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El Prado, museo de Caminos, Canales y Puertos: las obras de ingeniería que esconden las obras maestras de Da Vinci, El Greco o Goya

26 October 2026 at 13:03
'Vista de Zaragoza' (1647), de Juan Bautista Martínez del Mazo.

Detrás de la enigmática mirada de la Mona Lisa que custodia el Museo del Prado –aquella salida del taller de Leonardo da Vinci con idéntica pericia pero mejor cutis que la parisina–, el ojo común suele perderse en las brumas azuladas del sfumato toscano. Sin embargo, si se baja la vista hacia el costado derecho del paisaje, un diminuto viaducto de arcos de piedra resiste el paso de las aguas y de los siglos. Está ahí, exacto y calculable, tal y como aún hoy se alza en la campiña italiana. se trata del Ponte Buriano, un paso de piedra del siglo XIII sobre el río Arno cuyas bóvedas rebajadas llamaron la atención de Da Vinci por su eficaz respuesta a las crecidas fluviales.

Ese puente no es un capricho decorativo o. escénico: es ingeniería civil. Y es precisamente esa mirada –la del compás, la cimbra y el trazado topográfico– la que ahora propone el Prado con su nuevo recorrido temático: La ingeniería en el Prado: un puente entre el arte y la técnica.

La iniciativa, organizada en colaboración con la Fundación Fhecor –dedicada al estudio y la difusión de la historia de la ingeniería– y visitable hasta el 21 de febrero de 2027, invita a recorrer las tres plantas del edificio Villanueva siguiendo el rastro del cálculo y la construcción a través de 29 cuadros fechados entre el siglo XV y finales del XIX. Los ingenieros Francisco Javier León y Francisco Javier Fernández Pozuelo, comisarios de la propuesta, se han dedicado a peinar sala a sala las paredes del museo para demostrar que el arte y la técnica jamás fueron disciplinas estancas.

"La ingeniería está en todas partes, y eso que el Prado no recoge la explosión de las obras de ingeniería del siglo XIX", ha advertido este lunes Fernández Pozuelo durante la presentación de la exposición con el entusiasmo del perito que descubre un plano oculto bajo capas de barniz. "¿Qué quiso el artista? ¿Por qué lo puso ahí?".

Del protagonismo absoluto al detalle en lontananza

El itinerario no fuerza lecturas anacrónicas sino que desgrana la relación entre el creador y la transformación del territorio a través de tres niveles de protagonismo. En el primero, la obra civil se adueña del cuadro: es el caso de la teatral Perspectiva de un anfiteatro romano, firmada al alimón por Viviano Codazzi y Domenico Gargiulo, o las minuciosas vistas de Mariano Ramón Sánchez, como El puente de Molins de Rey y el Puente de Martorell, donde la sillería y el arco son el centro de gravedad visual y conceptual.

En un segundo escalón, las infraestructuras operan como el escenario reconocible que fija el pulso de la vida urbana o devocional. Andrea Mantegna recurre a la arquitectura civil para enmarcar El Tránsito de la Virgen, del mismo modo que Francisco de Goya y José del Castillo levantan la fisonomía de la capital en sus respectivas versiones de La pradera de San Isidro, donde los puentes sobre el Manzanares ordenan la perspectiva y dan escala a la multitud festiva.

El tercer grupo exige la paciencia del observador. En retratos de aparato como el majestuoso Luis XIV de Hyacinthe Rigaud, en La Huida a Egipto de El Greco o en la Sagrada Familia, llamada la Perla de Rafael, las construcciones se repliegan hacia la lejanía. Pero no son manchas al azar: dotan de profundidad geométrica a la escena, canalizan la fuga de la mirada y actúan como símbolos silenciosos de orden, frontera o civilización.

Lienzos como actas notariales

Más allá de su innegable valor plástico, las pinturas del Prado funcionan como actas notariales de infraestructuras transformadas por el paso del tiempo o borradas de la faz de la tierra. La precisión de los maestros antiguos ha permitido a los ingenieros de Fhecor recomponer la memoria material de un país que a menudo olvida lo que levanta.

Los ingenieros Francisco Javier León y Francisco Javier Fernández Pozuelo, comisarios de la propuesta, han peinado el Prado sala a sala en busca de buenos ejemplos de obra civil

En la imponente Vista de Zaragoza (1647), Juan Bautista Martínez del Mazo no solo capturó el perfil urbano de la capital aragonesa: documentó al detalle las cicatrices, reparaciones y reformas del histórico puente de piedra sobre el Ebro tras las embestidas de las riadas. Otro tanto ocurre con Antonio Joli, de quien se exponen dos lienzos de 1759 que muestran la Partida de Carlos de Borbón a España: uno desde la dársena y otro mar adentro. El cotejo de ambas perspectivas permite reconstruir la morfología histórica de las defensas y muelles del puerto de Nápoles en el instante exacto en que el futuro Carlos III zarpaba para ceñirse la corona española.

El recorrido rinde también tributo a los fantasmas de la técnica. En el Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas, de Genaro Pérez Villaamil, asoma la silueta del mítico artificio de Juanelo Turriano, el colosal ingenio hidráulico de ruedas y cucharas que subía el agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo y del que apenas sobreviven legajos y bosquejos mecánicos. En otros casos, la pintura actúa como elegía involuntaria: el citado Puente de Molins de Rey de Mariano Ramón Sánchez es el mejor registro visual de una estructura dieciochesca que sucumbió definitivamente a la devastadora riada del Llobregat en 1973.

De la tierra al aire

No todo es piedra y mortero. Entre los 29 hitos seleccionados late también la fascinación por las nuevas fronteras de la física. Es inevitable detenerse ante la Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (1784), de Antonio Carnicero, la única pieza de ingeniería aeroespacial que custodia la pinacoteca. El lienzo inmortaliza el primer vuelo aerostático tripulado en suelo español ante la atenta mirada de la corte de Carlos III, una proeza técnica que culminó con un aparatoso aterrizaje y que Carnicero congeló con la exactitud de un cronista moderno.

"Acercar al ciudadano la construcción de las cosas es uno de los objetivos que recoge la muestra", subraya el comisario Javier León. Las infraestructuras no solo hablan de hormigón, madera o hierro; narran el funcionamiento de las sociedades, sus prioridades productivas y la perpetua ambición humana por desafiar los límites orográficos.

El Prado y Fhecor redondearán este diálogo el próximo 16 de diciembre con dos conferencias monográficas dedicadas a la historia de los puentes y su imbricación con la pintura. Hasta entonces, quien cruce las puertas de Villanueva no necesitará casco de obra, pero sí afinar la mirada: descubrirá que, mucho antes de que existieran las facultades de caminos, los grandes genios del óleo ya sabían calcular el peso del mundo.

Guitarras ao Alto regressa ao Alentejo

26 October 2026 at 11:09
O projeto, que nasceu em 2017, desafiou guitarristas a formar novos duos. Regressa este ano entre os dias 11 e 13 de dezembro, onde vários artistas se vão juntar à Filarmónica do Crato.

© TIAGO PETINGA/LUSA

Os guitarristas André e Bruno Santos formam o duo Mano a Mano

“Ai bambini non mancano gli stimoli, ne hanno troppi. Manca un tempo di qualità che noi non diamo loro”: Don Davide Banzato racconta in un libro le paure dei bimbi e le domande a cui gli adulti non sanno rispondere

26 October 2026 at 10:20

“Il bambino uscì sul balcone e alzò gli occhi al cielo. Quella sera le stelle sembravano infinite: E io che posto ho in tutto questo?”. È la domanda che si pone il protagonista del libro “Come una stella nel cielo” di Don Davide Banzato, pubblicato da Mondadori Electa e pensato per bambini a partire dai 7 anni.

Don Davide Banzato è un sacerdote della Comunità internazionale Nuovi Orizzonti fondata da Chiara Amirante, conduttore e autore di diversi libri. Un storia delicata che nasce dal desiderio di parlare ai più piccoli di smarrimento, paura, crescita e accompagnarli alla scoperta della propria strada da seguire.

Perché non sono soltanto gli adulti posso sentirsi persi. Anche un bambino può attraversare momenti di perdizione e interrogarsi sul proprio posto nel mondo o ha bisogno di qualcuno che lo aiuti a comprendere tutto ciò che lo circonda. A volte significa semplicemente essere davanti a qualcosa di nuovo, che ancora non sappiamo interpretare. Per un bambino può essere la separazione dai genitori, un cambiamento, la paura di non essere accettato, la perdita di una persona cara.

Nel libro di Don Davide Banzato, il protagonista trova nel dialogo con il proprio angelo custode un punto di riferimento capace di ascoltare e accompagnarlo. È un dialogo tra chi educa e chi cresce, tra domande e silenzi, soprattutto quando “la luce si spegne e scende la notte”, metafora di quei momenti della vita in cui tutto sembra più difficile da comprendere.

Chi siamo, dove stiamo andando, che cosa dà valore alla nostra vita sono i punti cardini del libro tratto da un’esperienza personale di Don Davide, vissuta insieme al nipote durante un’escursione in montagna, a circa 3.000 metri di altezza.

Intervista a Don Davide Benzato

Don Davide com’è nata l’idea di scrivere un libro per bambini che parli di smarrimento?

“È nata prima di tutto da un’esperienza molto concreta. “Come una stella nel cielo” è legato al rapporto con mio nipote Luca e al desiderio di provare a raccontare, con il linguaggio semplice e immediato dei bambini, alcune delle grandi domande che in realtà ci accompagnano per tutta la vita”.

Ci sono momenti in cui tutti, piccoli e grandi, possiamo sentirci smarriti. Ci chiediamo: dove sono? Dove sto andando? Chi mi vuole davvero bene? E soprattutto: sono solo?

“La storia della piccola stella nasce proprio da qui. Si perde, non riesce più a ritrovare la strada, ma proprio attraverso quel viaggio scopre qualcosa di fondamentale: anche quando noi non vediamo più la strada, non significa che la strada non esista. E anche quando ci sembra di essere soli, c’è un Amore che continua a cercarci e ad accompagnarci. In fondo è una piccola parabola. Ho cercato di raccontare ai bambini, attraverso una storia, ciò che il Vangelo ci ripete continuamente: nessuno di noi è perduto agli occhi di Dio”.

Un libro che è un invito non solo ai bambini, ma anche agli adulti per riscoprire un legame invisibile tra cielo e terra, attraverso immagini poetiche ispirate ai Testi Sacri?

“Sì, ed è forse una delle cose a cui tengo di più. Formalmente è un libro per bambini, ma mentre lo scrivevo mi sono accorto che molte delle domande della piccola stella erano anche le nostre. Noi adulti spesso abbiamo imparato a nascondere le domande dietro le nostre sicurezze, gli impegni, il lavoro, la frenesia quotidiana. I bambini invece hanno ancora il coraggio di chiederci: perché siamo qui? Dove va una persona quando muore? Dio dov’è? Perché esiste il dolore? Il cielo è davvero così lontano?

Sono domande immense. Per questo ho voluto che le immagini poetiche della storia fossero attraversate dalla Parola di Dio, senza trasformare il racconto in una lezione. La Bibbia stessa utilizza continuamente immagini: la luce, le stelle, il cielo, la strada, il buio, il seme, il mare…

Sono immagini capaci di parlare a un bambino e, nello stesso tempo, di riaprire nel cuore di un adulto domande che forse aveva smesso di farsi. Il cielo e la terra, nella prospettiva cristiana, non sono due mondi estranei. C’è un legame invisibile che li unisce. E forse abbiamo bisogno di tornare ad alzare lo sguardo per accorgercene. Il libro è scritto proprio pensando sia ai bambini sia agli adulti sia perché nasca un dialogo tra loro“.

In un tempo nel quale i bambini sono immersi da una realtà veloce, piena di immagini, informazioni e stimoli, cosa manca e di cosa hanno bisogno per crescere?

“Ora rispondo a questa intervista dal Madagascar dove mi trovo in missione. Qui in Africa c’è un detto che dice: “Voi occidentali avete l’orologio. Noi abbiamo il tempo”. Credo che oggi ai bambini non manchino gli stimoli. Semmai ne hanno troppi. Manca un tempo di qualità che noi non diamo loro. Che noi da bambini avevamo. E che dobbiamo recuperare.

Manca qualcosa di molto più semplice e prezioso: il tempo. Il tempo dell’ascolto, dello stupore, del silenzio, della relazione. Il tempo per fare una domanda senza ricevere immediatamente una risposta da uno schermo. Un bambino può avere accesso in pochi secondi a una quantità di informazioni che una volta sarebbe stata impensabile. Ma conoscere tante cose non significa necessariamente imparare a vivere.

Per crescere abbiamo bisogno di sentirci amati. Abbiamo bisogno di qualcuno che ci guardi negli occhi, che ci ascolti, che ci aiuti a dare un nome alle emozioni, alle paure, ai sogni. Abbiamo bisogno di imparare che non tutto deve essere immediato, che una difficoltà può essere attraversata, che una caduta non è la fine e che il nostro valore non dipende dai risultati, dall’apparenza o dall’approvazione degli altri.

E credo che i bambini abbiano un bisogno enorme anche di stupore. Se perdiamo la capacità di stupirci davanti a un tramonto, a una stella, al mare, a un gesto gratuito d’amore, rischiamo di avere tantissime informazioni sulla vita senza riuscire più a percepirne la meraviglia“.

Che risposte mancano agli adulti di oggi a tal punto da non riuscire a trasmetterle ai bambini?

“Forse prima ancora delle risposte manca la disponibilità a confrontarsi con le grandi domande. Noi adulti siamo diventati bravissimi a spiegare ai bambini come funziona il mondo, ma molto più fragili quando dobbiamo provare a dire loro perché vale la pena viverci.

Possiamo insegnare come avere successo, come essere competitivi, come raggiungere un obiettivo. Ma facciamo più fatica a rispondere a domande come: chi sono? Quanto valgo? Cosa rende davvero felice una vita? Cosa faccio quando soffro? Cosa rimane quando perdo qualcuno che amo? C’è una speranza più forte della morte?

E un bambino percepisce immediatamente se ciò che gli diciamo è qualcosa che abbiamo imparato oppure qualcosa che cerchiamo di vivere. Per questo credo che la grande sfida educativa non sia trovare formule perfette da consegnare ai più piccoli. È tornare noi adulti a cercare ciò che è essenziale. Non possiamo indicare ai bambini una stella se abbiamo smesso noi per primi di guardare il cielo.

Come raccontare ai bambini il valore della vita? Prima di tutto facendoglielo sperimentare. Un bambino comprende che la vita è preziosa quando sente che la sua vita è preziosa per qualcuno. Quando si sente accolto, ascoltato, perdonato, incoraggiato. Quando scopre che non deve conquistarsi l’amore dimostrando continuamente di essere il migliore.

Poi possiamo raccontargli che ogni persona è unica e irripetibile. Che non esiste nessuno al mondo che possa prendere esattamente il suo posto. Che dentro ciascuno di noi c’è una luce che può diventare dono per qualcun altro. Ed è proprio questa una delle immagini che attraversano “Come una stella nel cielo”: una piccola luce può sembrare insignificante davanti all’immensità della notte, eppure può diventare un punto di riferimento per qualcuno che sta cercando la strada.

Ai bambini direi questo: non pensare mai che la tua vita sia troppo piccola per fare qualcosa di grande. E forse dovremmo ricordarlo anche noi adulti. Perché il valore di una vita non si misura dal successo, dalla fama o da quanto possediamo. Si misura dalla capacità di amare e di lasciarsi amare. Ed è questa, alla fine, la luce che nessun buio può spegnere.

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Un libro per rompere il blackout dell’Avana: così la letteratura sfida l’embargo contro Cuba

26 October 2026 at 06:57

Agosto 2026. L’Avana compie cent’anni dalla nascita di Fidel Castro, ma non c’è parata o celebrazione ufficiale che possa nascondere il buio profondo in cui è sprofondata la capitale cubana. L’isola galleggia drammaticamente in una fame energetica cronica e in un blackout quasi perpetuo, tra cumuli di rifiuti bruciati agli angoli delle strade, la piaga insidiosa delle droghe sintetiche come il químico che rode la gioventù e i frigoriferi tristemente spenti nelle case delle famiglie. L’embargo economico e commerciale degli Stati Uniti, inasprito ulteriormente dalla morsa feroce di Trump e della sua cerchia di poteri forti a Wall Street, rappresenta una corda stretta implacabilmente attorno alla gola del popolo cubano. A questo si sommano le inefficienze interne e una burocrazia asfissiante che complicano ogni giorno la sopravvivenza. Di fronte a questo scenario, l’ignavia dell’Unione Europea e del governo italiano è assordante, un silenzio complice che dimentica troppo in fretta quando le Brigate Mediche Cubane sono arrivate in Italia durante la pandemia di Covid-19 per salvare vite umane senza chiedere nulla in cambio. Non si può permettere che i falchi di Washington decidano arbitrariamente se un intero popolo debba vivere o morire, ed è fondamentale spezzare le catene di questo criminale blocco economico.

In questo spaccato di resistenza quotidiana e di stridenti contraddizioni, si inserisce il viaggio di Alessandro Casolari, firma de L’Osservatorio sulla Repressione, e di Silvia Zaramella, insegnante e scrittrice ferrarese. Diciassette giorni vissuti non da semplici turisti in cerca di svago, ma da ospiti accolti nella casa della dottoressa Surama, una donna di sessant’anni nel cuore ferito della Habana Vieja, a due passi da Plaza Vieja. Dall’Italia i due viaggiatori hanno portato con sé ventitré chili di farmaci preziosissimi, tra antibiotici e analgesici. Un piccolo grande sforzo che, come ha raccontato lo stesso Casolari, è sembrato all’inizio come tentare di svuotare l’oceano con un cucchiaino di plastica. L’impatto umano ed emotivo è stato tremendo per chi, militante da una vita, si è ritrovato a fare i conti con vecchi combattenti della Rivoluzione ridotti in condizioni di estrema miseria. Ma la solidarietà autentica non si gira mai dall’altra parte quando incontra le crepe della storia: le affronta direttamente e cerca soluzioni concrete e praticabili.

Ed è proprio in questo contesto che la storia trova una rotta precisa e trasformativa. In calle San Ignacio, lo Stato cubano ha ceduto un antico edificio di epoca spagnola ai Comités de Defensa del Barrio con un obiettivo nobile e ambizioso: trasformarlo in una mensa di quartiere attiva trecentosessantacinque giorni all’anno, pensata per garantire tre pasti quotidiani alle fasce più fragili e indifese della popolazione locale. Il grande ostacolo da superare è rappresentato dall’energia. La struttura possiede già dei pannelli solari installati, ma per renderli pienamente operativi e del tutto indipendenti dalla traballante rete elettrica statale, occorrono commutatori e cavi specifici. Senza questi componenti tecnologici fondamentali, i pannelli restano totalmente inerti e i fornelli rischiano di spegnersi prima ancora di accendersi.

Di fronte alla richiesta d’aiuto lanciata dalla dottoressa Surama, la risposta è arrivata in modo inaspettato ma potentissimo dal mondo della cultura e della letteratura. Ad aprile, Silvia Zaramella ha pubblicato con la prestigiosa casa editrice Sensibili alle foglie di Renato Curcio il romanzo intitolato Perfetto. Si tratta di un’opera intensa, amara e ironica, che racconta la storia di una quarantenne ferrarese il cui mondo viene sconvolto dall’arresto improvviso del fidanzato. Un diario lucido e profondo sulla solitudine, sulla capacità di rialzarsi tra le nebbie della provincia, sulla complessità della vita quotidiana e sul necessario rifiuto dell’ossessione tossica per la perfezione. Per finanziare l’acquisto immediato dei commutatori necessari alla mensa, è nato così il progetto solidale battezzato Un libro per Cuba. L’autrice ha messo a disposizione ben centottanta copie del proprio romanzo. Se nelle librerie e online il valore commerciale del volume sarebbe di quattordici euro, per questa specifica campagna di solidarietà viene offerto al prezzo speciale di dieci euro. Non si tratta di un semplice sconto promozionale, ma di un invito caloroso affinché la cultura e l’amore fraterno siano davvero alla portata di tutti.

L’intero ricavato di questa lodevole iniziativa sarà devoluto interamente, senza intermediari o costose passerelle retoriche, all’acquisto dei dispositivi elettrici per la mensa popolare cubana. È una filiera cortissima che unisce idealmente la pianura padana alle strade vibranti e dolenti dell’Avana. Con soli dieci euro non si sta semplicemente comprando un libro da leggere con passione, ma si sta donando un pasto caldo, un sorriso sincero e un briciolo di speranza concreta a chi, in questo momento storico drammatico, affronta difficoltà inimmaginabili. Si sta letteralmente trasformando l’inchiostro in pane. Sfogliando le pagine di questo romanzo, il lettore saprà che, grazie al proprio contributo, dall’altra parte del mare qualcuno stasera siederà a tavola con una preoccupazione in meno e una luce nuova nel cuore.

Ci sono storie che meritano di essere lette, e storie che meritano di essere cambiate. Oggi hai l’opportunità di fare entrambe le cose con un unico, semplicissimo gesto d’amore. Non restiamo inerti a guardare l’oceano o a voltarci dall’altra parte. Partecipa anche tu a questa catena di umanità, sostieni la mensa popolare e stringiti con forza al popolo cubano. Per avere il libro, sostenere la campagna e fare una donazione diretta, è possibile utilizzare il bonifico bancario tramite IBAN o visitare il link ufficiale su Instagram per tutte le informazioni di dettaglio. La spedizione dei volumi viene effettuata comodamente con la modalità Piego di Libri, ed è sufficiente scrivere un messaggio diretto sulla pagina Instagram dedicata per concordare l’invio.

Link Instagram del progetto e per ordinare il libro: https://www.instagram.com/p/DeuI7arjUaC/
IBAN per il versamento e sostegno della campagna: IT51F3253203200006572007406
Spedizione: Gestita tramite Piego di Libri (scrivere direttamente in privato su Instagram per concordare i dettagli).

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Maquete de 70 cm revela segredos ocultos do teatro

26 October 2026 at 06:02
Com raízes que a ligam à cidade, a maquete de 70 cm do Teatro Viriato permite ao público contornar todo o edifício e espreitar os bastidores com chaves de metal transformadas em colares.

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