Querida Fátima
Hoy me duele el corazón. Con ese dolor físico que solo se siente cuando se va quien quieres de veras. Y no tengo más consuelo que recordar tus palabras la última vez que mi corazón sonaba tan triste. Porque el tuyo sabía latir siempre alegre. Llenando nuestra vida con esa energía apasionada que veía el vaso siempre casi lleno, cuando no rebosante.
