre las segundas, me gustan mucho las dos pequeñitas bicaudatas (de cola doble) del grupo escultórico del frontón del teatro San Carlo, y la tan jovial de la Fuente de la Sirena de la plaza Sannazaro. Siempre encuentras, además, representaciones modernas en forma de pinturas callejeras y grafitis, y otras sirenas donde menos te lo esperas.
