French minister warns of 'very high' violence risk as country braces for Halloween protests


Munch y Picasso nunca se conocieron, pero sus obras sí han terminado encontrándose. Lo hacen en Málaga, en una de las exposiciones más ambiciosas de la pinacoteca desde su inauguración en 2003. La muestra «MUNCH-PICASSO» reúne más de un centenar de pinturas, grabados y dibujos que proponen un diálogo inédito entre ambos creadores.
La exposición, que se inauguró ayer bajo el paraguas de la mismísima reina Sonia de Noruega, ha sido organizada junto al Munchmuseet de Oslo y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso. Detrás hay dos años y medio de trabajo y una idea que Paloma Alarcó, la comisaria de la exposición, se formuló desde el principio. Plantearlo «como si Picasso invitara a Munch a su museo para mantener juntos una conversación imaginaria» en cuanto al «lenguaje universal del arte».
La respuesta a ese planteamiento ha terminado ejecutándose a través de siete ámbitos bien ordenados y repartidos por la muestra. Autorretratos, Frente a la muerte, Nocturnos, Femme fragile-Femme fatale, Amor-dolor, Desnudos y Alegría de vivir. Alarcó explica que «enseguida me percaté de que las obras de uno y del otro se expresaban con un misterioso y enigmático parecido». No se trata de hacerlos iguales. La exposición funciona porque no lo son, aunque si compartieron una misma época marcada por las vanguardias, la innovación, las guerras y –es relevante insistir– los derechos de la mujer. Coincidieron en vida 62 años.
Una conversación imaginaria –volviendo a la exposición– que se vuelve especialmente intensa en las salas dedicadas a la mujer. En Munch, la figura femenina oscila entre la fragilidad, el deseo y la amenaza. «Pubertad» coloca a una joven sentada al borde de una cama. «Cenizas» lleva esa tensión a un territorio más oscuro. Y después están las melenas, uno de esos detalles que dejan de ser detalle. Cabellos que caen, rodean y terminan atrapando. Alarcó se detiene ahí porque en varias obras de ambos artistas el cabello actúa como una red que altera la relación entre los cuerpos.
En la imagen de arriba, «Cenizas», de Edvard Munch. La larga melena rojiza de la mujer se prolonga hacia el hombre, encogido y con el rostro entre las manos, hasta convertirse casi en una red que todavía lo mantiene atrapado. El cabello es uno de los símbolos recurrentes en la obra del noruego para representar la atracción, el deseo y el poder que se establece entre los cuerpos, una tensión que aquí permanece incluso cuando el vínculo amoroso parece haberse consumido.
A finales del siglo XIX, mientras cambiaba la presencia de las mujeres en el espacio público, Munch escribió que «en la época de transición, el hombre se convierte en el sexo débil». La frase ayuda a entender un imaginario atravesado por la atracción y el temor. Picasso llega al mismo conflicto desde otras formas. El cuerpo femenino se deforma, se fragmenta y pierde cualquier voluntad de armonía clásica. Las relaciones que mantuvo Picasso con Olga Khokhlova, Marie-Thérèse Walter o Dora Maar forman parte –como no puede ser de otra manera– de ese trasfondo, aunque la exposición no reduce las obras a una traducción sentimental o biográfica. Es decir, también entran en juego la mitología, el surrealismo y la voluntad de llevar la figura hasta sus límites.
Ese conflicto continúa en Amor-dolor, donde las relaciones entre hombres y mujeres pierden cualquier apariencia amable. «Ambos combinan esa dicotomía entre amor, dolor, amor y violencia», explicó Alarcó durante la presentación de la muestra. Ahí se enfrentan obras como «La asesina», de Munch, y «Mujer con estilete», de Picasso. El vínculo sentimental aparece aquí marcado por los celos, el rechazo, la posesión o el miedo. Más que un capítulo separado del anterior (el de Femme fragile-Femme fatale), es –podríamos decir– su consecuencia más áspera.
Pero reducir esta muestra a esos paralelismos sería quedarse en la superficie. La exposición quiere demostrar algo más difícil. Que dos artistas de generaciones, geografías y lenguajes distintos participaron de una misma transformación del arte moderno. «Los dos cuestionaron las estructuras artísticas y sociales de su tiempo y su intención era hacer tambalear las viejas creencias», señaló Alarcó. Y los dos, añadió, «crearon un lenguaje nuevo, un lenguaje visual distintivo y experimental».
Ahí está una de las claves del proyecto. No han buscado demostrar que uno copiara al otro ni construir una influencia que no existió, sino ampliar la lectura de sus obras. «De esta exposición me interesa destacar que el arte trasciende fronteras», insistió la comisaria. Porque la modernidad, defendió, «fue un fenómeno amplio y transnacional». París aparece inevitablemente como el epicentro indiscutible de las vanguardias del siglo XIX y principios del XX, pero deja de ejercer como el único centro desde el que explicar todo lo ocurrido.
Picasso, de hecho, no creció ajeno a lo que sucedía fuera de la capital francesa. Alarcó recordó que la Barcelona de finales del XIX «era una ciudad que miraba al norte», donde se representaba a Ibsen y Strindberg y existía interés por Munch y otros artistas nórdicos. El movimiento terminó produciéndose también en sentido contrario. En el 1912 Munch acudió a la gran exposición de la Sonderbund de Colonia, donde vio al Picasso cubista. Fueron los dos únicos artistas vivos que dispusieron de una sala propia. Munch, explicó Alarcó, tuvo ante aquellas obras «dobles sentimientos de rechazo y de contagio».
Así las cosas, la primera parte de la exposición, según la comisaria, «adopta un carácter un poquito más biográfico». En Autorretratos, ambos convierten su propia imagen en materia de investigación. En Frente a la muerte, «La niña enferma», de Munch, queda frente a «La mujer muerta», de Picasso. Detrás están las pérdidas que conocieron muy pronto los dos artistas. «Los dos fueron conscientes de que arte y vida, biografía y estilo son inseparables», sostuvo la comisaria.
La noche, otro tema de la exposición. «Noche estrellada», de Munch, y «Barcelona de noche», de Picasso, muestran dos formas distintas de convertir la ciudad en experiencia. En uno vemos la introspección. En el otro aparecen los ambientes marginales y la vida nocturna.
Por otra parte, en Desnudos, Picasso y Munch muestran cómo transformaron la representación del cuerpo humano, alejándose de los cánones clásicos para convertir el desnudo femenino en un territorio de experimentación formal. La comisaria se ha centrado «en la experimentación del cuerpo humano, que fue esencial para los dos». Munch «exploró especialmente el cuerpo como materia plástica, como motivo de experimentación», mientras que Picasso se interesó por «los principios que gobiernan la forma».
Y después de la enfermedad, la muerte, la noche, el deseo o la violencia llega Alegría de vivir. El cuerpo masculino abandona los interiores y aparece ligado a la naturaleza y el naturismo. De entre todas las obras presentes en esta última parada, «Joven», de Munch, y «Hombre de pie», de Picasso, que algunos consideran un autorretrato del propio autor, ponen el cierre a la muestra.
La exposición es una reflexión sobre la vida. Lo que vivimos, lo que no expresamos y lo que imaginamos. Lo que interpretan (los otros) y lo que interpretamos de nosotros mismo. ¿Acaso somos tan diferentes de aquellos hombres del siglo XX?


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El municipio texano de Adrian (128 habitantes) sería otro sitio inexistente sin la ruta 66.


Lo único que rompe el silencio, de cuando en cuando, es un llanto desconsolado. “A veces parece que la espera es peor que la propia muerte”, dice una mujer de 21 años que busca a su padre. Desde la noche de este miércoles, en la Casa de Ejercicios El Buen Pastor, en Toledo, permanecen más de 70 familiares de desaparecidos del accidente ferroviario de Urda, que hasta este momento ha dejado 69 fallecidos. Sus vidas se paralizaron a las 9.30 de la mañana, cuando recibieron la noticia de que algo había ocurrido con el tren en el que viajaban sus padres, hermanos o hijos. Ninguno de ellos ha podido dormir. Solo unos pocos han aceptado un lorazepam para la angustia, y eso les ha permitido cerrar los ojos unas horas, aunque ninguno siente que haya descansado. El miércoles, en el colegio público de Urda, estos mismos rostros estaban en estado de shock. Hoy, con el paso de las horas y la falta de noticias, la desesperación empieza a apoderarse de ellos. “Estamos cada vez con más ansiedad, no podemos más de los nervios”, dice Maricarmen, asustada por no tener noticias de su marido, César Vicente. Se queja: “Las horas de espera nos están matando porque nadie dice nada”. Han ido y han llamado en las últimas 24 horas a todos los lugares en donde podría terminar una persona después de sufrir un accidente: primero, los pabellones habilitados para la emergencia en Urda, después, los hospitales en Toledo y Madrid, y por último, la morgue. Nada.
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Bloques de viviendas de los años cincuenta, fachadas degradadas y décadas de abandono el rincón más empobrecido de Palma. Mientras Balears bate récords turísticos, Camp Redó arrastra el deterioro de un parque residencial sin rehabilitar y el estigma de la droga
El Monopoly del arte amenaza al barrio más humilde de Palma: “Los precios son tentadores para vender”
El nombre de Corea –Camp Redó, siguiendo el topónimo original– lleva años asociado en Palma (Mallorca) a la droga y la degradación. Detrás del estigma hay una realidad socioeconómica complicada y décadas de deterioro urbanístico, como refleja el último Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondiente a 2024. En el corazón de Corea, entre las calles de l'Infant Pagà y Joan d'Àustria, se encuentra el único sector censal de Balears situado entre el 3% de los de menor renta de toda España. La precariedad y la marginación son dos caras de una realidad compleja marcada por una inacción institucional que no ha logrado impulsar la regeneración de esta zona de la periferia palmesana.
El barrio, al oeste periférico de la capital balear, constituye un desierto económico dentro de todo el archipiélago: pese a registrar una elevada población en riesgo de exclusión social debido al alto coste de la vida y a los desorbitados precios de la vivienda, también tiene una de las rentas medias más elevadas del territorio estatal, de acuerdo al Atlas de Renta de 2024. Balears contiene sectores entre el 5% de los más enriquecidos de España. Por ejemplo, el que incluye la urbanización de lujo de Roca Llisa, en Santa Eulària (Eivissa), con una renta media anual bruta de más de 90.000 euros al año; algunas zonas de Sant Lluís, en Menorca, cerca de los 100.000, y el barrio de Cas Català, en Calvià (Mallorca), cuya renta media bruta al año supera esta cifra y se encuentra entre el 3% más rico del país y entre el 1% de las islas.
El barrio, al oeste periférico de Palma, constituye un desierto económico dentro de todo Balears: pese a registrar una elevada población en riesgo de exclusión social debido al alto coste de la vida y a los desorbitados precios de la vivienda, también tiene una de las rentas medias más elevadas del territorio estatal
Palma cuenta con sectores censales entre los de mayor poder adquisitivo del país. De hecho, la mayor parte del área metropolitana está teñida de azul –color que representa las regiones territoriales con mayor riqueza–, exceptuando barrios periféricos afectados por una gran desigualdad y donde se acentúa la marginación económica y social. Como el barrio de La Soledat, Son Gotleu y esta cuadra de Corea, una isla de renta formada por varios bloques de Viviendas de Protección Oficial (VPO) construidas durante el franquismo.
El conjunto de VPO se levantó en la década de los cincuenta como parte de un plan de vivienda (1954–1955) de la Obra Sindical del Hogar (OSH) –el organismo franquista para facilitar la vivienda a familias trabajadoras con dificultades–. El arquitecto Antoni Roca Cabanellas fue el encargado de erigir las de Corea en unos terrenos a las afueras de una Palma aún por imaginar. El sector ahora cercano a Vía de Cintura –principal autovía de la ciudad–, los cines Ocimax y la segunda comisaría de Policía, la de l’Oest, en aquella época estaba rodeado de campo, en el extrarradio de una metrópoli que como proyecto urbanístico aún estaba por despegar.
Se construyeron, en total, 568 viviendas, repartidas en 26 bloques de pisos de dos y tres dormitorios repartidos en una angosta superficie de 26 metros cuadrados, bautizadas como ‘Generalísimo Franco’. No fue la única zona que creció durante la dictadura. El anillo periférico de la capital balear creció en general con promociones de viviendas protegidas para responder al déficit habitacional que creó la llegada de familias que migraron para trabajar en el sector turístico desde la Península.
Además de Camp Redó, en los años cincuenta se construyeron viviendas impulsadas por la Obra Sindical del Hogar cerca del límite con Marratxí, mientras que en las décadas siguientes surgieron nuevas promociones en barrios como Son Gotleu –los conocidos como edificios blancos–, Son Roca y Son Ximelis. A finales de los sesenta y durante los setenta, Sa Indioteria recibió también promociones: 629 viviendas a finales de esa primera década y 320 a mitades de la segunda.
A día de hoy, cuando caducan las VPO a 75 años de Camp Redó, las viviendas ni siquiera cumplen con los requisitos para que se les conceda la cédula de habitabilidad. Lo señala Eduard Vila, exdirector de Arquitectura y Vivienda del Govern balear, quien durante su cargo en el puesto (2017–2019) en el primer mandato de Francina Armengol (PSIB–Unides Podem–Més) intentó impulsar varias medidas para rehabilitar Corea. Esta nueva nomenclatura del barrio se fue fraguando paulatinamente, con el estigma de los ‘guetos’ y de la venta de droga de mano de clanes que se han ido apoderando de la zona.
A día de hoy, cuando caducan las VPO a 75 años de Camp Redó, las viviendas ni siquiera cumplen con los requisitos para que se les conceda la cédula de habitabilidad
Es uno de los motivos de que algunos vecinos se empecinen en reivindicar su auténtico topónimo: Camp Redó (Campo Redondo, en castellano), que se propuso en honor a una antigua posesión agrícola emplazada allí en el siglo XVII y no a la guerra de Corea, por los bandos enfrentados en el interior. De momento, este ha sido el resultado: 1.021 habitantes de este núcleo poblacional se encuentran entre el 3% de ciudadanía española con menos renta hogar (con unos ingresos brutos anuales que rozan los 28.000 euros) y entre el 1% de familias más pobres de todo el archipiélago. A pesar de ello, muchas no quieren marchar porque vinculan al barrio su hogar y “estilo de vida”.
1.021 habitantes de este núcleo poblacional se encuentran entre el 3% de la ciudadanía española con menos renta hogar (con unos ingresos brutos anuales que rozan los 28.000 euros) y entre el 1% de familias más pobres de Balears
El paso de los años ha hecho que los bloques –ahora repartidos entre manos privadas, el Ayuntamiento de Palma y el Institut Balear de Vivenda (Ibavi)– hayan corrido distinta suerte. A pesar de que se han realizado saneamiento de fachadas y se han vallado los jardines, los intentos institucionales no han conseguido mantener el vandalismo alejado: en las calles de Corea es fácil ver coches totalmente desguazados y venta al menudeo de todo tipo de sustancias y no es seguro para todo el mundo pasear por allí de noche.
El escenario, lejos de mejorar, ha ido en declive desde que se han asentado allí antiguos moradores de Son Banya, el poblado chabolista de la matriarca Francisca Cortés, alias ‘La Paca’. Residentes del barrio han asegurado a los medios locales que han recibido propuestas de parte de los clanes para vender droga “por cincuenta euros al día”, según testimonios recogidos y publicados por Última Hora.
Esto ha provocado que los habitantes de Camp Redó se vean aún más en una antigua encrucijada: marchar para seguir viviendo tranquilos o luchar contra las fiestas, el tráfico de drogas y la okupación –de las VPO– para derribar lo que no funciona y que haya un proceso real de rehabilitación.
En 2020, el área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Palma junto con el GREC impulsaron un proyecto de intervención comunitaria en colaboración con los Centros Municipales de Servicios Sociales de Nord y Llevant Nord que incluía Camp Redó. Pero hoy, este ramillete de bloques de Protección Oficial a 75 años se sigue caracterizando por la vulnerabilidad, la suciedad y un futuro poco prometedor por la falta de inversión y de medidas institucionales que han conseguido reducir el barrio, que por otro lado no termina de desaparecer.
En 2020, el área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Palma junto con el GREC impulsaron un proyecto de intervención comunitaria en colaboración con los Centros Municipales de Servicios Sociales de Nord y Llevant Nord que incluía Camp Redó
Los intentos de regenerar Corea han pasado por distintas propuestas, entre ellas, convertir la cercana vía principal en zona verde. “En cincuenta años, nadie ha invertido un solo céntimo en los pisos”, afirma Vila. Una parte de los bloques hace unos años ayuda al Ayuntamiento para retirar los vehículos abandonados y otros residuos acumulados en un descampado para contribuir a su transformación. El consistorio, por otra parte, valló el recinto para delimitar perimetralmente la zona por “insalubridad”.
En cincuenta años, nadie ha invertido un solo céntimo en los pisos
Eduard Vila — Exdirector general de Vivienda
La valoración técnica de los edificios había sido negativa y, tras vallarlos, se tapiaron también algunos accesos. Sin embargo, los trabajadores sociales comunicaban periódicamente que se seguían okupando los inmuebles. A pesar de los informes que se remitían a la Policía, no llegaban a solucionarse los problemas en el vecindario.
Durante la alcaldía de Aina Calvo (2007–2011), uno de los bloques se llegó a derribar para facilitar su reacondicionamiento, con los residentes en contra: parte de ellos recurrieron entonces a la plataforma Stop Desahucios, que defendió que no se debía echar abajo ninguna otra vivienda protegida en Palma. Desde entonces, los vecinos de Corea han defendido su derecho a permanecer en el barrio, frente a un posible “esponjamiento” urbanístico, pese al deterioro de los inmuebles.
“La vigilancia policial [que es frecuente] no ha ido acompañada de una iniciativa política suficiente para abordar la situación”, subraya el ex director de Vivienda del Govern. En el transcurso de los años, la degradación inminente del barrio, no ha sido un impedimento, eso sí, para que el alquiler continúe aumentando en el mismo. De hecho, se ha duplicado hasta rondar los 700 euros mensuales.
Vila apunta, por otro lado, a los problemas relacionados con Son Banya, donde, según afirma, la reducción de viviendas protegidas ha generado también conflictos. “Hay un supermercado [de droga]”, sostiene. Quienes se oponen a los desalojos y derribos recurren a plataformas contra los desahucios y a otros mecanismos para tratar de frenarlos a toda costa
Lo que funcionaría, en opinión de Vila, es un proyecto de rehabilitación y esponjamiento –reformar las viviendas para que haya menos pero más grandes, reducir la densidad– y adjudicarlas priorizando a los residentes de Corea: “Eso implicaría que en unos años el actual problema del barrio quedaría más o menos solventado. Pero no se hace porque se pagaría un precio a nivel político”.
Lo que funcionaría, en opinión de Eduard Vila, es un proyecto de rehabilitación y esponjamiento -reformar las viviendas para que haya menos pero más grandes, reducir la densidad- y adjudicarlas priorizando a los residentes de Corea
En ese sentido, desde el Ayuntamiento de Palma, quien en el momento de publicarse esta información no ha respondido a las preguntas de elDiario.es, y del Govern, se ha puesto últimamente el foco en el nuevo proyecto residencial –de 800 viviendas– de la sociedad estatal CASA47 en Son Busquets. Donde algunos residentes de Corea han manifestado la voluntad de trasladarse.
En la entrecruzada con el Gobierno central, con las competencias del proyecto, el Consistorio y el vecindario defienden que en el antiguo cuartel militar se planean demasiadas Viviendas de Protección Oficial, lo que amenaza, según ellos, con que Son Busquets se convierta en un “gueto”, en sus propias palabras. Mientras tanto, la problemática situación en Corea persiste sin que haya ninguna voluntad sobre la mesa de cambiar su dirección.
Arrietta Rodríguez (San Sebastián, 2002) casi nació con unos esquís. De las pistas de Baqueira, donde iba desde bebé con sus padres, a los Juegos de Milán-Cortina. Es la primera española en competir en eslalom desde la inolvidable Blanca Fernández Ochoa. Acabó en el puesto 33. Ha sido un 2026 de contrastes porque disputó la gran competición, pero también ha tenido que lidiar con una hernia que le ha hecho replantearse todo. Llega puntual a la cita en un hotel de Madrid donde está todo el equipo nacional. Estaba apurando un trabajo de la universidad en la habitación. Estudia ADE (Administración y Dirección de Empresas).
Lo primero: ¿Arrietta con una “t” o con dos?
Yo lo escribo con dos. Pero en el DNI a mis aitas les pusieron bastantes dificultades en el hospital para llamarme Arrietta porque en el País Vasco está registrado como apellido, aunque yo he visto a más gente que se llama como yo. Mi padre tuvo que ir con la revista “Hola”, porque unos meses antes que yo nació la princesa de Grecia y la llamaron Arrietta. A mis padres les gustó y dijeron: “Pues a mi hija que es una princesa la llamamos así”. Lo quisieron poner con dos tes, pero no les dejaron. A mí me hace ilusión con dos, pero para cosas legales es mejor que lo ponga con una.
¿Qué recuerdo tiene de los Juegos de Milán-Cortina?
Para mí ha sido un año un poco duro porque estuve mal de la espalda. Pero los Juegos fueron maravillosos. Se nota que es una competición distinta, en el ambiente, en la gente, en los voluntarios, que te miran como si fueras un dios divino, y realmente eres igual que ellos pero se te ha dado un poco mejor algún deporte. Es como que se respira admiración. La gente claro que está nerviosa, pero es más durante el camino para llegar hasta ahí que la competición en sí. Salvo que a lo mejor optes a una medalla. Yo no es por ser negativa, pero sólo con el dorsal sabía que era imposible. Y además mi nivel en mi “prime” no es comparable al de la que ganó.
¿Influye tanto salir en una posición u otra?
Es un deporte en el que estás en constante adaptación, nunca te vas a encontrar la misma pista o el mismo trazado, la nieve cada día va a ser diferente. Un esquiador se tiene que saber adaptar a cualquier situación. Un día entrenas y está dura, al siguiente se pone una nube durante la noche, no compacta la nieve y por la mañana la tienes superhúmeda y superblanda. Lo óptimo para nosotros es que esté bastante compacto, bastante duro, así se mantiene mejor. Al final esquiamos sobre todo en hielo. Son pistas de hielo con pendiente y nosotros tenemos los cantos afilados como cuchillos para poder sujetarlos al hielo. Cuanto más blanda esté, más se rompe, entonces cuantos más esquiadores pasan por la misma línea, más agujero hay y más vas a tardar porque vas a ir botando.
Ha citado su lesión de espalda...
Al principio no era tan grande. Me molestaba, pero...
"Antes de la operación el neurocirujano me dijo: 'No entiendo cómo estás sonriendo, cualquiera estaría en una camilla de un hospital llorando'"
¿Fue después de los Juegos?
No, no, en los Juegos ya no podía caminar casi. Ahora lo pienso y me pongo nerviosa del recuerdo. En mayo del año pasado empezamos la pretemporada y yo creo que cargué mucho en el gimnasio. Llevamos mucha trayectoria desde pequeños entre gimnasio y esquí. La gente piensa que en el esquí lo que sufren son las rodillas, pero la espalda también te la machacas, absorbe todos los impactos. Igualmente piensan que es deslizarse, pero la curva es como una especie de impacto porque tú pones el pie y tienes como que resistir el bache, la pendiente, el palo, entonces la espalda sufre mucho. En mayo empecé a tener unas molestias que nunca había tenido, en verano estuve aguantando y aguantando, y a partir de noviembre ya me tocaba subir a Suecia. Hice una bajada en la que había un bache que era hielo puro, entré así [hace el gesto] y acabé llorando del dolor. Y yo soy del norte, aunque parezca así un poco fina, soy dura y no suelo quejarme ni un pelo, díselo a cualquiera de mis entrenadores. Ese día no pude seguir, al siguiente tampoco.
Y entonces...
Me fui a casa, esto en noviembre, me hicieron una resonancia y vieron que se me había salido un disco. El médico me dijo: “Tienes que dejar de esquiar mínimo tres meses para recuperar, y, sobre todo, fortalecer”. Entonces llegamos a un acuerdo. Como era año olímpico, dije: “Bueno, un mes”. Y en ese mes me hicieron dos infiltraciones de corticoides, mientras estuve fortaleciendo. En diciembre, para Navidad, ya me dolía otra vez y empezó la ciática; la pierna ya iba así cojeando. El 23 de diciembre aterricé en Donosti, me hicieron una resonancia a las 12 de la noche, y el 26 me infiltraron después de Navidad. Pero en diciembre y después en enero hice buenos resultados y gracias a eso pude conseguir clasificarme. Yo realmente no sabía ni que me había clasificado, porque había dos criterios, uno por la Copa de Europa, que no lo cumplí, y otro era el ranking “top 100”, y entraba, y casi ni lo sabía.
Por tanto, llegó a Milán-Cortina.
Allí si calentaba, bien, pero si me quedaba fría, tenía un dolor... Creo que lo peor de mi vida, nunca he sentido tanto dolor. El día después de los Juegos volé a Donosti, directa al quirófano, me trataron con radiofrecuencia, porque llevaba tres infiltraciones y más no me podían hacer, y de ahí volé al día siguiente a Japón a competir. Ya a final de temporada no podía caminar.
Y se tuvo que operar.
Sí, porque caminaba de aquí a allí y me ponía a llorar. De hecho, la última resonancia, antes de la operación, el neurocirujano me dijo: “No entiendo cómo estás con una sonrisa en la cara, cualquier persona con esto estaría en la camilla del hospital llorando”.
¿Cómo se encuentra ahora?
Me operé en mayo y he estado trabajando, pero no he esquiado todavía, la semana que viene empiezo.
"A veces pienso si merece la pena pasar por todo esto. Quiero pensar que sí"
Eso no se olvida, como montar en bici.
Sí, espero. Son tantas las sensaciones que te da el deporte que espero retomarlas bien. Sin dolor, por lo menos. A veces pienso que no sé si realmente merece la pena haber pasado por todo eso. Quiero pensar que sí, pero hay días que digo: “Guau, qué duro”. Ahora ya estoy bien.
¿Cuáles son sus planes?
De momento tampoco tengo muchas expectativas, sobre todo ir viendo cómo responde la espalda. Hasta este año he estado haciendo más Copas de Europa, pero como voy a empezar más tarde intentaré ir a Estados Unidos. Necesito un poco de base, mi idea es, si todo va bien, en noviembre esquiar por Austria o Italia, diciembre también, igual alguna competición de menos nivel para ver cómo respondo, y cuando me vea preparada, ir a EE UU para hacer la liga americana. Si lo hago bien y consigo puntos, pues a la Copa del Mundo. Y también está el Mundial absoluto. Pero tampoco me quiero meter mucha presión, porque después de la temporada pasada ya es suficiente con que esté aquí.
"Con dos años en la guardería que hay en Baqueira te ponen los esquís y haces una bajada a diario. Con cuatro ya iba libre por allí"
Usted casi nació con unos esquís...
Bueno, yo creo que eso vale para todos los que estamos aquí [el equipo nacional]: hay que nacer así, si no es un poco complicado llegar. Yo soy de Donosti, de San Sebastián, y a mis padres siempre les ha gustado mucho esquiar. De pequeños ellos no esquiaron, pero de pareja les enamoró. Una vez que fueron a Baqueira y ya de ahí no salieron e íbamos cada fin de semana de invierno. Desde los dos años en la guardería que hay en Baqueira te ponen los esquís y haces una bajada a diario, y a partir de los cuatro en el club CEVA ya iba libre por allí.
¿Entrenan mucho fuera de España?
Generalmente, unos 200 días al año estoy fuera de casa. La pretemporada al principio es mucho gimnasio y solemos venir al CAR de Madrid a hacer físico. Después, julio y septiembre, en Argentina. Yo este año no, porque estaba recuperando mi espalda, pero mis compañeros sí que han hecho eso. Y ahora la mayoría se va a ir a Suecia, los pequeños, al menos, luego cuanto mejor eres el plan es más profesionalizado y personalizado.
¿Y cuándo paran?
Nunca, ja, ja, ja. Terminamos a principios de abril, el mes de descanso suele ser mayo y lo que pilles de abril. Junio gimnasio y julio ya a esquiar. Agosto solemos estar en casa, pero hay que meterle mucha caña. Algún año en agosto sí he ido con la familia a Menorca, pero madrugaba para ir al gimnasio y hacer todo el trabajo y así podía estar el resto del día con ellos.


© COE (Comité Olímpico Español)
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A novant’anni dalla nascita il volume “Giorgio Chinnici, il rigore e la gentilezza” (Navarra) a cura di Francesco Lepore ripercorre il percorso umano, accademico e politico dell’insigne statistico, protagonista della stagione palermitana del riscatto negli anni del dopo stragi, attraverso un corpus selezionato di scritti e discorsi dello stesso e le testimonianze vive di chi lo conobbe apprezzandone la statura morale. Pubblichiamo di seguito un estratto dell’opera collettanea, costituto dal ricordo della figlia Valentina Chinnici, attuale deputata dell’Assemblea regionale siciliana, e delle sorelle Antonella, Daniela, Giusi.
Giorgio Chinnici, nostro padre, è stato un uomo che ha lasciato un segno importante nelle tantissime persone che ha incontrato nella sua vita. Ancora oggi riceviamo attestati di affetto, stima, ammirazione, non disgiunti spesso da commozione profonda da parte di chi ce ne parla. La sua vita è stata un intreccio inestricabile di valori e affetti, in cui il personale e il politico, come spesso accade nelle vite militanti, era di fatto indistinguibile. Preferiva eccedere piuttosto che difettare in generosità, sia materiale sia in termini di fiducia verso chiunque, soprattutto verso le persone umili e ai margini, come quelle detenute in carcere, per le quali nutriva un rispetto assoluto e alla cui promozione ed emancipa- zione ha orientato l’intera sua vita. Era infatti letteralmente affamato e assetato di giustizia sociale, oltre che animato da un’ansia conoscitiva incessante e da una curiosità cordiale e intensa verso tutte le manifestazioni dell’umanità, impersonando appieno il celebre adagio terenziano Homo sum, humani nihil a me alienum puto.
Il medesimo approccio umanistico improntava i suoi rigorosi studi criminologici, in cui l’ermeneutica dei dati statistici era permeata da letture sociologiche, antropologiche, psicologiche dei fenomeni analizzati. Con questo spirito fu tra i primi in Italia a occuparsi di bullismo e di violenza sulle donne. E, ancor prima, di fenomeni migratori, mettendo a tema già quarant’anni fa il caso di studio di Mazara del Vallo, comunità in cui l’integrazione tra siciliani e tunisini era una realtà collaudata. Noi quattro figlie venivamo coinvolte in vario modo nelle sue ricerche e nel suo lavoro di docente: fanno parte dell’aneddotica di famiglia le nostre estati in vacanza a Favignana, da lui passate a studiare nel carcere dell’isola, o in Emilia Romagna, dove presiedeva le commissioni degli esami di maturità, con viaggi infiniti in auto, stipati in sei in una piccola utilitaria che lui stesso guidava da Palermo a Pesaro. Crescendo lo seguivamo talvolta in convegni, seminari, conferenze, per le quali si preparava in modo meticoloso, con una ricerca e un gusto quasi ossessivo della parola, da filologo mancato più che da matematico qual era.
Nostra madre Nora, maestra appassionata, lo esortava spesso a semplificare qualche passaggio che le suonava concettoso. A pensarci, Giorgio e Nora erano di fatto un’unità duale: fidanzati dall’età di 13 anni e sposati dal 1964, avevano affrontato il grande dolore della perdita dopo soli due giorni del primogenito maschio, a cui era seguito, nei dieci anni successivi, il nostro quartetto femminile e successivamente la “fazzolettata” di otto nipoti. Casa nostra era sempre piena di gente, di rumore, calore e allegria, anche perché nostro padre, grande affabulatore, era dotato di ironia e capacità comiche coinvolgenti e mia madre di competenze culinarie straordinarie, che le fruttarono una volta anche uno straordinario primo premio col suo cavallo di battaglia, la pasta con le sarde, di cui andavano entrambi molto orgogliosi. Alla nostra tavola si alternavano le personalità più svariate: prefetti, questori, magistrati come Rocco Chinnici e Paolo Borsellino, ma anche tanti umili, provati dalla vita, donne in difficoltà e alunni di mamma del quartiere Guadagna, dove papà era stato segretario della locale sezione del PCI. Amante della vita sociale e della convivialità, nostro padre era però anche bisognoso di silenzio e studio, che spesso portava avanti la notte quando finalmente i rumori della casa da- vano tregua, e in campagna, a Pianetto, dove amava curare i suoi ulivi e zappare la terra, da lui definita inesauribile «riserva di significati».
Questo libro collettaneo, tuttavia, nasce dalla volontà non solo di ricostruire una biografia personale a noi cara, ma anche di considerare la stessa come una tessera preziosa di quel particolare mosaico che fu la rinascita di Palermo dopo le stragi del 1992, la cosiddetta Seconda Primavera, in cui diverse personalità civiche e intellettuali mobilitarono il loro ingegno, il loro coraggio e la loro fantasia per rimettere in piedi una città sfigurata dalla violenza mafiosa come da un conflitto bellico. Quei due mesi tra il 23 maggio e il 19 luglio furono infatti il nostro 11 settembre, il nostro Ground Zero, che avrebbe potuto lasciarci annientati e da cui, in- vece, germogliò una nuova luce di speranza, fiducia, riscatto civile. Nel caleidoscopio di personalità straordinarie che segnarono quella rinascita sociale, come il sindaco Leoluca Orlando, il giudice Antonino Caponnetto e l’amatissima assessora alla Scuola Alessandra Siragusa, ci fu anche nostro padre, un intellettuale prestato alla politica. Lui, il criminologo alieno nel Palazzo, che servì con assoluto rigore morale, «scrupolo e coscienza», «disciplina e onore» le nostre istituzioni pubbliche.
Oltre all’ampia introduzione del curatore e al su riportato ricordo testimoniale delle figlie di Giorgio Chinnici, il volume si compone dei contributi di Roberto Centaro, Salvatore Costantino, Giovanni Fiandaca, Giuseppe Grassonelli, Rosolino Martorana, Sergio Mazzola, Francesco Miceli, Maurizio Milone, Claudia Mirto, Leoluca Orlando, Silvana Polizzi, Elisa Romano, Marco Romano, Isaia Sales, Umberto Santino, Lidia Tilotta.
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