Los ocho libros de la semana: de un enigmático debut anónimo a un análisis del género del ‘true crime’
El canon Formentor

© ARCHIVO FUNDACIÓN FORMENTOR (EL PAÍS)

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Hace años, en un congreso de historia, alguien tuvo la idea de que los asistentes echaran una moneda a un bote común cada vez que se citaba el nombre de Chris Wickham (1950-2026). Les dio suficiente para pagarse varias rondas en un bar después de las sesiones. La anécdota ilustra hasta qué punto la obra de Chris Wickham, fallecido el pasado 9 de octubre, ha marcado el estudio de la Edad Media. Nadie como él sabía conectar épocas, regiones o temas y plasmarlo en deslumbrantes interpretaciones. Podía hacerlo porque sus conocimientos eran tan vastos que asombraban hasta a los especialistas más avezados. Manejaba papiros árabes o documentos de la Genizá de El Cairo con la misma solvencia con la que indagaba en los polípticos carolingios, en los statuti comunali de ciudades medievales italianas o en los pipe rolls ingleses, y sabía destilar hasta la última gota de crónicas latinas, árabes o bizantinas para extraer cuanto ayudara a entender las sociedades en las que vivían sus autores.

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Manuel Álvarez Junco (Zamora, 78 años), profesor titular en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y artista gráfico, recuerda que durante mucho tiempo evitó regalar calaveras traídas de México porque a sus amistades en España “les sentaba mal y hasta se ofendían”. La anécdota refleja dos formas de relacionarse con la muerte: mientras que en España, y gran parte de Europa, suele asociarse al duelo y a la solemnidad, en México, el Día de Muertos la incorpora a una celebración familiar, con ofrendas, flores, tumbas adornadas, comida y música.

Las redes sociales fueron recibidas hace 20 años como un gran espacio de libertad. Hoy en día ya sabemos que se han convertido en plataformas dedicadas a encubrir a delincuentes anónimos; en espacios que favorecen la mentira, la injuria y la calumnia, los mensajes de odio; que acogen los acosos sexuales y personales, la xenofobia, el machismo y el racismo, la pederastia, la pornografía infantil, los mensajes yihadistas; en lugares donde se permiten las suplantaciones de identidad (las últimas han sido las sufridas en cuentas del PP el pasado miércoles por los socialistas Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos, entre otros). Por si fuera poco, su maquinaria utiliza algoritmos con sesgos polarizadores y sus directivos aplican ingenierías fiscales para evadir impuestos en los países donde obtienen los ingresos.

© Noah Berger (AP Photo / Lapresse) (EL PAÍS)