Meritxell Neddermann ha presentado este octubre Classic Electro Drama, un álbum que mezcla música clásica y electrónica. Pop de autor que intenta adaptarse a las modas, sin perder la autenticidad que defiende. En conversación con La Vanguardia, Nedderman habla de la dificultad de ser coherente en la era digital, y de buscar una música tan profunda como ligera.
Toda película de terror es, en cierto modo, una película sobre arquitectura: ningún otro género tira tanto de luz, espacios y perspectivas, da tanto protagonismo a una escalera o convierte una puerta en umbral e interrogación. En el cine de terror las casas se convierten en unos personajes tan famosos como (o más que) sus protagonistas, desde la mansión victoriana de Psicosis (1960) hasta la casa que parece tener ojos de Terror en Amityville (1979), de los pasillos enmoquetados del hotel Overlook en El resplandor (1980) a la pequeña cabaña de Posesión infernal (1981). Y es ante la pantalla cuando el espectador se convierte, a su modo, en un efímero creador de planos, formas y estructuras. Cada vez que gritamos a la pantalla “¡No bajes ahí!" es porque sospechamos que el arquitecto de ese viejo caserón no diseñó una vía extra de evacuación para ese sótano.
Los ecos de la tragedia de Urda siguen sonando en la cabeza de toda España. Las 69 víctimas mortales contabilizadas hasta ahora han convertido el accidente en esta pequeña localidad toledana en uno de los peores de la historia del transporte ferroviario en nuestro país. Un golpe tremendo para las familias que han perdido a alguno de sus seres queridos, para los heridos que siguen luchando por su vida y también para los supervivientes.
Entre este último grupo destaca Carmen, una mujer que ayer fue una de las más afectadas en el Pabellón de Urda, donde recibió atención psicológica. Su caso es excepcional: hace apenas diez meses también sobrevivió al trágico accidente de Adamuz. En apenas 282 días ha vivido dos accidentes ferroviarios. Una coincidencia extraordinaria que, lejos de convertir su historia en una anécdota, plantea interrogantes sobre el impacto psicológico de enfrentarse dos veces a una experiencia límite.
Su historia se conoció gracias a Carmen García, una trabajadora de Cruz Roja desplazada hasta el lugar del accidente para atender a los afectados. En declaraciones a «En Boca de Todos», la voluntaria explicó que la superviviente no iba a hablar porque estaba «muy afectada». «No tiene daño físico, pero emocionalmente está muy afectada», señaló.
Porque no todas las heridas quedan a la vista. Algunas cicatrices se esconden en el interior y pueden tardar mucho más en sanar, especialmente cuando una nueva tragedia reabre recuerdos recientes. Así lo explica a LA RAZÓN la psicóloga Tamara Arroyo: «Vivir dos experiencias tan impactantes, tan graves como estas y tan próximas puede tener un efecto acumulativo. Es decir, el segundo suceso, el de ahora, puede que esté reactivando en ella recuerdos y sensaciones del primero, además de generar el propio impacto de este suceso».
Esa acumulación puede traducirse en dificultades para dormir, imágenes que regresan de forma involuntaria, sobresaltos, miedo o una persistente sensación de inseguridad. No significa que Carmen tenga necesariamente un trastorno concreto, pero sí que lo vivido merece atención. Tras una experiencia traumática, el cuerpo y la mente pueden seguir reaccionando como si el peligro continuara presente, incluso cuando la persona ya está a salvo.
A ese impacto se suma la dificultad de procesar lo ocurrido por segunda vez. El recuerdo del primer accidente puede mezclarse con las imágenes del segundo y hacer que ambas experiencias se alimenten entre sí. Por eso, Arroyo señala la importancia de ayudar a la persona a situarse en el presente, reconocer dónde está y recordar que, en ese momento, se encuentra en un lugar seguro. Son gestos sencillos que no borran lo sucedido, pero pueden ayudar a reducir la sensación de amenaza.
También pueden aparecer emociones difíciles de conciliar. Sobrevivir puede provocar alivio, pero ese alivio no elimina el miedo, la tristeza o la angustia. Incluso puede surgir culpa por seguir viva cuando otras personas han muerto o continúan heridas. Arroyo recuerda que sentir culpa no significa ser responsable de lo sucedido. Conviene distinguir entre las emociones y los hechos, y preguntarse qué estaba realmente bajo el propio control.
En esos primeros momentos, el entorno cumple una función esencial. Escuchar sin presionar, evitar frases que obliguen a «ser fuerte» o a mirar el lado positivo y reconocer el dolor son formas de acompañar. Una persona puede sentirse aliviada por haber sobrevivido y, al mismo tiempo, continuar sufriendo. No hay una única manera de reaccionar ni un plazo idéntico para todos.
La evolución, sin embargo, no siempre es lineal. Puede haber días en los que la persona parezca haber recuperado cierta normalidad y otros en los que una imagen, un ruido o un recuerdo desencadene de nuevo la angustia. En esos momentos, contar con un entorno que ofrezca seguridad, sin exigir explicaciones ni imponer plazos para pasar página, resulta fundamental. Recuperarse no consiste en olvidar lo ocurrido, sino en conseguir que el recuerdo deje de condicionar el presente.
La recuperación requiere tiempo, seguridad y apoyo. Mantener pequeñas rutinas, descansar y apoyarse en personas de confianza puede ayudar, igual que limitar la exposición repetida a imágenes del accidente. Si el malestar es intenso, empeora o interfiere en la vida cotidiana, conviene buscar ayuda profesional sin esperar a que transcurra un periodo determinado. Existen tratamientos específicos para el trauma, como la terapia EMDR, que pueden formar parte del abordaje.
La historia de Carmen no permite anticipar cómo evolucionará su recuperación ni qué necesitará en las próximas semanas. Sí recuerda que sobrevivir físicamente no significa salir indemne. Después de dos accidentes en menos de un año, el reto no es solo dejar atrás el lugar de la tragedia, sino recuperar poco a poco la sensación de seguridad.
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Manuel Ortiz llevó a su hija al colegio como cualquier otro día. No obstante, más allá de ser miércoles, no todo parecía igual. Sonaban sirenas alrededor de la localidad de Urda, el municipio toledano en el que vive, y se temía que algo malo estaba pasando, pero continúo normal y fue al centro médico. Tenía cita, pero "vio mucho revuelo" y se empezaban a escuchar las primeras informaciones: había ocurrido un accidente de tren.
"Enseguida me vinieron a la cabeza las imágenes de Adamuz, y me temía una catástrofe igual", cuenta a LA RAZÓN el toledano, asegurando que "me temía una catástrofe igual". Inmediatamente, cogió el coche y se dirigió al lugar del accidente. "Llegué a las 9:16, poco después de producirse. Fui de los primeros en llegar a la zona".
Y al llegar, se certificaron sus peores presagios. Poco antes de las nueve de la mañana de este miércoles, un tren de AVE impactó de lleno contra el último vagón de un tren Iryo, el cual permanecía parado en la vía por orden de control de transportes. El restablecimiento de la circulación había llegado al primero, pero en teoría no al segundo. Dos vagones cayeron por el terraplén en el que se encontraban en ese momento, camino a Los Yébenes, siguiente parada a la que no llegaron.
"Un error humano", dicen desde el Gobierno, asegurando que se trataba de un "fallo de comunicación". Mientras, desde el servicio de alta velocidad niegan la interpretación del Ministerio, asegurando que "no había llegado señal ninguna".
Una tragedia mayor que la de Adamuz
Hasta ahora, más de 65 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos graves. Otros tantos desaparecidos que podrían estar entre los escombros, o bien en los cuerpos todavía sin identificar. Una tragedia todavía mayor a la de Adamuz, también en este año. Hace solo nueve meses, la localidad cordobesa lamentaba el fallecimiento de 46 personas. Una situación similar, misma línea de tren involucrada con tan solo unos kilómetros de diferencia.
"Sigo en shock, intenté ayudar en lo que pude, socorrer a los heridos. Ojalá alguien se haya podido salvar por mi ayuda". Manuel realizó varios viajes con su coche desde la zona cero del accidente hasta Urda para trasladar a las víctimas. Desde muy temprano, hizo todo lo que pudo durante el día de ayer. "El olor a catástrofe se palpaba en el ambiente, la situación era dantesca".
Como él, muchos vecinos de la localidad de Urda, de unos 2.400 habitantes, acudieron sin pensar a ayudar y hacer "lo que hiciera falta". Entre los vecinos urdeños quizás muchos se conocían, entre víctimas, no. Pero en una tragedia de este calibre, no hay nombres ni apellidos, solo personas a las que salvar su vida.
"Hemos ido todos a una. Somos un pueblo muy solidario. En cuanto me han visto, muchos me han seguido. Yo llegaba con el coche, tiraba del freno de mano y me tiraba de él casi en marcha. En ese momento te da igual todo. Y cada vez empezaba a moverse más gente".
Una de las víctimas era una joven procedente de Cantabria que viajaba en uno de los vagones. Era la última de una larga lista de personas que se socorrió, y consigo llevaba el móvil de una compañera, a la que no fue capaz de encontrar: "Su padre le estaba llamando al móvil, no daba con ella. Ha sido un momento muy duro, ojalá puedan localizarla".
Hay pocas figuras en España reconocidas únicamente por su nombre –Raphael, Chenoa, Amaia, Rosalía, Ramoncín–, muchas menos reconocidas únicamente por su primer apellido y puede que solo una reconocida por el segundo. Todo el mundo sabe quién es Palomo, el personaje, pero no tantos que su nombre completo es Alejandro Gómez Palomo. Alejandro nació en Posadas, Córdoba, y tiene 34 años. Palomo ha cumplido diez como firma y también como gran personaje de la moda española del siglo XXI. Ha conseguido que una propuesta revolucionaria y desafiante llegue al gran público, a las pasarelas internacionales, a acuerdos con todo tipo de marcas y a los famosos más absolutamente famosos del mundo. Y el hombre detrás de Palomo, gracias a su presencia constante en medios, se ha convertido en una figura en sí mismo, uno de esos modistas que consiguen llegar a una audiencia que tal vez no sepa de patrones o costuras, pero reconoce el impacto cultural y las hechuras que definen a una estrella. En ICON hemos pedido a Palomo y a Alejandro Gómez Palomo, a los dos a la vez, que repasen los cinco momentos que han definido esta década que ha pasado desde el nacimiento de su marca.
La pequeña localidad toledana de Urda ha llenado titulares, minutos de radio y televisión y vídeos en redes por el accidente sufrido al chocar un AVE y un Iryo en la línea de alta velocidad que une Madrid y Andalucía. Un pueblo que ha hecho gala de eso tan español como es la solidaridad y la ayuda cuando la tragedia golpea con la fuerza con la que ambos trenes impactaron en las vías manchegas.
La respuesta vecina de Urda se ha convertido en el principal soporte de ayuda de los supervivientes del accidente en un primer momento. Más de 500 habitantes de este pueblo se han movilizado enseguida para ayudar en la medida de lo posible a quienes intentaban salir por su propio pie de ese amasijo de metal en el que se habían convertido los vagones de ambos trenes.
Uno de los primeros en llegar a la zona fue Manuel Ortiz, convertido en ángel de la guarda de las personas que intentaban encontrar ayuda en mitad del campo manchego. «He llegado de los primeros y al principio me he quedado un poco atrás, pero luego he llegado más a la zona cero. He llegado, he tirado del freno de mano y me he tirado del coche casi en marcha. Me daba igual todo. He ido a por ellos», recuerda este vecino de Urda, que ha dejado atrás su aprensión para ayudar «como habría hecho cualquiera».
Manuel, que se enteró después de dejar a su hija en el colegio y mientras estaba esperando a ser atendido en el centro médico, hizo de conductor de las víctimas al acercarlas a los centros habilitados para ayudar. Y entre sus pasajeros, se queda con una escena: «Me he llevado a una chica de Cantabria, que ha sido la última que me he llevado, que llevaba el móvil de una compañera a la que no era capaz de encontrar y el padre de esa compañera estaba llamando al móvil. Ha sido muy duro. Sigo en shock. He intentado ayudar en lo que he podido, socorrer a los heridos y si alguien se ha podido salvar por mi ayuda, mejor que mejor».
Ortiz se puso al volante de un coche que hizo varios viajes hacia el pabellón de Urda, donde decenas de vecinos se agolpaban alrededor de diferentes furgonetas que llevaban mantas, hielo, agua y sillas. Dentro esperaban otros tantos voluntarios como Elisabeth, que se enteraba en el gimnasio. No dudó en dejarlo todo. Volvió a casa y se puso al servicio de los demás, repartiendo comida y bebida. «La imagen que más me llama la atención de la gente aquí en el pabellón son las miradas perdidas. Eso te llega al corazón, esa mirada perdida de no saber dónde estás. Y también supongo que es la mirada perdida del horror de lo que han visto».
Otro de los vecinos de Urda que más se volcó en la ayuda tanto a las víctimas como a los servicios de emergencia fue Miguel, dueño del bar La Piscina. Un local que habitualmente abre para dar desayunos hasta las 12 de la mañana y que ayer no cerró sus puertas en todo el día. «No ha dejado de pasar gente. De hecho, nos hemos quedado sin pan para poder hacer más bocadillos. Ha sido una locura de día».
José Manuel Pastrana, sacerdote en Consuegra, tardó pocos minutos en ponerse la camisa y el alzacuellos y coger su coche para recorrer los 13 kilómetros que le separaban de Urda. No se quedó en el pueblo, sino que fue a la zona cero. «Desde el primer momento que llegas aquí todo es dantesco, toda la situación con cuerpos fallecidos, órganos esparcidos por distintos sitios. No tengo palabras para describirlo. Era el momento de estar y escuchar a quienes necesitaban ayuda. Ha sido incluso bonito poder hablar y atender a los heridos y que me pidan que rece por todos».
Efectivos de emergencia
La ayuda ciudadana fue fundamental hasta que llegaron los servicios de emergencia, que también se movilizaron en masa hasta Urda. La UME fue ejemplo de ello, duplicando el dispositivo inicial con 200 efectivos en la zona. Su principal objetivo era la localización urgente y el rescate de personas atrapadas, así como la estabilización del entorno mediante la apertura de vías de acceso y la retirada de elementos ferroviarios de gran tonelaje.
Para las labores de búsqueda y rescate intervinieron sobre el terreno un equipo de búsqueda técnica, un equipo cinológico, una Sección de Zapadores y un equipo de aeronaves pilotadas por control remoto, fundamentales para la inspección y reconocimiento visual de zonas de difícil acceso, según reconoció el Ministerio de Defensa.
Todo fue poco para intentar paliar los efectos de una tragedia que ha afectado a más de un centenar de personas y a sus familias.
Asimismo, la dimensión de la tragedia provocó la necesidad de colaboración por parte de las instituciones hospitalarias. Las víctimas del accidente fueron atendidas durante todo el día tanto en el pabellón de Urda como en centro de mando situado en el lugar del siniestro, así como en los hospitales de Toledo, Alcázar, Ciudad Real, Albacete y Madrid, que abrió las puertas de La Paz, 12 de Octubre, Getafe, Puerta de Hierro, La Princesa, Fundación Jiménez Díaz y Hospital del Henares, Hospital del Tajo, Hospital de Fuenlabrada y el Hospital de Torrejón, donde fueron trasladados los heridos durante toda la tarde del día de ayer.
Por su parte, Cruz Roja movilizó a unas 150 personas tras el accidente. Este dispositivo se centró en dos tareas: el apoyo psicosocial y la entrega de avituallamiento a los pasajeros que se quedado bloqueados a la espera de una solución a su situación. En estos momentos, las prioridades para Cruz Roja son la identificación de los fallecidos, así como el apoyo y acompañamiento a sus familiares y amigos, que buscan noticias tanto en la estación de Atocha como en Urda o en Toledo, según señaló a Ep el director de Emergencias de Cruz Roja Española, Íñigo Vila. Asimismo, el responsable de la ONG explicó que «siempre viene bien» y «es necesario» contar con donaciones de sangre.
Los heridos encontraban refugio en los hospitales y las familias que no tenían noticia de los suyos lo tenían en el colegio de Urda, que abrió sus puertas a quienes llegaban hasta el corazón de La Mancha preguntando por un hijo, un padre o un amigo del que no tenía noticias desde las 8 de la mañana. Las lágrimas eran sus compañeras de viaje, mientras esperan una llamada o un mensaje de esperanza después de una tragedia que ha vuelto a encoger el corazón de todo un país.
La imagen se repite en el interior del pabellón habilitado en Urda para los heridos en el accidente, donde hasta el momento han fallecido 68 personas. Un sanitario intenta poner orden en el caos, mientras decenas de heridos tratan de encontrar entre lágrimas una explicación a lo sucedido. Fuera, decenas de voluntarios empiezan a llegar con sillas, agua, hielo y mantas para ayudar a las más de 100 personas lesionadas que desde el pabellón empiezan a ser conscientes de la situación.
Los pasajeros pasan por las manos de los servicios médicos para curar cortes, heridas y hematomas. Esos son los golpes que se ven. Hay otros para los que no hay vendas ni apósitos. Son los que quedarán en el interior de quienes han vivido en primera persona una de las mayores tragedias ferroviarias en la historia de nuestro país. La segunda en apenas 10 meses desde que el accidente de Adamuz tiñera de negro el transporte ferroviario en España.
Uno de los pasajeros que ha conseguido salir por su propio pie de los trenes es Alberto. Pasajero del coche 3 del AVE, no es capaz de encontrar palabras para expresar todo lo que siente unas horas después del siniestro. Solo es capaz de contener las lágrimas. “Afortunadamente mi vagón era de los últimos”, asegura a LA RAZÓN, una vez conseguido calmar los nervios. “Ha sido horroroso. Hemos pasado por encima del Iryo. Solo recuerdo del impacto un segundo que es eterno, luego la oscuridad y agacharme para protegerme. Nos hemos tenido que ayudar para salir. En mi vagón había un trozo de vía atravesado por el techo. Y debajo había un hombre”.
Las emociones cortan las palabras. Sin embargo, Alberto encuentra fuerzas para pedir explicaciones ante un accidente que no llega a comprender: “Hemos chocado con el Iryo que iba delante, también con el mismo destino. Es incomprensible que un tren con tres paradas solo tenga 5 minutos de margen con respecto a nosotros, que solo hacemos una. Hemos estado parados unos 12 minutos antes y nos dicen desde cabina que es un problema de tráfico. No sé si había una carrera de vacas. No entiendo eso del tráfico. Y recibimos un mail de que hay percances en la infraestructura, y justo en ese momento se produce el impacto”.
Alberto consigue mantener la compostura ante las preguntas de la prensa. Eduarda, por contra, no consigue contener las lágrimas. Sus 17 años todavía guardan una inocencia que esta mañana se ha borrado por completo entre imágenes que no olvidará nunca. “Iba con mis gatos, intentando dormir, cuando sentí un impacto enorme. Me comí la mesa que había delante y los gatos también salieron disparados. Pensaba que se había detenido por un fallo, pero de repente he empezado a ver gente ensangrentada en mi vagón, gente gritando... Y ahí es cuando decidimos salir”.
"Me ofrecí a ayudar y me dijeron es que me quedara con los heridos, que no se durmieran porque se podían morir"
A Eduarda y al resto de los pasajeros que salían por las ventanas todavía les quedaba lo peor. “Una vez que salí, es cuando vi todo lo que había pasado. Había fuego en un vagón y yo he visto gente llena de sangre o que se le veían los huesos. Una persona había perdido el pie”, recuerda esta adolescente que viajaba a Sevilla a ver a su hermana. “Había un vagón volcado con toda la gente herida y gritando por el dolor. Ha sido una catástrofe y muy traumático. No se lo deseo a nadie. Yo estoy bien, pero no puedo procesarlo. Hay mucha gente jodida”.
Los gritos de los pasajeros atrapados entre los amasijos de hierro alertaban a aquellos que podían ponerse en pie. Fue una alarma que activó el sentido de la solidaridad entre los afectados. Todos querían ayudar, como recuerda Eduarda, que viajaba en el vagón número 6 del Iryo: “Yo me ofrecí a ayudar y ahí lo que me dijeron es que me quedara con ellos, que no se durmieran porque se podían morir”.
Han sido minutos de caos y de incertidumbre. Momentos en el que los nervios afloraban en su versión más aterradora. Pero, ¿y minutos antes, cómo estaban los vagones? Tania viajaba en el Iryo y recordaba el instante antes de que su tren fuera embestido por el AVE: “Nos quedamos parados 15 minutos y después de ese tiempo arrancó y frenó de golpe. Justo después, un impacto muy grande, y ya hemos visto de todo. Gente por el suelo, gente volando, gente sangrando. Inmediatamente abrieron las puertas de nuestro vagón y pudimos salir”, recuerda otra de las víctimas leves de una tragedia de la que todavía se desconoce la verdadera dimensión.
"Ha saltado todos por los aires, parecía que estabas volando", relata Fernando
Otra de las personas que viajaba en el AVE, como hace cada miércoles para ir de Madrid a Sevilla, es Manuel Banderas. El actor va todas las semanas a la capital hispalense para grabar un programa de Canal Sur. Nada le hacía presagiar lo que iba a pasar cuando su AVE salía de Atocha con dos minutos de retraso con respecto al horario previsto. "Lo que he visto es un horror", aseguraba en Onda Cero. “Iba en el vagón 2 del AVE de las ocho de la mañana. Ha habido varios parones por acumulación de tráfico hasta que se ha producido un frenazo muy fuerte y ya sólo recuerdo dar vueltas en el suelo”.
Son los testimonios de un accidente que ha vuelto a abrir el interrogante sobre la seguridad de un sistema que contaba con la confianza de todos los viajeros españoles y que hoy se ha colocado en el disparadero por imágenes como la que relata Fernando: “Ha saltado todos por los aires, parecía que estabas volando. Lo importante es que esto no vuelva a pasar”. O Rosa, otra víctima que ha salido del pabellón de Urda con un golpe en la cara: “Me he tenido que tapar la cabeza, porque han empezado a caer cosas. Ha sido un desastre. Yo me encuentro bien, pero no todos han podido decir lo mismo. Enseguida nos hemos ayudado entre todos, ha venido la Guardia Civil y aunque había dificultades para salir, he tenido suerte de poder salir porque había gente aprisionada".
Eran las 8:53 de la mañana cuando España volvía a escuchar el ruido del hierro doblado y el chirrido de frenos que no llegaron a parar. Apenas 283 días después del trágico accidente de Adamuz, las líneas de alta velocidad del país volvían a parar en seco como escenario de una nueva tragedia. Lo que hasta ese 18 de enero parecía improbable, este miércoles se convirtió en imposible cuando a esa hora un AVE chocaba por detrás con un Iryo en la línea Madrid-Andalucía. Por segunda vez en menos de diez meses. Por segunda vez en apenas 220 kilómetros. Los que separan Adamuz de Urda, la localidad de Toledo que se ha convertido en el nuevo centro del dolor.
Este pequeño pueblo, conocido por el Santísimo Cristo de la Veracruz, saltaba a los titulares de todas las redacciones del mundo pocos minutos después de las 9:00, cuando empezaba a hacerse pública una nueva tragedia ferroviaria que se ha cobrado al menos 68 víctimas mortales.
Un impacto brutal que hizo descarrilar los dos últimos vagones del tren de Iryo, que acabaron cayendo por un terraplén. En unos instantes, el paisaje ferroviario quedó transformado en un escenario de metal doblado en escorzos imposibles, estructuras desplazadas y viajeros que necesitaban ayuda para salir de los vagones.
La primera comunicación de ADIF habló de un «alcance» entre dos trenes y anunció la interrupción de la circulación en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía. La palabra «alcance», propia del lenguaje ferroviario, se quedaba corta para lo que estaba sucediendo sobre el terreno. A medida que avanzaban las primeras noticias, la dimensión del siniestro empezó a dibujarse con mayor claridad: había personas fallecidas, heridos de distinta consideración y viajeros atrapados en los convoyes.
Los datos iniciales, necesariamente provisionales, fueron dando paso a un balance cada vez más doloroso. Un accidente cuyas causas todavía se desconocen y que habrá que investigar, pero del que se conocen pequeños detalles gracias a los testimonios de quienes lo vivieron en primera persona.
Es el caso de Miguel, uno de los pasajeros del AVE, que ha recreado los hechos para LA RAZÓN, recordando que el tren había permanecido parado apenas 30 minutos después de salir de Madrid por una incidencia de tráfico en la vía. Entre cinco y 10 minutos después de reanudar la marcha, volvió a detenerse, aunque en esta ocasión de forma abrupta, al chocar contra un Iryo, que llevaba ya tiempo parado en la vía.
Nada hacía prever lo que acababa de ocurrir. Sobre todo vistas las circunstancias, en un día despejado y en una recta sin obstáculo alguno.
Ese choque inexplicado e inexplicable todavía ha convertido a Urda, una localidad toledana acostumbrada al ritmo de una comarca del interior, en el centro de una emergencia de grandes dimensiones. La respuesta exigía coordinación, medios sanitarios y equipos especializados capaces de acceder a los vagones dañados. Guardia Civil, bomberos del Consorcio Provincial de Toledo y Ciudad Real, voluntarios de Protección Civil y profesionales sanitarios se desplazaron hasta la zona.
Mientras unos equipos se ocupaban de acceder a los trenes y auxiliar a los pasajeros, otros organizaban la atención médica, clasificaban a los heridos según la gravedad de sus lesiones y preparaban los traslados a los hospitales.
A las 9:15 horas, el Gobierno de Castilla-La Mancha activó el Plan Territorial de Emergencia en situación operativa 1. Se estableció un puesto de mando avanzado para coordinar las actuaciones y se preparó un dispositivo médico sobre el terreno.
La prioridad era inmediata y concreta: llegar hasta cada persona que necesitara asistencia determinar la gravedad de las lesiones y garantizar que los heridos pudieran recibir atención cuanto antes. En una tragedia ferroviaria, el tiempo adquiere otra medida. Los minutos pasan a ser el espacio en el que se busca a un pasajero, se atiende una herida o se intenta rescatar a alguien que todavía no ha podido abandonar el tren.
La emergencia también se extendió más allá de las vías. El Ayuntamiento de Urda habilitó el pabellón polideportivo municipal para ofrecer una primera atención a los afectados. En paralelo, se preavisó a los equipos de atención psicológica de Cruz Roja y a profesionales del ámbito social, necesarios para acompañar a quienes habían vivido el accidente y a quienes aguardaban noticias de sus familiares.
Con el paso de las horas, el balance fue creciendo. Las informaciones hasta el cierre de esta edición situaban en al menos 68 el número de fallecidos y en torno a 179 el de heridos, algunos de ellos en estado muy grave.
Las cifras, estremecedoras, daban una dimensión humana a lo ocurrido en las vías toledanas. Detrás de cada número había una persona con una historia propia, un destino al que no llegó, una llamada pendiente o una familia que esperaba su regreso.
El recuento de víctimas, además, seguía sujeto a la evolución de la emergencia y a la confirmación de los datos.
La alta velocidad está hecha de distancias que se acortan, de horarios medidos al minuto y de trayectos que parecen repetirse sin sobresaltos. Los pasajeros suben a bordo con la confianza de que el tren los acercará a su destino y de que, al final del recorrido, la vida continuará donde la dejaron.
Pero esta confianza se ha roto por completo después de dos tragedias en diez meses. La investigación podrá reconstruir la secuencia del accidente, las cifras permitirán dimensionarlo, pero ninguna cronología bastará por sí sola para contar lo esencial: las vidas truncadas que se quedaron en esas vías.
Loculi es un pueblo de poco más de 500 habitantes en la comarca de la Baronia, a 34 kilómetros de Nuoro, en el interior oriental de la isla de Cerdeña. Nada en su aspecto invitaba a pensar que bajo una de sus calles hubiera algo de este tamaño, pero en 2019 empezaron a aflorar estructuras […]
In 2019, workers preparing the ground for a gas pipeline and a new parking lot in the village of Loculi, in the interior of Sardinia, began to find ancient structures. Seven years later, those structures belong to an archaeological site of about 700 square metres (7,500 square feet). The remains it holds range from the […]
El presidente de Iryo, Carlos Bartomeu, ha hecho unas declaraciones a LA RAZÓN por el accidente de tren ocurrido esta mañana en Toledo. Expresaba su condolencia y su dolor por las víctimas: "Es un momento de profundo dolor y de duelo por algo que no tendría que haber pasado nunca. Y ha pasado otra vez". Insistía además en que "el primer mensaje es de condolencias a las víctimas y sus familias y ponemos a su disposición todos los medios de la compañía para ayudarles y poner a su servicio toda la logística que se necesita en estos momentos".
En este momento ha preferido "no contestar a preguntas sobre las causas" porque "ya lo viví la otra vez, hace nueve meses y no me había pasado en 31 años en el sector de los transportes". "Las causas se investigarán, hay que saber qué ha pasado para que esto no vuelva a pasar", concluía.
¿Cuáles son las primeras hipótesis sobre el accidente de trenes?
Las primeras hipótesis sobre el accidente ferroviario de Toledo señalan una posible combinación de factores: una avería en el sistema de seguridad de la línea y un presunto fallo en las instrucciones transmitidas desde el centro de control de Adif. Por el momento, esta explicación es provisional y no existe una causa definitiva del siniestro, por lo que la investigación podría abrir otras vías en las próximas horas.
En el momento del choque, el sistema de protección automática LZB, instalado en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, se encontraba fuera de servicio debido a una avería. Este mecanismo controla de forma continua la velocidad de los trenes y la distancia que mantienen con otros convoyes u obstáculos. Si detecta una situación de riesgo, puede ordenar una frenada automática para evitar un accidente. Ante su falta de funcionamiento, la circulación se estaba gestionando mediante el denominado Bloqueo de Señalización Lateral (BSL), un procedimiento alternativo que obliga a los maquinistas a guiarse por las señales luminosas situadas junto a la vía.
La avería habría provocado la detención de varios trenes que circulaban por la línea. Entre ellos se encontraría, según las primeras informaciones, un convoy de Iryo que cubría el trayecto Madrid-Sevilla y que permaneció parado en la vía. El accidente se habría producido después de que el centro de control de Adif en Atocha autorizara presuntamente a un AVE de Renfe que circulaba detrás a reanudar la marcha, pese a que el tren de Iryo todavía no había abandonado la vía.
De acuerdo con fuentes del Ministerio de Transportes citadas por Europa Press, el centro de control habría dado permiso para recuperar la circulación normal cuando la avería del LZB obligaba, conforme a la normativa, a que los trenes avanzaran con marcha a la vista y a una velocidad máxima de 40 km/h. Sin embargo, el AVE habría alcanzado aproximadamente los 200 km/h antes de colisionar por detrás con el convoy de Iryo, a las 8.53 horas.
¿Cuál es la cifra de víctimas mortales y heridos hasta el momento?
Por el momento, se estima que el accidente ferroviario habría causado al menos 68 víctimas mortales. No obstante, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha informado a los medios de que hay alrededor de 80 heridos de diversa consideración, por lo que la cifra de fallecidos podría incrementarse en las próximas horas.
Desde LA RAZÓN hemos podido contactar con Tania, una de las víctimas del accidente de tren producido esta mañana en Toledo. Según declaraba, el vehículo de Iryo en el que viajaba estuvo parado durante 15 minutos, y después volvió a arrancar, aunque que frenar de golpe. "Hubo un impacto muy grande, y justo después vimos de todo: gente por el suelo gente volando, personas sangrando...", comentaba.
"Inmediatamente después abrieron las puertas de nuestro vagón y pudimos salir", explicaba. En el momento en el que daba las declaraciones a la prensa, Tania tenía sangre "por un golpe en la nariz", y aseguraba que después del impacto tuvo que cubrirse la cabeza porque empezaron a "caer cosas". "Ha sido un desastre. Yo me encuentro bien, pero no todos igual", declaraba.
Después del accidente, "Enseguida nos hemos ayudado entre todos, ha venido la Guardia Civil y aunque había dificultades para salir, he tenido suerte de poder escapar, porque había gente aprisionada", concluía.
¿Qué ha causado el accidente de trenes en Toledo?
Las primeras hipótesis sobre el accidente ferroviario de Toledo señalan una posible combinación de factores. Una avería en el sistema de seguridad de la línea y un presunto fallo en la gestión del tráfico desde el centro de control de Adif. Por el momento, sin embargo, esta explicación es provisional y no existe una causa definitiva del siniestro, por lo que no se descarta que las próximas horas aporten nuevas hipótesis.
Uno de los elementos clave es el estado del sistema de protección automática 'LZB', instalado en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Este dispositivo, encargado de supervisar de forma continua la velocidad de los trenes y la distancia que mantienen con otros convoyes u obstáculos, puede activar el frenado automático cuando detecta una situación de riesgo. No obstante, el sistema se encontraba averiado en el momento del choque, lo que obligaba a recurrir al Bloqueo de Señalización Lateral (BSL), un procedimiento alternativo en el que los maquinistas deben guiarse por las señales luminosas colocadas junto a las vías.
La incidencia habría provocado la detención de varios trenes que circulaban por la línea. Entre ellos, según las primeras informaciones, se encontraba un convoy de Iryo que cubría el trayecto entre Madrid y Sevilla y que permaneció parado en la vía. La situación podría haberse agravado cuando, presuntamente, el centro de control de Adif en Atocha autorizó al AVE de Renfe que circulaba detrás a continuar la marcha sin que el tren de Iryo hubiera abandonado la vía.
Según fuentes del Ministerio de Transportes citadas por Europa Press, el centro de control habría dado permiso para recuperar la circulación normal pese a que, ante la avería del LZB, la normativa establecía que los trenes debían avanzar con marcha a la vista y a una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora. Sin embargo, el AVE habría llegado a alcanzar unos 200 km/h antes de colisionar por detrás con el tren de Iryo, a las 8.53 horas.
¿Cuántas personas han muerto y cuántos heridos hay hasta el momento?
El balance provisional del accidente ferroviario apunta, por el momento, a al menos 68 víctimas mortales. No obstante, la cifra podría aumentar en las próximas horas, ya que el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha informado a los medios de que hay alrededor de 80 heridos de distinta gravedad.