Desde que Harold Bloom puso el Juicio Final de Miguel Ángel en la cubierta de su famoso catálogo occidental de 1994 sabemos que todo canon es fruto del miedo. O por decirlo de un modo menos apocalíptico y con una palabra empleada por el propio Bloom: que todo canon es una elegía. También lo es este, centrado en el premio Formentor.
Juan Goytisolo, Víctor Seix, Camilo José Cela, Josep María Castellet y Juan García Hortelano durante una de las sesiones del Coloquio Internacional de Novela, en Formentor, en 1959.
Todo en el enigmático debut de Liadan Ní Chuinn —ese nombre no existe, es solo un seudónimo, hablamos de nadie o, mejor, de un alguien aparentemente femenino, nacido en 1998, que ha decidido que su yo es lo de menos— es afilado. Es afilada y dolorosa cada acción descrita en sus trepidantes relatos, trepidantes en un sentido íntimo y casi físico —el narrador, en todos los casos, mantiene al lector pegado por completo a la historia, tan cerca que está recibiendo los golpes, y asistiendo a las revelaciones como si, de alguna forma, estuviese montado en el hombro de su protagonista, fuese un ente diminuto que viaja por cada uno de los apasionantes túneles que la autora construye—, y en los que lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano, por una vez, no en tanto algo puramente extraordinario, sino en tanto algo percibido como extraordinario. Les hablaré de ‘Mary’, para que se hagan una idea más clara. ‘Mary’ es uno de los seis relatos incluidos en el volumen. Y les diré que transcurre en algún lugar del norte de Irlanda.
Una idea puede ser brillante. Puede anticiparse a su tiempo. Pero en el principio no está la tecnología, “sino las personas que la hacen avanzar, que investigan, emprenden, se hacen preguntas diferentes, detectan una necesidad. Y que deciden asumir el riesgo de construir una solución desde cero”.
Los emprendedores premiados, junto con Blanca Sorigué y Pere Navarro, directora general y presidente ejecutivo del CZFB, y Jaume Collboni, alcalde de Barcelona.
El Instituto de Medicina Legal de Toledo y Ciudad Real ha recibido ya los cuerpos de las 69 personas fallecidas en el accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo), y de ellos los médicos forenses han realizado hasta el momento un total de 48 autopsias. Por el momento, han sido notificadas a las familias cinco identificaciones que corresponden a tres mujeres y dos hombres. Mientras continúa la investigación de lo sucedido y la identificación de víctimas del accidente ferroviario en Urda, los partidos políticos centran su mirada en el ministro de Transportes, Óscar Puente. El socialista comparecerá el 3 de noviembre, a petición propia, en el Congreso, tras la solicitud de varios socios. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participará este viernes en la reunión de seguimiento y coordinación de la emergencia en el Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) de Toledo. Le acompañará el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, se reúne con expertos en infraestructuras y servicios ferroviarios en la sede nacional del partido.
Llega el fin en Bolsa de Aedas Homes, una de las que fueron grandes promotoras cotizadas. Neinor, la inmobiliaria vasca que desde el pasado año controla a su antigua rival, lanza una opa de exclusión sobre su antigua rival, tal como ha adelantado CincoDías y las empresas han comunicado este viernes a la CNMV. Se espera que entre diciembre y enero finalice esa operación y la toma de control de Neinor ya será del 100%.
Tras el trágico accidente de trenes en Urda (Toledo), se ha cortado la línea de alta velocidad que enlaza Madrid con el sur, que mueve cada año a más de ocho millones de viajeros. Eso obliga a quienes tienen que desplazarse entre ambos puntos a buscar alternativas de transporte. La línea de autobús Madrid-Sevilla ha multiplicado por cinco el número de plazas, Iberia y Air Europa han incrementado los vuelos un 40%, mientras los viajes compartidos en coche en Blablacar se han sextuplicado. Las asociaciones de consumidores alertan de que en estas situaciones suelen subir las tarifas de vuelos o coches de alquiler y piden recuperar el mecanismo de Consumo para topar los precios del transporte en emergencias que las derechas vetaron en el Congreso.
Nuestros compañeros de cuatro patas también merecen tener su comida a buen recaudo. Además, a nosotros tampoco nos hace tanta gracia convivir con un saco de pienso abierto en mitad de la cocina, los granos desperdigados por el suelo o ese olor que se queda en el ambiente. Por suerte, hay soluciones sencillas para mantener el alimento más protegido y la casa mucho más ordenada.
Molduras autoadhesivas, azulejos adhesivos, luces recargables con sensor... Desde la sección de EL PAÍS Escaparate solemos compartir trucos como estos para transformar el hogar sin tener que hacer obras que pongan las estancias patas arriba. Esta vez nos centramos en otro elemento de la casa que muchas veces pasa desapercibido, pero que cumple una función que va más allá de lo estético.
Aunque un vaso sea el recipiente más habitual para poner el cepillo de dientes, esto no quiere decir que sea la opción más higiénica. En primer lugar, porque el agua se puede acumular en el fondo, generando un ambiente propicio para la proliferación de microorganismos. Asimismo, si se trata de varios cepillos, se pueden tocar entre sí.
Octubre está a punto de pasar página y muchos de los lectores que nos siguen cada día se estarán preguntando si sigue habiendo chollos que merezcan la pena antes de que llegue el mes por antonomasia del comercio electrónico: noviembre. Y el huracán de precios bajos que lo acompaña con motivo de Black Friday. Y hemos de decir que sí los hay. A continuación, os dejamos una selección que no dejará indiferente a nadie: no solo por sus exiguos precios debido a unas ofertas muy potentes —con ahorros, en algún caso, que alcanzan los 100 euros— también por la gran popularidad de los superventas seleccionados.
Escribo estas líneas desde el dolor, pero sobre todo desde la gratitud por haber conocido y disfrutado, junto a muchos otros afortunados, a Fátima Báñez.
A Christine Lagarde (París, 70 años, de soltera Christine Madeleine Odette Lallouette) le gusta enviar mensajes con su atuendo. Elige cuidadosamente sus pañuelos (hay quien cree adivinar en ellos sus intenciones) y, en momentos especialmente delicados, comparece en la rueda de prensa del BCE con un broche característico: un búho. En un mundo, el de la política monetaria, habitualmente dividido entre halcones, banqueros con poca tolerancia por la inflación y gatillo fácil a la hora de subir tipos, y palomas, más sensibles al efecto del dinero caro sobre la economía, Lagarde se desmarcaba con esta otra ave.
España ha ganado 567.600 trabajadores asalariados en el último año, una cifra altísima en términos comparados. Este número se ve impulsado por un extraordinario aumento interanual del empleo público, con 204.000 ocupados más según las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre. Así, un 36% de los nuevos puestos están asociados a las Administraciones públicas, la cifra más alta de la serie histórica. Según apuntan los especialistas, ese acelerón parece vinculado al frenazo que esta variable registró en 2025, con destrucción neta de puestos de trabajo, y que este año se está compensando. En términos globales, el empleo público representa un 19% del total asalariado, un porcentaje parecido al de los últimos años.
En este episodio de Hoy en EL PAÍS, Ana Fuentes conversa con un maquinista de mercancías, un antiguo trabajador de Renfe vinculado durante años a la alta velocidad y un exdirector de calidad de Adif, para intentar entender qué ocurrió en el choque de trenes de Urda. Los tres repasan cómo funcionan las comunicaciones entre maquinistas y centros de control, el papel de los sistemas de seguridad y los cambios que ha vivido la red ferroviaria en las últimas décadas. ¿Qué ocurrió en los minutos previos al choque? ¿Por qué los profesionales del sector consideran tan excepcional este accidente? ¿Qué cambios creen necesarios para evitar que vuelva a repetirse?
Hoy no parece un buen día para quedar con Alcalá Norte. Carlos Elías, el guitarrista, pasó una noche regular, aquejado de una incómoda infección de garganta. Álvaro Rivas, cantante, apenas pegó ojo y vomitó ocasionalmente. “Algo me debió sentar mal”, aduce. De Jaime Barbosa (batería) y Pablo Prieto (bajista) poco se sabe, y no asomarán la cabeza en toda la mañana. La única que se presenta despejada es Laura de Diego, la teclista. Pero se le tuerce el gesto a los pocos minutos de entrar en el estudio madrileño donde se graba el nuevo disco del grupo. Rivas habla sobre el pudor que le da escribir canciones con estribillos proclives a que la audiencia desate sus gargantas, como si eso fuera algo sencillo. “El otro día me comentó Jota [líder de Los Planetas] que siempre seremos un grupo de nicho, y creo que tiene razón”, apunta el cantante, quizá para reforzar la idea de huir de las composiciones facilonas. Laura interviene, con tono severo: “Harías mejor en no hacerle mucho caso a Jota”. Estamos en noviembre de 2025, un año antes de la publicación del segundo álbum de Alcalá Norte. Y no va a ser un camino sencillo.
De izquierda a derecha, Carlos Elías (guitarra), Laura de Diego (teclados), Álvaro Rivas (voz), Jaime Barbosa (batería) y Pablo Prieto (bajo), en el Taller de Ideas (Madrid), el pasado mes de junio.
Pierre Cardin, nacido Pietro Cardini en Italia en 1922, nunca creyó en la muerte. Al menos no en la suya, que le acabó llegando el 29 de diciembre de 2020. Tres meses antes, una periodista de Paris Match le preguntó por el futuro de su marca. “¿Después de mi muerte? No pienso en ello. No he organizado nada. Nada”, respondió. Tenía 98 años y un mes después ingresó con covid en un hospital de París, donde falleció.
En primer plano, traje de noche de 1998 bordado con lentejuelas azules y grises y falda estructurada de seda azul. Al fondo, traje de noche en seda negra y sombrero de fieltro de 2008.
Una de las salas del palacio Bragadin, en Venecia, donde se exhiben los tocados y sombreros de Pierre Cardin de varias décadas, desde los forales de 1952 hasta los inspirados en los deconstructivistas de los años ochenta.
Los controladores del centro de coordinación de Atocha (Madrid) ordenaron al AVE 2080 que siguiera un protocolo equivocado antes de que el miércoles embistiera al Iryo 6076 en la localidad toledana de Urda, causando al menos 69 muertos y 58 heridos. Así se desprende del libro de normas del maquinista de Renfe y de los testimonios recabados por este diario de tres expertos con experiencia en el manejo de la línea de alta velocidad que une Madrid y Sevilla.
Falta de personal y una fuerte presión sobre los hombros de los operarios en horas pico de tráfico. Son dos de las quejas recurrentes de los sindicatos al referirse al Puesto de Mando y Centro de Regulación y Control (CRC) que el gestor de la infraestructura ferroviaria Adif tiene junto a la estación madrileña de Atocha. En él trabajan un centenar de personas en torno a Da Vinci, uno de los sistemas de vigilancia de la red ferroviaria más avanzados de Europa. Desde sus pantallas se monitoriza el control de tráfico centralizado, las comunicaciones fijas y GSMR, la señalización, sistemas de seguridad, sistemas de planificación y regulación del tráfico, videovigilancia y control de las estaciones. Hasta ahora, un motivo de orgullo para la compañía dependiente del Ministerio de Transportes, pero es aquí donde se fragua la cadena de órdenes inconexas que acaban el miércoles en tragedia, con el choque de dos trenes y al menos 69 víctimas, en la localidad toledana de Urda.
Los audios de las conversaciones entre el centro de mando de la estación de Atocha y los maquinistas de los trenes siniestrados este miércoles cerca de Urda (Toledo), apuntan, como había señalado desde el primer momento el Ministerio de Transportes, a un error humano. Pero un análisis pormenorizado con expertos, entre ellos, maquinistas, de esas grabaciones y la compleja jerga de siglas y acrónimos que manejan, hablan de un fallo mucho más extendido, que alude directamente al sistema.