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La suspensión de las fiestas de Halloween en los colegios abre un debate entre familias y profesores: “El luto no se impone”

30 October 2026 at 04:30
Niños disfrazados en Barcelona en una imagen de archivo.

“Estimadas familias y alumnado: Ante los tres días de luto oficial decretados por la Comunidad de Madrid, del 29 al 31 de octubre, tras el accidente ferroviario ocurrido ayer en Urda, os informamos de que queda suspendida la celebración de Halloween prevista para mañana, viernes”. El mensaje del Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid pasó de emails a grupos de padres y desembocó en conversaciones familiares sobre el luto, la muerte y la gestión de las frustraciones. Sucedió lo mismo en decenas de centros de primaria y secundaria de toda España. Algunas fiestas locales han sido igualmente suspendidas.

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Pasarlo de miedo con el miedo: por qué disfrutamos del cine y la literatura de terror

30 October 2026 at 04:30

Hasta el mismísimo Stephen King se ha preguntado cómo nos puede gustar el terror: “Me preguntan por qué escribo lo que escribo, por qué la gente quiere leerlo y va al cine para verlo. ¿Por qué hay personas dispuestas a pagar por sentirse extremadamente incómodas?”, plantea en su ensayo Danza Macabra (Valdemar). Cuando leemos un libro o vemos una película de terror, como quizás hayamos hecho esta semana de Halloween y Todos los Santos, muchas veces experimentamos emociones negativas: miedo, inquietud, en ocasiones incluso asco o angustia. Sin embargo, llenamos salas de cine, devoramos libros y acudimos a clubs de lectura y festivales de cine especializados en terror. ¿Por qué lo pasamos de miedo con el miedo?

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¿Qué piensa ‘el rey del terror’ de todo esto?

A principios de los 80, tras el éxito de Carrie y El resplandor, Stephen King ya estaba cansado de que le preguntaran por qué escribía historias terroríficas. “¿Por qué tiene la gente semejante interés en mi interés… Y en el suyo propio?”, se pregunta en Danza Macabra, publicado en 1981 (y reeditado en 2024 en España por Valdemar). “Creo que, más que otra cosa, es porque todos tenemos un postulado enterrado en nuestras mentes: que sentir interés por el horror es malsano y aberrante”. En este gigantesco ensayo, en el que King hace un repaso histórico y personal por la literatura y el cine de terror entre 1950 y 1980, el escritor apenas se detiene a responder a estas preguntas. Como respuesta, remite a un ensayo anterior, publicado en El umbral de la noche, su primer libro de relatos: “No tengo el más mínimo interés en recalentar ese viejo guiso en estas páginas, si están interesados, les recomendaría que lo leyeran”.

Aquí va un tupper de ese guiso: la idea de King en los 70 es la que han seguido defendiendo muchos escritores desde entonces, que el miedo en la ficción nos ayuda a lidiar con nuestros miedos reales. “Cuando usted lee una obra de horror, no cree realmente lo que lee”, escribe. “No cree en vampiros, hombres lobos, camiones que arrancan repentinamente y que se conducen solos. Los horrores en los que todos creemos son aquellos sobre los que escriben Dostoievski, [Edward] Albee y [Ross] Macdonald: el odio, la alienación, el envejecimiento a espaldas del amor, el ingreso tambaleante en un mundo hostil sobre las piernas inseguras de la adolescencia. En nuestro auténtico mundo cotidiano somos a menudo como las máscaras de la Comedia y la Tragedia, sonriendo por fuera, haciendo muecas por dentro. En algún recoveco interior hay un interruptor central, tal vez un transformador, donde se conectan los cables que conducen a esas dos máscaras. Y es en ese lugar donde el relato de horror da tan a menudo en el blanco”.

© Stuart C. Wilson/Getty Images for Paramount)

Estreno de Scream VI en Londres, en marzo de 2023.

O novo casal ventoso tem pano verde de casino

29 October 2026 at 20:30
“Sei que estou a mentir”, ouço em consulta. “Mas não consigo dizer-lhe que perdi o dinheiro das férias e as poupanças da nossa filha. Por isso jogo outra vez. Se ganhar, resolvo tudo. Se perder…”

Ghosting, benching, situationship: perché le relazioni sentimentali sono diventate così complicate? La psicoterapeuta avverte: “Si spendono troppe energie a decifrare l’altro”

29 October 2026 at 15:38

Sparire improvvisamente da una relazione oppure tenere in “panchina” una persona come possibile alternativa. Nell’epoca delle relazioni sentimentali fluide, si moltiplicano ormai termini per definire queste situazioni: ghosting, breadcrumbing, situationship, love bombing, benching, orbiting e zombing. Ma di cosa si parla esattamente? Una recente ricerca di Unobravo, servizio di psicologia online e piattaforma italiana di supporto psicologico, realizzata su 1.670 adulti italiani, ha fotografato questo fenomeno. Ed è emerso per esempio che il 66% degli intervistati considera ormai comuni fenomeni come il ghosting, interrompere improvvisamente ogni comunicazione senza spiegazioni; oppure il benching, ossia tenere una persona “in panchina”, come possibile alternativa, senza investire davvero nel rapporto. E non finisce qui.

Nella lista di ciò che viene vissuta come possibilità ci sono anche situazioni come l’orbiting, interrompere la relazione ma continuare a essere presenti sui social dell’altro, visualizzando storie o mettendo like; o il zombing, caratterizzato dal ricomparire dopo essere spariti, spesso senza spiegare il precedente allontanamento.

Per complicare ulteriormente il quadro generale delle relazioni affettive, dalla ricerca emerge che ci esistono ancora altre tipologie. Come la situationship, cioè una relazione affettiva o sessuale senza una definizione condivisa (20%); lo slow fading, l’allontanamento progressivo senza una vera comunicazione (19%); i mixed signals, i segnali contraddittori (18%). Seguono il love bombing, caratterizzato da un’intensa fase iniziale di attenzioni che può essere seguita da un brusco cambiamento (16%); il breadcrumbing, mantenere l’interesse verso l’altro/a attraverso piccoli segnali senza un reale investimento nella relazione (14%).

Le conseguenze di tutto questo non sono soltanto sentimentali: il 24% dice di essere diventato più prudente nei confronti dei nuovi partner e il 19% di avere maggiore difficoltà a fidarsi; mentre il 13% arriva a chiedersi se abbia fatto qualcosa di sbagliato.

Di fatto, nei giovani tra i 18 e 24 anni queste esperienze risultano ancora più frequenti: il ghosting arriva al 35% e la situationship al 32%.

Un quadro generale che porta a domandarsi se siamo davvero diventati più incapaci di costruire relazioni o forse, stiamo trovando nuovi nomi per comportamenti che sono sempre esistiti. In realtà, “Questi dati non dimostrano che sappiamo amare meno – spiega al FattoQuotidiano.it Sabina Fasoli, psicoterapeuta e sessuologa – I nuovi nomi descrivono anche dinamiche già note, oggi presenti nei contatti digitali. Se il digitale offre nuovi modi per entrare in contatto, può spingere anche a sottrarsi al confronto. Portiamo nelle relazioni ciò che abbiamo imparato nella nostra storia, dentro un contesto che cambia. L’intimità richiede di esporsi e sentirsi ascoltati: il punto è come si costruisce reciprocità”.

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Cómo ayudar a las víctimas tras una catástrofe como el accidente de tren de Urda: “El psicólogo debe estar desde el minuto uno, como un bombero”

29 October 2026 at 12:07

Tras vivir una tragedia como el accidente de trenes de Toledo, el mundo de las víctimas se derrumba. Cae la sensación de invulnerabilidad, la convicción de que el mundo es un lugar seguro que podemos controlar. De que, siempre que uno actúe como debe, no ocurrirá nada malo. Esta idea, explican los psicólogos, surge en los primeros años de vida. Es entonces cuando el niño desarrolla un sentido de confianza básica: la percepción de que el mundo es un lugar predecible donde, si uno se comporta bien, todo irá bien. El mundo no funciona así, pero a veces es necesario pensar que sí para poder llevar una vida funcional. Poder coger el coche, el tren o salir a pasear sin pensar que podemos morir en cualquier momento. La recuperación psicológica de las víctimas, en gran medida, pasa por reconstruir dichas suposiciones. Dejar de ver el mundo como un lugar eternamente peligroso y volver a confiar.

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© Claudio Álvarez

Varias personas llevan botellas de agua y leche al polideportivo de Urda, el miércoles.

Cuando el dolor es de todos: por qué nos afecta una tragedia aunque no la hayamos vivido

29 October 2026 at 08:38

Estos días España tiene el corazón encogido. Un nuevo accidente ferroviario nos ha devuelto a una sensación que, desgraciadamente, conocemos bien desde Adamuz: la de despertarnos y descubrir que la normalidad se ha roto para muchas familias. Y aunque la mayoría no estuvimos allí, el dolor nos ha alcanzado de alguna manera.

A esto se le llama duelo colectivo. Es lo que sentimos cuando una pérdida afecta a una comunidad entera y nos reconocemos en quienes sufren. Pensamos que podríamos haber sido nosotros, o nuestra hija que vuelve de la universidad, o nuestro padre que viaja a ver a los nietos. Esa identificación es profundamente humana y habla bien de nosotros, pero también nos deja tocados, con el cuerpo en alerta y la cabeza dando vueltas.

En otras ocasiones he escrito sobre cómo gestionar la ansiedad o el miedo. Hoy quiero proponerte otra mirada, la de la compasión hacia uno mismo. La psicóloga Kristin Neff, una de las investigadoras que más ha estudiado la autocompasión, la describe a partir de tres ingredientes: darnos cuenta de lo que sentimos sin exagerarlo ni esconderlo, recordar que el sufrimiento forma parte de la experiencia humana compartida y tratarnos con la misma amabilidad que ofreceríamos a alguien que queremos. Con esos tres ingredientes he preparado este decálogo para cuidarte en momentos de tragedia.

1. Date permiso para sentir, aunque no estuvieras allí

Una de las frases que más escucho ahora es "no sé por qué me afecta tanto si no conozco a nadie". Muchas personas sienten que no tienen derecho a estar mal porque hay otras que lo están pasando muchísimo peor. Y es verdad que el dolor de las familias es incomparable, pero el sufrimiento no es una competición para ver quién tiene más derecho a sentirlo.

Tu tristeza no le quita nada a nadie. Puedes reconocer que lo tuyo es distinto y, a la vez, darte permiso para sentirlo. Cuando intentamos apartar una emoción porque creemos que no nos corresponde, lo único que conseguimos es que se quede más tiempo y nos pese el doble, por lo que sentimos y por la culpa de sentirlo. Prueba a nombrarlo sin juzgarte: "estoy triste", "estoy asustada", "me duele". Ponerle palabras ya es una forma de cuidarte.

2. Recuerda que no estás solo en esto

El dolor tiende a aislarnos. Nos hace pensar que somos los únicos que no podemos dormir, que lloramos al ver las noticias o que miramos el billete de tren con aprensión. Sin embargo, en este momento hay millones de personas sintiendo algo muy parecido a lo que sientes tú. Esa es la segunda pata de la autocompasión, la humanidad compartida. Saber que tu reacción es la de tantos otros no hace desaparecer el malestar, pero lo hace menos solitario. Compartirlo ayuda mucho: llama a tu madre, comenta con tus compañeros cómo estáis o escribe a esa amiga que viaja cada semana en tren. A veces basta con un "yo también estoy tocado" para que la otra persona respire aliviada.

3. Háblate como le hablarías a alguien que quieres

Fíjate en cómo te hablas estos días. Es muy frecuente que aparezcan mensajes duros como qué exagerada soy, "tendría que estar ya bien" o "qué egoísta por quejarme de esto”. Si una amiga te contara que está triste por el accidente, jamás le dirías algo así. Le dirías que es normal, que se tome su tiempo y que te tiene para lo que necesite.

Ese es el tono que te mereces tú también. Un ejercicio sencillo que suelo proponer en consulta es ponerte la mano en el pecho, respirar despacio y decirte en voz baja lo que le dirías a esa persona querida. Puede parecer un gesto pequeño, pero el contacto cálido y las palabras amables le indican a nuestro sistema nervioso que estamos a salvo y ayudan a bajar la activación. La amabilidad con uno mismo no es blandura ni autocomplacencia, es lo que nos permite sostenernos cuando las cosas se ponen difíciles.

4. Acoge lo que se remueve de tu propia historia

Las tragedias colectivas tienen la capacidad de abrir cajones que creíamos cerrados. Para quienes vivieron de cerca el accidente de Adamuz, estos días pueden traer de vuelta imágenes, olores, sonidos o el recuerdo de la espera angustiosa de noticias. Pero también pueden removerse otras pérdidas que nada tienen que ver con un tren, como la muerte repentina de un ser querido o un accidente que sufriste hace años.

No estás retrocediendo. Nuestra memoria emocional asocia experiencias parecidas y, cuando algo nos recuerda un dolor antiguo, lo trae al presente. Trátate con delicadeza si te pasa. Dale espacio a ese recuerdo, habla de él con alguien de confianza o escribe lo que sientes. Y si en su momento te acompañó un profesional, este puede ser un buen momento para volver a contactar con él, aunque sea para una sola sesión.

5. Dosifica la información

Después de una tragedia sentimos la necesidad de saber más, de entender qué ha pasado y por qué. Es una manera de intentar recuperar el control. El problema llega cuando pasamos horas actualizando el móvil, saltando de un vídeo a otro y viendo una y otra vez las mismas imágenes.

Tras los atentados del maratón de Boston, la investigadora Alison Holman y su equipo de la Universidad de California estudiaron a miles de personas y encontraron que quienes habían pasado seis horas o más al día consumiendo noticias sobre el ataque presentaban más síntomas de estrés agudo que algunas personas que habían estado en el lugar. La sobreexposición también hace daño. Elige dos o tres momentos al día para informarte en medios fiables, silencia las notificaciones y evita las noticias en la hora antes de dormir. Estar informado es compatible con proteger tu descanso.

6. Cuida tu mirada sobre las víctimas

La compasión hacia uno mismo va de la mano de la compasión hacia los demás, y en estos días hay un gesto que está en manos de todos. No compartas fotos ni vídeos de las víctimas, de los heridos o del lugar del accidente. Detrás de cada imagen hay una madre, un hijo o una pareja que puede encontrársela de golpe en el móvil, y ese dolor añadido se puede evitar.

Lo mismo ocurre con los rumores, las cifras sin confirmar y las teorías sobre lo que ha pasado. Para quienes todavía esperan noticias de un ser querido, cada bulo es una sacudida más. Antes de reenviar algo, pregúntate si ayuda a alguien o si solo alimenta el morbo. Y si te llega una imagen dura, no la reenvíes. Respetar la intimidad del duelo de las familias también es una forma de acompañarlas.

7. Convierte la impotencia en un gesto

Pocas emociones son tan incómodas como la impotencia. Vemos el dolor ajeno y nos gustaría poder hacer algo, volver atrás, evitarlo. Como no podemos, esa energía se queda dentro en forma de nudo en el estómago, de irritabilidad o de pensamientos que no paran. La impotencia se suaviza cuando la transformamos en una acción, por pequeña que sea. Puedes donar sangre si los servicios sanitarios lo solicitan, colaborar con alguna iniciativa de ayuda a las familias, escribir a alguien que sepas que está afectado o, sencillamente, ser más amable hoy con quienes te rodean. No vas a cambiar lo que ha pasado, pero sí vas a añadir algo bueno a un día triste, y eso le devuelve a tu mente la sensación de que todavía puedes aportar.

8. Permítete seguir viviendo

Hay dos emociones de las que apenas se habla y que generan muchísimo malestar. La primera es la culpa por seguir con la vida normal. Ir a trabajar, reírte con un compañero, celebrar un cumpleaños o subir una foto a redes puede hacerte sentir que estás siendo insensible mientras otras familias atraviesan el peor momento de su vida.

La segunda es el alivio. Muchas personas que hacen ese trayecto con frecuencia, o que estuvieron a punto de coger ese tren, sienten alegría por haberse librado y, al mismo tiempo, vergüenza por sentirla. Ese alivio es una reacción natural de supervivencia y no te convierte en una persona egoísta.

Seguir viviendo no es una falta de respeto hacia las víctimas. Puedes sentir pena por lo ocurrido y, a la vez, disfrutar de la cena con tu familia, porque las emociones no se excluyen unas a otras. Si quieres honrar a quienes se han ido, hazlo desde el cariño: abraza a los tuyos, dile a alguien cuánto le quieres o dedica un momento de silencio a pensar en ellos. La culpa no repara nada, y el amor sí acompaña.

9. Cuida tu cuerpo, que también está de duelo

Cuando algo nos impacta, el cuerpo se pone en modo alerta. Por eso es frecuente notar tensión en el cuello, presión en el pecho, cansancio, falta de apetito o dificultad para dormir. Escuchar esas señales con cariño, sin alarmarte, también es autocompasión.

Intenta mantener tus rutinas básicas, porque le dan al organismo una sensación de orden que la mente ha perdido. Acuéstate a una hora parecida, come, aunque tengas poco apetito, sal a caminar y busca un rato al aire libre. Cuando notes la angustia subiendo, respira despacio alargando la salida del aire, como si soplaras una vela sin llegar a apagarla. Y si te da miedo volver a subir a un tren, no te fuerces a hacer un viaje largo mañana mismo, pero tampoco lo evites para siempre. Empieza con trayectos cortos, acompañado si lo necesitas, porque el miedo crece cuando lo esquivamos y se va calmando cuando nos acercamos a él poco a poco.

10. Déjate acompañar y pide ayuda cuando la necesites

La autocompasión no consiste en apañárselas solo. A veces, el gesto más amable que podemos tener con nosotros mismos es reconocer que necesitamos a otros. Deja que te cuiden, acepta ese café, esa llamada o ese abrazo, y si tienes niños en casa, habla con ellos con palabras sencillas y verdaderas, pregúntales qué han oído y recuérdales que están a salvo.

La mayoría de estas reacciones se van suavizando en los días y semanas siguientes. Pero si pasado un tiempo sigues sin dormir bien, las imágenes del accidente aparecen sin que puedas frenarlas, evitas situaciones que antes hacías con normalidad o notas que la tristeza y la ansiedad te impiden funcionar, pide ayuda. Tu médico de familia y los psicólogos pueden acompañarte, y hacerlo a tiempo ahorra mucho sufrimiento.

Sostenernos unos a otros

Las tragedias nos recuerdan lo frágiles que somos, pero también sacan lo mejor de nosotros. Estos días veremos a equipos de emergencia, sanitarios, vecinos y voluntarios dejarse la piel para ayudar a personas a las que no conocían. Esa misma generosidad podemos dirigírnosla también a nosotros mismos y a quienes tenemos cerca.

A las familias que estáis viviendo esto en primera persona, no hay una manera correcta de atravesar este dolor ni un tiempo marcado para hacerlo. Dejaos acompañar, aceptad la ayuda que os ofrezcan y no os exijáis estar bien. No tenéis que sostenerlo solos. Y a todos los demás, a quienes hoy tenemos el corazón encogido sin saber muy bien dónde ponerlo, os propongo que esta semana os tratéis con un poco más de paciencia y de ternura. Hoy toca cuidarnos y cuidar a los demás.

FOMO: el miedo a perderte algo que está arruinando tu vida real

28 October 2026 at 04:00

Son las once de la noche. Estás en el sofá, razonablemente bien, sin ningún plan en particular. Y de repente abres Instagram. Alguien está en una cena que parece increíble. Otra persona publica stories desde un concierto. Un conocido de trabajo acaba de subir una foto desde no sé qué sitio de moda. Y en cuestión de segundos, sin que haya pasado absolutamente nada en tu vida, empiezas a sentirte mal. Inquieto. Como si tu noche tranquila fuera de alguna manera insuficiente. Como si estuvieras perdiéndote algo importante.

Bienvenido al FOMO. Fear of Missing Out. El miedo a perderte algo. Y aunque tiene nombre desde hace poco, lleva mucho tiempo siendo uno de los generadores de malestar más silenciosos y extendidos de nuestra época. Hablamos de él como si fuera una broma, algo menor, casi una excentricidad de millennials con demasiado tiempo libre. Pero los datos que la investigación está acumulando en los últimos años pintan un cuadro bastante más serio. Y entenderlo bien puede cambiar algo muy concreto en cómo vives cada día.

Los números que nadie quiere ver

Más del 50% de los usuarios de redes sociales experimenta FOMO semanalmente, y el 73% de los adultos jóvenes lo sienten a través de las plataformas digitales. Y la Asociación Americana de Psicología encontró en su encuesta de 2024 que casi el 74% de los adultos jóvenes en Estados Unidos reporta experimentar FOMO al menos una vez a la semana. Pero los números más reveladores no son los de prevalencia sino los de consecuencias. Un metaanálisis de 2025 que analizó 32 estudios con más de 26.000 estudiantes encontró que el uso problemático de las redes sociales correlaciona significativamente con la ansiedad, la depresión y el propio FOMO, con una correlación de 0,41 entre las dos últimas variables. Otro estudio del mismo año, que abarcó datos de 113 países, encontró que los usuarios de redes sociales tenían un 24% más de probabilidades de reportar síntomas de ansiedad o depresión que quienes no las usaban.

Y luego está el sueño, que merece un párrafo propio. El 93% de la generación Z admite perder horas de sueño por revisar redes sociales tarde por la noche. Un metaanálisis reciente sobre FOMO y salud del sueño encontró asociaciones positivas entre el FOMO y una peor calidad del sueño, peor higiene del sueño y procrastinación a la hora de acostarse. Hasta existe ya un término para esto: "sleep FOMO", el miedo a quedarse dormido y perderse algo, que los investigadores describen como generador de "una inmensa sensación de ansiedad".

Algo que parece tan simple como mirar el móvil y sentirte mal porque otros parecen pasárselo mejor, termina siendo una fuente real y documentada de sufrimiento psicológico.

Qué está pasando en el cerebro

El FOMO no se alimenta de la química de nuestro cerebro. Entender esto te ayudará a no juzgarse. El FOMO, derivado del uso problemático de las pantallas, genera ansiedad, aislamiento social y depresión, además de otros problemas como la falta de concentración, sedentarismo e insomnio ocasionados por el daño en la materia gris del cerebro. Las redes sociales están diseñadas, con una precisión casi quirúrgica, para activar el sistema de recompensa del cerebro. Cada notificación, cada like, cada actualización del feed activa una pequeña descarga de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la motivación.

Este sistema no distingue entre una recompensa real y una recompensa social virtual. Y que las plataformas, conscientemente, usan lo que los neurocientíficos llaman 'refuerzo variable intermitente': la misma mecánica que hace adicto a alguien a las máquinas tragaperras. No sabes cuándo llegará la siguiente recompensa, y esa incertidumbre es exactamente lo que te mantiene mirando.

El FOMO intensifica la necesidad de permanecer conectado, consolidando patrones adictivos. Y lo más insidioso del proceso es que cuanto más miras, peor te sientes, y cuanto peor te sientes, más miras. Es un bucle perfecto diseñado por algoritmos que tienen como único objetivo mantenerte dentro del sistema el mayor tiempo posible. Tu bienestar no es parte de la ecuación.

Pero hay algo más profundo que la dopamina. El FOMO también activa uno de los miedos más primarios del ser humano: el miedo a la exclusión social. Evolutivamente, ser excluido del grupo equivalía a una amenaza de supervivencia. Aunque hoy la “exclusión” sea no haber sido invitado a una cena que alguien publicó en stories, el cerebro primitivo la procesa con una intensidad desproporcionada. No estás dramatizando. Lo que ocurre es que tu amígdala no distingue entre 10.000 años atrás y esta noche.

Lo que el FOMO te está robando sin que te des cuenta

Más allá de la ansiedad y el insomnio, hay algo que el FOMO hace de forma mucho más silenciosa y mucho más costosa: te desconecta de lo que tienes delante. Imagina esta escena. Estás en una cena con personas que te importan. La conversación es interesante. La comida está buena. Y, sin embargo, en algún momento, sacas el móvil. No porque haya pasado nada urgente. Sino porque el hábito es más fuerte que el momento presente. Y mientras miras qué está haciendo el resto del mundo, te pierdes exactamente lo que estabas buscando cuando saliste de casa.

Este es el coste más grande del FOMO y el menos cuantificable: la presencia. La capacidad de estar donde estás de verdad, sin una parte de ti vigilando si en otro sitio está pasando algo mejor. Esa presencia no se puede recuperar. La cena de ayer no vuelve. La conversación que no tuviste porque estabas mirando el móvil no se recupera. Y la ironía perfecta es que estabas mirando qué hacían los demás precisamente porque tenías miedo de perderte algo. Mientras tanto, te perdías lo tuyo.

El 39% de las personas que experimentan FOMO reporta la envidia como una de las emociones más frecuentes, y el 25% dice que aumenta su tendencia a la rumiación, a darle vueltas sin parar a las experiencias sociales. Pero quizás el dato más elocuente es este: el 48% de las personas dice que las redes sociales les hacen sentir que se están perdiendo experiencias. Es decir, casi la mitad de los usuarios utilizan una herramienta que sistemáticamente les hace sentir que su vida es insuficiente. Y siguen usándola.

La parte terapéutica: qué puedes hacer

Lo primero es entender que el problema no eres tú. El FOMO no dice nada malo de tu personalidad, de tu madurez emocional ni de tu capacidad de disfrutar la vida. Dice que eres humano y que vives en un entorno diseñado específicamente para generar ese estado en ti. Eso no te exime de hacer algo al respecto, pero cambia radicalmente el punto de partida. No se trata de fuerza de voluntad. Se trata de diseñar conscientemente tu relación con la tecnología.

Lo segundo es aprender a distinguir entre la vida real y el escaparate. Lo que ves en redes sociales no es la vida de nadie. Es la versión editada, seleccionada y publicada de algunos momentos de esa vida. Nadie publica el domingo aburrido, la discusión con la pareja, la ansiedad antes de dormir, el miedo a que nada salga bien. Lo que ves es un resumen de los mejores momentos, filtrados además por lo que esa persona cree que le dará más likes. Comparar tu vida completa, con sus luces y sus sombras, con el escaparate de los demás es una ecuación imposible que siempre perderás. Siempre.

Lo tercero es practicar lo que los investigadores han comenzado a llamar JOMO: Joy of Missing Out, el gozo de perderse algo. El JOMO es un estado emocional positivo que surge cuando uno elige intencionalmente no participar en actividades sociales o digitales. Destaca la atención plena y la autonomía, junto con sentimientos positivos de felicidad, subrayando una relación más sana con la tecnología. Un estudio publicado en 2025 confirmó que el JOMO se asocia negativamente con el uso problemático de las redes sociales a través de menores niveles de soledad y malestar psicológico, lo que sugiere que puede ayudar a reducir la dependencia digital y promover un mejor equilibrio entre la vida online y offline. El JOMO correlaciona significativamente con la atención plena, la autocompasión y el bienestar mental, actuando como factor protector frente a los efectos negativos del FOMO.

¿Qué significa esto en la práctica? Que elegir quedarte en casa un viernes, que leer un libro en lugar de scrollear, que tener una cena larga sin mirar el móvil, no son renuncias. Son decisiones activas a favor de tu propio bienestar. Más que perderte algo estás eligiendo lo tuyo.

Lo cuarto es establecer fricciones intencionales entre tú y el móvil. No pantallas en el dormitorio. Notificaciones apagadas por defecto. Aplicaciones de redes sociales accesibles solo en momentos concretos del día. Las plataformas invierten millones en hacer que el acceso sea lo más fácil posible. Tú necesitas invertir un poco de energía en hacer que el acceso sea un poco más difícil. El desequilibrio de fuerzas es real, y reconocerlo es inteligente.

Y lo quinto, el más difícil y el más transformador: preguntarte de qué tienes miedo exactamente cuando sientes FOMO. Porque detrás de la ansiedad siempre hay una creencia más profunda. Que tu vida no es suficiente. Que tú no eres suficiente. Que los demás están viviendo mejor que tú. Que algo en lo tuyo falta. Esa creencia merece atención. Cuestiónala con honestidad. ¿Qué necesitarías que tuviera tu vida para sentirte bien con ella, aunque nadie más pudiera verla? La respuesta a esta pregunta es el camino hacia una vida que no necesita validación externa para sentirse real.

Solidão? Estudo investiga por que pessoas deixam a televisão ligada mesmo sem estar assistindo

27 October 2026 at 13:05

A música ambiente perdeu espaço para outra forma de preencher o silêncio: a “televisão ambiente”. O termo foi descrito pela professora de Estudos do Cinema Anna McCarthy, da New York University, que analisou em livro de 2001 a presença de televisões ligadas em espaços públicos como “bares, lavanderias e lojas” ou “aliviando o tédio em salas de espera”.

Hoje, o maior acesso à tecnologia tornou o fenômeno comum até dentro de casa. Um estudo publicado em 2025 na revista Psychology of Popular Media, da Associação Psicológica Americana, buscou descobrir por que tantos se recusam a desligar a telinha mesmo quando não interagem com ela.

A televisão como parte da rotina

Em “Eu Só Quero Ver Algo Que Posso Ignorar: Motivações, Gratificação e Controle do Humor em Televisão Ambiente de Fundo”, pesquisadores do departamento de Jornalismo, Relações Públicas e Novas Mídias da Baylor University lançaram a pergunta a 278 pessoas em uma pesquisa online.

“Assistir à televisão é um comportamento muito mais complicado do que pensamos”, diz Alec Tefertiller, um dos três coautores. “A televisão ambiente pode nos dar energia para fazer exercícios ou terminar tarefas entediantes e  nos ajudar a relaxar. Ambas as coisas aumentam nossa satisfação com a TV.”

Entre as respostas, o trio identificou cinco motivações principais: energização, irritação, relaxamento, mindfulness, e companhia. Em alguns destes casos, a televisão ganhava uma dimensão ritualística, fazendo parte de rotinas repetitivas.

“Entender o consumo ambiente por suas motivações e impactos positivos nos ajuda a compreender melhor como usamos mídias para regular nossas emoções“, completa Tefertiller.

Leia Mais:

Aparelho pode ter efeito positivo no sono

O uso de eletrônicos e telas de luz azul já foi associado à piora na qualidade do sono, especialmente em crianças. No entanto, um estudo publicado em 2022 no Journal of Sleep Research mostra que dedicar um curto período a assistir televisão (ou ler um livro e ouvir audiobooks) pode promover relaxamento suficiente para antecipar a hora de dormir.

Os benefícios dependem do período gasto consumindo a mídia, além do nível de atenção e do tipo do programa. Séries mais leves e familiares, por exemplo, são mais efetivas.

A pesquisa ilustra a importante distinção entre o efeito no sono das mídias passivas (como a televisão, o rádio ou podcasts e audiolivros) e mídias ativas, como jogos, redes sociais e aplicativos de troca de mensagens.

Por que o som ambiente nos relaxa?

Os efeitos psicológicos das trilhas sonoras ambiente, que podem ser desde músicas monótonas e consistentes até sons de natureza ou ruídos brancos, também são objeto de estudo frequente.

Entre as hipóteses estão a difusão da atenção (quando um som preenche o silêncio, outros sons parecem menos chamativos), o instinto animal (que aprendeu a associar o silêncio à presença de predadores) e a busca por conexão social.

Até mesmo ouvir vozes humanas, sem interagir com elas nem prestar atenção ao que dizem, pode estimular nossas respostas parasociais e trazer um nível de conforto superior ao silêncio.

“Quando procurei ajuda psicológica, esvaziei o balão”

25 October 2026 at 18:15
Cansaço, tristeza, choro, corpo a tremer. E o diagnóstico: burnout. Alice Silva sentia-se apertada num colete de forças e procurou ajuda. Tudo mudou a partir daí. “Até voltei a sentir-me bonita.”

© INÊS LACERDA/OBSERVADOR

“Faccio terapia da quando avevo 7 anni. Mi stavo sulle pa**e pure io. Ero così gelosa che rischiavo di perdere l’uomo che amavo”: lo confessa Aurora Ramazzotti

25 October 2026 at 09:20

Aurora Ramazzotti è una delle concorrenti di “Ballando con le Stelle”, dove è in gara da sabato 3 ottobre in coppia con il maestro Nikita Perotti. Nel corso dell’esperienza nel people show di Rai 1, la conduttrice e influencer ha raccontato il suo rapporto con la psicoterapia: un percorso iniziato da bambina, dopo la separazione dei genitori, e ripreso con la maternità. Ecco le sue parole.

“Chi viene a Ballando con le Stelle non viene solo per essere idolatrato. – ha dichiarato la neo ballerina durante una chiacchierata in sala alle prove – Viene anche per essere criticato, e se queste sono le critiche che mi devo accollare, ben venga: ho fatto così tanta terapia che sono pronta. Io ho iniziato a fare terapia che tu nemmeno eri nato, perché avevo sette anni“.

E ancora: “I miei genitori si sono separati quando ero piccolissima. La terapia ha dato uno strumento sia a loro sia a me per gestire meglio la situazione. È avvenuta in più fasi della mia vita, anche in un momento in cui, nella mia relazione, sentivo che se non avessi lavorato su me stessa e sulle mie sicurezze, che io proiettavo sulla persona che amavo, l’avrei perso. Mi stavo sulle palle pure io: ero arrivata a un punto in cui avevo una gelosia tale che mi consumava e non riuscivo a controllarla, era proprio fuori dal mio corpo”.

“Mi ha aperto gli occhi tantissimo su un sacco di cose della mia vita, – ha concluso – e ovviamente tutti questi insegnamenti me li porto avanti. Però non è finita lì: poco fa ho ricominciato a fare terapia. Incredibilmente, la maternità ha tirato fuori cose che non sapevo, problemi che non pensavo nemmeno di avere, che non esistevano nella mia testa. Mi sono accorta con la terapia che sono tornati a galla perché sono la risposta a un bisogno che ho in questo momento e che prima non avevo”.

L'articolo “Faccio terapia da quando avevo 7 anni. Mi stavo sulle pa**e pure io. Ero così gelosa che rischiavo di perdere l’uomo che amavo”: lo confessa Aurora Ramazzotti proviene da Il Fatto Quotidiano.

"A sociedade ainda não sabe lidar com um bebé que nunca viu"

25 October 2026 at 07:38
Matilde Breyner passa em revista a carreira na representação, o fim da faceta de "people pleaser" e o fenómeno do lip sync. A atriz abre o coração sobre a dor da perda gestacional da filha Zoe.

Como fazer perguntas aos seus sonhos e obter respostas

By: ZAP
24 October 2026 at 18:30
A “incubação de sonhos” é uma técnica que ganhou popularidade entre muitos investigadores nos últimos anos, por uma razão muito especial: podemos formular uma pergunta antes de adormecer e esperar que o sono nos dê uma resposta. Passamos cerca de duas horas por noite a sonhar — sete anos (mais ou menos) ao longo da vida. Durante séculos, os sonhos foram considerados mensagens divinas e utilizados como forma de orientação em várias culturas, como na Grécia Antiga, onde era comum dormir em templos na esperança de receber indicações ou alcançar a cura através dos sonhos. O ceticismo atingiu o auge

Estudo identifica o primeiro psicopata empresarial num naufrágio de 1621

By: ZAP
24 October 2026 at 09:50
O famoso naufrágio do Batavia foi o primeiro grande homicídio em massa. E, claro, havia um psicopata empresarial metido ao barulho. Um novo estudo sugere que os mesmos traços de personalidade que hoje associamos a líderes empresariais tóxicos podem ter estado presentes no próprio nascimento do capitalismo global, há 400 anos. O estudo, publicado no Asian Journal of Business Ethics, identifica Jeronimus Cornelisz, gestor mercantil da Companhia Holandesa das Índias Orientais, como o mais antigo exemplo documentado de um psicopata empresarial. A investigação, da autoria de Clive Boddy, da Anglia Ruskin University (ARU), é a primeira a avaliar de forma

Cheques psicólogo: ministério nega atrasos nos pagamentos

23 October 2026 at 21:28
O Governo garantiu que as consultas que ultrapassaram os 90 dias foram pagas, um dia depois de um grupo de psicólogos ter denunciado a falta de pagamento. 3.875 psicólogos aderiram a este programa.

© FRANCISCO ROMÃO PEREIRA/OBSERVADOR

A psicóloga Rosana Milhomens disse à Lusa que o prazo de 90 dias para pagar as consultas já foi ultrapassado
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