Jovem de 17 anos esfaqueado em Vila Viçosa

© JOÃO PORFÍRIO/OBSERVADOR

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En muy poco tiempo, las ocho semanas que llevamos de curso, redes sociales como TikTok e Instagram se han llenado de curis. Unos dibujos humorísticos, en algunos casos mordaces y en otros ofensivos hasta cruzar el límite del acoso con los que los alumnos, en cuentas anónimas y utilizando aplicaciones digitales de diseño, retratan a sus profesores, compañeros, y estampas típicas de sus centros educativos. “Tenemos en casi todos los institutos. Si te metes en estas redes y pones curis y el nombre del centro es fácil que te salga por lo menos una cuenta”, comenta José María Fernández Díaz, director de un instituto público en Mejorada del Campo (Madrid). Para dificultar la detección de los perfiles, los autores escriben a veces el nombre del centro al revés (Altabir en vez de Ribalta, por ejemplo), ponen el del municipio, o usan siglas, acompañándolo normalmente del emblema escolar.

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Los madrileños que hayan tenido la desgracia, el infortunio o el deber de tener que acudir al depósito de vehículos de la Policía Municipal junto al Puente de los Franceses habrán podido advertir un ornamento inusual en la entrada de las instalaciones. Una verja de hierro forjado con remates florales decora la entrada al depósito municipal en la carretera de El Pardo, número 3.

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La amenaza procede de unos jóvenes, muchos de ellos menores de edad, que quedan a través de las redes sociales para protagonizar, enmascarados, supuestas protestas estudiantiles. Pero la acción final del movimiento Blocus, surgido en Francia, deriva en violentos disturbios, saqueos en comercios y actos vandálicos en la ciudad. Sucedió el pasado sábado en Barcelona, donde hubo 128 detenidos, 15 agentes heridos y más de una veintena de comercios vandalizados.

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Després d’una setmana d’indefinides i ansioses elucubracions sobre les arrels socioeconòmiques de la ràbia juvenil (sic) dels responsables dels disturibis convocats per Blocus a Barcelona, crec que toca abordar la dimensió tecnològica del fenomen. Diguem-ho clar: mig miler de joves no poden protagonitzar un acte d’enfrontaments amb la policia, de saquejos i violència, sense pertànyer a un moviment, sense organitzar-se entre si; almenys sense que algú proveeixi els mitjans específics per fer-ho.

© Alberto Estevez (EFE)