El iPhone Duo está recibiendo un número creciente de quejas de usuarios que aseguran que la pantalla plegable se les ha agrietado. Las primeras denuncias aparecieron en foros como Reddit y en redes sociales como X o TikTok. El medio Bloomberg News se ha hecho eco de estos incidentes y ha verificado con más de media docena de clientes los hechos. Apple ha reconocido en un comunicado un problema que “afecta a un número reducido de unidades”. Recomienda, en estos casos, contactar con AppleCare para solicitar una sustitución. La compañía no ha explicado qué provoca las grietas ni si tiene previsto solucionar el problema de forma general.
John Ternus, consejero delegado de Apple, en una tienda de la compañía en Austin, Texas, el pasado 23 de octubre, día del lanzamiento de su nuevo modelo
A la una y media de la madrugada, un hombre llamado Rubén circula por la carretera en dirección a su vivienda en Arroyomolinos (Madrid). Es 22 de febrero de 2023, apenas hay tráfico, pero una patrulla de la policía le da el alto. Él para el vehículo pensando que es un control rutinario, cuando, de repente, se ve envuelto en una maraña de golpes e insultos y esos supuestos agentes lo meten a trompicones en su coche. Al mismo tiempo, en su casa, cuatro encapuchados, también vestidos como policías, sacan a su mujer y sus hijos de la cama y los meten en otro coche. Es el inicio de una noche de terror y brutalidad a manos de una banda a la que no le temblaba el pulso para conseguir todo el dinero y las joyas que pudiera. ¿Su límite? Una anotación en un papel en la mesilla de noche de uno de los criminales da una idea de sus expectativas: “Riqueza Éxito - un millón de euros”.
Viendo lo que está ocurriendo en Francia, me viene a la memoria la célebre frase “Un fantasma recorre Europa” con la que se inicia el preámbulo del Manifiesto Comunista escrito por Karl Marx y Friedrich Engels, publicado por primera vez el 21 de febrero de 1848, en vísperas de las revoluciones liberales y obreras que se produjeron ese año en Francia y otros países europeos. Marx y Engels utilizaron la metáfora del fantasma para describir el miedo y la inquietud que sentían las clases e instituciones conservadoras de la época ante la incipiente lucha de clases entre trabajadores y empresarios dentro del naciente capitalismo.
Amanece en Nusfjord, una diminuta aldea de pescadores levantada sobre palafitos, aferrada a la rocosa costa de las islas Lofoten, un archipiélago en el norte de Noruega. La luz aquí parece tener sus propias reglas y, en un instante, la aldea se tiñe de un naranja intenso que lo envuelve todo, como si amaneciera con más ganas que en otras partes del mundo. Desde agosto hasta abril, cuando las noches se alargan, otra luz aún más mágica, las auroras boreales, se asoma por sorpresa en noches despejadas, dibujando paisajes tan hipnóticos como etéreos.
Enfrentarse periódicamente al escrutinio de decenas de miles de personas puede parecer una terapia de choque para la ansiedad social, pero el cantante Mora (Bayamón, Puerto Rico, 30 años) admite que hacerse fotos con seguidores aún se le hace cuesta arriba. “Lo hago porque sé que lo merecen, pero no lo disfruto”, confiesa. “Puedo estar cantando frente a 50.000 personas y no hay problema, porque no interfiere en mi espacio personal. Pero si estoy caminando por la calle y se me acercan dos, ya empiezo a sudar. Hay gente que quizás puede decir: ‘Este cabrón es un huelebicho’, pero no es que yo no quiera compartir, es que no tengo unas destrezas sociales muy buenas, que digamos”. Por eso, antes de convertirse en uno de los claros protagonistas de la escena reguetón moderna, Mora se situaba cómodamente en la sombra, como arquitecto de algunos de los éxitos que catapultaron a grandes nombres de hoy, como Bad Bunny (Dákiti o La difícil llevan su rúbrica), Karol G (la omnipresente El makinón),Eladio Carrión o Anuel AA.
El presidente vuelve a ser candidato. Y se le nota. Habla con soltura, esquiva dardos, se planta con una sonrisa. Pedro Sánchez, a quien, tras la condena de su hermano y la crisis de Ceuta, se le veía debilitado, da la impresión de haber renacido con el 29-N, sus sextas elecciones generales. “Estos comicios se pueden resumir en una idea muy sencilla: o avanza el pasado o avanza España”, afirma.
Hay portadas sobre temas de los que todos hablan; otras, de asuntos de los que nadie se atreve a discutir. También están aquellas que dan que hablar, las que tratan cuestiones sobre las que jamás pensaste que podrías tener una opinión y las que dan voz a alguien para que cuente lo que nadie ha contado. Las 219 portadas aquí recopiladas contienen todas estas categorías. Desde el primer número, que abordaba el tema del aborto cuando pocos se atrevían a hacerlo, hasta el relato de aquellas horas que Antonio Muñoz Molina compartió con Salman Rushdie, a quien el integrismo quería silenciar para siempre. También están las portadas publicadas en plena pandemia de la covid, que aportaban contenido a la conversación que todos queríamos tener. Y luego está Millás y su biografía de una mosca. Jamás pensamos que su vida nos llegaría a interesar tanto. Así es El País Semanal, la parte del periódico que es revista y la revista que más se asemeja a un periódico.
Han pasado 640 días desde que Donald Trump prestó juramento en el Capitolio en un discurso grandilocuente en el que proclamó: “La Edad de Oro de Estados Unidos comienza justo ahora. A partir de hoy, nuestro país prosperará y volverá a ser respetado en todo el mundo”. Casi dos años después, si los sondeos no fallan, está a punto de sufrir una histórica derrota en las elecciones de medio mandato que se celebran el próximo 3 de noviembre debido al descontento de las familias estadounidenses sobre la situación económica. La inflación, los aranceles y la guerra contra Irán explican la gran decepción que se extiende desde una costa a otra de Estados Unidos. Un sentimiento que ha contagiado a las zonas rurales del Medio Oeste y el Sur del país, donde los demócratas no gobiernan desde hace casi un siglo, como Kansas o Mississippi. El malestar de los estadounidenses con la situación económica contrasta con las grandes cifras que sitúan al país como una de las potencias que más crece.
El motor de la IA, entre el riesgo de burbuja y un nuevo paradigma
La inteligencia artificial está protagonizando la mayor revolución económica de la historia. Nunca se había destinado tanto dinero en tan poco tiempo a desarrollar una nueva industria, ni siquiera en la revolución del ferrocarril de finales del siglo XIX o en la era de la burbuja de las puntocom. La inversión estimada que los grandes laboratorios de IA hasta 2032 ascenderá a 10,3 billones de dólares, una cantidad que representa el 3,6% del PIB, según un reciente estudio del Stijn van Nieuwerburgh, publicado por la Brookings Institution.
El Mapa de Centros de Datos de Estados Unidos, que recopila la información sobre esta actividad, tiene registrados 5098 instalaciones y proyectos en el país: 3172 operativos, 400 en construcción y 1199 planificados, con una capacidad de 395,1 GW. Se prevé que solo este año, la inversión en IA alcance en Estados Unidos el 1,9 % del PIB, según estimaciones de Goldman Sachs.
El sector está teniendo un impacto evidente en la economía, pero también ha provocado malestar social por los efectos nocivos que suponen estas instalaciones. “La mayor parte del gasto de capital, que este año podría alcanzar los 800.000 millones de dólares, va destinada a la construcción de enormes centros de datos”, remarca Jared Franz, economista de Capital Group. “Este nivel de inversión ofrece un fuerte impulso a la economía estadounidense. De hecho, creo que no estamos valorando en su justa medida el impacto que podría tener el auge de la inteligencia artificial”.
Franz cree que se podría estar infravalorando el crecimiento del PIB entre 0,5 y 1 punto porcentual. Las grandes compañías están inmersas en una alocada carrera de inversiones, que está llevando a la industria a protagonizar algunas a Bolsa más rimbombantes de la historia. Los analistas empiezan a hablar del riesgo de burbuja, con un ecosistema de empresas endeudadas y con estrechos vínculos entre ellas.
Las autoridades, sin embargo, tienen depositadas muchas esperanzas en los robustos aumentos de productividad que supondrá la inteligencia artificial cuando la industria esté plenamente desarrollada.
Cuento con más de ocho años de experiencia en medios de comunicación especializados en moda, belleza y estilo de vida. A lo largo de este tiempo he desarrollado una amplia experiencia en la investigación y evaluación de productos de consumo, analizando las características que realmente marcan la diferencia entre unas opciones y otras, con especial atención a la experiencia de uso y al valor que aportan al consumidor.
Para elaborar cada contenido, combino la revisión de información técnica, la consulta de fuentes especializadas y la prueba de los productos. Mi objetivo es transformar toda esa información en recomendaciones claras, rigurosas y fáciles de entender, para que los lectores puedan tomar decisiones de compra mejor fundamentadas.
El 25 de septiembre, apenas una semana después de esta entrevista, Susan Sarandon (Nueva York, 80 años) fue detenida a las puertas de la ONU en Nueva York. Protestaba, junto a otras actrices como Hannah Einbinder o Cynthia Nixon, contra la comparecencia en la Asamblea del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. No era la primera vez que la detenían y quizás no sea la última. Susan Sarandon, actriz en más de 100 películas, ha protagonizado éxitos de Hollywood como El cliente, Quédate a mi lado o Las brujas de Eastwick; películas de culto comoThe Rocky Horror Picture Show o Thelma y Louise; y películas comprometidas como Pena de muerte, que le valió un Oscar. Ha aparecido en la serie Friends y ha rodado con Louis Malle. Porque Sarandon escoge sus proyectos como vive, de forma desprejuiciada, con una mezcla de curiosidad y desafío: “Cuando leo un guion quiero que me conmueva. Quiero que el personaje sea algo que no haya hecho antes. Está muy bien si hay un director con una buena trayectoria, pero a veces son directores nuevos. Es genial si te pueden pagar, pero a veces no pueden”. Es el caso de su último proyecto, The Accompanist (aún pendiente de título en español), donde interpreta a Sylvia, una madre de acogida atormentada y excéntrica.
Malta es un país tan maravilloso que, quizá para compensar, solo podía ser pequeño. Desde el avión, sus tres grandes islas caben en una mirada: Malta, Gozo y el roquedo de Comino. Y ya en tierra, el paisaje es tan breve que, allá donde se mire, se termina. Las palabras “Malta” y “grande” solo aparecen juntas en algunas estadísticas: las que hablan de densidad de población, de turistas per capita o de atracción de millonarios en busca de ese delicioso eufemismo llamado optimización fiscal. Sí, Malta es pequeña, pero ya dijo la filósofa Simone Weil que una condición de la belleza es estar casi ausente. Como estas islas, que antes llamaban Calipseas y que siempre parecieron, sobre el azul de los mapas, unos granos de sal caídos en el mar que une —que separa— Libia y Sicilia.
He de reconocer que, hasta ahora, creía que la postura escorada de los gobiernos autonómicos en favor de los centros de datos se debía a la misma injusta mezcla que nos afecta a buena parte de los españoles: la falta de información por parte de las grandes corporaciones promotoras y la diseminación por estas de algunos datos confusos y sobredimensionados en empleo e inversión. La labor que he tratado de desempeñar estos últimos meses, como investigador predoctoral del CSIC y de la UC3M, ha sido precisamente tratar de poner la información a disposición de los vecinos y las administraciones afectadas por estas instalaciones. Es por ello que recibí con ilusión la invitación de Unidas por Extremadura para comparecer en la Comisión de Economía, Empleo y Transformación Digital de la Asamblea de Extremadura con el objeto de ofrecer un análisis científico de los beneficios y riesgos asociados a los proyectos de instalación de grandes centros de datos en esta tierra. La misma tierra que cultivaron mis abuelos y de la que emigraron con la intención de que sus nietos pudieran estudiar en las instituciones en las que a día de hoy trabajo.
2026 no está siendo el mejor año para Meta. Un juez de Nuevo México, EE UU, ordenó este miércoles a la empresa matriz de Facebook, Instagram o WhatsApp el pago de una multa de unos 22.000 millones de euros al considerarla culpable de engañar a los usuarios de Facebook sobre su política de privacidad de datos.
El director general de Meta, Mark Zuckerberg, se pone una gafas inteligentesMeta Ray-Ban Display en el evento corporativo Meta Connect, celebrado el pasado 17 de septiembre.
Las redes sociales fueron recibidas hace 20 años como un gran espacio de libertad. Hoy en día ya sabemos que se han convertido en plataformas dedicadas a encubrir a delincuentes anónimos; en espacios que favorecen la mentira, la injuria y la calumnia, los mensajes de odio; que acogen los acosos sexuales y personales, la xenofobia, el machismo y el racismo, la pederastia, la pornografía infantil, los mensajes yihadistas; en lugares donde se permiten las suplantaciones de identidad (las últimas han sido las sufridas en cuentas del PP el pasado miércoles por los socialistas Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos, entre otros). Por si fuera poco, su maquinaria utiliza algoritmos con sesgos polarizadores y sus directivos aplican ingenierías fiscales para evadir impuestos en los países donde obtienen los ingresos.
Dawson Kelly sostiene una pancarta con nombres de jóvenes que murieron supuestamente por su uso de las redes sociales. En Oakland, California, el pasado mes de agosto.
Jörg Biebernick, consejero delegado de Paulaner, sostiene una cerveza sin alcohol. No es traición alguna, sino logística. Su marca presume de haber sido la primera en lanzar una cerveza de trigo sin alcohol, en 1986, mucho antes de que nadie hablara de moderación. Ese es hoy uno de los pocos segmentos que crece, y mucho: en Alemania supone entre el 10% del mercado y crece a doble dígito; la cerveza de trigo cero cero crece un 37% este año fuera del país, y en enero llegará la lager cero cero. Biebernick no lo ve como cosa de jóvenes ni de mayores, sino de ocasiones. “Antes, si tomabas una cerveza en la comida, sabías que por la tarde no podías hacer deporte ni trabajar. Ahora la cero cero lleva la cerveza a sitios donde no estaba”. Y ya no es un estigma: “Antes eras el perdedor del día porque conducías. Ya no va de perdedores o ganadores, es tu decisión”. Bien mirado, es una frase que resume el estado actual de la cerveza en el mundo: un negocio de siglos que ha aprendido a dosificarse.
Cuando la Unión Soviética dominaba el ajedrez con una hegemonía aplastante, sólo un puñado de jugadores del resto del mundo eran capaces de competir con ellos por los primeros premios de cualquier torneo. Uno de ellos era el húngaro Lajos Portisch, cuyo perfil deportivo está muy ligado al número ocho. Disputó ocho veces el Torneo de Candidatos, fue octacampeón de su país y dedicó a su entrenamiento ocho horas diarias durante los treinta años que fue miembro de la élite.