Marcado en el calendario, nadie esperaba tener que conmemorar el segundo aniversario de la tragedia de la dana de Valencia con otro luto oficial. Banderas a media asta ondean en los edificios públicos de un territorio que hoy se despertaba haciendo memoria y que con el pesar por la tragedia de ayer en Urda y Los Yébenes arrastra todavía con más dolor la pena colectiva.
El tribunal le impone una pena de año y medio de prisión al considerar delito que este médico, especialista en aparato digestivo, palpara su zona genital tras pedirle que se pusiera "a cuatro patas, mirando a la pared". Leer
El tribunal le impone una pena de año y medio de prisión al considerar delito que este médico, especialista en aparato digestivo, palpara su zona genital tras pedirle que se pusiera "a cuatro patas, mirando a la pared".
El exsenador (2007-2015) y expresidente de las Cortes Valencianas (2003-2007) Julio de España, médico especialista en el aparato digestivo, ha sido condenado a un año y medio de cárcel por un delito de agresión sexual contra una paciente a la que realizó tocamientos en la clínica privada HLA Vistahermosa de Alicante, en 2023. La condena, fallada en la Audiencia Provincial de Alicante, impone a De España una pena de dos años de libertad vigilada posterior a la privativa y le obliga a indemnizar con 12.000 euros a su victima, que es enfermera de profesión. De España queda absuelto también de otro delito idéntico por el que le había acusado otra de sus pacientes.
El expresidente de Les Corts Valencianes y de la Diputación de Alicante, Julio de España (PP), a su llegada al juicio por un delito de agresión sexual el pasado mes de mayo.
Cuando ayer se conoció la noticia del accidente de los trenes en Urda, el grupo de WhatsApp de la Asociación de Víctimas del Metro de València se volvió a activar. “El sentir general es que no se comprende cómo se vuelve a repetir, cómo vuelve a suceder”, explica Rosa Garrote, su presidenta, que amablemente atiende por teléfono a La Vanguardia tras un suceso que a la sociedad valenciana le remite a aquel 3 de julio en el que murieron 43 personas y a ellos, inevitablemente, les agita de nuevo. Cuenta que su primer pensamiento, tras atender a las primeras hipótesis que apuntan a un "error humano", es para con ese último eslabón de la cadena sobre el que recae tanta responsabilidad.
El gobierno valenciano ha ejecutado su reestructuración tras la salida de la consellera Elena Albalat, cabeza de lista del PP al Congreso por Castellón. Como estaba previsto, se ha creado la nueva Conselleria de Servicios Sociales y Justicia, tal y como publica el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV). Este departamento se convierte en el tercer departamento con más presupuesto del Consell.
El menor de 17 años detenido el pasado miércoles por incitar a realizar saqueos este sábado en la ciudad de Valencia tenía varios grupos en dos aplicaciones de mensajería a través de las redes sociales, uno de ellos con hasta 400 seguidores, según informa la Policía Nacional en un comunicado.
La Policía Nacional ha detenido en Valencia a un menor de 17 años como presunto responsable de crear los canales de comunicación denominados “Blocus Vlc”, en los que se instigaba a cometer saqueos y actos de pillaje en comercios de la ciudad. La detención, según ha informado la Jefatura Superior de Policía, se produjo ayer por la mañana, después de que los investigadores identificaran al joven como creador de dos grupos en aplicaciones de mensajería instantánea.
El riesgo cero no existe, repiten rotundos los expertos, y menos ante un desastre como el causado en la provincia de Valencia por la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó 233 fallecidos, precipitaciones extraordinarias de más de 771 litros por metro cuadrado en apenas horas y caudales superiores a los 2.200 metros cúbicos por segundo —varias veces el caudal del río Ebro—, bajando a toda velocidad por ramblas y barrancos. El resultado fue una gran ola que se llevó todo por delante en la zona cero, un territorio densamente poblado y vulnerable por su alto riesgo de inundación. Después ha habido más danas y episodios de lluvias torrenciales y en todas ellas la población ha revivido el miedo a que una tragedia así se repita. “Queremos un futuro mejor y que los proyectos se hagan. Nos interesa estar en un horizonte seguro”, reivindica Salvador Piqueras, miembro de uno de los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción (CLER), creados tras la dana para dar voz a la población damnificada por la riada.
El diputado Carlos Mazón no hace vida de pasillos, no se le ve en la cafetería, no participa en los debates, no hace declaraciones, no asiste a las comisiones, ni presenta iniciativas parlamentarias. Llega al pleno de Les Corts Valencianes en su coche oficial de expresidente de la Generalitat, a menudo acompañado por el que fuera su jefe de gabinete y ahora asesor, José Manuel Cuenca; saluda, se sienta en su escaño de la última fila, saca su ordenador, se pone las gafas, aplaude a sus correligionarios del PP, charla con los diputados o consejeros que se le acercan y vota. Normalmente, se ausenta durante las intervenciones de la oposición, que, sin embargo, no dejan de mencionarlo.
María todavía no ha podido pasar página de la tragedia que fue la dana del 29 de octubre de 2024. Aún se encuentra inmersa en un proceso tan sensible que ha pedido no publicar su identidad real, por lo que este es un nombre ficticio. Dos años después de que sucediese la riada más fuerte del siglo XXI que dejó 233 muertos, esta mujer sigue luchando para que reconozcan a su madre como una víctima más de las inundaciones. Su progenitora era una de las usuarias de la residencia Savia de Paiporta, donde el agua irrumpió aquel día y dejó, según especifica el sumario de la causa, al menos seis fallecidos. La madre de María estaba también allí, pero no murió esa tarde porque fue rescatada por los trabajadores del centro. Permaneció durante horas mojada y cogió una neumonía que acabó con su vida en un hospital de Valencia cuatro días después. “Estoy con mucha ansiedad y con tratamiento psicológico porque es un proceso muy costoso y muy doloroso hasta que esto se averigüe”, explica la hija.
Detrás de los números a veces se esconden verdades desoladoras. El 1, por ejemplo, es con el que los telediarios bautizaron a José Fernández en la noche del 29 de octubre de hace dos años, mientras una dana terminaba por arrasar Valencia. El primer muerto conocido por las inundaciones, así lo definieron numéricamente. Fernández tenía 64 y aquella tarde estaba con su mujer Isabel en casa, en un cuarto piso de un edificio de Massanassa. Sobre las 18.00, bajó al garaje para sacar el coche, ante el miedo de que se inundase el trastero. Isabel, mientras, se puso a tender la ropa. Y en un momento, al asomarse a la ventana, contempló con pánico cómo una ola grande recorría la calle con coches flotando. Fue a buscar a su marido, pero se había quedado atrapado en el ascensor. Le escuchó pedir auxilio una y otra vez. “Pero ¿cómo podía ayudar? Nadie en ese momento podía ayudar. No tienes los medios. Es una situación de impotencia”, explicó entonces Isabel. Ambos desconocían la magnitud meteorológica ni tampoco recibieron una alerta en sus móviles que les advirtiera de los peligros de estar en plantas bajas o salir a la calle. El ES-Alert, de hecho, tardaría en llegar dos horas después de que Fernández bajara al garaje. A las 20.11, cuando sonó el primer mensaje masivo, 182 de las 233 víctimas mortales de la dana ya habían fallecido y la situación de decenas era insalvable.
Los partidos valencianos han puesto la dana del 29 de octubre de 2024 en el centro de la campaña electoral del próximo 29-N. Lo ha hecho el PSOE con la elección de la que fuera delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, cuyo protagonismo político se disparó durante la tragedia. Pero el PP, al contrario de lo que pudiera parecer, no ha rehuido el debate. Los populares llegaron a colocar a dos alcaldes de municipios afectados en puestos de salida de sus listas (el de Utiel y el de Algemesí), aunque una componenda interna obligó a la retirada prematura del segundo. Del primero, al igual que de Bernabé, hay cierta unanimidad de que se volcaron más en la emergencia desde el primer momento que otros.
Hay heridas que nunca cicatrizan. Son aquellas que provocan la pérdida de seres queridos o las que permanecen eternas por las patologías físicas y psicológicas permanentes. Hay heridas que cicatrizan, pero duelen cuando se recuerdan los hechos que provocaron la pérdida de una casa no recuperada, el negocio perdido, la ruina económica o la esperanza de una vida mejor truncada. Y hay heridas que, aunque cerraron, siguen supurando la rabia de lo que se podía haber evitado aquel fatídico 29 de octubre de hace dos años, cuando una dana provocó la muerte de 233 personas, 2.000 heridos y centenares de miles de damnificados en la provincia de Valencia.
El alcalde pedáneo de La Torre, en València, Rafael Arnal, entregó ayer en el juzgado de Catarroja que investiga la gestión de la dana del 29 de octubre de 2024 la información que se emitió ese día por megafonía en la que se comunicaba la alerta por lluvias nivel rojo en todo el litoral e interior norte.
Estuve ayer en Paiporta, en Catarroja y en Massanassa. Tres municipios de la comarca de L'Horta Sud arrasados por la dana de hace dos años. Suelo moverme en moto, y eso me permitió recorrer con facilidad buena parte del barranco del Poyo, que parte en dos estas poblaciones. Por su cauce circuló la tromba de agua que acabó con la vida de 233 personas y dejó tras de sí miles de hogares destrozados y una enorme población damnificada. Sería injusto, sin embargo, reducir el recuerdo de aquella jornada al barranco del Poyo. El Magre, afluente del Xúquer, también sembró la muerte y el dolor en La Ribera Alta aquel fatídico 29 de octubre de 2024, en poblaciones como Algemesí, Guadassuar o l'Alcúdia. Hoy se cumplen dos años de una catástrofe que sigue bajo investigación judicial, con Salomé Pradas y Emilio Argüeso como imputados, y sobre la que permanecen abiertas demasiadas preguntas. Una tragedia que continúa muy presente en la memoria de centenares de miles de valencianos que, directa o indirectamente, vieron cómo el agua acababa con la vida de sus seres queridos o arrasaba sus hogares.