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Dos años luchando para que reconozcan a un familiar como víctima mortal de la dana: “Esto no se lo deseo a nadie”

29 October 2026 at 04:30
En Valencia, María Rodríguez Vivanco sostiene un cartel con una foto de su hija y unas ecografías de su futura nieta. La hija, embarazada de ocho meses, falleció durante la dana de 2024

María todavía no ha podido pasar página de la tragedia que fue la dana del 29 de octubre de 2024. Aún se encuentra inmersa en un proceso tan sensible que ha pedido no publicar su identidad real, por lo que este es un nombre ficticio. Dos años después de que sucediese la riada más fuerte del siglo XXI que dejó 233 muertos, esta mujer sigue luchando para que reconozcan a su madre como una víctima más de las inundaciones. Su progenitora era una de las usuarias de la residencia Savia de Paiporta, donde el agua irrumpió aquel día y dejó, según especifica el sumario de la causa, al menos seis fallecidos. La madre de María estaba también allí, pero no murió esa tarde porque fue rescatada por los trabajadores del centro. Permaneció durante horas mojada y cogió una neumonía que acabó con su vida en un hospital de Valencia cuatro días después. “Estoy con mucha ansiedad y con tratamiento psicológico porque es un proceso muy costoso y muy doloroso hasta que esto se averigüe”, explica la hija.

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Ana María Gil García posa junto al barranco de Catarroja con una fotografía de su padre, Pedro Gil Ruiz, fallecido a causa de un infarto agudo de miocardio en su domicilio.

Repor dana.

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Los datos que desnudan el discurso del PP de Mazón sobre la dana: el 90% de las muertes fue antes del envío de los dos ES-Alert

29 October 2026 at 04:30

Detrás de los números a veces se esconden verdades desoladoras. El 1, por ejemplo, es con el que los telediarios bautizaron a José Fernández en la noche del 29 de octubre de hace dos años, mientras una dana terminaba por arrasar Valencia. El primer muerto conocido por las inundaciones, así lo definieron numéricamente. Fernández tenía 64 y aquella tarde estaba con su mujer Isabel en casa, en un cuarto piso de un edificio de Massanassa. Sobre las 18.00, bajó al garaje para sacar el coche, ante el miedo de que se inundase el trastero. Isabel, mientras, se puso a tender la ropa. Y en un momento, al asomarse a la ventana, contempló con pánico cómo una ola grande recorría la calle con coches flotando. Fue a buscar a su marido, pero se había quedado atrapado en el ascensor. Le escuchó pedir auxilio una y otra vez. “Pero ¿cómo podía ayudar? Nadie en ese momento podía ayudar. No tienes los medios. Es una situación de impotencia”, explicó entonces Isabel. Ambos desconocían la magnitud meteorológica ni tampoco recibieron una alerta en sus móviles que les advirtiera de los peligros de estar en plantas bajas o salir a la calle. El ES-Alert, de hecho, tardaría en llegar dos horas después de que Fernández bajara al garaje. A las 20.11, cuando sonó el primer mensaje masivo, 182 de las 233 víctimas mortales de la dana ya habían fallecido y la situación de decenas era insalvable.

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© Emilio Morenatti (AP)

Dos vecinos de Paiporta se abrazan durante las labores de limpieza de la ciudad, días después de la dana del 29 de octubre de 2024.
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